| I.4.-
Epitafio, Erótico, Proemios, Cartas y Fragmentos
La oratoria epidictica
(Epitafio y Erótico) y epistolar (Cartas), junto con los Proemios
y Fragmentos, pese a las dudas que aún pesan sobre su autenticidad,
también han recibido la atención de la crítica. Aquí
debemos reseñar, sobre todo, las contribuciones de R. Clavaud.
I.4.1.- Epitafio
y Erótico
Tras un artículo
preparatorio (1971-2), Clavaud publicó (1974) en la colección
Budé dos volúmenes con la edición, y traducción
anotada de ambas obras, que él considera genuinas, aunque con mayores
dudas sobre el Erótico. Posteriormente (1976 y 1977) publicaría
algunas precisiones más sobre el texto de ambas piezas, así
como el de los Proemios. También se apunta a la tesis de la paternidad
demosténica del Erótico, aunque con algunas reservas, Brown
(1977), sugiriendo la fecha de 338-7 a. C. como la más probable
para lo que él considera un panfleto demosténico para promover
la reforma de la efebía. Sobre una sección de este discurso,
los pár. 23-29, y el significado en él del término
"apobátes", versa el trabajo de Crowther (1991).
Al estudio de sendas
traducciones latinas del Epitafio dedican sus esfuerzos Ritoók (1975)
y Pikoulas (1987): las de Janus Pannonius y Juan Sophianos, respectivamente.
I.4.2.- Cartas
y Fragmentos
Tras la publicación
por Goldstein (1968) de su traducción de las Cartas, ha sido de
nuevo Clavaud (1987) el autor de la contribución más relevante,
con su edición bilingüe de ambos corpora. En ella tiene en
cuenta -algo poco habitual- dos manuscritos españoles: el Scor.
R.I.20 (siglado E), con un texto -según él- "muy corregido"
y próximo al del Marc. gr. 420 (ca. 1340), dependiendo ambos de
una copia en minúscula perdida, de la que también derivaría
F; y el Matrit. 4637, que ofrece tres variantes consideradas excelentes
por Clavaud, dos de ellas anticipaciones a sendas correcciomes de Wolf
y Schaefer.
La autenticidad
de las Cartas ha continuado generando una nutrida bibliografía.
Braccesi (1966 y 1967) defendió la autenticidad de la III, relacionando
el contenido de los pár. 31-2 con la inscripción Michel II,
1704. Posteriormente (1970), este mismo autor ha defendido también
la autenticidad de la VI, poniéndola en relación con el Epitafio
de Hipérides. Goldstein (1968) defendía la autenticidad de
las Cartas I-IV, negada en un artículo posterior (1971). Para Valcenko
(1981) sólo la III puede ser auténtica, mientras que para
Clavaud (1987) lo serían todas menos la V. Packman (1973) utilizó
el testimonio del papiro Yale inv. 1540 para la II. Milazzo (1982) presentó
el testimonio de tres cartas apócrifas del s. II d. C. que son imitaciones
de las demosténicas y que constituirían por tanto su "terminus
ante quem". Salomone (1985), por su parte, ha preferido ocuparse de un
aspecto diferente: el de la influencia de las Cartas I-IV en las de Juan
Crisóstomo al Papa Inocencio I.
Por lo que toca
a nuestro país, López Eire (1985) publicó al final
de su último volumen dedicado a los discursos políticos una
traducción del Epitafio, Erótico, Cartas y Proemios, mientras
que Redondo (1987) se ocupó del valor del término "prâgma"
en dichos Proemios.
II.- REPERTORIOS
Y ESTUDIOS GENERALES.
En 1966 Briceño
redacta un extenso capítulo sobre Demóstenes, incluyendo
traducciones de algunos discursos, dentro del 2º vol. de su obra El
genio literario griego. López Eire (1976) publicó un estado
de la cuestión de los estudios demosténicos hasta la fecha,
y en 1988 fue el encargado de redactar el capítulo dedicado a la
oratoria griega en la Historia de la literatura griega dirigida por A.
López Férez. En 1985 Unte, dentro de su edición bilingüe
de los discursos políticos, publicó una bibliografía
demosténica clasificada. En 1987 Schindel recopiló una selección
de artículos ya publicados sobre Demóstenes, encargándose
él mismo de elaborar el repertorio bibliográfico. Un
libro de conjunto sobre Demóstenes, desigualmente acogido por la
crítica, publicó Carlier en 1990. A Mossé ha debemos
una biografía de Demóstenes desde el punto de vista político.
Hernández Muñoz (1999) continuó el repertorio bibliográfico
de Jackson Rowe desde 1965. Worthington (2000) ha editado un conjunto de
estudios desiguales sobre la figura de Demóstenes como político
y orador, que comentamos en cada apartado específico.
