| Thesaurus:
Heródoto,
Historiografía, Guerras Médicas, Persia, Egipto, Tucídides,
Concepción de la Historia, Metodología Histórica,
Logógrafos, Etnografía.
I
Vida.
1.
Heródoto nació en Halicarnaso, ciudad de la Dóride
(costa meridional de Asia Menor). La región había sido colonizada
por población griega de estirpe y dialecto dórico, pero la
influencia cultural y literaria de la vecina Jonia y del hinterland
cario la convirtió en un cruce de caminos con abundante mezcla de
población, lenguas y dialectos. De hecho, los nombres del padre
de Heródoto –Lixes-, del tirano de Halicarnaso contra el que combatió
–Lígdamis- y del poeta épico Paniasis, al que le unió
una relación familiar no aclarada (probablemente era su tío)
son todos de origen no griego, quizás cario. Como otros escritores
griegos arcaicos –Safo, Alceo, Hiponacte, Mimnermo-, Heródoto creció
en un ambiente griego con profundas influencias orientales, en este caso
carias. De su participación en la colonización de Turios
(cf. infra) deriva la variante “turia” de su origen, que aparece en la
frase introductoria de su obra ya desde antiguo, probablemente incluso
antes de época helenística. Aristóteles la cita precisamente
bajo esa forma de “Heródoto turio”, aunque parece que se trata de
una interpolación posterior (1). La mayoría de las
fuentes, sin embargo, coincidemn en señalar a Halicarnaso como su
patria, bien en exclusiva (2) , bien mencionando también
la variante turia (3) . Algunos han llegado a pensar que quizás
en una primera redacción Heródoto se presentó como
halicarnaseo, mientras que en la definitiva prefirió hacerlo como
turio. En cualquier caso, la existencia de la variante ya desde antiguo
garantiza su participación en la fundación de la colonia
(4).
Sobre la fecha
de su nacimiento tan sólo tenemos indicios indirectos, de dudosa
fiabilidad. Aulo Gelio afirma que tenía 53 años al comenzar
la guerra del Peloponeso (431), por lo que su nacimiento se remontaría
al año 484 (5). La afirmación de Gelio se basa en
cálculos de cronógrafos anteriores, que gustaban de hacer
coincidir el hito fundamental de una biografía con la akmé
o madurez, que los griegos situaban en torno a los 40 años. En el
caso de Heródoto se hacía coincidir este momento con la participación
en la colonización de Turios (444/3), de donde se derivaría
la mencionada fecha para su nacimiento. De su obra apenas podemos sacar
datos concluyentes. La ausencia de recuerdos personales de la expedición
de Jerjes contra Grecia (480-479) es indicio de que todavía no estaba
en edad militar, por lo que sería arriesgado adelantar su nacimiento
más allá del 490. Si además aceptamos la hipoótesis
de un primer viaje de Heródoto a Egipto antes del 461 (fecha del
comienzo de la rebelión del país contra el dominio persa)
(6),
su nacimiento no debió de ser posterior al 485/484, para que así
tuviera al menos 25 años cuando lo emprendió. En conclusión,
podemos fijarlo entre los años 490-484, sin que nos sea posible
precisar más.
2.
A pesar de que la personalidad de Heródoto se refleja constantemente
en su obra en forma de opiniones, dudas, valoraciones, etc., las informaciones
sobre su persona son escasas, excepto las que atañen a sus viajes,
de los que menciona algunos. Esto nos obliga a utilizar fundamentalmente
fuentes posteriores a la hora de reconstruir su vida. La primera etapa
de la misma transcurrió en Asia Menor. Después de la derrota
persa en las Guerras Médicas algunas ciudades minorasiáticas
(entre ellas Halicarnaso) continuaron en la órbita del poderío
persa a través de tiranos locales interpuestos. En esta situación
debió de transcurrir la juventud de Heródoto. Pronto el contraataque
de Atenas al frente de la Liga ático-délica despertó
las ansias de libertad de estas ciudades. Heródoto participó
en una conjura frustrada contra Lígdamis de Halicarnaso, que le
valió el destierro en la cercana isla de Samos. De este modo inauguraba
la lista de historiadores griegos –tras él, Tucídides y Polibio-
que sufrieron exilio. No sabemos cuándo se produjo ni cuánto
duró. La Suda afirma que regresó a Halicarnaso y participó
en la expulsión de Lígdamis, para volver a abandonarla de
nuevo un tiempo después por enemistad de sus conciudadanos y participar
en la colonización de Turios, en la Magna Grecia (7) . No
es probable que Heródoto, que no era un hombre de acción,
tomara parte activa en todos estos acontecimientos políticos, pero
sí es seguro que se encontraba inequívocamente en el bando
de los enemigos de las tiranías. Halicarnaso figura ya en el 454
entre los miembros de la Liga ático-délica, por lo que la
expulsión de Lígdamis debe de ser anterior.
