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Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos.
JENOFONTE 4/5
José Vela Tejada
Universidad de Zaragoza
 

2.2.4. Ciropedia.  

Finalmente, dentro del conjunto de obras de contenido didáctico, se incluye a la Ciropedia, probablemente, la obra más sugerente de su producción y que, junto a la Anábasis, dejó una mayor impronta en la tradición clásica. Sin embargo, desde el punto de vista de su estructura literaria su clasificación no resulta una tarea sencilla: contiene, al mismo tiempo, elementos del cuento popular, de la biografía y de una novela en estado todavía embrionario que coexisten con la narración política y militar de Ctesias y, hasta cierto punto, también con el relato de resonancias herodoteas. 

Por otra parte, puede sorprender que las ideas del autor sobre educación personal, caza, equitación, política, y arte militar, que expresa de forma individualizada en tratados especializados, aparezcan aquí en una suerte de summa asistemática. Mas, si atendemos a su técnica narrativa, Jenofonte, como en otras obras, puede operar con material que está presente en otros escritos para adaptarlo a un propósito temático diferente con una formulación literaria original. Así, como destaca DUE (63), la obra se articula en torno a unos elementos básicos en su morfología: 

— En el proemio (I 1.1-6) se establece el eje de su investigación en torno a la interrelación entre los sistemas políticos y las cualidades de los individuos necesarias para regirlos con acierto. Sin embargo, frente a otros testimonios más próximos al contexto biográfico, no se procede a realizar una exposición detallada de la cronología del soberano en sus hitos más destacados sino que se concentra en períodos concretos de su vida que le parecen más ilustrativos y ejemplificadores.

— Los episodios de la narración están perfectamente entrelazados, y las interrupciones y retardaciones que rompen su linealidad han de entenderse como recursos literarios encaminados a conseguir un clímax que incremente el impacto de la personalidad del héroe sobre el destinatario de la obra. A tal fin contribuyen los 43 discursos, generalmente en boca de Ciro, que mantienen el suspense argumental, discursos que vuelven a constituir un elemento destacado en la estructura literaria de la prosa jenofontea; por ejemplo, en el discurso de Cambises dirigido a los ancianos y altos dignatarios persas y al propio Ciro (VIII 5.23 y 24). En otros casos, una temática similar puede desarrollarse mediante diálogos que acrecientan el dinamismo de la narración. A la variedad del relato contribuyen igualmente los episodios de tipo novelesco que se intercalan entre pasajes bélicos, como el paidikou' lovgou de "el enamorado de Ciro" (I 4.27-28), que tiene lugar durante la primera campaña en la que Ciro participó junto a su abuelo Astiages. No obstante, la importancia de dichos episodios radica, como acertadamente apunta STADTER (64), en su funcionalidad para la composición narrativa en una suerte de técnica de "segmentación" de la estructura principal mediante la inserción intercalada de episodios menores de tipo novelesco. Así, por ejemplo, el episodio de Abradatas y Pantea, uno de los relatos más notables de la obra, se reparte en "segmentos" a lo largo de los libros IV y VII con la siguiente disposición:

PRÓLOGO (IV 6.11): Ciro es obsequiado con "la más hermosa mujer de Asia".

ACTO I (V 1.2-18): "el poder del amor", o la continencia de Ciro frente a la pasión de Araspas por Pantea.

ACTO IIa (VI 1.33-44): para proteger a la cautiva, Ciro envía a Araspas a espiar a Creso; Pantea ofrece a su marido Abradatas, príncipe de Susa, como aliado.

ACTO IIb (VI 3.14-20): Araspas regresa de su misión. 

ACTO IIIa (VI 3.35-36): Abradatas ocupa la posición más peligrosa en la línea de batalla.

ACTO IIIb (VI 4.2-11): despedida de Pantea y Abradatas.

ACTO IVa (VII 1.29-32): batalla y muerte de Abradatas. 

ACTO IVb (VII 3.2-16): los amantes reunidos; Pantea se da muerte sobre el cuerpo de Abradatas.

