- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
Publicar en Liceus
 
 
Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos.
JENOFONTE 1/
José Vela Tejada
Universidad de Zaragoza
 

Thesaurus: Jenofonte, géneros en prosa, obra histórica (Helénicas, Anábasis y Agesilao), obra didáctica (Ciropedia, Hierón, Constitución de los Lacedemonios, Ingresos, Sobre la Equitación, Hipárquico y Cinegético), obra Socrática (Económico, Memorables, Banquete, Apología de Sócrates).

(c) http://www.ed-dolmen.com/1. DATOS BIOGRÁFICOS.

La vida (1) de Jenofonte nos es bien conocida, además de por los amplios datos autobiográficos de sus obras, gracias a su inclusión en las Vidas de filósofos de Diógenes Laercio. Hijo de Grilo y Diadora, nació entre el 430 y el 425 a. C. en el demo ático de Erquía, en el seno de una familia acomodada, como se desprende de sus amplios conocimientos hípicos. A este respecto, su trayectoria personal se desarrollará, de acuerdo con aquellos tiempos de crisis, pero de gran actividad intelectual y literaria, entre el el arma de caballería y una prolífica actividad prosística. Ello se vió abonado en su juventud y acmé por sus vivencias durante la fase final de la Guerra del Peloponeso, con la derrota de Atenas, y por el proceso y muerte de Sócrates en el 399, que marcarán su quehacer personal y literario. 

Así, tras el derrocamiento de la tiranía de los Treinta en el 403, abandona Atenas bien por un nada claro decreto de exilio, bien por su decepción ante los acontecimientos políticos, de acuerdo con su declarada postura filoespartana. A partir de aquí participa en la expedición de mercenarios reclutada por Ciro el Joven en el 401 para hacerse con el trono de Persia, que sirve de base argumental a su Anábasis. Tras la frustrada intentona y huída del contingente, Jenofonte une sus fuerzas a Tibrón, el general espartano que desarrollaba una campaña contra el sátrapa Tisafernes en Asia Menor. Su participación con los ejércitos de Esparta sería, empero, más determinante durante el decenio 396-386, junto a Agesilao. Su amistad personal, que dará lugar al encomio del mismo nombre y al retrato paradigmático del personaje en Helénicas, y servicios al ejército espartano serían recompensados con la donación de un predio en Escilunte, cerca de Olimpia. 

Tras la derrota espartana en Leuctra, los eleos recuperan la zona y, en el 371, Jenofonte debe marchar a Corinto. Estos años coinciden con la alianza de Atenas y Esparta para hacer frente al creciente poderío de la Tebas de Epaminondas y, así, Jenofonte puede regresar a Atenas, en cuya caballería se alista junto a sus dos hijos. Grilo, el mayor, caerá muerto en la batalla de Mantinea (362 a. C.).

Cabe suponer que los últimos años hasta su muerte, en torno al 356 (en Corinto, según Diógenes Laercio II 56, en Escilunte, según Pausanias V 6.6), los dedicara a la redacción definitiva de sus obras, práctica que parece común entre los escritores-soldado de la época: en especial, las memorias personales de los acontecimientos históricos que le tocó vivir y los recuerdos del maestro Sócrates, al calor del legado literario al que dió lugar entre sus discípulos.

2. LA OBRA DE JENOFONTE: NUEVOS GÉNEROS EN PROSA

El interés relativamente reducido que ha venido suscitando Jenofonte, teniendo en cuenta la amplitud de su producción literaria, es un claro ejemplo de las notables variaciones del aprecio por los escritores del mundo antiguo, muchas veces como resultado de la aplicación de análisis metodológicos inadecuados y anacrónicos, basados, en cierta medida, en principios críticos que no tienen en cuenta la distancia temporal de estos testimonios, ni las convenciones y normas literarias a las que se hallaban sometidos (2). Así, Jenofonte, tan excelentemente considerado en otros tiempos entre los grandes clásicos de la prosa —Diógenes Laercio (II 58) lo catalogó como la Musa ática—, experimentó un notable declive en su valoración a partir de finales del siglo XIX, siendo, en ocasiones, objeto de severas críticas, más acentuadas, si cabe, hacia su obra historiográfica. Sin duda, la comparación con otros grandes prosistas —lo que JACOBY (3)definió como "la artificiosa tríada historiográfica" (Heródoto,Tucídides, Jenofonte)— ha influido sobremanera en esta consideración. Tanto la comparación de sus Helénicas con la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, como la de sus obras Socráticas con los Diálogos de Platón, provocan una percepción desventajosa de su testimonio histórico y literario, así como del contenido pedagógico de su pensamiento que subyace en el conjunto de su obra. Para una consideración más ecuánime y cabal de su talento literario es necesario, en efecto, prescindir de todo intento de confrontación e intentar calar más hondamente en el sentido último de sus textos (4). Reprocharle que no fue un teórico riguroso del acontecer histórico y que no llegó a asimilar el trasfondo filosófico de las enseñanzas de Sócrates supone enjuiciar su obra con prejuicios teóricos. Mas, si analizamos su obra en el entorno histórico y literario adecuados, podremos colegir aquellas virtudes que le hicieron tan estimado entre los historiadores latinos y griegos tardíos (5).

