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MENANDRO: LA COMEDIA NUEVA 3/5

Carmen Morenilla Talens

Universitat de València

ISBN- 84-9714-

 


En Samia también hay una doble relación, en este caso del padre, Démeas, y el hijo adoptivo, Mosquión. El escenario son dos casas, la del rico Démeas y la del pobre Nicérato; ambos han salido en un largo viaje. Mosquión hace de prologuista y nos cuenta que su padre ha llevado a casa a la hetera Críside, de la que está enamorado, y que él durante las fiestas ha dejado embarazada a Plangón, hija de Nicérato, y que le ha prometido a la madre casarse cuando vuelvan los padres. Plangón ha dado a luz un hijo y Mosquión le ha pedido a Críside que lo haga pasar por propio mientras se resuelve el problema. Vuelven los padres respectivos, y Mosquión muestra la debilidad de su carácter: no se atreve a contarle a Démeas lo que ha sucedido, sino que mantiene el engaño. Démeas oye por casualidad a la nodriza de Mosquión, que, sin saber que es escuchada, dice que el niño es hijo de Mosquión. Démeas, que sigue creyendo que Críside es la madre, la tira de casa, pues la hace a ella culpable de la traición, y con ella al niño y la nodriza. Nicérato los recoge en la suya; pero escucha que Mosquión reconoce ser el padre y entra en casa para tirarlos. Como su propia mujer y su hija, Plangón, protegen a la hetera y el niño, cree que se han confabulado en su contra y amenaza con prender fuego a la casa, lo que es impedido por Démeas, que ya sabe toda la verdad. Aclarado el embrollo, los consuegros se preparan para celebrar las bodas, pero Mosquión quiere dar una lección a su padre por haber desconfiado de él y finge querer irse de mercenario. Nicérato pone fin a las disensiones y hace que Mosquión asuma su responsabilidad. Y todo termina en fiesta.

         También en Arbitraje hay un nacimiento inesperado y una hetera con un papel fundamental en la solución de la trama. Carisio, después de un largo viaje, se entera de que su mujer, Pánfila, ha dado a luz un niño que no puede ser suyo por el tiempo transcurrido desde el matrimonio, y que la nodriza, Sófrona, lo ha expuesto. Por ello Carisio se ha ido a vivir a casa de su amigo Queréstrato y tiene relaciones con la hetera Habrótono. En el prólogo una divinidad, quizá Fortuna, cuenta que en una fiesta Carisio, embriagado, violó a Pánfila, que ésta consiguió arrancarle un anillo, y que, casada con él, no lo reconoce. Llega Esmícrines, el padre de Pánfila, molesto por los rumores de que Carisio ha abandonado a su hija; a él le piden que actúe como árbitro en el litigio que tienen Sirisco, un carbonero esclavo de Queréstrato, y Daos, un pastor. Discuten sobre la propiedad de unos objetos que acompañaban a un niño recién nacido que Daos había encontrado, pero que entregó a Sirisco. Sirisco reclama también los objetos para que puedan servir en un futuro reconocimiento del niño por parte de los padres, en lo que le da la razón Esmícrines. Retirado de escena Esmícrines, el criado de Carisio reconoce el anillo de su señor y Habrótono recuerda que vió a la joven que había sufrido la violación y decide intervenir. Entran en escena Esmícrines y Pánfila, enfadado el padre porque la hija se niega a dejar a Carisio, a pesar de que él la ha abandonado. Habrótono reconoce a la joven violada en Pánfila y le informa de que el violador es su propio esposo. La hetera junto con el criado convencen a Carisio de que él es el padre del niño y la anagnórisis del niño provoca la alegría y el final feliz de la obra.

         En otra comedia, Rapada, también es fundamental la anagnórisis, en esta ocasión no de un recién nacido, sino de la protagonista. Polemón, un joven soldado de fortuna, ha rapado a la joven con la que vive, Glícera, porque ha visto que ella no rehusaba las caricias del joven Mosquión, hijo de una familia adinerada que vive junto a su casa. Y la joven, ofendida, se ha ido a vivir precisamente a esa casa, acogida por la dueña, Mírrina, con lo que confirma las sospechas del desgraciado Polemón. La divinidad prologuista, Ignorancia, nos informa de que Glícera y Mosquión son hermanos gemelos, expuestos al nacer y recogidos por una anciana que entregó el varón a Mírrina y que se quedó con la niña; pasados los años la anciana se lo cuenta a Glícera y antes de morir la entrega a Polemón; y ahora Ignorancia ha provocado los celos de Polemón con la intención de que haya un final feliz. Polemón está desesperado y sus celos van en aumento porque también Mosquión, que desconoce que Glícera es su hermana, supone que ésta le corresponde. Polemón intenta rescatar a Glícera a la fuerza, pero su amigo Pateco le convence de que no tiene derechos sobre ella y de que sólo si ella acepta puede volver a tenerla. Polemón insta a Pateco a que haga de intermediario e intente convencer a Glícera de que vuelva. Pero Glícera se niega y en su lugar le pide que la acompañe a recoger sus cosas de la casa de Polemón. Al hacerlo Pateco reconoce los objetos con los que expuso a sus hijos, carente medios en aquel momento para sacarlos adelante, y al reconocerlos reconoce a Glícera. Termina casando a la hija con Polemón y dándole a éste una buena dote para que no tenga que volver a ser soldado, con lo que se mantendrá alejado de la violencia.

