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La
liberación de los thêtes desde
Solón.
La liberación de los thêtes de la dependencia es precisamente lo que caracterizaría la
sociedad ateniense desde Solón, junto con la revitalización de las asambleas
en las que se expresa la comunidad. De este modo fortalecía la comunidad con
la participación de poblaciones más amplias, capaces de constituir un bloque
histórico en oposición a los privilegios aristocráticos, con el apoyo de
los sectores de la aristocracia que habían comprendido que en sus rivalidades
internas como aristócratas podían fortalecerse gracias al apoyo del dêmos.
Las magistraturas en el sistema soloniano se desempeñan por los miembros
de la comunidad hasta incluir a
los hoplitas, los que poseen una parcela de tierra suficiente para sufragarse
los gastos que van unidos a la participación en la infantería pesada. Por
eso el sistema promovido por Solón es definido como sustancialmente
hoplítico. Políticamente, parece propiciarse la actividad de la boulé,
tal vez como nueva institución de cuatrocientos miembros de participación
más extendida que el antiguo Areópago, y de la Asamblea con participación
de los thêtes.
Los thêtes
aparecían identificados con los pelatas, término que servía a los griegos
para traducir el correspondiente a los clientes romanos y etruscos, los que se
han quedado sin tierra en el momento de la apropiación campesina, por lo que
no podían tomar parte en el ejército hoplítico y dependían de los
poderosos; algunos incluso habían sido vendidos como esclavos. La
descripción más frecuente de los términos del problema planteado en estos
momentos es la de que estaban esclavizados ellos y la tierra, tenían que
pagar un importante tributo, como hectémoros, y estaban cargados de deudas. A
través de éstas podían ser esclavizados. La esclavitud por deudas es en
definitiva el mecanismo de sumisión a la esclavitud de las poblaciones
internas, sobre los clientes incapaces de aportar los tributos que se les
exige por obtener medios para cultivar la tierra. De este modo, se crea en
Atenas la práctica consistente en que no se puede esclavizar a los
ciudadanos. La alternativa a la explotación de los dependientes internos
promovida por Solón es la esclavización y la compraventa en los mercados.
Tanto en la época de Solón como en la de los tiranos el desarrollo de los
intercambios de mercancías a amplia escala facilitó el desarrollo de las
formas de esclavitud mercancía, con los hombres incluidos en ese concepto.
La ciudadanía se convierte así en un arma defensiva
contra la esclavización y por tanto en un concepto de amplio espectro en el
desarrollo de las formaciones políticas de la épocas arcaica y clásica.
Muchos de los conflictos internos tendrán como modo de manifestación los
modos de entender y aplicar los derechos de ciudadanía, que serán por ello
un tema estelar en la Política de
Aristóteles.
El
papel de las tiranías.
El papel de las tiranías, en general, consistirá en
la configuración del marco ciudadano de la sociedad hoplítica, con la
garantía de la libertad para los thêtes.
Son ellos quienes en general desarrollan las actividades de la ciudad como
tal, con el traslado al ámbito urbano de prácticas culturales y religiosas
como las Dionisias en Atenas, germen del desarrollo de los festivales
trágicos. Por otro lado, el escenario de la pólis
no ha eliminado el papel de las aristocracias, pero éstas se ven
obligadas a adoptar otros comportamientos, que desde luego no son asumidos por
todos sus miembros. Algunos percibieron que su futuro poder se apoyaba
necesariamente en los nuevos sectores sociales, mayoritariamente en los
hoplitas, pero también en la promoción de los thêtes,
como clase que podía permanecer libre de dependencias si se aprovechaba el
impulso de las colonizaciones y los intercambios en la promoción de un activo
mercado de esclavos.
Personalmente, pues, el tirano llega al poder como
resultado de las rivalidades entre aristócratas, con apoyo en sectores
hoplíticos y populares. Su figura se entiende en una sociedad aristocrática
en transformación, donde los miembros de las familias han perdido su poder
independiente en el desarrollo de la pólis
y donde la solidaridad que había permitido la formación de ésta ha sido
desbordada por el desarrollo de las transformaciones sociales que permiten la
aparición de la sociedad hoplítica, el protagonismo de los thêtes y las actividades mercantiles de amplio alcance que
facilitan la existencia de los mercados de esclavos.
Algunos tiranos tuvieron un protagonismo destacado en
el desarrollo de los intercambios, como los tiranos de Corinto, Cípselo y,
sobre todo, Periandro, herederos de las actividades que ya había realizado
los miembros de otra familia aristocrática, los Baquíadas, grandes
propulsores de las fundaciones coloniales. Polícrates de Samos llegó a ser
también muy famosos por sus riquezas, lo que lo asimilaba a un señor
oriental, característica ésta que está igualmente presente en otros casos,
pues la nueva acumulación de poder, frente a sus congéneres aristocráticos,
les imponía unas prácticas que tendían a hacer crecer un prestigio que a la
larga se reveló muy frágil. Querían ser como reyes al estilo de los reyes
de Lidia, como Creso o Midas, caracterizados por su riqueza. Incluso se dice
que el término tirano procede de estas lenguas del interior de la península
de Anatolia.