— En un epílogo (65)(VIII 8), como en el capítulo final de la Const. de los Lacedemonios, ofrece un contraste entre el pasado esplendoroso y la decadencia actual persa que se enmarca dentro de su particular concepción paradigmática del devenir histórico. 

Por consiguiente, Jenofonte presenta una obra con una estructura bien determinada a partir de una ideas que nacen del contraste entre el planteamiento programático del proemio y del epílogo: presentación de la vida de un individuo desde el principio hasta el fin, dando prioridad a su educación y principios morales de su actitud política. Ello indujo a MOMIGLIANO (66) a concluir que, desde un punto de vista formal, la Ciropedia puede considerarse como la biografia más acabada que se ha conservado en la literatura griega y la mayor contribución de Jenofonte a este género. Mas la obra no es una exposición verídica de la vida de una persona real sino una biografía idealizada como paradigma ético y pedagógico, idealización más palpable en las escenas de mayor calado didáctico y filosófico, lo que impide adscribirla, sin más, a este género.

Jenofonte, en efecto, de modo similar a como Ctesias había procedido con anterioridad, se sirve de un argumento de temática oriental en el que la verdad histórica está subordinada a otros objetivos. En este sentido, STADTER  destaca, con buen criterio, cómo Jenofonte no presenta en puridad un relato histórico de Ciro sino una ficción idealizada más próxima a los diálogos de Platón por su carácter utópico que a los relatos de Heródoto o Tucídides, atendiendo a los siguientes aspectos: un pasado imaginado confrontado con el presente; un tiempo de carácter biográfico; un espacio ficticio que no pertenece al mundo contemporáneo; unos personajes que no responden a una tradición histórica, de entre los cuales Ciro es el paradigma, la figura ideal, utópica, ejemplo de virtud y comportamiento humanos. El reino de Ciro constituye, en suma, una suerte de metáfora de un ideal intelectual, una utopía, que es destacada por la crítica más reciente . Ello empero, se puede suponer que una parte de la ficción jenofontea sea elaboración de una tradición preexistente rica en elementos ficticios sobre la figura de Ciro el Viejo. A este respecto, MOMIGLIANO  sugiere que la existencia de antecedentes como el Ciro de Antístenes, del que no se ha conservado ningún fragmento, y el mismo Ctesias, explicarían que el autor no advirtiera a sus lectores del carácter ficticio de su relato: éste se sobrentendía y en este tipo de recreaciones literarias resultaba un aspecto secundario. HIRSCH , por el contrario, cree que el hecho muy probable de que la figura de Ciro el Grande hubiera sido modelada sobre el retrato de Ciro el Joven en Anábasis sería consecuencia de la necesidad de recurrir a un modelo, a falta de una tradición que, seguramente, no existiría sobre una figura legendaria como la de Ciro. Bien es cierto, en definitiva, que, como apunta TATUM , una educación ejemplar de un personaje individual no era algo nuevo para Jenofonte o para la literatura griega: la misma figura de Aquiles en la Ilíada homérica  y, con mayor proximidad, la propia figura de Socrátes  en la literatura socrática, de la que nuestro autor es testimonio primordial, avalan esta hipótesis. 

En todo caso, no es posible discernir cuánto hay de invención deliberada y cuánto de elaboración de una tradición ya bastante rica en elementos de ficción. Lo cierto es que en la obra, junto al componente de ficción coexiste una verdadero tono de veracidad histórica. Al igual que en los escritos de contenido histórico, en los que ya había demostrado su capacidad como escritor e historiador para la presentación de figuras ilustres y hombres de estado, Jenofonte trata de mostrarse como un historiador plausible y bien informado. A tal efecto pudo completar su información con la consulta de fuentes griegas : ha sido unánimemente admitida la presencia de elementos comunes con Heródoto, aunque se aprecian importantes diferencias de tipo biográfico —entrevista de Ciro con Creso (VIII 2.9-29)— y con las Persiká de Ctesias, aunque la figura de Ciro tiene un carácter más filosófico en Jenofonte que el Ciro, soldado y conquistador, de Ctesias. 