En efecto, buena parte de las dificultades estructurales que la crítica ha detectado responden a una insuficiente atención a las exigencias y normas de unos géneros especialmente jerarquizados. En este contexto, una de las aportaciones más destacadas de Jenofonte a la literatura griega ha sido la de contribuir al proceso de diferenciación que va a experimentar la prosa ática a partir de la segunda mitad del siglo V a. C. Así frente al planteamiento globalizador de Heródoto, nuestro autor es continuador de la práctica iniciada por historiadores como Caronte de Lámpsaco o Helánico de Lesbos, al distribuir un material heterogéneo en obras diferentes, como resultado de los límites que la convención iba imponiendo a la inclusión de material de índole monográfico en la historia. En este sentido, es importante también subrayar en Jenofonte su carácter precursor del helenismo, apreciable en su fuerte tendencia al individualismo, al retrato moral de los protagonistas, en los esbozos de nuevos géneros literarios, como la biografía (en su encomio Agesilao) y la novela (con su Ciropedia), en su preocupación por la pedagogía un tanto idealizada, en sus breves tratados de carácter práctico, como la equitación, la caza o la distribución de los recursos económicos, que entroncan con la literatura científico-técnica. Un primer paso ha de ser el estudio de los modelos y fuentes literarias que han podido tener una mayor influencia en sus escritos, así como la originalidad de su aportación literaria, ya en la aplicación novedosa de modelos preexistentes, ya en su contribución al desarrollo de nuevas formas. Creemos, en suma, que una interpretación ponderada de los factores intrínsecos de cada género, que se proyectan sobre la estructura interna de la obra, y de los factores extrínsecos, que condicionan su configuración, permitirá reconsiderar con mayor ponderación la figura de Jenofonte. A tal efecto, para una revisión de su producción literaria vamos a seguir la ordenación en tres apartados establecida por BREITENBACH (6)

— Obras históricas: Helénicas, Anábasis y Agesilao (en ésta, empero, su carácter histórico se limita al protagonismo del estratego espartano en el marco del encomio).
— Obras didácticas: Ciropedia, Hierón, Constitución de los Lacedemonios, Ingresos, Sobre la Equitación, Hipárquico y Cinegético (cuya adscripción a Jenofonte ha planteado numerosas dudas de autenticidad). 
— Obras de contenido filosófico, llamadas también Socráticas: Económico (que, por su temática, bien podría figurar en el apartado anterior de no ser por el protagonismo de la figura de Sócrates), Memorables, Banquete y Apología de Sócrates.

Junto a éstas se atribuyó también a Jenofonte un interesante opúsculo sobre la Constitución de los atenienses, debido, sin duda, al paralelismo con su tratado sobre el régimen de Esparta, además de otras razones de coyuntura histórica y literaria. No obstante, hoy en día dicho tratado es reconocido como un libelo anterior a Jenofonte a cuyo anónimo autor suele citarse como "el Viejo Oligarca". También se le adscribieron algunas Cartas del atractivo género epistolográfico, todas ellas de invención tardía.

2.1. ESCRITOS DE CONTENIDO HISTÓRICO

La historiografía griega del siglo IV a. C. viene marcada por dos hechos fundamentales: la influencia de la retórica y la impronta de la Historia de Tucídides. El fuerte influjo que ejerció la retórica en la historiografía determinó que ésta siguiese los dictados de aquella en lo referente al ordenamiento de los asuntos. Jenofonte, empero, no parece situarse dentro de esta tendencia que se hace evidente, por ejemplo, en los fragmentos de Éforo, y tan sólo pueden apreciarse elementos retóricos de manera complementaria en cuestiones puntuales de estilo. Más determinante resulta, sin lugar a dudas, la influencia de Tucídides: al igual que Cratipo y el historiador anónimo de las Helénicas de Oxirrinco, Jenofonte en sus Helénicas sigue los acontecimientos subsiguientes a la finalización del relato del genial historiador. Ya en la Antigüedad, se inauguró una tendencia constante a juzgar a los historiadores según el grado de aproximación al modelo tucidídeo. Al mismo tiempo, el intento de escribir una historia de temática político-militar, a la manera de Tucídides, se tradujo en una aguda diferenciación de formas literarias —frente al planteamiento totalizador precedente de Heródoto—, por la que el material excluido del relato histórico ha de aparecer en obras diferenciadas: en el caso que nos ocupa, memorias autobiográficas, ensayos biográficos, colecciones de hechos notables, disquisiciones constitucionales y romances históricos.

