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LOS ESTUDIOS SOBRE DEMÓSTENES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX
 APÉNDICE: DEMÓSTENES EN ESPAÑA HASTA 1965. 5/8
(Felipe-G. Hernández Muñoz. Universidad Complutense de Madrid)
 

I.4.- Epitafio, Erótico, Proemios, Cartas y Fragmentos

La oratoria epidictica (Epitafio y Erótico) y epistolar (Cartas), junto con los Proemios y Fragmentos, pese a las dudas que aún pesan sobre su autenticidad, también han recibido la atención de la crítica. Aquí debemos reseñar, sobre todo, las contribuciones de R. Clavaud. 

I.4.1.- Epitafio y Erótico

Tras un artículo preparatorio (1971-2), Clavaud publicó (1974) en la colección Budé dos volúmenes con la edición, y traducción anotada de ambas obras, que él considera genuinas, aunque con mayores dudas sobre el Erótico. Posteriormente (1976 y 1977) publicaría algunas precisiones más sobre el texto de ambas piezas, así como el de los Proemios. También se apunta a la tesis de la paternidad demosténica del Erótico, aunque con algunas reservas, Brown (1977), sugiriendo la fecha de 338-7 a. C. como la más probable para lo que él considera un panfleto demosténico para promover la reforma de la efebía. Sobre una sección de este discurso, los pár. 23-29, y el significado en él del término "apobátes", versa el trabajo de Crowther (1991). 

Al estudio de sendas traducciones latinas del Epitafio dedican sus esfuerzos Ritoók (1975) y Pikoulas (1987): las de Janus Pannonius y Juan Sophianos, respectivamente.

I.4.2.- Cartas y Fragmentos

Tras la publicación por Goldstein (1968) de su traducción de las Cartas, ha sido de nuevo Clavaud (1987) el autor de la contribución más relevante, con su edición bilingüe de ambos corpora. En ella tiene en cuenta -algo poco habitual- dos manuscritos españoles: el Scor. R.I.20 (siglado E), con un texto -según él- "muy corregido" y próximo al del Marc. gr. 420 (ca. 1340), dependiendo ambos de una copia en minúscula perdida, de la que también derivaría F; y el Matrit. 4637, que ofrece tres variantes consideradas excelentes por Clavaud, dos de ellas anticipaciones a sendas correcciomes de Wolf y Schaefer.
La autenticidad de las Cartas ha continuado generando una nutrida bibliografía. Braccesi (1966 y 1967) defendió la autenticidad de la III, relacionando el contenido de los pár. 31-2 con la inscripción Michel II, 1704. Posteriormente (1970), este mismo autor ha defendido también la autenticidad de la VI, poniéndola en relación con el Epitafio de Hipérides. Goldstein (1968) defendía la autenticidad de las Cartas I-IV, negada en un artículo posterior (1971). Para Valcenko (1981) sólo la III puede ser auténtica, mientras que para Clavaud (1987) lo serían todas menos la V. Packman (1973) utilizó el testimonio del papiro Yale inv. 1540 para la II. Milazzo (1982) presentó el testimonio de tres cartas apócrifas del s. II d. C. que son imitaciones de las demosténicas y que constituirían por tanto su "terminus ante quem". Salomone (1985), por su parte, ha preferido ocuparse de un aspecto diferente: el de la influencia de las Cartas I-IV en las de Juan Crisóstomo al Papa Inocencio I.

Por lo que toca a nuestro país, López Eire (1985) publicó al final de su último volumen dedicado a los discursos políticos una traducción del Epitafio, Erótico, Cartas y Proemios, mientras que Redondo (1987) se ocupó del valor del término "prâgma" en dichos Proemios. 
 

II.- REPERTORIOS Y ESTUDIOS GENERALES.

En 1966 Briceño redacta un extenso capítulo sobre Demóstenes, incluyendo traducciones de algunos discursos, dentro del 2º vol. de su obra El genio literario griego. López Eire (1976) publicó un estado de la cuestión de los estudios demosténicos hasta la fecha, y en 1988 fue el encargado de redactar el capítulo dedicado a la oratoria griega en la Historia de la literatura griega dirigida por A. López Férez. En 1985 Unte, dentro de su edición bilingüe de los discursos políticos, publicó una bibliografía demosténica clasificada. En 1987 Schindel recopiló una selección de artículos ya publicados sobre Demóstenes, encargándose él mismo de elaborar el repertorio bibliográfico.  Un libro de conjunto sobre Demóstenes, desigualmente acogido por la crítica, publicó Carlier en 1990. A Mossé ha debemos una biografía de Demóstenes desde el punto de vista político. Hernández Muñoz (1999) continuó el repertorio bibliográfico de Jackson Rowe desde 1965. Worthington (2000) ha editado un conjunto de estudios desiguales sobre la figura de Demóstenes como político y orador, que comentamos en cada apartado específico.
 