3.
La segunda fase de su vida es la de su estancia en Atenas. Se ha pensado
que las discrepancias con sus compatriotas mencionadas por la Suda quizás
estuvieran relacionadas con una toma de postura clara en favor del papel
hegemónico de Atenas dentro de la Liga, frente a los partidarios
de una libertad y autonomía mayores de los estados o ciudades miembro.
Eusebio de Cesarea en sus Cánones cronográficos y su traductor
latino S. Jerónimo afirman que fue honrado por los atenienses, tras
la lectura pública de su obra, en la 83ª Olimpiada (484-444)
(8)
. Plutarco afirma que los atenienses le concedieron por ello diez talentos,
cantidad desorbitada para la época.(9)
La tradición
de la lectura pública de fragmentos de su obra, a la manera de los
antiguos aedos y rapsodos de la poesía épica, es antigua
y se encuentra en fuentes diversas. Es famosa la anécdota recogida,
entre otros, por el biógrafo de Tucídides Marcelino, la Suda
y Focio, que cuentan cómo Tucídides se halló presente
con su padre en una de estas lecturas públicas y, emocionado por
lo que oía, rompió a llorar, ante lo que Heródoto
habría alabado su buena disposición para el aprendizaje (10).
Luciano añade que el hechizo ejercido sobre el auditorio fua tal,
que dieron a sus libros los nombres de las nueve musas, conservados en
la actualidad. Todas estas noticias no son más que meras anécdotas
que buscan poner en relación las biografías de cultivadores
de un mismo género o justificar la división de la obra, que
sabemos que es posterior a su muerte. En cualquier caso, suele aceptarse
que los vv. 904-920 de la Antígona sofoclea, representada
el año 442/1, son un eco de III, 119, por lo que al menos una parte
de la obra debía de estar redactada para esta fecha. En resumen,
puede afirmarse que en torno al 447 Heródoto se habría transladado
a Atenas, en la que habría permanecido hasta su marcha a Turios
el 444/3.
Durante su estancia
en la ciudad se supone que estuvo en contacto con los círculos literarios
y culturales más selectos, agrupados en torno a Pericles. Dentro
de éstos destaca su relación con Sófocles. Se han
querido ver ecos mutuos en la obra de ambos, además del mencionado,
pero ante todo coinciden en su visión del hombre, la sociedad, la
vida, la relación con la divinidad y el sentido de la culpa y la
expiación. De su estancia en Atenas y contacto con Pericles habría
nacido, según algunos estudiosos, su simpatía por la ciudad
y el estadista. Algunos incluso le acusan de parcialidad filoateniense,
cuestión que aborderé más adelante.
4.
La tercera fase de su vida comienza con la fundación de Turios,
junto a las ruinas de la antigua Síbaris. La colonia fue proyectada
como un asentamiento panhelánico bajo supervisión ateniense,
en el marco de los intereses propagandísticos de la política
exterior de Pericles. Su participación en la empresa la recogen
diversas fuentes antiguas y medievales (11) . Pero pronto la colonia
empezó a desligarse de su metrópolis y, en los primeros años
de la Guerra del Peloponeso, ni siquiera aparece ya entre las ciudades
aliadas de Atenas. Se ha supuesto que por este motivo Heródoto,
ferviente partidario de la política ateniense, se habría
sentido incómodo y que, al estallar la guerra, habría abandonado
definitivamente Turios para establecerse en Atenas. Fue entonces cuando
remodeló lo que ya tenía escrito de su obra y la amplió
hasta darle la forma definitiva (cf. infra). No sabemos cuánto
tiempo vivió todavía. Los últimos hechos históricos
a los que alude son del verano del 430, terminus post quem para
su muerte. La Suda afirma que murió en Turios y que fue enterrado
en el ágora, aunque también menciona la versión que
sitúa su muerte en Pela, capital de Macedonia. Ni la una ni la otra
merecen excesivo crédito, la primera porque coincide con el lugar
que contribuyó a colonizar, la segunda por ser la corte a la que
acudieron diversos literatos e intelectuales de dinales del s. V, entre
los que destacó Eurípides. Algunos estudiosos piensan que
pudo morir en Atenas, quizás víctima de la misma peste de
los primeros años de la Guerra del Peloponeso que se llevó
a la tumba a Pericles (12).