2.1.1. Helénicas 

Por los avatares de la transmisión de los textos griegos, las Helénicas han resultado ser el testimonio más completo conservado de cuantos se ocuparon de narrar los sucesos inmediatamente posteriores al punto en que la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides se interrumpe ex abrupto, circunstancia que, al mismo tiempo, ha determinado una línea de desigual comparación entre ambas que ha impedido una valoración de la particular aproximación de Jenofonte al género historiográfico. A ello contribuyó el hecho de que Jenofonte comenzara la narración tras los sucesos del año 411 con un meta; tau'ta que da una cierta idea de continuidad sin que se aprecie en Jenofonte una clara voluntad de originalidad. Esta circunstancia, unida a la afirmación de Diógenes Laercio (II 57) de que Jenofonte fue el editor de Tucídides, hizo suponer a algunos estudiosos(7)  la posibilidad de que éste terminara de confeccionar el material inédito de Tucídides en sus dos primeros libros (en concreto, hasta II 3.10 donde la obra de Jenofonte marca un brusco cambio en su forma de composición), siendo el resto de la obra la propiamente jenofontea. Asimismo, apoyaría esta tesis la presencia en algunos manuscritos de los títulos Paraleipovmena y Paraleipovmena th'" Qoukudivdou xuggrafh'". No es nuestra intención, en este punto, enunciar una suerte de cuestión jenofontea y reavivar una polémica ya superada sobre el carácter "unitario" o "analítico" de sus Helénicas (8). Únicamente exponemos nuestras dudas para admitir como único método de análisis los testimonios de la Antigüedad, ante su tendencia a relacionar grandes figuras y acontecimientos del pasado —el mismo Diógenes Laercio (II 48-60) incluye en su Vitae Philosophorum a Jenofonte como uno más de su nómina de grandes pensadores—, tradición que probablemente pudo influir en el espíritu del copista que introdujo el citado título. Por otra parte, los sobrescritos y suscripciones introducidos por los copistas, a menudo, no son estrictamente rigurosos por lo que no parece prudente tomarlo como una prueba de peso suficiente. 

Si para tener una apreciación más cabal nos detenemos en los elementos formales más relevantes del género, podremos observar, en primer lugar, que la obra carece de un Prefacio introductorio con indicación de autoría similar a los de Hecateo, Heródoto o Tucídides, lo cual parece denotar, por parte del autor, una idea de conexión voluntaria con este último. Resulta igualmente notable el valor estructural de los discursos, el mantenimiento inicial del esquema tucidídeo en la narración de las campañas militares por estaciones del año y un tipo de relato que se acerca a la idea de historia contemporánea de aquel, en la cual el protagonismo de los hechos del pasado, frente a Heródoto, pasa a segundo plano. En cuanto a la estructura de la obra, si bien se ha reconocido por los especialistas el cambio de estilo y composición que marca el punto II 3.10 (9), hay diferencias más que suficientes con Tucídides y elementos propios de Jenofonte  como para aceptar la autoría completa y desechar la citada hipótesis . Así, si bien en la citada primera parte, que se ocupa de los sucesos finales de la Guerra del Peloponeso, mantiene el principio analítico, no se aprecia una tendencia sistemática a escribir a la manera de su predecesor. Da la impresión como si, una vez culminada la narración de la gran confrontación, se considerara "liberado" de la subsidiariedad de la autoría y magisterio de Tucídides para pasar a un relato desde su particular concepción del devenir histórico. Por otra parte, el descubrimiento y publicación de los fragmentos de las Helénicas del anónimo de Oxirrinco ha permitido confirmar las notorias diferencias que le alejan de Tucídides (especialmente el desequilibrio e intermitencia de la narración) y ha puesto en evidencia las contradicciones de los datos históricos, todo lo cual alimenta nuestras dudas de que en esta parte inicial Jenofonte pudiera haber utilizado material inédito de Tucídides y que, por extensión, tuviera en el conjunto de su relato la firme intención de escribir una historia de corte político. Su obra, es cierto, no parte de un tema concreto que deba ser anticipado en un Prefacio: la evidencia de sus propias palabras es, con GRAY , que concibe su narración como un continuum de sucesos; de hecho ya hemos subrayado cómo comienza abruptamente con un Meta; de; tau'ta... (I 1.1) y concluye ...ejmoi; me;n dh; mevcri touvtou grafevsqw: ta; de; meta; tau'ta i[sw" a[llw/ melhvsei (VII 5.27). Esta suerte de Ringkomposition, como sugiere LÉVY , revela una intención literaria deliberada más allá de una simple continuación de la historia tucidídea. Más bien —y en ello coincidimos con NICKEL — en la obra predomina su conocimiento personal y la voluntad de narrar lo que CAWKWELL  define como Revenues, memorias de hechos vividos en un período agitado y trascendental de la historia de Grecia. 