III.- VALORACIÓN ANTIGUA, INFLUENCIA, PERVIVENCIA Y TRADICIÓN.

Uno de los principales focos de atención ha ido dirigido a la influencia de Demóstenes en Cicerón. Tras un trabajo de Pearson (1968) sobre el influjo demosténico en las Verrinas, Perl (1968) destacó las analogías entre las Filípicas de Demóstenes y las de Cicerón, objeto también de la Disertación de Taddeo (1971) y de los estudios particulares de Michel (1975) y Wooten (1977). A este mismo autor debemos (1982) un trabajo específico sobre la influencia de lo que él llama "modo satírico" de Demóstenes en la Quinta Filípica ciceroniana, y también (1983) una monografía de conjunto sobre las Filípicas de Cicerón y su modelo demosténico, respondiendo ambas series de discursos a una denominada "retórica de crisis". Stroh (1983) circunscribió el influjo demosténico a los discursos III-XIV, organizados "cíclicamente". En 1984 Gamberale publicó una valoración de los trabajos de Wooten y Stroh, completada por Schäublin (1988). También Wooten (1997) se ha ocupado de la valoración que Cicerón -y Quintiliano- hacen de Demóstenes, en tanto que Paratore (1989) ha estudiado las razones por las que Quintiliano concedía la superioridad a Cicerón sobre Demóstenes, y Parodi Scotti (1990) ha comparado el "êthos" del orador en Aristóteles, Demóstenes y Cicerón.

Un estudio sobre la valoración antigua de Demóstenes publicó Anastassios (1965), limitándolo Bompaire (1984) a la ascensión de su fama desde su muerte hasta la época de la Segunda Sofística. Cook (1996) se ha ocupado de los biógrafos de Demóstenes. Otros autores antiguos en los que los críticos han visto huellas de influjo  o tradición demosténica han sido: Herondas (Masson: 1970), Polibio (Wooten: 1974), Luciano (Baldwin: 1969) y Plutarco (Worthington: 1985).

Mención especial habría que hacer de los gramáticos y rétores que comentan a nuestro orador, que podrían incluirse en este apartado de tradición e influencia como en el siguiente de transmisión, escolios y glosas. Ballaira (1968) editó el De figuris Demosthenicis atribuida al rétor Tiberio. Pearson (1983) hizo lo mismo con los Commenta in Demosthenem del gramático Dídimo. A Dídimo y la erudición antigua sobre Demóstenes dedicó su Tesis Gibson (1995). El estudio de varios papiros y su relación con el Comentario de Dídimo sobre Demóstenes (Pap. Oxy. 2744 y Pap. Berol. 9780) centraron la atención de Luppe (1970) y Yunis (1997), respectivamente. Una monografía sobre el De Demosthene de Dioniso de Halicarnaso debemós a Cronjé (1986), así como una edición y traducción del mismo opúsculo a Aujac (1988). La valoración del estilo demosténico que realizan Dioniso de Halicarnaso y Hermógenes ocupó a Wooten (1989), y la de Demetrio y Longino fue estudiada por este mismo crítico dos años más tarde (1991). Rutherford (1992) ha demostrado que también Hermógenes (Perì ideôn) prefería a Demóstenes sobre Tucídides y Homero. Martino (1998) estudió las manipulaciones del texto de Esquines por parte de Libanio. La alusión que, sin ningún asomo de admiración, hace este orador al rival Demóstenes como un "theríon", como una enfermedad que hay que extirpar, ha sido analizada por Perpillou (1995).

Con referencia a los autores antiguos, Colonna (1978) se ha ocupado de las citas demosténicas de Sófocles, y Yatromanolaki (1984), de la relación de dos autores estrictamente contemporáneos, como Aristóteles y Demóstenes, concretamente de la Retórica aristotélica con las obras del Corpus Demosthenicum. Dentro de nuestro país, Hernández Muñoz (1994), valiéndose de noticias antiguas sobre las relaciones de Demóstenes con la obra de Tucídides y Platón, ha intentado demostrar que la influencia tucididea se vislumbra, sobre todo, en la constitución de un método de conocimiento, cercano al de los médicos hipocráticos, que distingue cuidadosamente entre "síntomas" (Filipo) y "causa profunda" (la desidia de los atenienses) de un proceso noseológico (la postración de las ciudades griegas), capaz de predecir el curso posterior ya sea de una enfermedad o de un proceso histórico. De Platón, Demóstenes tomaría, sobre todo, el retrato del estadista ideal, del filósofo ocupado en los asuntos públicos, honesto e inteligente, que él cree encarnar, así como un método de apariencia mayéutica en los fingidos diálogos del orador con los interlocutores de turno para acercarlos a sus propias tesis. Más recientemente, Pernot (1998) ha vuelto sobre la antigua anécdota de un Demóstenes alumno de Platón, pero insertándola en el marco más general de las relaciones entre Filosofía y Oratoria en Grecia, y Cooper (2000) ha subrayado la valoración negativa que los filósofos peripatéticos hicieron del orador.

