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SISTEMAS POLÍTICOS DE LA ANTIGUA GRECIA: LAS ARISTOCRACIAS, LAS OLIGARQUÍAS Y LA DEMOCRACIA.

Domingo Plácido, Catedrático de Historia Antigua, Universidad Complutense de Madrid

ISBN- 84-9714-

 

La época del renacimiento griego. Las aristocracias en el éthnos. Los santuarios étnicos.

La época del renacimiento griego corresponde tradicionalmente al siglo VIII, cuando aparecen los rasgos de la civilización griega propiamente dicha, la que evolucionará a través del arcaísmo, el clasicismo y el helenismo. El concepto de renacimiento, aplicado en tiempos recientes, se refiere al hecho de que los mismos griegos consideraron que se formaba una nueva civilización, pero, como la del Renacimiento moderno europeo, se basaba en el antiguo prestigio que en este caso representaba el clasicismo y en el del renacimiento griego la época heroica, la cual consideraban que estaba reflejada en los poemas homéricos. El renacimiento tiene lugar tras los siglos oscuros, equiparados a la Edad Media por la historiografía moderna, los que siguieron a la época micénica. Ésta está caracterizada por la presencia de formaciones políticas despóticas, al estilo de las del Próximo Oriente Asiático. Los sistemas políticos propiamente griegos suelen limitarse a los que se encuadran en la época de la pólis, aunque también incluyan las llamadas formaciones étnicas, donde las poblaciones se agrupan en torno a un lugar común, sin la presencia de gobiernos propiamente monárquicos.

Efectivamente, después de la desaparición de los palacios micénicos, se desarrollan paulatinamente formaciones aristocráticas que concentran tierras y hombres en torno a ciertos lugares controlados por los basileîs, entendidos como príncipes aristocráticos capaces de aglutinar poblaciones en relaciones del tipo de las clientelas. Los hombres realizan funciones productivas o militares bajo la dirección del jefe que, con sus medios, se encuentra en condiciones de ofrecerles protección y participación en el reparto de los beneficios de la producción o del botín. Las residencias de algunos de estos jefes se transformarían en lugares de culto al aglutinar a las poblaciones del entorno. Así, el mapa de la Grecia del final de la Edad Oscura está formado por grandes centros de reunión que articulan las poblaciones, organizadas en torno a los príncipes y con carácter religioso cada vez más acentuado. Muchas veces el lugar de culto se apoya en lugares micénicos de cierto prestigio, donde puede haber tumbas, altares o palacios.

Las aristocracias constituyeron, pues, el centro de las actividades y el control de las tierras en el éthnos. Así se produce en proceso de formación de las entidades que van cobrando personalidad a lo largo de los siglos oscuros, para desembocar en las realidades de inicios del arcaísmo. Los santuarios étnicos cobraron del mismo modo gran importancia, a veces como herederos de los centros del poder aristocrático. Se hicieron en ocasiones paulatinamente centros de futuras confederaciones. El caso más notable está representado por Etolia, población que vivía distribuida en aldeas sin fortificar, que se reunía dos veces al año, antes y después de la época estival en que se desarrollaban las campañas militares, y que dedicaba una gran parte de su actividad a la guerra. Polibio V 7-8. 6 (Gredos) se refiere al punto de reunión de la confederación o koinón en el santuario de Apolo en Termo como acrópolis de toda Etolia. Termo es en efecto el caso mejor conocido, ya que su existencia perduró hasta la época helenística. Constituían el centro de una población dispersa con rasgos y prácticas comunes.

Además de Termo como centro de los etolios destacan también algunos otros centros, como Asine, que luego sería absorbido por la ciudad de Argos, cuando ésta se haga más poderosa al inicio del arcaísmo, cuando su rey Fidón se transforme en tirano al modernizar las relaciones internas de la pólis y organizar un ejército hoplítico. Entonces, un templo situado en el espacio extraurbano, el de la Hera Argiva, servirá precisamente para marcar la superioridad de Argos sobre las comunidades que antes constituían una etnia. En este caso, por tanto, la historia de una comunidad étnica se intercala con el desarrollo de las ciudades estado o póleis, que se consideran las formas de organización más características de la Grecia arcaica. Sin embargo, su historia resulta incompleta si no se hace alusión a estas otras comunidades que parten del final de la época oscura, unas veces para esfumarse bajo la trayectoria predominante de la pólis, otras para constituir un mundo marginal, pero inevitable para comprender las relaciones de los distintos territorios de Grecia entre sí.

En Eubea, los grandes monumentos tumbales de Eretria y Lefkandí representan el poder de las aristocracias antes de que se organicen las póleis correspondientes, las que luego se enfrentarán en la Guerra Lelantina por el control político del territorio, en una guerra hoplítica. La organización de las ciudades integrará las tumbas heroicas dentro de su territorio, pero transformadas ya en centros del culto de las divinidades políadas que pasarán a constituir el panteón olímpico.

Nicoria será el centro cultual de los mesenios después de la desaparición del Palacio de Néstor y antes de las guerras por las que el territorio y la población pasaron a depender de la hegemonía espartana.

En Feras, en Tesalia, se hallan depósitos aristocráticos desde el siglo VIII. El santuario aparece dedicado a Enodia, nombre que hace referencia a los caminos. Se encuentran sobre un cementerio abandonado, en el que hay ofrendas en tumbas heroicas de antepasados de la comunidad. El lugar muestra una fuerte tendencia a convertirse en lugar de culto pantesalio. Las comunidades que constituyen el fundamento de la Liga Tesalia de tiempos históricos se han ido configurando como unidad en torno a santuarios comunes.

Kalapodi es un santuario de Ártemis, entre Lócride y Fócide, sobre tumbas del Heládico Tardío, es decir, de la época de los reinos micénicos. Luego se encuentran allí los depósitos aristocráticos. Al final se transforma en un lugar de culto panfocidio, lo que se traduce en el control de época clásica de Hiámpolis, centro protourbano que asume la función de unificar políticamente el territorio.

Las estructuras clientelares se organizan, pues, en torno a las tumbas principescas, como lugares representativos del poder de las familias que han sido capaces de apropiarse de la tierra y asentar su poder sobre la comunidad. El período oscuro es el espacio cronológico clave para la formación de dichas estructuras políticas, entre los palacios y las ciudades. La redistribución se realizaba de maneras múltiples, pero una de ellas, de importancia determinante, fue que los lugares donde habitaban los príncipes se convirtieran en sede de los lugares de comensalidad, donde el jefe hacía la distribución de los recursos en una transposición al palacio de la labor que los jefes cazadores realizan en el campo.

La basileía, entendida como sistema aristocrático a la caída de las monarquías micénicas, constituye, pues, un marco extendido por toda Grecia, donde los señores tienen capacidad para agrupar a su alrededor las poblaciones, tanto en el ámbito productivo como en el defensivo. En Atenas está representado por la época que míticamente se identifica como la anterior a Teseo, cuando cada comunidad vivía en sus propios campos, con sus propios santuarios y sólo se unían por razones militares. Arqueológicamente se nota cómo se agrupan las poblaciones del Ática en torno a diversos santuarios, el principal de los cuales sería precisamente el de la Acrópolis, dedicado a Erecteo, que había ejercido la basileía en tiempos míticos. Junto al basileús, se desarrolla una amplia aristocracia que centra su poder en las unidades familiares y productivas representadas por el oîkos. La dispersión humana y productiva sólo se corrige en una unidad ocasional por razones militares, como dice Tucídides al tratar de la Atenas anterior a Teseo, y en una unidad cultual que se refiere al héroe en torno a cual se organizan las dependencias jerarquizadas.