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Los
centros panhelénicos.
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Algunos de los lugares
de culto de origen local, con raíces en el mundo micénico, vieron funciones
generalmente transformadas. A partir de los cultos dedicados a las tumbas de
los antepasados de las familias poderosas, se crean santuarios que se
transformaron luego en sede de centros panhelénicos, como Olimpia o Delfos.
En Olimpia se veneraba la tumba de Pélope, héroe que se vinculaba a las
tradiciones micénicas del Peloponeso. Varias son las narraciones legendarias
que se refieren a sus funciones primitivas como lugar de reunión de las
colectividades, al estilo de la que seguían celebrándose en Termo, pero con
la peculiaridad de que aquí proyectó pronto su funcionalidad hacia territorios más lejanos. En principios son los
eleos, los epeos y los etolios
los que participan en las fiestas comunes, hasta que se erige la ciudad de
Pisa en el centro de las actividades con capacidad para atraer participantes
de todo el Peloponeso, primero, y de toda Grecia, más tarde.
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En la época del
desarrollo aristocrático de determinadas regiones, como la Argólide y
Laconia, el centro cultual ganó el suficiente prestigio para que fuera
reconocido como centro de manifestaciones religiosas de las distintas
comunidades griegas que, paralelamente, van adquiriendo conciencia de entidad
panhelénica. A ello contribuye sin duda el desarrollo paralelo de la poesía
épica, que fomenta el mismo espíritu encarnado en la acción común
representada por la Guerra de Troya.
Los representantes de
las grandes familias de toda Grecia comienzan a realizar ofrendas valiosas que
exaltan su prestigio a escala panhelénica, como para fortalecer su propio
poder en la ciudad de origen, precisamente en los momentos en que
paralelamente al panhelenismo se va configurando el particularismo de las
ciudades estado. Los santuarios panhelénicos se transforman en la gran caja
de resonancia para aumentar el prestigio aristocrático de aquéllos que
pretenden controlar la situación interna en sus propias comunidades. Los
procedimientos, junto con las ofrendas valiosas, se definen a través de las
competiciones agonísticas. Todos compiten en unos juegos que subliman a
escala panhelénica las antiguas pruebas iniciáticas propias de cada
comunidad. Las pruebas que superaban los jóvenes para ser admitidos en los
organismos propios de los varones, las pruebas que definen a los efebos como
capaces de participar en el ejército de cada comunidad, se elevan hasta hacer
que el prestigio de los ganadores sea reconocido en toda Grecia y sus
victorias sean cantadas por los grandes poetas, como Píndaro o Baquílides.
Al mismo tiempo, se sistematizan en su identificación con los personajes del
mito, de forma que aparecen como héroes, imitadores del héroe por
antonomasia, Heracles, que guiado por Hera supera todas las pruebas hasta
iniciarse en la divinidad en su matrimonio con Hebe, símbolo de la juventud
activa de los efebos.
Por otro lado, la
panhelenización de las aristocracias trae consigo también el reconocimiento
panhelénico de viejos centros oraculares, que ahora se transforman en modos
de transmisión y conservación del poder y de instrumentos de difusión de la
ideología aristocrática. Delfos, principalmente, se erige en el santuario
oracular más representativo, con influencia entre todos los griegos, capaz de
intervenir directamente en la política de las ciudades en formación, en un
proceso creciente que permitirá su intervención en uno de los fenómenos más
característicos de la primera época de la historia de la pólis, la colonización. En gran medida, éste se erige en creadora
de modelos urbanos e institucionales en la fundación de las ciudades. La
colonización se halla, pues, en el eje de las transiciones entre las
comunidades panhelénicas aristocráticas y la organización de la ciudad
estado.
Las
aristocracias en la pólis. El
sinecismo.
Las transformaciones
que tuvieron lugar en el período de transición al arcaísmo fueron la
respuesta a situaciones conflictivas derivadas de las relaciones clientelares
como las que se reflejan en Hesíodo, Trabajos,
202-224 (Gredos). Allí se ve cómo los campesinos se enfrentan a problemas
vitales que proceden del deseo de los basileîs
de obtener ganancias de ellos. Las tensiones surgen cuando los campesinos
pretenden acceder a una posición relativamente autónoma. El concepto de basileía
presente en la sociedad aristocrática significa precisamente que el campesino
se halla en situación de dependencia clientelar, por mucho que pueda obtener
ciertos beneficios a cambio. Los campesinos honran en principio al príncipe
como a un dios, con sus ofrendas (Ilíada,
IX 155) (Alma Mater). La cultura del regalo presente en los poemas homéricos
se manifiesta no sólo en la reciprocidad aristocrática como la que está
presente en el encuentro de Glauco y Diomedes en la Iliada,
sino también en los dôra
(“regalos”) a que se ven obligados los inferiores, los campesinos, en sus
relaciones asimétricas. Cuando la reciprocidad es desigual se convierte en
opresión.