Finalmente, no hay suficientes elementos de juicio para pronunciarse sobre su relación con el Ciro de Antístenes, si bien la coincidencia del título avalaría, al menos, una cierta proximidad . Jenofonte pudo recurrir también a la experiencia personal puesta ya de relieve en la composición de otras obras: durante su participación en la expedición de los Diez Mil o en las campañas de Agesialo en Asia tuvo la oportunidad de obtener, mediante autopsía, datos fidedignos del Estado e instituciones persas, especialmente de su ejército, y conocer tradiciones orales persas. La carrera de Ciro como conquistador, fundador del imperio y legislador, así como su testamento político, tiene, probablemente, su punto de partida en tipos de narración iranios  —así, los poemas Ferdousí, aunque con una datación muy posterior (siglos X-XI d. C.), por ejemplo, presentan importantes paralelismos formales con su descripción de la figura de Ciro, aunque no desde un punto de vista temático. En todo caso, consideramos, con DUE , que, aunque la obra hubiera llegado a ser la culminación de un juego de composiciones a partir de distintas fuentes, el resultado es un retrato coherente en el que las características y virtudes del personaje son expuestas de manera lineal de principio a fin, por lo que no parece verosímil que pudiera existir una versión completa a la que, por ejemplo, la escena de la muerte de Ciro (VIII 7.26-28) —capital en su estructura y con la que la narración llega a su clímax dramático, al punto culminante en el retrato del protagonista— pudiera adherirse sin más.

La combinación verdad-ficción que caracteriza al relato no puede, en absoluto, atribuirse, a una despreocupación respecto a la verdad histórica; por el contrario, la modificación de los datos de la vida de Ciro el Grande sólo puede entenderse por algo que el autor no desconoce: las posibilidades de utilización de un material dentro de las pautas de un género literario. Estamos pensando, en efecto, en el compromiso entre la historia y la novela histórica de la obra de Ctesias que bien pudo haber influido en la configuración "novelesca" de la Ciropedia, exploración literaria que explicaría la inserción de episodios de carácter novelesco como un elemento básico de su estructura narrativa y que la sitúa como puente entre el relato histórico clásico y la definición de nuevos géneros que anticipan ya los de época helenística. La gran novedad introducida por Jenofonte es la perspectiva didáctica que predomina en la obra y que traspasa las fronteras de cualquier género tradicional en la medida en que contiene al mismo tiempo, material histórico y biográfico. Pero, como subraya TATUM , no es ni historia ni biografía sino una obra didáctica que versa sobre temas de educación, valores morales, ciencia militar y administración política, por lo que la denominación que más se le ajusta es la comúnmente aceptada de novela educativa o pedagógica en la que la idealización biográfica trata de comunicar un paradigma ético y pedagógico, un mensaje de contenido filosófico, que para TATUM  pasaría por la búsqueda del líder ideal, consecuencia de su decepción ante el curso de la historia, decepción que contrasta con la ficción imperial que encarna la figura de Ciro. A esta visión de orientación política, el análisis de DUE  añade también la preocupación por los problemas individuales, por el bienestar del ser humano, por la búsqueda del mejor hombre —kalo;" kajgaqov"—, y, si bien se da relevancia a la influencia del entorno histórico, ésta se inscribe dentro de una firme creencia, de resonancia socrática, en la importancia de la educación (paideia) y de la fuerza moral (ethos), porque su utopía trasciende a cualquier frontera real. Ciertamente, las nuevas tendencias en filosofía y retórica, como puede verse en la obra de Platón e Isócrates, pusieron mayor énfasis en la importancia de la educación individual y en el correcto desempeño de las funciones. Al servicio de esta idea, la biografía adquirió un nuevo significado cuando, por influencia del pensamiento socrático que había coincidido con la retórica en fomentar la introducción de la ficción en la biografía, se trasladó a una posición ambigua entre la verdad y la ficción. Esta ambigüedad es conscientemente escogida por Jenofonte para presentar la figura de Ciro con el mismo sentido que es considerada la figura de Sócrates en una parte de su obra, si bien desde una óptica literaria diferente. En definitiva, la línea fronteriza entre ficción y realidad no está tan sutilmente delimitada en los bosquejos biográfícos como en la historiografía, separación a la que habría contribuido la obra de Tucídides. Pero lo que los lectores podían esperar de la atención a lo biográfíco era distinto de lo que cabía esperar de la historia política: información acerca de la educación y carácter de sus héroes. En consecuencia, se recurre a la fantasía, a la idealización utópica, a la biografía romántica —Bildungsroman—, que en la Ciropedia responde al propósito educativo y moralizante del autor.