III.- VALORACIÓN
ANTIGUA, INFLUENCIA, PERVIVENCIA Y TRADICIÓN.
Uno de los principales
focos de atención ha ido dirigido a la influencia de Demóstenes
en Cicerón. Tras un trabajo de Pearson (1968) sobre el influjo demosténico
en las Verrinas, Perl (1968) destacó las analogías entre
las Filípicas de Demóstenes y las de Cicerón, objeto
también de la Disertación de Taddeo (1971) y de los estudios
particulares de Michel (1975) y Wooten (1977). A este mismo autor debemos
(1982) un trabajo específico sobre la influencia de lo que él
llama "modo satírico" de Demóstenes en la Quinta Filípica
ciceroniana, y también (1983) una monografía de conjunto
sobre las Filípicas de Cicerón y su modelo demosténico,
respondiendo ambas series de discursos a una denominada "retórica
de crisis". Stroh (1983) circunscribió el influjo demosténico
a los discursos III-XIV, organizados "cíclicamente". En 1984 Gamberale
publicó una valoración de los trabajos de Wooten y Stroh,
completada por Schäublin (1988). También Wooten (1997) se ha
ocupado de la valoración que Cicerón -y Quintiliano- hacen
de Demóstenes, en tanto que Paratore (1989) ha estudiado las razones
por las que Quintiliano concedía la superioridad a Cicerón
sobre Demóstenes, y Parodi Scotti (1990) ha comparado el "êthos"
del orador en Aristóteles, Demóstenes y Cicerón.
Un estudio sobre
la valoración antigua de Demóstenes publicó Anastassios
(1965), limitándolo Bompaire (1984) a la ascensión de su
fama desde su muerte hasta la época de la Segunda Sofística.
Cook (1996) se ha ocupado de los biógrafos de Demóstenes.
Otros autores antiguos en los que los críticos han visto huellas
de influjo o tradición demosténica han sido: Herondas
(Masson: 1970), Polibio (Wooten: 1974), Luciano (Baldwin: 1969) y Plutarco
(Worthington: 1985).
Mención especial
habría que hacer de los gramáticos y rétores que comentan
a nuestro orador, que podrían incluirse en este apartado de tradición
e influencia como en el siguiente de transmisión, escolios y glosas.
Ballaira (1968) editó el De figuris Demosthenicis atribuida al rétor
Tiberio. Pearson (1983) hizo lo mismo con los Commenta in Demosthenem del
gramático Dídimo. A Dídimo y la erudición antigua
sobre Demóstenes dedicó su Tesis Gibson (1995). El estudio
de varios papiros y su relación con el Comentario de Dídimo
sobre Demóstenes (Pap. Oxy. 2744 y Pap. Berol. 9780) centraron la
atención de Luppe (1970) y Yunis (1997), respectivamente. Una monografía
sobre el De Demosthene de Dioniso de Halicarnaso debemós a Cronjé
(1986), así como una edición y traducción del mismo
opúsculo a Aujac (1988). La valoración del estilo demosténico
que realizan Dioniso de Halicarnaso y Hermógenes ocupó a
Wooten (1989), y la de Demetrio y Longino fue estudiada por este mismo
crítico dos años más tarde (1991). Rutherford (1992)
ha demostrado que también Hermógenes (Perì ideôn)
prefería a Demóstenes sobre Tucídides y Homero. Martino
(1998) estudió las manipulaciones del texto de Esquines por parte
de Libanio. La alusión que, sin ningún asomo de admiración,
hace este orador al rival Demóstenes como un "theríon", como
una enfermedad que hay que extirpar, ha sido analizada por Perpillou (1995).
Con referencia a
los autores antiguos, Colonna (1978) se ha ocupado de las citas demosténicas
de Sófocles, y Yatromanolaki (1984), de la relación de dos
autores estrictamente contemporáneos, como Aristóteles y
Demóstenes, concretamente de la Retórica aristotélica
con las obras del Corpus Demosthenicum. Dentro de nuestro país,
Hernández Muñoz (1994), valiéndose de noticias antiguas
sobre las relaciones de Demóstenes con la obra de Tucídides
y Platón, ha intentado demostrar que la influencia tucididea se
vislumbra, sobre todo, en la constitución de un método de
conocimiento, cercano al de los médicos hipocráticos, que
distingue cuidadosamente entre "síntomas" (Filipo) y "causa profunda"
(la desidia de los atenienses) de un proceso noseológico (la postración
de las ciudades griegas), capaz de predecir el curso posterior ya sea de
una enfermedad o de un proceso histórico. De Platón, Demóstenes
tomaría, sobre todo, el retrato del estadista ideal, del filósofo
ocupado en los asuntos públicos, honesto e inteligente, que él
cree encarnar, así como un método de apariencia mayéutica
en los fingidos diálogos del orador con los interlocutores de turno
para acercarlos a sus propias tesis. Más recientemente, Pernot (1998)
ha vuelto sobre la antigua anécdota de un Demóstenes alumno
de Platón, pero insertándola en el marco más general
de las relaciones entre Filosofía y Oratoria en Grecia, y Cooper
(2000) ha subrayado la valoración negativa que los filósofos
peripatéticos hicieron del orador.
