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MENANDRO: LA COMEDIA NUEVA 2/5

Carmen Morenilla Talens

Universitat de València

ISBN- 84-9714-

 


3.- Menandro, autor de época helenística.

         Para la correcta valoración de Menandro es fundamental revisar las opiniones tradicionales sobre los períodos postclásicos, con excesiva frecuencia aún hoy considerados epigonales, decadentes, opinión que impide ver que realmente se trata de épocas nuevas, con nuevas condiciones socio-económicas y nuevos productos literarios que mantienen y cambian a la vez la tradición. Hace ya tiempo que se tiene conciencia de la existencia del helenismo como período cultural de pleno sentido con características distintas al clásico, pero tan productivo como aquél, desde que, a finales del siglo XIX, se empezó a insistir, sobre todo en Alemania, en la necesidad de una valoración distinta, a partir en especial de los escritos de G. Droysen que conllevan en realidad el descubrimiento de la época helenística[1]. Aún así es fácil encontrar hoy en trabajos diversos restos del antiguo menosprecio.

         Menandro vive en épocas de profundos cambios políticos. Recordemos sólo algunas fechas y sucesos significativos: en 338, en la batalla de Queronea, los griegos pierden su independencia frente a Filipo de Macedonia y a partir de la muerte de Alejandro en 323 se suceden las luchas por el control del poder, contexto en el que Atenas intenta reconquistar su independencia, pero es derrotada y Demetrio Falereo nombrado epimeletés (317-307), hasta que Antígono proclama la libertad de la ciudad y el Falereo tiene que huir, quedando sus amigos y seguidores en situación delicada, entre ellos Menandro. Se trata, por lo tanto, de una época de inestabilidad política que provoca o agudiza cambios sociales y económicos que eran consecuencia de sucesos anteriores (Guerra del Peloponeso y sus consecuencias, imperialismo ateniense, ampliación del marco geográfico de acción, etc.), con un considerable aumento de la diferencia entre las clases y del contraste entre el campo y la ciudad; se deteriora el entramado comunitario, lo que comporta la falta de mecanismos contra los abusos y el consiguiente aumento de la inseguridad. Todos estos factores están presentes en las comedias de Menandro, en las que la temática muestra el predominio de la dimensión particular del individuo frente a la comunitaria del ciudadano y la estructura cerrada de la trama, en la que se recompone un orden que en apariencia se había roto, con un final feliz en el seno de la estructura que se quiere reforzar, en la familia. Todo ello es reflejo de un sistema en el que, frente a los cambios socio-políticos, las clases dominantes intentan mantener un determinado orden que ha sido puesto en cuestión por las transformaciones de todo tipo y por la pérdida de los valores anteriores; el enfrentamiento a ese sistema cerrado motiva que el individuo se sienta anonadado, confuso, en una aporía de la que le sacan otros personajes.

         En esa nueva sociedad la incorporación a la estructura macropolítica de nuevos territorios con gentes de otras razas y culturas provoca el surgimiento de un cierto ecumenismo; el uso de una lengua común de cultura y administración facilitó el conocimiento de estos pueblos a la vez que acentuó la influencia de una corriente de pensamiento, ya presente en el siglo V a.n.e., que reconoce el valor de la sabiduría de ciertos pueblos bárbaros[2]. No debe extrañarnos por ello el encontrar desarrollado en Menandro un fenómeno ya presente en Eurípides en la forma de una visión crítica de los valores defendidos por los griegos frente a los bárbaros[3]: Menandro en ocasiones saca a escena bárbaros que muestran la vileza y mezquindad de algunas costumbres y actuaciones de los griegos e insiste en la necesidad de adoptar una noción más amplia del concepto de solidaridad que abarque a todo el género humano[4].