3.2.- Personajes

         En Menandro el carácter de los personajes motiva el desarrollo específico de la trama, o viceversa, lo que les lleva a alejarse de la figura a la que pertenecen y del que se da información al espectador a través de la caracterización física, en especial la máscara, y del nombre del personaje[1]: los personajes reciben sus nombres entre una limitada gama propia de cada figura, en la que Gorgias, Sóstrato, Quéreas... son nombres de jóvenes protagonistas, Daos y Parmenón son siervos, etc. Por encima de la caracterización individualizada, los personajes comparten una serie de rasgos que son los que los adscriben a una figura determinada y de los que hablaremos brevemente.

          Hemos dicho que la trama gira en torno a una joven. En la Comedia Nueva la muchacha sigue siendo una figura pasiva, que sufre las peripecias de la acción y a veces los ataques de su enamorado: en Rapada es objeto de violencia por parte de Polemón; en Arbitraje su marido la rechaza por hacer dado a luz un niño fruto de una violación en una fiesta, sin saber que el violador es él mismo, etc. Las jóvenes casaderas o recién casadas son personajes mudos: si la protagonista de Rapada habla es porque no se sabe que es una ciudadana; cuando su padre la reconozca, será él quien a partir de ese momento se ocupará de su futuro.

          A pesar de esta pasividad, totalmente acorde con la situación socio-política, Menandro pone en boca de mujeres ciudadanas quejas por las decisiones paternas sobre su matrimonio, lo que es totalmente inesperado. Y así, la joven del Papiro Didot I, en los vv. 27-33, reprocha a su padre el intento de romper el matrimonio después de que el marido se haya empobrecido:

Vale; si el hombre que ahora va a tomarme - lo que no suceda, Zeus amado, ni suceda nunca, puesto que yo no lo deseo, de verdad, ni puedo -, si éste a su vez perdiera su hacienda, ¿me entregarías a otro hombre? ¿Y a otro, si de nuevo aquel la perdiera? ¿Hasta cuándo vas a tantear el azar con mi propia vida?

No son éstas expresiones habituales en boca de una mujer, y del mismo modo también Pánfila de Arbitraje se niega a romper el matrimonio, aunque el marido la haya abandonado. Y en esta última obra escuchamos a otra mujer, una hetera; lo original no es que hable, habitual en estas mujeres, sino el relevante papel que tiene en la obra[2]: Habrótono logra el reconocimiento y la reconciliación de los jóvenes, convirtiéndose en una especie de amiga de la muchacha, relación imposible entre estas figuras[3]. Algo similar sucede en Samia, donde la cortesana, en este caso del padre, será la amiga y confidente del hijo y le ayudará a que pueda casarse con la muchacha de la que ha tenido un niño. Ambas comedias, Arbitraje y Samia, contraponen la actitud violenta e irreflexiva del protagonista masculino, en una un joven, en la otra el padre, que se dejan llevar por las apariencias, a la generosidad de un personaje generalmente denostado, de categoría social inferior, mostrando la necesidad de la comunicación y de la relación por encima de las fronteras sociales y de las apariencias, a la vez que en Samia insiste en la necesidad de una mayor seguridad y firmeza en el carácter, excesivamente "kósmios" (educado), del joven. Probablemente muestre también con ello Menandro el cambio que ha experimentado la sociedad, cambio que empezaba a afectar incluso al concepto y valoración de la posición de la mujer.



[1] Aspecto este último en el que ha insistido A. Barton en The Names of Comedy (University of Toronto Press, Toronto, Buffalo 1990), en particular en pp. 28 ss., donde hace referencia a esas expectativas que el autor crea.

[2] Para la importante presencia de heteras en la Comedia Nueva cf. nuestro "De lenae in comoedia figura”, Helmantica. Thesauramata Philologica Josepho Orozio oblata, 136-138, vol. II, 1994, pp. 81-106; en concreto a este tipo en Menandro se han dedicado importantes monografías, como M.M. Henry, Menander’s Courtesans and the Greek Comic Tradition, Frankfurt 1985.

[3] Para la fuerte influencia del modelo literario en la caracterización femenina, cf. E. Macua, "Caracterización 'textual' frente a caracterización 'visual' en la comedia de Menandro: la definición de la entidad dramática de los personajes femeninos en Perikeiromene y Epitrepontes", Veleia 13, 1996, pp. 227-241.