2.3. ESCRITOS DE CONTENIDO FILOSÓFICO: lovgoi Swkratikoiv

El Jenofonte, a quien Diógenes Laercio incluyó entre los filósofos, nos legó una serie de escritos cuyo carácter filosófico radica básicamente en el protagonismo de la figura de Sócrates. La trayectoria personal, hasta su condena, y la actividad intelectual de un personaje fundamental, las cuales, empero, apenas habían sido objeto de atención en otras obras, están, por el contrario, ampliamente tratadas en un tipo de narración diferente, de acuerdo con la ya comentada tendencia a la especialización de su obras, y el espíritu socrático, cuya influencia en la búsqueda del paradigma individual y en la vocación pedagógica ya se han constatado, es ahora, sin ambages, el centro de su exposición. Decimos, en efecto, espíritu o influencia socrática porque, si bien manifiesta en Anábasis III 1.5 haber tenido relación personal con él, no debe inferirse que llegara a formar parte del círculo de discípulos más cercano. La redacción más bien posterior de su obra socrática (unos 60 años después de la muerte de Sócrates) y, sobre todo, su distinto enfoque temático en relación con otros testimonios del mismo tenor, abundarían en esta consideración. En todo caso, no debe insistirse en la supremacía epistemológica de Platón  o en una hipotética mayor veracidad histórica del Sócrates jenofonteo  porque hay una clara diferencia formal en las intenciones de ambos : así, mientras que Platón muestra al pensador y desarrolla la teoría de las Ideas, Jenofonte suele subordina al filósofo en favor del ciudadano que refuta sus calumnias y que es, ante todo, un paradigma ejemplar y moral. Sí nos parece interesante colacionar a ambos en el sentido de que ofrecen perspectivas e informaciones complementarias para un mejor conocimiento de un personaje fundamental y que, por otra parte, no hay razones de peso para postular mayor veracidad histórica en ninguna de ellas. En este sentido, del mismo modo que existe coincidencia en señalar que el Sócrates que aparece en Jenofonte no es real, otro tanto puede decirse del de Platón, quien puede presentar una interpretación a la luz de su propia concepción filosófica más que un retrato histórico con recopilación de conversaciones "reales" .

Ciertamente, Sócrates no dejó testimonio escrito y todo lo que sabemos de su persona y 
pensamiento nos ha llegado por transmisión indirecta de sus discípulos. Éstos, que aparte de algún fragmento de Esquines de Ésfeto y del Sócrates aristofánico, se reducen a Platón, Jenofonte y Aristóteles, no parecen responder, a la luz de sus contradicciones, a hechos reales y la intención histórica se manifiesta de manera secundaria. Sin duda, la falta de un legado escrito del pensador favoreció la aparición de una literatura, a menudo dialogada, en la que cada autor plasmaba su propia interpretación según sus necesidades argumentales. Esta tradición sobre la figura de Sócrates se remonta al tipo del lovgo" Swkratikov", en el que BREITENBACH  incluye a nuestro autor: un subgénero literario en prosa, en parte retrato literario en parte descripción verídica, en el que habrían confluido la tradición filosófica jonia, que deja su impronta en la prosa ática del siglo V, el método dialéctico de los sofistas y temas de la sabiduría popular tradicional (recordemos también la importancia de las gnwvmai en el desarrollo de la prosa artística). En el lovgo" Swkratikov" predomina, en efecto, la ficción sobre la historia sin que pueda trazarse una línea divisoria entre ambas. Dicho objetivo, empero, no reviste un interés prioritario desde la perspectiva del género, en la medida en que, como ya hemos observado, este rasgo formal puede inscribirse dentro de los experimentos socráticos sobre biografía que se trasladaron, precisamente, a esa zona entre la verdad y la ficción y se encaminaron a captar la potencialidad de las vidas individuales por encima de la realidad. En consecuencia, el Sócrates que se nos dibuja no es tanto el personaje real como su modelo de pensamiento y de conducta individual . Esta tradición literaria perdida, obras de objeto ejemplarizante desde la perspectiva educativa de la paideia socrática, pudo ser decisiva en los escritos de Jenofonte . Vuelve a surgir la sombra de Antístenes y su ideario ascético en la concepción ética de Jenofonte, aunque cabe suponer, sin más, su simpatía personal hacia ese ideal intelectual de vida sobria. En todo caso, hay que atribuir, al menos una parte, a esa originalidad que está presente en todas las obras de nuestro autor, bien a través de la elección del relato más adecuado a su particular concepción de la figura de Sócrates, bien a través de recuerdos de juventud y anotaciones personales de su relación con el maestro. Nos interesa constatar, ante todo, que su obra, en las distintas modalidades literarias que pasamos a analizar de inmediato, posee un destacado papel para la historia del género socrático, en la medida en que muestran un interés por dar a la posteridad un testimonio subjetivo de una figura clave.

