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MENANDRO: LA COMEDIA NUEVA 5/5

Carmen Morenilla Talens

Universitat de València

ISBN- 84-9714-

 


3.3.- Estilo y lengua.

         La tendencia al realismo es también uno de los elementos fundamentales que determina el tipo de lengua usado por Menandro, así como el metro y los procedimientos estilísticos. Frente al elevado uso de todo tipo de procedimientos estilísticos y a la variedad de metros en la Comedia Antigua, en Menandro hay una progresiva reducción tanto del tipo de metros empleados como del uso de los procedimientos estilísticos, que se reservan para contextos especiales. Así, mientras en la Comedia Antigua la metáfora podía llegar a convertirse en la trama de la comedia y son constantes las acumulaciones en escena de sucesivos pasajes en los que confluyen figuras estilísticas variadas (procedimientos fónicos reforzando aprosdocetos que a su vez son metáforas, sumados al uso de términos paródicos, imitación de lenguajes especiales, etc.), la Comedia Nueva reserva los procedimientos para momentos de especial tensión emocional, monólogos con manifestación de sentimientos intensos, diálogos que comportan decisiones trascendentes, etc. Lo mismo puede decirse del metro, puesto que se van eliminando los restantes en beneficio del trímetro yámbico, el más cercano a la lengua hablada, como ya indicó Aristóteles (Poética, 1449a 24-28)[1].

         En lo que hace a la lengua de estas obras, recientes estudios han puesto en evidencia el tipo de koiné literaria que utiliza Menandro; así mismo se ha puesto de manifiesto la lograda caracterización de sus personajes también en este aspecto[2], en claro contraste con el uso de la lengua en la Comedia Antigua, más preocupada por su efecto cómico inmediato que por la coherencia de sus rasgos en cada personaje concreto. Este cuidado en el uso de los diversos registros, así como el decoro en la expresión, fueron causa del gran aprecio que por sus comedias sintieron los intelectuales latinos.

4.- Otros autores de Comedia Nueva

         Ya hemos comentado la dificultad que representa hablar de los restantes autores: la escasez de textos sigue siendo un obstáculo para un estudio en detalle y los nuevos hallazgos no han aportado nada significativo[3]. A pesar de ello, algo podemos saber a partir tanto de los escasos fragmentos como de las reelaboraciones latinas[4], incluso podemos percibir algunas diferencias con respecto a Menandro en el tratamiento de los temas y personajes y en el uso de la lengua[5].

         Filemón, probablemente del sur de Italia y casi treinta años mayor que Menandro (368/360-267/263 a.n.e.), fue un autor muy fecundo: hemos conservado 194 fragmentos de cerca de cien comedias atribuidas a él, de las que conocemos 64 títulos. Al parecer Filemón era un maestro de la comedia de situación con personajes que siguen muy de cerca las características fijadas de la figura; en consecuencia Filemón parece estar más vinculado a los modos tradicionales de la comedia. En sus fragmentos abundan, de modo semejante a lo que ocurría en Menandro, las expresiones de tipo gnómico: con frecuencia personajes de corte tradicional, como el cocinero o un criado, habla sobre el destino o sobre la felicidad humana.

         Casi contemporáneo de Filemón, pero algo más joven, es Dífilo (360/350-comienzos sg. III a.n.e.), como Menandro, poco favorecido por el público. Su dramaturgia parece ser más espectacular, llena de efectos teatrales y de complejos desarrollos argumentales. Dífilo se decanta por una línea más romántica, con escenarios lejanos, más cercanos a los de la novela, un género en el que la comedia influyó poderosamente. Entre sus títulos destacan algunos de tema mitológico, lo que le enraiza con la comedia anterior.

         Más joven que los anteriores y también que Menandro, es Apolodoro de Caristos, que concurre por primera vez en el 285 a.n.e. y al que se atribuyen 47 obras, de las que sólo conservamos 32 fragmentos. Es el más cercano al modo de componer de Menandro, con una caracterización cuidada de personajes y situaciones, como evidencia la preferencia de Terencio por él.