También las primeras
manifestaciones panhelénicas estaban teñidas de esta desigualdad, pues en
los Juegos como los de Eubea se rinde homenaje al héroe Alcidamante, gracias
al cual los concursantes obtienen como premios los trípodes que depositan en
el santuario de las Musas, como hace Hesíodo. De este modo el aedo puede
ejercer su función de cantar a los reyes, como la Musas cantan a Zeus, con lo
que favorecen la definición del carácter divino de los reyes. Las tumbas y
la poesía épica colaboran en la misma dirección para crear los aspectos
ideológicos de la sociedad aristocrática. De hecho, el héroe Alcidamente se
ha relacionado con el héroe de Lefkandí, el que estaba enterrado en la tumba
principesca de la isla de Eubea, signo de un poder que lo capacita para la
concentración de las poblaciones antes de la aparición de la pólis.
El primer resultado del
conflicto se derivó de la reacción de las aristocracias, pues éstas, desde
los centros de poder local, se concentran en la pólis,
como modo de ejercer la solidaridad de la clase ante el campesinado
dependiente, cuando se manifiestan las primeras tensiones. La ciudad se
produce como efecto del sinecismo, synoikismós,
por el que los oîkoi agrupan sus
posibilidades en un gran movimiento de solidaridad aristocrática. Los príncipes
consiguen imponer su poder desde los nuevos centros de reunión, germen de la pólis. Éstos se aprovechan de las tradiciones principescas, pues
normalmente los centros públicos se vinculan espacialmente con tumbas
aristocráticas, para que la presencia de los príncipes se haga visible en
las nuevas concentraciones. El ágora de Atenas era previamente un espacio
cubierto de tumbas de la aristocracia, y los lugares políticos se concentrarán
en el área occidental, donde había algunas tumbas, entre ellas la que se
dedicaba al culto del Héroe Estratego, lugar en el que se situará el cuartel
general de los estrategos como cargos políticos pertenecientes a la ciudad
hoplítica. Las instituciones comunes iniciales sirven de instrumento en
defensa de los intereses de los aristócratas poseedores de los oîkoi, como entidades económicas y familiares que sirvieron de
base al sinecismo.
Se produce así la
creación de las instituciones aristocráticas. Según Tucídides, el
sinecismo de Teseo significó precisamente la creación de un solo consejo y
un solo pritaneo. En Atenas, el consejo, la boulé,
es en principio un órgano representativo de la aristocracia, seguramente
identificado con el Consejo del Areópago, que seguiría siendo a lo largo de
la historia un organismo caracterizado por el prestigio que le daba su origen,
heredero a escala panhelénica de la boulé
de los poemas homéricos, donde se reúnen los basileîs,
llamado también como tales gérontes,
de quienes se compone la gerousía,
originariamente consejo de ancianos, como el senado romano, pero en la práctica
reunión de aquéllos que tienen prestigio, que son reconocidos como áristoi,
excelentes, por la comunidad. También en la ciudad aristocrática se
desarrolla el arcontado, el de quien ejerce la autoridad, arché,
de acuerdo igualmente con su posición social, relacionada con los orígenes,
por los que se vinculan con las aristocracias heroicas. Junto a los organismos
colectivos de la aristocracia, se hallan también los cargos individuales, por
los que se gobierna la ciudad, que permite que cada uno demuestre sus
cualidades, que se transfieren así del heroísmo guerrero a la práctica política.
Muchos aristócratas ganarán el reconocimiento de la ciudad por su labor en
ella y por sus méritos en las pruebas agonísticas panhelénicas, con las que
pretenden sustituir los méritos de la guerra, que sirven de apoyo genealógico
a su aristeía.
Las ciudades se agrupan
ahora de acuerdo con el sistema tribal, que servía probablemente de base
también a las comunidades antes de organizarse como comunidades cívicas. El
sistema tribal (phylaí), que se
estructura a partir de las organizaciones que representan a las fratrías,
como comunidades superiores a los géne,
eje de las relaciones propias de una aristocracia gentilicia, halla su
materialización en las instituciones de la ciudad. La tradición aristotélica
se refiere a una agrupación de menor a mayor, en que los oîkoi
se agrupan en géne, éstos en fratrías
y éstas en tribus, para formar finalmente la ciudad; pero también se refiere
en otro pasaje a las ciudades como agrupación de aldeas. En cualquier caso,
en el inicio de la ciudad aristocrática, el génos
desempeña un importante papel como modo de agrupamiento de los aristócratas
y como modo de aglutinar las clientelas en trono a dichas aristocracias. El génos
aparece como eje en la configuración de la fratría, en que la tradición veía
unos instrumentos de actuación de los grandes géne.