            En este contexto escribe Menandro la que ha sido considerada simple comedia burguesa, amable y elegante, pensada para las capas media y alta de la sociedad y sin apenas reflejos de las graves tensiones sociales; pero progresivamente se va imponiendo un modo nuevo de leer a Menandro que saca a la luz estrechas relaciones con los problemas contemporáneos, como las obras de Aristófanes, pero de modo distinto: mientras la Comedia Política trata de personas o asuntos concretos que preocupan en ese momento a los ciudadanos de Atenas o da forma de comedia a una utopía política (reflejo de las reflexiones de sus coetáneos sobre la crisis del sistema político), la comedia de Menandro, como la tragedia, trata de los problemas contemporáneos del ser humano y de las probables vías de solución, que, para un hombre como Menandro, están en la solidaridad y la comunicación humana por encima de las barreras sociales y económicas. La comedia de Menandro, por lo tanto, es un espacio para la consideración crítica de la sociedad en una situación de fuertes tensiones en un formato amable y en consecuencia atractivo y efectivo.

3.1.- Temas y tratamiento argumental

            Los protagonistas de la Comedia Nueva pertenecen a una minoría de buena posición económica y los argumentos están llenos de situaciones insólitas, complejas tramas con raptos, separaciones y reencuentros, violaciones y nacimiento de niños ilegítimos, y sobre todo el obligado final feliz[5]. Si a pesar de ello Cicerón afirma que esta comedia es imitación de la vida y espejo de costumbres[6], es porque en su opinión el comediógrafo crea en los personajes modos de comportamiento que remiten a un modo de comportamiento general humano, lo que hace que la comedia sea un elemento importante en la educación y en la formación de la moral. Los personajes son personas particulares, presentadas en su vida privada, lo que refuerza la tendencia al individualismo, y el argumento se desarrolla según la lógica interna de los acontecimientos y las reacciones esperables de los personajes según el comportamiento habitual. Y el motor del argumento es el amor entre jóvenes, como señala Ovidio[7], y las dificultades con las que se enfrentan para su disfrute, un tema que se ajusta perfectamente a los intereses del dramaturgo de la época: aparte de los protagonistas permite presentar una amplia constelación de personajes de ambos sexos (padres y madres, ayudantes y contrincantes, criados, etc.), de modo que la obra se enriquece con diversas relaciones sociales y personales; el escenario de la acción remite a la vida cotidiana del espectador, a las ocupaciones y preocupaciones domésticas, permitiendo el reconocimiento de los asuntos planteados; posibilita la subsanación del desequilibrio en la estructura social que el amor en apariencia ha provocado[8]. Pero Menandro lo utiliza también para deslizar críticas sobre determinados comportamientos sociales.

            Con todo, la tendencia generalizada al realismo y la convencionalidad en la comedia no debe llevar a pensar que el tratamiento del amor coincida con las prácticas sociales: se trata de un tema muy formalizado, de larga tradición literaria en cuya transformación han jugado un papel importante las reflexiones filosófico-políticas. Esos cambios son la causa de que no haya en Menandro relaciones homoeróticas y la relación tienda progresivamente a establecerse entre dos jóvenes que desean contraer matrimonio, o que se han visto separados por causas diversas. Este novedoso planteamiento, que va parejo a la formalización de unos nuevos tópicos eróticos[9], es reflejo de cambios sociales que se están produciendo en la estructura de la familia y de las reflexiones que provocan: frente a la idealización de la relación homoerótica masculina de etapas precedentes, ahora se produce una progresiva idealización de la relación matrimonial, que es vista como la solución ideal al problema que plantea la atracción erótica; el motivo inicial es el enamoramiento del protagonista masculino, joven y carente de iniciativa, sin que se tenga en cuenta los deseos de la parte femenina, en lo que la comedia está reflejando las circunstancias sociales, en las que la mujer sigue sin tener presencia pública (salvo en determinadas situaciones especiales) ni opinión en cuestiones privadas.