Pasando al mundo
cristiano, McDermott (1982) ha estudiado la posible influencia de Demóstenes
en S. Jerónimo, y Ryan (1982) ha considerado que en el estilo de
S. Juan Crisóstomo ha influido más Gorgias que el propio
Demóstenes.
Dentro del humanismo
bizantino, Gigante (1965) se ha ocupado de la valoración que del
orador hace Teodoro Metoquites. En época más moderna,
Schindel (1968) estudió la pervivencia de Demóstenes durante
el s. XVIII en Alemania, Francia e Inglaterra. Pavan (1971), el juicio
de la crítica histórica moderna sobre Isócrates y
Demóstenes. La valoración, siempre sujeta a los devenires
de la historia contemporánea, de la oratoria demosténica
por los filólogos germánicos centró la atención
de Stroh (1988). Hemmerdinger (1992) ha analizado en detalle la génesis
e influencia del Démosthène de Clemenceau, mientras que Rougemont
(1996) ha trazado sugerentes paralelismos entre las figuras del orador
y Churchill. En esta línea, Cagnetta (1995) ha visto bien cómo
a principios del s. XX Demóstenes y Filipo encarnaron modernos arquetipos
políticos, con las consiguientes filias y fobias de los críticos
contemporáneos. El trabajo de Harding (2000) ocupa un abanico más
amplio: la valoración "pendular", positiva o negativa, del orador
a lo largo de la historia, con alternancia de períodos de auge con
otros de declive, como el que vivimos actualmente, quizás motivado
en buena parte por la desconfianza general hacia los políticos.
IV.- TRANSMISIÓN
MANUSCRITA, ESCOLIOS, GLOSAS Y PAPIROS.
En 1968 L. Canfora
publicó un inventario, meritorio aunque incompleto para la parte
española, de manuscritos griegos de Demóstenes, entre los
que figuraban 13 conservados en las bibliotecas españolas: 2 en
Madrid, 6 en El Escorial, 4 en Salamanca y 1 en Sevilla. En el mismo año,
y por obra también de Canfora, hay que consignar una historia del
texto demosténico, con especial consideración de los sucesivos
estadios en la configuración del corpus demosthenicum, y también
en ese mismo año de 1968 publicaba unas observaciones a la transmisión
del texto demosténico, en las que no se pronunciaba con seguridad
sobre la existencia de un arquetipo medieval en minúscula. Tres
años más tarde (1972) Irmer daba a la imprenta su estudio
sobre los recentiores de Demóstenes tomando como base la colación
de los discursos núm. 8 y 9. Considera en él tres manuscritos
españoles: dos de El Escorial (R.I.20 y ?.III.16, que ubica dentro
del grupo de F, y uno de la Biblioteca Nacional de Madrid (núm.
4647), que sitúa en un posible grupo Y. También en 1972 Daris
publica algunos papiros de la Universidad Católica de Milán
con el texto demosténico.
En 1973 Canfora,
a la luz del testimonio del Monac. Gr. 485, defendió la existencia
de una edición antigua de Demóstenes dividida en rollos,
tesis que ha seguido manteniendo en trabajos posteriores. El paso del rollo
al códice habría originado -según el mismo autor-
problemas en la numeración de los textos.
En 1974 tenemos
que mencionar otro nombre, M. Dilts, que en lo sucesivo se preocupará
con asiduidad de los problemas inherentes a la constitución y transmisión
del texto demosténico, y que es autor de algunas de las contribuciones
más relevantes en este campo. En efecto, en 1974 publica los scholia
de P1, "scholia vetera" que no aparecen en Y, distintos de los de P2 y
P3, procedentes de un escriba del s. XIV. En un trabajo de 1978 se ocupó
de los schol. del Marcianus Gr. 416 y del Monacensis 485. En 1979 ("Notes...")
prosiguió su labor con la edición de los schol. de 16 manuscritos
fechados entre los s. XIII-XXVI, la mayoría procedentes de 3 manuscritos
del s. X: el Monac. Gr. 485 (A), el Paris. Gr. 2935 (Y) y el Marc. Gr.