Pasando al mundo cristiano, McDermott (1982) ha estudiado la posible influencia de Demóstenes en S. Jerónimo, y Ryan (1982) ha considerado que en el estilo de S. Juan Crisóstomo ha influido más Gorgias que el propio Demóstenes.

Dentro del humanismo bizantino, Gigante (1965) se ha ocupado de la valoración que del orador hace Teodoro Metoquites. En época más moderna,  Schindel (1968) estudió la pervivencia de Demóstenes durante el s. XVIII en Alemania, Francia e Inglaterra.  Pavan (1971), el juicio de la crítica histórica moderna sobre Isócrates y Demóstenes. La valoración, siempre sujeta a los devenires de la historia contemporánea,  de la oratoria demosténica por los filólogos germánicos centró la atención de Stroh (1988). Hemmerdinger (1992) ha analizado en detalle la génesis e influencia del Démosthène de Clemenceau, mientras que Rougemont (1996) ha trazado sugerentes paralelismos entre las figuras del orador y Churchill. En esta línea, Cagnetta (1995) ha visto bien cómo a principios del s. XX Demóstenes y Filipo encarnaron modernos arquetipos políticos, con las consiguientes filias y fobias de los críticos contemporáneos. El trabajo de Harding (2000) ocupa un abanico más amplio: la valoración "pendular", positiva o negativa, del orador a lo largo de la historia, con alternancia de períodos de auge con otros de declive, como el que vivimos actualmente, quizás motivado en buena parte por la desconfianza general hacia los políticos.

IV.- TRANSMISIÓN MANUSCRITA, ESCOLIOS, GLOSAS Y PAPIROS.

En 1968 L. Canfora publicó un inventario, meritorio aunque incompleto para la parte española, de manuscritos griegos de Demóstenes, entre los que figuraban 13 conservados en las bibliotecas españolas: 2 en Madrid, 6 en El Escorial, 4 en Salamanca y 1 en Sevilla. En el mismo año, y por obra también de Canfora, hay que consignar una historia del texto demosténico, con especial consideración de los sucesivos estadios en la configuración del corpus demosthenicum, y también en ese mismo año de 1968 publicaba unas observaciones a la transmisión del texto demosténico, en las que no se pronunciaba con seguridad sobre la existencia de un arquetipo medieval en minúscula. Tres años más tarde (1972) Irmer daba a la imprenta su estudio sobre los recentiores de Demóstenes tomando como base la colación de los discursos núm. 8 y 9. Considera en él tres manuscritos españoles: dos de El Escorial (R.I.20 y ?.III.16, que ubica dentro del grupo de F, y uno de la Biblioteca Nacional de Madrid (núm. 4647), que sitúa en un posible grupo Y. También en 1972 Daris publica algunos papiros de la Universidad Católica de Milán con el texto demosténico.

