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Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos
HERÓDOTO 1/4
J.M. Floristán Imizcoz
floris@eucmax.sim.ucm.es
Departamento de Filología Griega,
     Universidad Complutense.
 

Thesaurus: Heródoto, Historiografía, Guerras Médicas, Persia, Egipto, Tucídides, Concepción de la Historia, Metodología Histórica, Logógrafos, Etnografía.

I   Vida.

 1. Heródoto nació en Halicarnaso, ciudad de la Dóride (costa meridional de Asia Menor). La región había sido colonizada por población griega de estirpe y dialecto dórico, pero la influencia cultural y literaria de la vecina Jonia y del hinterland cario la convirtió en un cruce de caminos con abundante mezcla de población, lenguas y dialectos. De hecho, los nombres del padre de Heródoto –Lixes-, del tirano de Halicarnaso contra el que combatió –Lígdamis- y del poeta épico Paniasis, al que le unió una relación familiar no aclarada (probablemente era su tío) son todos de origen no griego, quizás cario. Como otros escritores griegos arcaicos –Safo, Alceo, Hiponacte, Mimnermo-, Heródoto creció en un ambiente griego con profundas influencias orientales, en este caso carias. De su participación en la colonización de Turios (cf. infra) deriva la variante “turia” de su origen, que aparece en la frase introductoria de su obra ya desde antiguo, probablemente incluso antes de época helenística. Aristóteles la cita precisamente bajo esa forma de “Heródoto turio”, aunque parece que se trata de una interpolación posterior (1). La mayoría de las fuentes, sin embargo, coincidemn en señalar a Halicarnaso como su patria, bien en exclusiva (2) , bien mencionando también la variante turia (3) . Algunos han llegado a pensar que quizás en una primera redacción Heródoto se presentó como halicarnaseo, mientras que en la definitiva prefirió hacerlo como turio. En cualquier caso, la existencia de la variante ya desde antiguo garantiza su participación en la fundación de la colonia (4).

 Sobre la fecha de su nacimiento tan sólo tenemos indicios indirectos, de dudosa fiabilidad. Aulo Gelio afirma que tenía 53 años al comenzar la guerra del Peloponeso (431), por lo que su nacimiento se remontaría al año 484 (5). La afirmación de Gelio se basa en cálculos de cronógrafos anteriores, que gustaban de hacer coincidir el hito fundamental de una biografía con la akmé o madurez, que los griegos situaban en torno a los 40 años. En el caso de Heródoto se hacía coincidir este momento con la participación en la colonización de Turios (444/3), de donde se derivaría la mencionada fecha para su nacimiento. De su obra apenas podemos sacar datos concluyentes. La ausencia de recuerdos personales de la expedición de Jerjes contra Grecia (480-479) es indicio de que todavía no estaba en edad militar, por lo que sería arriesgado adelantar su nacimiento más allá del 490. Si además aceptamos la hipoótesis de un primer viaje de Heródoto a Egipto antes del 461 (fecha del comienzo de la rebelión del país contra el dominio persa) (6), su nacimiento no debió de ser posterior al 485/484, para que así tuviera al menos 25 años cuando lo emprendió. En conclusión, podemos fijarlo entre los años 490-484, sin que nos sea posible precisar más.

 2. A pesar de que la personalidad de Heródoto se refleja constantemente en su obra en forma de opiniones, dudas, valoraciones, etc., las informaciones sobre su persona son escasas, excepto las que atañen a sus viajes, de los que menciona algunos. Esto nos obliga a utilizar fundamentalmente fuentes posteriores a la hora de reconstruir su vida. La primera etapa de la misma transcurrió en Asia Menor. Después de la derrota persa en las Guerras Médicas algunas ciudades minorasiáticas (entre ellas Halicarnaso) continuaron en la órbita del poderío persa a través de tiranos locales interpuestos. En esta situación debió de transcurrir la juventud de Heródoto. Pronto el contraataque de Atenas al frente de la Liga ático-délica despertó las ansias de libertad de estas ciudades. Heródoto participó en una conjura frustrada contra Lígdamis de Halicarnaso, que le valió el destierro en la cercana isla de Samos. De este modo inauguraba la lista de historiadores griegos –tras él, Tucídides y Polibio- que sufrieron exilio. No sabemos cuándo se produjo ni cuánto duró. La Suda afirma que regresó a Halicarnaso y participó en la expulsión de Lígdamis, para volver a abandonarla de nuevo un tiempo después por enemistad de sus conciudadanos y participar en la colonización de Turios, en la Magna Grecia (7) . No es probable que Heródoto, que no era un hombre de acción, tomara parte activa en todos estos acontecimientos políticos, pero sí es seguro que se encontraba inequívocamente en el bando de los enemigos de las tiranías. Halicarnaso figura ya en el 454 entre los miembros de la Liga ático-délica, por lo que la expulsión de Lígdamis debe de ser anterior.