Entre los conocidos destaca el génos
de los Alcmeónidas, que ejerció un protagonismo político importante a lo
largo de toda la historia de la ciudad de Atenas, a través de sistemas
aristocráticos o democráticos. El peso de la organización gentilicia se
revela enormemente importante. Aristóteles dice que las doce fratrías
primeras en que se agrupaban los géne
se agrupaban a su vez en cuatro tribus, de tres fratrías cada una, lo que
permite establecer una comparación con el calendario, de doce meses agrupados
en cuatro estaciones.
En el sistema tribal, órgano de influencia de la
aristocracia, funciona tanto el ejército como las instituciones
representativas que se basan en las estructuras correspondientes: génos, phratría, phylé. Tucídides, II 15 (Alianza Editorial).
Plutarco, Teseo, 24-25 (Domínguez,
etc., 1.5); sin embargo, serán los eupátridas, los representantes de los
grupos gentilicios más destacados, los encargados de los asuntos divinos, las
magistraturas y las leyes. La ciudad ha resultado ser en principio un nuevo
marco para el ejercicio del poder de la aristocracia.
La
comunidad campesina: el ejército hoplítico.
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Sin embargo, entre
tanto tiene lugar el proceso de apropiación de la tierra por la comunidad
campesina, en tensiones a veces dramáticas con las mencionadas familias
aristocráticas. Ésta circunstancia es la que permite la formación de un ejército
hoplítico liberado de las dependencias clientelares de la aristocracia. Los
antiguos guerreros de las masas de los laoí
de los poemas homéricos, los que formaban la falange como entidad
dependiente, pasan a organizarse de modo independiente, aprovechando
precisamente el marco de las instituciones que permite la ciudad. Ello
significó la ocupación intensa del territorio y la definición del dêmos
rural.
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De manera inmediata se inaugura un período de luchas derivado del
conflicto relacionado con la ocupación de la tierra y de las formas de
control de la vida de la comunidad, es decir, de la política, con raíces en
el proceso mismo de formación de la pólis.
El resultado fue en muchos casos la promulgación de leyes capaces de regular
la vida de dicha comunidad política. En general, entre los aristócratas
destacan individuos capaces de comprender que la moderación en las formas de
explotación puede ser más productiva que los excesos como los denunciados
por Hesíodo.
Solón será un ejemplo
notable, entre los que contribuyeron a crear la mentalidad que caracterizaría
el oráculo de Delfos: nada demasiado. Solón pone de relieve que, desde su
punto de vista, para evitar la violencia del dêmos,
es preciso poner freno a la explotación desmedida por parte de los poderosos.
Así se configura una pólis cuyo
protagonista colectivo será el dêmos
rural, aunque el protagonismo individual siga estando en los miembros de las
grandes familias, como el propio Solón, o los propios tiranos, que en cierto
modo contribuirán a la estructuración de la ciudad hoplítica.
En otras ciudades, sin
embargo, las reacciones aristocráticas tienden a encerrarse en sí mismas, y
son significativos los modos de expresión de algún poeta, como Teognis de Mégara,
que reacciona violentamente ante las pretensiones de los miserables de acceder
a los derechos propios de los “buenos”, cuando no son más que individuos
comparables a animales de carga.
En otro ámbito, también
fue una consecuencia del proceso la fundación de colonias como modo de
distribución de tierras entre quienes las reclamaban en la metrópolis, a
base de hacer partir una parte de la comunidad que había quedado privada en
el momento de la ocupación del espacio por el campesinado. En la Odisea,
VI 1-12 (Gredos), resulta muy ilustrativa la descripción del espacio de la
isla de Esqueria. En la ocupación por parte del dêmos
hoplítico, junto al equilibrio se desarrollan igualmente los
desequilibrios, al crearse una comunidad de los privilegiados que habían
accedido al disfrute de la tierra cívica.