2.3.1. Económico 

De todas las obras socráticas de Jenofonte es quizás la más peculiar desde un punto de vista formal, en la medida en que contiene, a un tiempo, rasgos concomitantes con la prosa técnica propia de algunos de sus Opuscula. No obstante, como se puede apreciar ya en los Ingresos, la preocupación por temas de carácter económico están bien presentes en los testimonios de la época (en Isócrates, especialmente en su Sobre la Paz; en los discursos políticos de Demóstenes), así como en la tradición socrática que subyace en los Ingresos y que, en este caso, aparece de forma explícita en un reconocido diálogo entre Sócrates e Iscómaco (cf. 7 y ss.). Todos ellos responden, sin duda, a un estado de preocupación ante la gravedad de la crisis económica en la que, entre otras razones, el permanente estado de guerra subsiguiente a la Guerra del Peloponeso había sumido a las poleis griegas. 

No parece, desde luego, que Jenofonte fuera el primer autor en ocuparse de estas cuestiones en el marco de la literatura socrática. Sin desechar por completo la hipótesis de ROSCALLA , quien, basándose en el testimonio de Diógenes Laercio (VI 15), señala a Antístenes como antecedente directo, o el testimonio de Platón (Prot. 318e) referido a Protágoras en un sentido semejante, puede conjeturarse, como señala THESLEFF , que Jenofonte tuviera un papel destacado a la hora de sistematizar dicha temática en prosa, especialmente en relación con dos temas básicos en el pensamiento económico del momento: la gewrgiva y la crhmatistikhv. Así, la parte dedicada al primer tema (capítulos XVI-XIX) suele considerarse entre los críticos como un modelo de tratado independiente insertado en el conjunto del diálogo socrático. La originalidad de Jenofonte radica en establecer una relación entre el tema económico y la figura de Sócrates, al que parece utilizar como intermediario para la expresión de sus propias ideas: sorprende, en verdad, encontrar a Sócrates mostrando interés por la faceta técnica de la agricultura. Recurre a tal efecto al método dialéctico  habitual en este grupo de escritos: el diálogo entre Iscómaco, portavoz ocasional de Jenofonte, y Sócrates domina la obra y dibuja el mismo ideal de hombría de bien (kalokajgaqiva) y de asociación de virtudes  expuesto en el Cinegético. El ideario socrático de Jenofonte se resume en que el trabajo, y en especial la agricultura, constituye un medio adecuado de paideiva y de fomento de las mejores virtudes innatas del individuo; su correcto desempeño, fomenta la emulación y la ambición de mejorar (cf. 21, 10-11). Por medio de ejemplos prácticos pretende ilustrar el ideal pedagógico latente en toda su producción, para lo cual se sirve del método mayeútico de honda raigambre socrática al despertar mediante preguntas el conocimiento que se posee sin tener conciencia de ello. En realidad, queda la impresión de que está mucho más presente el propio Jenofonte que Sócrates ; pero es precisamente esta idealización del pensamiento socrático la que perfila el tenor de su esbozo biográfico.