 3. La segunda fase de su vida es la de su estancia en Atenas. Se ha pensado que las discrepancias con sus compatriotas mencionadas por la Suda quizás estuvieran relacionadas con una toma de postura clara en favor del papel hegemónico de Atenas dentro de la Liga, frente a los partidarios de una libertad y autonomía mayores de los estados o ciudades miembro. Eusebio de Cesarea en sus Cánones cronográficos y su traductor latino S. Jerónimo afirman que fue honrado por los atenienses, tras la lectura pública de su obra, en la 83ª Olimpiada (484-444) (8) . Plutarco afirma que los atenienses le concedieron por ello diez talentos, cantidad desorbitada para la época.(9)

La tradición de la lectura pública de fragmentos de su obra, a la manera de los antiguos aedos y rapsodos de la poesía épica, es antigua y se encuentra en fuentes diversas. Es famosa la anécdota recogida, entre otros, por el biógrafo de Tucídides Marcelino, la Suda y Focio, que cuentan cómo Tucídides se halló presente con su padre en una de estas lecturas públicas y, emocionado por lo que oía, rompió a llorar, ante lo que Heródoto habría alabado su buena disposición para el aprendizaje (10). Luciano añade que el hechizo ejercido sobre el auditorio fua tal, que dieron a sus libros los nombres de las nueve musas, conservados en la actualidad. Todas estas noticias no son más que meras anécdotas que buscan poner en relación las biografías de cultivadores de un mismo género o justificar la división de la obra, que sabemos que es posterior a su muerte. En cualquier caso, suele aceptarse que los vv. 904-920 de la Antígona sofoclea, representada el año 442/1, son un eco de III, 119, por lo que al menos una parte de la obra debía de estar redactada para esta fecha. En resumen, puede afirmarse que en torno al 447 Heródoto se habría transladado a Atenas, en la que habría permanecido hasta su marcha a Turios el 444/3. 

Durante su estancia en la ciudad se supone que estuvo en contacto con los círculos literarios y culturales más selectos, agrupados en torno a Pericles. Dentro de éstos destaca su relación con Sófocles. Se han querido ver ecos mutuos en la obra de ambos, además del mencionado, pero ante todo coinciden en su visión del hombre, la sociedad, la vida, la relación con la divinidad y el sentido de la culpa y la expiación. De su estancia en Atenas y contacto con Pericles habría nacido, según algunos estudiosos, su simpatía por la ciudad y el estadista. Algunos incluso le acusan de parcialidad filoateniense, cuestión que aborderé más adelante.

 4. La tercera fase de su vida comienza con la fundación de Turios, junto a las ruinas de la antigua Síbaris. La colonia fue proyectada como un asentamiento panhelánico bajo supervisión ateniense, en el marco de los intereses propagandísticos de la política exterior de Pericles. Su participación en la empresa la recogen diversas fuentes antiguas y medievales (11) . Pero pronto la colonia empezó a desligarse de su metrópolis y, en los primeros años de la Guerra del Peloponeso, ni siquiera aparece ya entre las ciudades aliadas de Atenas. Se ha supuesto que por este motivo Heródoto, ferviente partidario de la política ateniense, se habría sentido incómodo y que, al estallar la guerra, habría abandonado definitivamente Turios para establecerse en Atenas. Fue entonces cuando remodeló lo que ya tenía escrito de su obra y la amplió hasta darle la forma definitiva (cf. infra). No sabemos cuánto tiempo vivió todavía. Los últimos hechos históricos a los que alude son del verano del 430, terminus post quem para su muerte. La Suda afirma que murió en Turios y que fue enterrado en el ágora, aunque también menciona la versión que sitúa su muerte en Pela, capital de Macedonia. Ni la una ni la otra merecen excesivo crédito, la primera porque coincide con el lugar que contribuyó a colonizar, la segunda por ser la corte a la que acudieron diversos literatos e intelectuales de dinales del s. V, entre los que destacó Eurípides. Algunos estudiosos piensan que pudo morir en Atenas, quizás víctima de la misma peste de los primeros años de la Guerra del Peloponeso que se llevó a la tumba a Pericles (12).