5.- Pervivencia de Menandro

            Ya hemos comentado que pronto fue considerado Menandro un autor clásico, el predilecto de la Comedia Nueva. Gozó de esta consideración desde el siglo III a.n.e. al V, e incluso hay testimonios de que era leído y estudiado a mediados del siglo VII. Esta positiva valoración desde el punto de vista de los educadores o los espectadores/lectores de comedias tuvo también su reflejo en creaciones literarias: sabemos que influyó poderosamente en un género literario griego emergente, la novela, género que adquirió una amplísima difusión[6].

            Conocida es la presencia de Menandro en Roma, en especial su influencia en la comedia, a la que se han dedicado numerosos estudios[7]. Los autores romanos prefirieron la Comedia Nueva como modelo por diversas razones. Una de ellas es su relativa cercanía cronológica, pues sólo cincuenta años separan la muerte de Menandro de la primera representación de una comedia en Roma, lo que hace a las obras de Menandro casi contemporáneas[8]. También se convierte en el modelo para los autores romanos por el tipo de temas que trata, que afectan a las relaciones entre las personas, con un carácter moralizador y por ello más universal. Si a ello unimos la práctica desaparición de la invectiva personal y del ataque político directo, tenemos unas obras que se adaptan a la perfección a las necesidades de los comediógrafos romanos, de los autores de palliata, pero también de togata[9].

            Plauto utiliza comedias de Menandro como modelo para Bacchides, Cistellaria y Stichus, quizás también para Aulularia y Poenulus; y Terencio para Andria, Heautontimorumenos, Eunuchus y Adelphoe. De las comedias de Cecilio Estacio, que durante decenios fue considerado el mejor comediógrafo latino, restan pocos fragmentos y citas indirectas, a pesar de lo cual sabemos que constituye un punto fundamental en la creciente influencia de Menandro y consiguiente helenización de la comedia romana. Este hecho, el progresivo aumento de la influencia de Menandro y el perfeccionamiento formal y conceptual que en la línea de Menandro lograron sus comedias, fue un proceso que recibió elogios de la crítica romana culta, pero comportó el alejamiento del público más popular y la pérdida de popularidad de autores como Terencio[10].

            Aparte de los comediógrafos, Menandro gozó del aprecio de los escritores romanos, que le anteponían a sus propios compatriotas: buen ejemplo de ellos son las valoraciones de César, Cicerón y Varrón en la primera mitad del siglo I a.n.e., de Horacio, Ovidio y Propercio en la época de Augusto, en Plinio el Viejo, Quintiliano y Marcial. Plutarco en su Comparación de Aristófanes y Menandro deja constancia de su gran popularidad (Moralia 854a), como también los numerosos mosaicos con escenas de sus comedias encontrados en villas de geografía y cronología variada[11]. Ello es la causa de que sea Menandro uno de los autores más favorecidos en los hallazgos papirológicos.

          En siglos posteriores debe tenerse en cuenta que la pérdida de sus comedias provocó que sólo se le conociera por sus sentencias y por las referencias indirectas de los autores anteriores que le habían podido leer, de ahí el tipo de valoración y la nula influencia directa de sus comedias: entre nosotros Luis Vives en De tradendis disciplinis (1531) aconseja su lectura, Pedro Mexía en Silva de varia lección (1540) le cita, y Francisco de Monzón en Espejo del Príncipe christiano (Lisboa 1544), Juan Mal-Lara en Philosophia vulgar...[12]. Esta escasez de textos, limitados casi exclusivamente a las sentencias, no impidió la valoración entusiasta de autores como Winckelmann o Goethe, que se declaraban abiertamente admiradores de Menandro. Pero sólo ahora es posible el conocimiento real de una parte de su producción, reducida, pero que al menos nos permite saber algo tanto sobre su dramaturgia como sobre los cuestiones sociales que trata y nos permite reconocer en sus comedias algo más que simple entretenimiento.