En Atenas, un primer intento de tiranía,
representado por Cilón, de ilustre familia, apoyado por la tiranía de
Mégara, fracasó por la actuación de otras familias aristocráticas, como la
de los Alcmeónidas, que por cierto se relacionaban con la familia de los
tiranos de Sición. Éste imitaba a los antiguos personajes de los ciclos
heroicos, como Enomao, cuando ofrecía la mano de su hija al vencedor de las
pruebas olímpicas. Se llamaba Clístenes, como el fundador de la democracia
ateniense.
Más tarde, quien consiguió una tiranía estable fue
Pisístrato, de familia que remontaba su abolengo a los Neleidas de Pilos. Se
enfrentó con otras familias aristocráticas, entre ellas de nuevo a la de los
Alcmeónidas, con la que llegó a un acuerdo ocasional cuando se casó con la
hija de Megacles. El sistema, según Heródoto y Aristóteles, no fue duro,
sino más bien populista. La estabilidad duró mientras vivió Pisístrato,
pero en la época de sus hijos, Hipias e Hiparco, se reveló el conflicto con
otras familias aristocráticas, a través de fricciones que se relacionaban
con las relaciones homosexuales vinculadas a determinadas prácticas
iniciáticas insertas en los gimnasios y escuelas, lo que terminó con la
actuación de los tiranicidas, Harmodio y Aristogitón. La muerte de Hiparco
endureció la actuación de su hermano Hipias.
La
democracia.
La democracia se impone igualmente en medio de las
luchas entre heterías. Hipias en efecto fue derrocado con la participación
de varias familias apoyadas en sus heterías, en las organizaciones
clientelares que seguían vigentes en el plano político y militar, aunque
habían perdido su funcionalidad esencial del terreno económico. Iságoras
obtiene además el apoyo espartano, pero Heródoto, V 69 (Gredos) destaca el
apoyo del dêmos a Clístenes, que
lo convirtió en su hetairía,
precisamente porque se encontró en posición débil. El político Alcmeónida
pretende controlar la ciudad como lo han hecho los tiranos, no en vano era
nieto de tiranos, pero los conflictos entre rivales de la aristocracia lo
obligó a poner en marcha un programa que incluyera las aspiraciones del dêmos.
No es Clístenes quien funda la democracia con el apoyo del dêmos, sino el dêmos
quien la funda con el instrumento de Clístenes, dado que sólo los
aristócratas tienen capacidad real para el protagonismo político.
Entre sus medidas estuvo la integración de
extranjeros y esclavos metecos, es decir, de quienes por no estar incluidos en
la ciudadanía como extranjeros o metecos podían convertirse en esclavos,
dado el giro que venían adoptando los acontecimientos desde la definición de
los nuevos sectores protagonistas de las acciones políticas de la comunidad.
Las reformas trajeron consigo la reestructuración de la ciudadanía y del
sistema tribal. En éste la base gentilicia de las tribus será sustituida por
una base territorial, con eje en los demos considerados como distritos
territoriales, base en el futuro de la nomenclatura de los atenienses que ya
no se conocerán por el génos, sino
por el dêmos, el tipo “Clístenes
Alcmeónida” se sustituirá por el tipo “Sócrates de Alopece”.
En el plano político, la nueva boulé, de quinientos miembros, está formada por cincuenta
individuos de cada una de las diez tribus, que adoptan nuevos nombres
derivados de la mitología ática, ajenos a las grandes familias de la
aristocracia. Cada tribu ocupa la pritanía un mes al año, que serán así
diez también, en una especie de proyección del sistema antiguo, donde
Aristóteles veía una relación entre las tribus y las estaciones. Los doce
meses sólo se conservarán en el calendario religioso y festivo. Cada una de
las tribus está dividida en tres trittýes,
cuya funcionalidad es simplemente distributiva, para hacer que en cada una
estén representados los demos de las tres grandes zonas en que ahora se
divide el Ática, la paralia o costa, la mesogea o territorio interior y el ásty o centro urbano. De este modo todos los distritos están
igualmente distribuidos al margen de las relaciones clientelares.
Una característica digna de destacarse de las
medidas de Clístenes fue la institución del ostracismo, por la que se
expulsaba de la ciudad, sin perjuicios adicionales, al individuo que pareciera
a la asamblea peligroso de intentar convertirse en tirano. Afectó
naturalmente a miembros de la aristocracia, cuando ya el pueblo había
encontrado un modo de afirmar su protagonismo sin necesidad de tutelas
personalistas.
 
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