            La tendencia al realismo se combina con la formalización de algo que en Aristóteles no deja de ser más que un consejo, no una norma, y que pasado el tiempo formará parte de la llamada preceptiva aristotélica, las unidades de tiempo y espacio: la acción se desarrolla en un espacio público al que desembocan caminos o calles y dos o tres edificios y al que se sacan acciones privadas; la acción dramática se produce en el espacio de un día, rara vez incluye la noche anterior. El argumento se estructura en cinco actos marcados por interludios musicales, que son interpretados por un coro que ya no forma parte de la obra, aunque a veces se justifica su entrada, como en Arisco se justifica con la llegada del cortejo de participantes en una fiesta dedicada a Pan. Pero el desarrollo argumental no coincide con los actos, sino que se crean relaciones entre actos para reforzar la unidad de la obra. No existe ya la estructura altamente formalizada de la Comedia Antigua, en la que se mantenían elementos de carácter ritual y con algunas partes tan ajenas a nuestras convenciones como la parábasis[10]; sin embargo, la Comedia Nueva mantiene la posibilidad de romper la linealidad del discurso y la ilusión dramática, como efectivamente hace en monólogos de todo tipo o apartes que los personajes dirigen al público, o saca a escena un personaje prologuista que da la información imprescindible sobre el argumento para que la obra arranque a la par que crea, dentro de esa exigencia de realismo siempre presente, el necesario distanciamiento que refuerza el carácter teatral de lo que se va a ver.

         En este marco estructural y temático se combinan motivos típicos que aparecen no sólo en comediógrafos posteriores, también en otros géneros, como la novela. Motivos como el obstáculo inicial para la boda, provocado por los padres o por otros impedimentos legales debidos al status de no ciudadana de la joven, esclava o no, y la consiguiente subsanación del obstáculo, con frecuencia mediante anagnórisis, el reconocimiento (de la joven protagonista en Rapada, del hijo fruto de la violación en Arbitraje etc.)[11]; la fiesta como el lugar donde se conocen los protagonistas y la muchacha es violada (Arbitraje y Samis); el falso entierro, como en Escudo, donde se finge una muerte para forzar la ruptura de un compromiso matrimonial, en lo que se sigue el motivo de Helena de Eurípides; la oposición del campo frente a la ciudad, que Menandro mostrará que sólo es una oposición en apariencia, por ejemplo en Arisco, representada en la enemistad inicial entre los jóvenes Gorgias/Sóstrato, dos figuras con características antagónicas que les predisponen al enfrentamiento, del que surgirá la amistad; y el azar, porque el verdadero actante de la obra, el que mueve los hilos para que ésta avance, bajo una forma u otra es siempre el azar. Por ello Menandro se refiere constantemente a la fortaleza que debe tener el hombre para poder arrostrar los cambios de la fortuna, pues los problemas sobrevenidos, los cambios de fortuna sorpresivos, los encuentros inesperados, todos estos elementos, en los que en mayor o menor grado interviene el azar, constituyen la base de las obras, los elementos argumentales que conducen a la felicidad de los amantes gracias a la anagnórisis ya sea de padres e hijos, ya sea de violador y víctima. Los motivos y temas se combinan siguiendo una lógica interna que, a pesar de la inhabitual abundancia y acumulación de  sucesos, es presentada como natural y en perfecta coherencia con el carácter de los personajes. Éste es uno de los rasgos más significativos de la comedia de Menandro, la estrecha relación existente entre el carácter del personaje y el argumento de la comedia; carácter que en ocasiones, acorde con el desarrollo de la trama, cambia; en otras, por el contrario, el personaje no admite modificaciones en sus opiniones y actitudes, y por ello sufrirá las consecuencias negativas del final feliz de la obra.