Ciertamente, pese a que sin duda fue lector y buen conocedor de fuentes literarias —además de Tucídides, BREITENBACH  apunta a Heródoto en su interés por hechos menores, en el dramatismo de algunas escenas y en las descripciones de carácter etnográfico—, de la lectura de sus Helénicas se desprende que las fuentes literarias ocupan un lugar secundario frente a la investigación personal y la autopsía (en VII 2.1, por ejemplo, Jenofonte hace referencia a otros escritores aunque dando a entender la no utilización de dichas fuentes). Las evidentes contradicciones de los datos históricos descartan posibles conexiones con el autor anónimo de Oxirrinco, ni siquiera con Ctesias a quien manifiesta conocer personalmente en Anábasis (I 8.26). Parece más verosímil, como sugiere HENRY , que fueran su vida viajera y el privilegiado conocimiento de protagonistas de este período su principal fuente de información. Aunque no nos informa al respecto en una declaración programática, cabe suponer que se sirvió de informadores, testigos directos e indirectos, y de la consulta de documentos oficiales. Así, para la composición de los libros I-II contaba con todo lo que vivió en Atenas antes de su destierro. En los libros III-IV se relatan sucesos en los que participó, o conoció de primera mano, gracias a su estrecha amistad con Agesilao. En la parte final (libros V-VII), que podría haber comportado una composición más problemática por no hallarse presente en los hechos narrados, pudo contar, empero, con fuentes de información cualificadas: una vez más, el testimonio de Agesilao y de personas de su entorno durante sus últimas campañas; el contacto, durante su estancia en Escilunte, con personajes relevantes que acudieran a los certámenes olímpicos; cuando, tras la anulación del decreto de destierro de Atenas, se traslada a Corinto, el centro de mando de la alianza espartana se ha establecido en esa ciudad. En suma, la autopsía y su relación privilegiada con protagonistas de los bandos contendientes parecen una base documental más que suficiente para la obtención de información.

No obstante, al enjuiciar el resultado de la plasmación de esta rica y, en apariencia, cuidadosa recogida de información, parangonable a la del propio Tucídides, reaparecen las comparaciones negativas. Así, sus Helénicas están escritas bajo la inspiración de una idea matriz que subyace en el llamado "proemio intermedio" (acontecimientos del 389 al 375), previo a la capitulación de la guarnición lacedemonia en la acrópolis de Tebas en el 383, y que sintetiza su particular concepción metodológica que subordina las leyes de la historia al determinismo divino (V 4.1). No se plantea en él las agudas preguntas que formulara Tucídides sobre las fuerzas que condicionan el curso de la historia ni ahonda tampoco en la etiología del devenir histórico, recurriendo, en ocasiones, a interpretaciones superficiales o moralizantes (así, en el citado episodio, el éxito inicial de la toma de la ciudadela Cadmea por Fébidas acaba siendo la causa del ulterior fracaso de Esparta). 

Asimismo, tras el ya señalado punto de inflexión en II 3.10, abandona el principio analítico sin sustituirlo por otro alternativo . Se ha incidido también en su parcialidad antitebana (no hace referencia a un estratego de la talla de Epaminondas hasta que la obra se encuentra muy avanzada) y proespartana (como en su complicidad ante el impacto de la derrota espartana en Leuctra en VI 4.16) impropias de un historiador. Tan sólo Atenas recibie un trato más imparcial aunque distante. Han sido objeto de censura, igualmente, las anticipaciones y digresiones, pero, sobre todo, las omisiones de sucesos históricos relevantes (no se hace referencia a episodios ineludibles como la independencia de Mesenia, la fundación de la Segunda Liga o la importante victoria ateniense en Naxos) que se atribuían a su parcialidad e incapacidad como historiador .