416 (F). Considera en su estudio también un manuscrito español,
el Salamantinus M 224 (siglado Sb), del s. XV, que parece derivar de Lp
(Lambert Palace 1207, s. XIII-XIV). Refiriéndose a los manuscritos
más tardíos, reclama Dils colaciones más completas
"since recentiores need not always be deteriores" (p. 256). En ese mismo
año de 1979 Avezù había adelantado también
la fecha (desde el s. XIII al XI) de la letra de los escolios demosténicos
contenidos en el Marc. Gr. 416. De 1979 es también el trabajo
en el que el mismo Dilts estudia los escolios atribuidos a Ulpiano correspondientes
a los discursos núm. 1, 3 y 4. En 1983 el Prof. Dilts editó
los escolios demosténicos a los discursos políticos hasta
el
Sobre la corona
(discursos núm. 1-18), con sucesivos complementos publicados en
1984 y 1985, y en 1986 vieron la luz, también en la Bibliotheca
Teubneriana, los escolios de los restantes discursos (núm. 19-60)
del corpus demosténico. En 1991 se publicaron los schol. de los
cod. vetustissimi y Ulpiani, presentados por Dilts en el II Coloquio Internacional
de Paleografía y Codicología Griega. En 1989 Tosi publicó
unas notas a varios de los escolios publicados por Dilts. Finalmente,
después de la publicación en Teubner de los discursos de
Esquines, el mismo Dilts ha anunciado la preparación y próxima
publicación de una nueva edición de Demóstenes, que
sustituya a la ya anticuada de Butcher-Rennie, en los Oxford classical
texts.
Refiriéndonos
a otros autores, la ya algo anticuada disertación de Hausman (Leipzig
1921) fue reeditada en Florencia, 1978. Un apéndice actualizado
con los papiros egipcios conocidos tras la disertación de Hausman
dio a la imprenta Mertens en 1981. En 1980 Müller publicó unos
papiros berolinenses con textos de Demóstenes, y Manfredi hizo lo
propio con otros tres presentados al XVII Congreso Internacional de Papirología.
Kazazis (1986) editó un glosario de época tardía a
los discursos demosténicos núm. 1-11. En nuestro país,
Bravo (1978) disentió de la opinión de G. de Andrés
acerca del Lexicon Demosthenis que alberga el manuscrito Matritense B.U.
30 (Biblioteca de la Universidad Complutense). En su opinión, no
es el mismo léxico, como creía de Andrés, que el editado
por Latte-Erbse (Hildesheim, 1965) sino que "coincide, aunque sólo
en parte, con otros dos pequeños léxicos titulados Philippikôn
rhetorikôn léxeis y Léxeis tôn symbouleutikôn
Demosthénous, contenidos en el Laur. 57,42, ff. 121v ss. y 133 ss"
(p. 344). Nosotros hemos comprobado que este léxico en cuestión
es precisamente el mismo que el editado por J.N. Kazazis (Philippikôn
rhetorikaì léxeis, Thessaloniki 1986, pp. 67-88), excepto
en las glosas iniciales hasta 2, 30, que faltan en el manuscrito madrileño
por pérdida de hojas. También en nuestra opinión,
este Léxico demosténico, interrumpido en las glosas correspondientes
a 11, 20, se continuaría en las Rhetorikaì léxeis
(or. 13-21) editadas por M. Naoumides (Atenas, 1975), y las Léxeis
tôn symbouleutikôn Demosthénous (or. 13-15), ambas relacionadas
también con la transmisión de las glosas de S. Cirilo.
A. Bravo (1987-88)
ha verificado también la opinión de Graux sobre la asignación
a Constantino Láscaris de la letra del manuscrito escurialense ?.III.12,
aunque, en su opinión, también se encuentra en él
la de su colaborador Cosme de Mesina. Bravo se muestra escéptico
sobre el valor textual del manuscrito. Mayor importancia textual concede
Hernández Muñoz (2000) a otro manuscrito español copiado
también por Constantino Láscaris: el BN 4647, de la Biblioteca
Nacional de Madrid. Dicho manuscrito estaría cerca de la edición
aldina y de un segundo ejemplar próximo a A. Asímismo, su
valor reside en que en la transmisión del Epitafio y del Erótico
atribuidos a Demóstenes se registran casi una veintena de variantes
textuales que, producto de la actividad conjetural de Láscaris o
del acceso a ejemplares perdidos, deberían, en todo caso, formar
parte los aparatos críticos de futuras ediciones demosténicas.
Otro manuscrito español que nunca había sido colacionado
hasta la fecha es el Hisp. 330/155, de la Universidad de Sevilla. En un
Curso reciente de Doctorado impartido por el Prof. Hernández Muñoz
con la participación de Mónica Elias y de Natalia Escudero
se ha podido llegar a la conclusión de que este manuscrito, con
letra del s. XVI, presenta notables coincidencias con el Coisl. 339 (v),
del s.XV, al que Clavaud otorga gran valor por considerarlo testigo de
una rama separada de la tradición.

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