         Sirva como ejemplo de lo que terminamos de decir lo que sucede en las siguientes comedias, cuyo argumento exponemos de modo muy esquemático. En Arisco la acción se desarrolla en el campo, frente a una casa situada junto a una gruta, santuario del dios Pan y las Ninfas. Y Pan es el dios prologuista que explica la situación de partida: en la casa vive un viejo, Cnemón, francamente desagradable, con su hija y una vieja criada; su mujer y el hijo de ésta, Gorgias, tuvieron que irse a vivir a otra casa porque la convivencia era imposible; Pan, que ha asumido el papel de protector de la joven, ha propiciado que ésta fuera vista casualmente por Sóstrato, un joven de la ciudad, de familia acomodada, que se ha enamorado de ella. Enterado Gorgias de que un joven ocioso ronda a su hermanastra, acude para proteger el honor de la familia y se enfrenta a Sóstrato; del diálogo entre ambos surge la amistad y el compromiso de Gorgias de ayudar a Sóstrato a conseguir la mano de su hermanastra, y a tal fin le aconseja que se haga pasar por labriego con la intención de ganarse así al viejo. La acritud de Cnemón ha sido mostrada en varias escenas en las que con malos modos se desembaraza de la presencia de los demás, provocadas en parte por los siervos de la casa de Sóstrato, que casualmente va a celebrar una fiesta en el santuario; pero Cnemón sufre un accidente que le obliga a dejarse ayudar por su hijastro y Sóstrato. Cnemón ha de reconocer que necesita la ayuda de los demás y, convencido por su hijastro, consiente en el matrimonio de su hija con ese joven que parece un campesino, pero él vuelve a encerrarse en su casa. Tendrá que salir al final, forzado por los criados a los que antes había maltratado, y lo hará para unirse a la fiesta que celebran sus consuegros, en la que además se celebrará un doble matrimonio, el de Sóstrato con la hermanastra de Gorgias y el de la hermana de Sóstrato con Gorgias, porque, a pesar de la diferencia de nivel económico existente entre ambas casas, Sóstrato logra el matrimonio de su amigo con su propia hermana después de convencer a su padre de que lo importante es la actitud de la persona y la amistad, más valiosa que el dinero.

         Suponemos que también habría doble boda en Escudo, obra que empieza con la entrada de un cortejo muy especial: el esclavo frigio Daos vuelve de la guerra con el escudo de su joven señor, Cleóstrato, y con esclavos y riquezas conseguidas por aquel. Cleóstrato ha muerto, Daos encontró su escudo junto al cuerpo, irreconocible, y vuelve para entregar las riquezas a la hermana del joven, a la que se siente unido, pues fue pedagogo de ambos. La hermana está recogida en casa de un tío paterno, Queréstrato, que la ha prometido a su hijastro Quéreas. Atraído por las riquezas, el tío paterno de más edad, Esmícrines, que antes no había querido saber nada de sus sobrinos y que es presentado como un avaro misántropo, decide casarse con la sobrina, que ahora es epiclera, la heredera del patrimonio. Esta decisión sume en la desesperación a Quéreas y Queréstrato y ha de ser el esclavo Daos el que urda el plan de salvación: con la colaboración de un amigo que se hace pasar por médico, se finge una repentina enfermedad de Queréstrato y su defunción, de modo que la hija de éste ahora es también epiclera, y más rica que su prima; al avaro Esmícrines ya no le interesa lleva a cabo el matrimonio acordado, por lo que acelera la boda de esta sobrina con su anterior prometido Quéreas, para tener la vía libre y poder casarse con la hija de Queréstrato. Suponemos que antes de esa boda los muertos "resucitan": Queréstrato deja de fingir y regresa Cleóstrato, al que Daos había dado por muerto al encontrar su escudo junto a un cadáver irreconocible. De este modo se hace posible la doble boda entre las dos parejas de jóvenes y el avaro Esmícrines queda burlado.



[1] El escenario histórico y las circunstancias en que se produce la primera reunificación alemana, condicionaron la obra de los historiadores alemanes que trasladaron al estudio de la Antigüedad los principios ideológicos de la política contemporánea, de modo que pasaron a considerar la polis como el estadio previo que debía desembocar en una unidad nacional más amplia, el imperio helenístico. Fue U. von Wilamowitz quien trasladó de la historia a la literatura esta consideración, dando lugar a una verdadera revolución de la que no se han sacado aún todas las consecuencias.