 5. Cuestión polémica, que afecta tanto a la biografía como a las fuentes de su obra, es la de sus viejes por el extranjero. Es seguro, por afirmaciones del propio Heródoto, que estuvo en Egipto (II, 3; 29; 143; III, 12) y Fenicia (Tiro: II, 44). Son probables también estancias en Mesopotamia y Escitia, mientras que otros viajes suscitan ya mayor controversia. La cronología y duración de los mismos nos es totalmente desconocida y los intentos por reconstruir una secuencia no han pasado del terreno de la hipótesis. Heródoto no pretendió escribir un diario de viajes, por lo quelas comparacione sde unos sitios con otros que encontramos en diversas partes de su obra no implican necesariamente anterioridad cronológica. El único dato casi seguro es que los viajes habrían sido anteriores a su estancia en Atenas. Por medio de un sistema de referencias cruzadas entre las menciones de cada sitio, Powell llega a la conclusión de que hubo dos estancias en Egipto, una anterior al 461 –fecha del comienzo de la revuelta egipcia- y otra posterior al 455 –fecha de su conclusión- o, aún mejor, posterior al 499, año de la firma de la paz de Calias entre Atenas y Persia. Inmediatamente después de la primera habría estado en Fenicia, Asiria y Babilonia, años después habría visitado Escitia y, finalmente, habría viajado a Egipto por segunda vez (13). Otros, por el contrario, no ven obstáculo alguno en la revuelta egipcia para que pudiera visitar el país. Finalmente, muchos creen que la disposición de los materiales no refleja necesariamente la sucesión cronológica de los viajes, ya que sería producto de una reelaboración posterior.


1. Arist., Rh. 1409 a 28. Que es una interpolación se pone de manifiesto porque la frase es un mal ejemplo del estilo literario del que habla y por la ruptura de la construcción sintáctica.
2. D.H., Th. 5; Luc., Herod. 1, Dom. 20; Phot., Bibl. 148b 13; Demetr., Eloc. 17.
3. Plu., Mor. 868ª y 604F; Str. 14, 2, 16; Sud., s.v.   “Heródotos”.
4. Sobre la historia de esta polémica desde la Antigüedad hasta nuestros días, cf. M. Ameruoso, Erodoto turio, Annali della Fac. Lett. di Bari 34 (1991) 95-117.
5. Gell. 15, 23.
6. J. E. Powell, The History of Herodotus. Cambrige 1939, 84ss.
7. Sud., s.v.   “Heródotos”.
8. Eusebio, Chronicorum Canonum quae supersunt, ed. Schöne, vol. II, Berlin 1866 (reimpr. Dublin-Zürich), 106-107. A pesar de que S. Jerónimo traduce a Eusebio, éste sitúa el hecho en el año tercero de dicho periodo (446/5), mientras que aquél lo hace en el cuarto (445/4).
9. Plu., Mor. 862B
10. Marcellin., Vit. Thuc. 54; Phot., Bibl. 19b 36ss; Sud., s.vv. “Thoukydides” y “orgân”. Las dos últimas fuentes sitúan esta lectura en Olimpia, con ocasión de unos juegos panhelénicos.
11. Str. 14, 2, 16; Plu., Mor. 604F y 868A; Plin., HN 12, 18; Sud., s.v.  “Heródotos”.
12. Powell, The History, 79.
13.  Powell, The History, 24ss.