En 1973 Canfora, a la luz del testimonio del Monac. Gr. 485, defendió la existencia de una edición antigua de Demóstenes dividida en rollos, tesis que ha seguido manteniendo en trabajos posteriores. El paso del rollo al códice habría originado -según el mismo autor- problemas en la numeración de los textos.
En 1974 tenemos que mencionar otro nombre, M. Dilts, que en lo sucesivo se preocupará con asiduidad de los problemas inherentes a la constitución y transmisión del texto demosténico, y que es autor de algunas de las contribuciones más relevantes en este campo. En efecto, en 1974 publica los scholia de P1, "scholia vetera" que no aparecen en Y, distintos de los de P2 y P3, procedentes de un escriba del s. XIV. En un trabajo de 1978 se ocupó de los schol. del Marcianus Gr. 416 y del Monacensis 485. En 1979 ("Notes...") prosiguió su labor con la edición de los schol. de 16 manuscritos fechados entre los s. XIII-XXVI, la mayoría procedentes de 3 manuscritos del s. X: el Monac. Gr. 485 (A), el Paris. Gr. 2935 (Y) y el Marc. Gr. 416 (F). Considera en su estudio también un manuscrito español, el Salamantinus M 224 (siglado Sb), del s. XV, que parece derivar de Lp (Lambert Palace 1207, s. XIII-XIV). Refiriéndose a los manuscritos más tardíos, reclama Dils colaciones más completas "since recentiores need not always be deteriores" (p. 256). En ese mismo año de 1979 Avezù había adelantado también la fecha (desde el s. XIII al XI) de la letra de los escolios demosténicos contenidos en el Marc. Gr.  416. De 1979 es también el trabajo en el que el mismo Dilts estudia los escolios atribuidos a Ulpiano correspondientes a los discursos núm. 1, 3 y 4. En 1983 el Prof. Dilts editó los escolios demosténicos a los discursos políticos hasta el 
Sobre la corona (discursos núm. 1-18), con sucesivos complementos publicados en 1984 y 1985, y en 1986 vieron la luz, también en la Bibliotheca Teubneriana, los escolios de los restantes discursos (núm. 19-60) del corpus demosténico. En 1991 se publicaron los schol. de los cod. vetustissimi y Ulpiani, presentados por Dilts en el II Coloquio Internacional de Paleografía y Codicología Griega. En 1989 Tosi publicó unas notas a varios de los escolios publicados por Dilts.  Finalmente, después de la publicación en Teubner de los discursos de Esquines, el mismo Dilts ha anunciado la preparación y próxima publicación de una nueva edición de Demóstenes, que sustituya a la ya anticuada de Butcher-Rennie, en los Oxford classical texts.

Refiriéndonos a otros autores, la ya algo anticuada disertación de Hausman (Leipzig 1921) fue reeditada en Florencia, 1978. Un apéndice actualizado con los papiros egipcios conocidos tras la disertación de Hausman dio a la imprenta Mertens en 1981. En 1980 Müller publicó unos papiros berolinenses con textos de Demóstenes, y Manfredi hizo lo propio con otros tres presentados al XVII Congreso Internacional de Papirología. Kazazis (1986) editó un glosario de época tardía a los discursos demosténicos núm. 1-11. En nuestro país, Bravo (1978) disentió de la opinión de G. de Andrés acerca del Lexicon Demosthenis que alberga el manuscrito Matritense B.U. 30 (Biblioteca de la Universidad Complutense). En su opinión, no es el mismo léxico, como creía de Andrés, que el editado por Latte-Erbse (Hildesheim, 1965) sino que "coincide, aunque sólo en parte, con otros dos pequeños léxicos titulados Philippikôn rhetorikôn léxeis y Léxeis tôn symbouleutikôn Demosthénous, contenidos en el Laur. 57,42, ff. 121v ss. y 133 ss" (p. 344). Nosotros hemos comprobado que este léxico en cuestión es precisamente el mismo que el editado por J.N. Kazazis (Philippikôn rhetorikaì léxeis, Thessaloniki 1986, pp. 67-88), excepto en las glosas iniciales hasta 2, 30, que faltan en el manuscrito madrileño por pérdida de hojas. También en nuestra opinión, este Léxico demosténico, interrumpido en las glosas correspondientes a 11, 20, se continuaría en las Rhetorikaì léxeis (or. 13-21) editadas por M. Naoumides (Atenas, 1975), y las Léxeis tôn symbouleutikôn Demosthénous (or. 13-15), ambas relacionadas también con la transmisión de las glosas de S. Cirilo.
A. Bravo (1987-88) ha verificado también la opinión de Graux sobre la asignación a Constantino Láscaris de la letra del manuscrito escurialense ?.III.12, aunque, en su opinión, también se encuentra en él la de su colaborador Cosme de Mesina. Bravo se muestra escéptico sobre el valor textual del manuscrito. Mayor importancia textual concede Hernández Muñoz (2000) a otro manuscrito español copiado también por Constantino Láscaris: el BN 4647, de la Biblioteca Nacional de Madrid. Dicho manuscrito estaría cerca de la edición aldina y de un segundo ejemplar próximo a A. Asímismo, su valor reside en que en la transmisión del Epitafio y del Erótico atribuidos a Demóstenes se registran casi una veintena de variantes textuales que, producto de la actividad conjetural de Láscaris o del acceso a ejemplares perdidos, deberían, en todo caso, formar parte los aparatos críticos de futuras ediciones demosténicas. Otro manuscrito español que nunca había sido colacionado hasta la fecha es el Hisp. 330/155, de la Universidad de Sevilla. En un Curso reciente de Doctorado impartido por el Prof. Hernández Muñoz con la participación de Mónica Elias y de Natalia Escudero se ha podido llegar a la conclusión de que este manuscrito, con letra del s. XVI, presenta notables coincidencias con el Coisl. 339 (v), del s.XV, al que Clavaud otorga gran valor por considerarlo testigo de una rama separada de la tradición.