Seguramente fue en las
comunidades coloniales donde el campesino poseedor de la tierra cívica
adquiere derechos como para integrarse en la comunidad y asentarse como una
potente oligarquía. Pero también en Esparta el propietario campesino logra
su asentamiento como comunidad minoritaria, capaz de asentarse en unos
derechos sólidos, defendidos difícilmente frente a los excluidos. Éste será
el modelo de pólis más difundido
en el mundo de la Grecia arcaica.
Estas comunidades,
entre las que destaca Esparta, se caracterizan por la formación de un ejército
en que el soldado se identifica con el ciudadano y el propietario de la
tierra, el hoplita, concepto político, militar y social al mismo tiempo. Esta
tropa, heredera de la infantería que se subordinaba en la sociedad heroica a
la aristocracia ecuestre, tiene que costearse un armamento pesado, de casco,
coraza, lanza, espada, grebas o canilleras, pero ello les da a sus soldados
unos derechos que les permiten sentirse unos privilegiados, hasta el punto de
asumir como clase una conciencia aristocrática, que les hacía en ocasiones
representarse en la artes plásticas en formas que imitaban al luchador
singular, lo que da tantísima trascendencia a la difusión de las poemas homéricos
en las ciudades así organizadas. Los organismos de gobierno tienden a
formarse con la participación de estos ciudadanos, pero su mentalidad
aristocratizante facilita la asunción de una mentalidad jerárquica que
permite conservar el monopolio en muchos casos a las familias de la
aristocracia de sangre, como fue el caso de la ciudad modelo de los hoplitas,
Esparta.
Las
formas de sumisión interna.
En estas comunidades,
en efecto, entre las poblaciones que no obtiene la tierra ni se marchan en
busca del territorio colonial, se desarrollan formas de sumisión internas,
como las que se definen “entre libres y esclavos” en Pólux, III 75. De
entre estas poblaciones los más conocidos son los Hilotas, dentro de la
formación de la ciudad en Esparta, que quedaron privados de la tierra cívica
y sometidos a la realización de trabajos forzados a favor de los que habían
conseguido los privilegios políticos gracias a la obtención de la tierra.
Sin embargo, el sistema se consolidó cuando los espartanos conquistaron
Mesenia y sometieron a su población a la condición de hilotas. De este modo,
la oligarquía hoplítica espartana se convertía en la cabeza de una
importante hegemonía en el Peloponeso, que condicionó en gran parte la
historia posterior, siempre tendente a consolidar su dominio y a evitar los
movimientos que pudieran ponerlo en peligro. Por ello, no sólo evitaba todo
tipo de transformación en el plano económico, que pudiera introducir dinámicas
que alteraran el equilibrio del sistema agrario, sino que se convirtió en el
máximo enemigo de los cambios políticos que en gran parte de Grecia
estuvieron representados por la creación de las tiranías. Los hoplitas
espartanos se contentaban con tomar parte en una asamblea, apélla, controlada por la gerousía,
o consejo aristocrático, donde se permitía la pervivencia de dos basileîs
pertenecientes a la estirpe heroica de los Heraclidas.
Pero también se habla
de los penestas, que existen dentro de las estructuras del éthnos
de los tesalios, consecuencia de la concentración en torno a los santuarios
representativos de la aristocracia, aunque esta población parece ser
mayoritaria frente a las minorías étnicas que constituyen la comunidad
tesalia privilegiada; aquí la clase dependiente se ha creado al margen de
cualquier estructura relacionada con la pólis,
pues la apropiación aristocrática de la tierra no sólo ha creado
dependencias clientelares, como las existentes en otras comunidades del mismo
signo, sino que han sometido colectivamente a formas coactivas de trabajo a la
comunidad campesina.
El caso de los
mariandinos parece un poco especial, como población sometida en el momento de
la fundación de una colonia, en Heraclea Póntica: los colonos se apoderan de
la tierra y someten a dependencia a los aborígenes, como también hicieron
los corintios que fundaron Siracusa en Sicilia con los cilirios. Las fuentes
hablan en estas ocasiones de pactos de servidumbre, como si fueran el efecto
de una sumisión voluntaria, al estilo de la que se enuncia en las relaciones
clientelares, como pacto por el que ambas parte salen ganado, si una ofrece su
trabajo a cambio de protección. Los gimnetas y los corinéforos, de Argos y
Sición respectivamente se definen al modo de los thêtes
atenienses, los que siendo libres se ven obligados a trabajar como esclavos, y
con un criterio militar, pues tanto los primeros, “desnudos”, como los
segundos, “portadores de garrotes”, se diferencias terminológicamente de
los hoplitas que son los capacitados para obtener el control en las nuevas
entidades cívicas controladas por los posesores de la tierra.
 
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