 



[1] Éste, junto con el aún imperfecto dominio de la versificación, es uno de los argumentos en los que se apoya Lamagna para fechar en época temprana la comedia Samia, en la que Menandro hace un abundante uso del tetrámetro trocaico; cf. M. Lamagna, La Donna di Samo, testo critico, introduzione, traduzione e commentario, Napoli (Bibliopolis) 1998, aquí p. 41, obra que recomendamos. Para la métrica de Menandro son fundamentales los estudios de Fr. Perusino, por ejemplo, "Tecnica e stile nel tetrametro trocaico di Menandro", RCCM, 4, 1962, pp. 45-64 (a pesar de que por la fecha no puede tener en cuenta los hallazgos recientes); cf. también C. Prato (Ed.), Ricerche sul trimetro di Menandro, Roma (Ed. dell'Ateneo) 1983.

[2] Para la lengua de Menandro y su relación con la koiné, es interesante D.C. Berotsos, A commentary on the Aspis of Menander, Univ. College London 1997, que en el comentario presta una considerable atención a este aspecto; con carácter general cf. A. López Eire, "La lengua de Hipérides y Menandro", Habis 33, 2002, pp. 73-94; sobre su uso para caracterizar personajes, cf. a modo de ejemplo L. Grasso, "Il linguaggio dei vecchi nelle commedie di Menandro (imprecazioni ed esclamazioni)", Rudiae 7, 1995, pp. 231-243.

[3] Más bien al contrario, los nuevos hallazgos demuestran la existencia de una selección bastante rígida, por lo que se teme que los futuros tampoco aportarán nueva luz sobre comedias no atestiguadas ya.

[4] Casina, Rudens y Vidularia plautinas y una escena de Adelphoe de Terencio parecen seguir comedias de Dífilo; Mercator, Mostellaria y Trinummus de Plauto parecen estar basadas en las de Filemón; de Apolodoro de Caristos toma Terencio el modelo de sus Phormio y Hecyra.

[5] Sólo a título de ejemplo cf. Fr. Perusino, "I metri di Difilo", QUCC 31, 1979, pp. 131-139.

[6] Cf. nuestro "Amor y aventuras en la comedia y la novela", El teatre clàssic al marc de la cultura grega i la seua pervivència dins la cultura occidental, J.Vte. Bañuls-Fr. De Martino-C. Morenilla-J. Redondo (Eds.), Bari (Levante Editori) 1998, pp. 223-248, con bibliografía al respecto.

[7] La bibliografía es ingente; remitimos para una idea de carácter general a A. Pociña, "El comediógrafo Cecilio Estacio", en A. López-A. Pociña, Estudios sobre comedia romana (Studien zur klassischen Philologie 119), Frankfurt (Peter Lang) 2000, pp. 289-299 y al ya citado "Menandro en la Comedia Latina", así como H.-D. Blume, Menander, cap. VII "Menander Latinus", pp. 162-179 (con abundante bibliografía reciente).

[8] No debe pensarse, sin embargo, que el influjo de Aristófanes fuera nulo: conocido es el desarrollo que Lucilio dio a la sátira romana siguiendo su modelo y los intentos de Gneo Nevio de introducir en la misma línea la crítica política nominal, de consecuencias trágicas.

[9] Aparte de que la legislación romana prohibía la difamación (cf. P. Resina-A. Pociña, "Legislación romana teatral II: Los autores", Actas del VIII Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid 1994, vol. II, pp. 841-848). No deja de ser significativo, como señala D. del Corno ("Selezioni menandree", Dioniso 38, 1964, pp. 130-181), que las comedias seleccionadas por los comediógrafos latinos como modelo no coincidan con las que nos han devuelto los papiros: al parecer se produjo una selección basada en razones morales y se dejó de lado las comedias que convertían personas "decentes" en diana de la comicidad, como es el caso de Arisco.

[10] A. Pociña, "Popularidad de la comedia latina en los siglos III-II a.C.", en A. López-A. Pociña, Estudios ..., pp. 97-113. En particular sobre la influencia de Menandro en las comedias de Terencio, sólo a modo de ejemplo, cf. D.F. Sutton, "Terence" en Ancient Comedy. The War of the Generations, Univ. of Southern California, New York-Toronto 1993, con un análisis detallado de Adelphoe en las pp. 112 ss.

[11] Muy bien comentados por H.-D. Blume, Menander, pp. 29 ss.

[12] Para estas referencias remitimos a J.A. López Férez, "Estudio sobre la influencia de la comedia griega en la literatura española", en La comedia griega ..., pp. 387-455.