5. Cuestión
polémica, que afecta tanto a la biografía como a las fuentes
de su obra, es la de sus viejes por el extranjero. Es seguro, por afirmaciones
del propio Heródoto, que estuvo en Egipto (II, 3; 29; 143; III,
12) y Fenicia (Tiro: II, 44). Son probables también estancias en
Mesopotamia y Escitia, mientras que otros viajes suscitan ya mayor controversia.
La cronología y duración de los mismos nos es totalmente
desconocida y los intentos por reconstruir una secuencia no han pasado
del terreno de la hipótesis. Heródoto no pretendió
escribir un diario de viajes, por lo quelas comparacione sde unos sitios
con otros que encontramos en diversas partes de su obra no implican necesariamente
anterioridad cronológica. El único dato casi seguro es que
los viajes habrían sido anteriores a su estancia en Atenas. Por
medio de un sistema de referencias cruzadas entre las menciones de cada
sitio, Powell llega a la conclusión de que hubo dos estancias en
Egipto, una anterior al 461 –fecha del comienzo de la revuelta egipcia-
y otra posterior al 455 –fecha de su conclusión- o, aún mejor,
posterior al 499, año de la firma de la paz de Calias entre Atenas
y Persia. Inmediatamente después de la primera habría estado
en Fenicia, Asiria y Babilonia, años después habría
visitado Escitia y, finalmente, habría viajado a Egipto por segunda
vez (13). Otros, por el contrario, no ven obstáculo alguno
en la revuelta egipcia para que pudiera visitar el país. Finalmente,
muchos creen que la disposición de los materiales no refleja necesariamente
la sucesión cronológica de los viajes, ya que sería
producto de una reelaboración posterior.

1. Arist., Rh. 1409 a 28. Que es una interpolación se
pone de manifiesto porque la frase es un mal ejemplo del estilo literario
del que habla y por la ruptura de la construcción sintáctica.
2. D.H., Th. 5; Luc., Herod. 1, Dom. 20; Phot., Bibl. 148b 13;
Demetr., Eloc. 17.
3. Plu., Mor. 868ª y 604F; Str. 14, 2, 16; Sud., s.v.
“Heródotos”.
4. Sobre la historia de esta polémica desde la Antigüedad
hasta nuestros días, cf. M. Ameruoso, Erodoto turio, Annali della
Fac. Lett. di Bari 34 (1991) 95-117.
5. Gell. 15, 23.
6. J. E. Powell, The History of Herodotus. Cambrige 1939, 84ss.
7. Sud., s.v. “Heródotos”.
8. Eusebio, Chronicorum Canonum quae supersunt, ed. Schöne,
vol. II, Berlin 1866 (reimpr. Dublin-Zürich), 106-107. A pesar de
que S. Jerónimo traduce a Eusebio, éste sitúa el hecho
en el año tercero de dicho periodo (446/5), mientras que aquél
lo hace en el cuarto (445/4).
9. Plu., Mor. 862B
10. Marcellin., Vit. Thuc. 54; Phot., Bibl. 19b 36ss; Sud.,
s.vv. “Thoukydides” y “orgân”. Las dos últimas fuentes sitúan
esta lectura en Olimpia, con ocasión de unos juegos panhelénicos.
11. Str. 14, 2, 16; Plu., Mor. 604F y 868A; Plin., HN 12, 18;
Sud., s.v. “Heródotos”.
12. Powell, The History, 79.
13. Powell, The History, 24ss.
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