[2] Para este interesante proceso de acercamiento a los otros, de reconocimiento paulatino de las otras culturas, remitimos al trabajo de A. Momigliano, La sabiduría de los bárbaros. Los límites de la helenización (trad. de Alien Wisdom. The Limits of Hellenization, Cambridge University Press 1985), México-Madrid 1988, aunque Momigliano se ciñe a la relación de los griegos con celtas, romanos, judíos e iranios.

[3] En otro lugar nos hemos ocupado de este aspecto en obras de Eurípides, en particular en "Hécuba: apuntes para el estudio de una archifigura dramática", El fil d'Ariadna, Fr. De Martino-C. Morenilla (Eds.), Bari 2001, pp. 317-337, aquí 325 s.

[4] En general para esta nueva etapa remitimos a J. Alsina, Los grandes períodos de la cultura griega, Madrid 1988, con abundante bibliografía concreta.

[5] El final feliz no era el tradicional en los relatos eróticos antiguos, caracterizados por la descripción de amores desgraciados con finales trágicos, línea que será seguida por el epigrama erótico helenístico y la elegía latina después; al final feliz en la tragedia, como Ión o Helena de Eurípides, o Alcestis (tragedia especial por otras cuestiones), a causa de los nuevos gustos del público, se refiere Aristóteles en Ética a Nicómaco (1453a35). Este cambio, perceptible en Eurípides y generalizado en la Comedia Nueva, está relacionado con el especial tratamiento del amor y con los cambios ideológicos que lo sustentan.

[6] Cicerón, De re publica IV, 13, recogido por Donato, Excerpta de comoedia V, 1: comoedian esse Cicero ait imitationem uitae, speculum consuetudinis, imaginem ueritatis.

[7] Ovidio, Trist. II, 369: fabula iucundi nulla est sine amore Menandri.

[8] Muy interesantes son los recientes trabajos de D. Del Corno, "Menandro e il teatro de la realtà", en Menandro fra tradizione ..., pp. 17-29 y V. Gigante Lanzara, "El teatro di Menandro: il realismo 'soft' e la città dei buoni", A&R 43, 1998, 127-132, que insisten en la reducción de temas y de espectro social.

[9] Sobre este cambio y sus causas, cf. Consideraciones en torno al amor en la literatura de la Grecia antigua, de M. Brioso Sánchez-A.Villarrubia Medina (Eds.), Universidad de Sevilla 2000, en especial el capítulo de M. Brioso "El amor, de la comedia nueva a la novela", pp. 145-229; también G. Giangrande "Los tópicos helenísticos en la elegía romana", Emerita 42, 1974, pp. 1-36 y E. Calderón "Los tópicos eróticos en la elegía helenística", Emerita 65, 1997, pp. 1-15. En general sobre el tema del amor en la literatura griega, cf. E. Ruiz, La mujer y el amor en Menandro, Barcelona 1981; M. Fernández Galiano- J.S. Lasso de la Vega-Fco. Rodríguez Adrados (Eds.), El descubrimiento del amor en Grecia, Madrid 1985, en especial el capítulo de M. Fernández Galiano "El amor helenístico", pp. 205-227.

[10] En la parábasis la acción dramática se interrumpía y el coro se dirigía en nombre del autor al público para informarle de los más variados asuntos: exculparse de derrotas anteriores, quejarse de maltrato por parte del público o colegas, manifestar su opinión sobre asuntos de actualidad o criticar a los colegas que competían o habían competido con él.

[11] Es éste un motivo fundamental en la comedia de Menandro, de larga tradición literaria y con antecedentes directos en las tragedias de Eurípides, sobre el que reflexionó en extenso Aristóteles; cf. D. Munteaun, "Types of Anagnorisis: Aristotle and Menander. A Self-Defining Comedy", WS 115, 2002, pp. 111-126.