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SISTEMAS POLÍTICOS DE LA ANTIGUA GRECIA: LAS ARISTOCRACIAS, LAS OLIGARQUÍAS Y LA DEMOCRACIA.

Domingo Plácido, Catedrático de Historia Antigua, Universidad Complutense de Madrid

ISBN- 84-9714-

 


La liberación de los thêtes desde Solón.

La liberación de los thêtes de la dependencia es precisamente lo que caracterizaría la sociedad ateniense desde Solón, junto con la revitalización de las asambleas en las que se expresa la comunidad. De este modo fortalecía la comunidad con la participación de poblaciones más amplias, capaces de constituir un bloque histórico en oposición a los privilegios aristocráticos, con el apoyo de los sectores de la aristocracia que habían comprendido que en sus rivalidades internas como aristócratas podían fortalecerse gracias al apoyo del dêmos. Las magistraturas en el sistema soloniano se desempeñan por los miembros de la comunidad  hasta incluir a los hoplitas, los que poseen una parcela de tierra suficiente para sufragarse los gastos que van unidos a la participación en la infantería pesada. Por eso el sistema promovido por Solón es definido como sustancialmente hoplítico. Políticamente, parece propiciarse la actividad de la boulé, tal vez como nueva institución de cuatrocientos miembros de participación más extendida que el antiguo Areópago, y de la Asamblea con participación de los thêtes.

Los thêtes aparecían identificados con los pelatas, término que servía a los griegos para traducir el correspondiente a los clientes romanos y etruscos, los que se han quedado sin tierra en el momento de la apropiación campesina, por lo que no podían tomar parte en el ejército hoplítico y dependían de los poderosos; algunos incluso habían sido vendidos como esclavos. La descripción más frecuente de los términos del problema planteado en estos momentos es la de que estaban esclavizados ellos y la tierra, tenían que pagar un importante tributo, como hectémoros, y estaban cargados de deudas. A través de éstas podían ser esclavizados. La esclavitud por deudas es en definitiva el mecanismo de sumisión a la esclavitud de las poblaciones internas, sobre los clientes incapaces de aportar los tributos que se les exige por obtener medios para cultivar la tierra. De este modo, se crea en Atenas la práctica consistente en que no se puede esclavizar a los ciudadanos. La alternativa a la explotación de los dependientes internos promovida por Solón es la esclavización y la compraventa en los mercados. Tanto en la época de Solón como en la de los tiranos el desarrollo de los intercambios de mercancías a amplia escala facilitó el desarrollo de las formas de esclavitud mercancía, con los hombres incluidos en ese concepto.

La ciudadanía se convierte así en un arma defensiva contra la esclavización y por tanto en un concepto de amplio espectro en el desarrollo de las formaciones políticas de la épocas arcaica y clásica. Muchos de los conflictos internos tendrán como modo de manifestación los modos de entender y aplicar los derechos de ciudadanía, que serán por ello un tema estelar en la Política de Aristóteles.

El papel de las tiranías.

El papel de las tiranías, en general, consistirá en la configuración del marco ciudadano de la sociedad hoplítica, con la garantía de la libertad para los thêtes. Son ellos quienes en general desarrollan las actividades de la ciudad como tal, con el traslado al ámbito urbano de prácticas culturales y religiosas como las Dionisias en Atenas, germen del desarrollo de los festivales trágicos. Por otro lado, el escenario de la pólis no ha eliminado el papel de las aristocracias, pero éstas se ven obligadas a adoptar otros comportamientos, que desde luego no son asumidos por todos sus miembros. Algunos percibieron que su futuro poder se apoyaba necesariamente en los nuevos sectores sociales, mayoritariamente en los hoplitas, pero también en la promoción de los thêtes, como clase que podía permanecer libre de dependencias si se aprovechaba el impulso de las colonizaciones y los intercambios en la promoción de un activo mercado de esclavos.

Personalmente, pues, el tirano llega al poder como resultado de las rivalidades entre aristócratas, con apoyo en sectores hoplíticos y populares. Su figura se entiende en una sociedad aristocrática en transformación, donde los miembros de las familias han perdido su poder independiente en el desarrollo de la pólis y donde la solidaridad que había permitido la formación de ésta ha sido desbordada por el desarrollo de las transformaciones sociales que permiten la aparición de la sociedad hoplítica, el protagonismo de los thêtes y las actividades mercantiles de amplio alcance que facilitan la existencia de los mercados de esclavos.

Algunos tiranos tuvieron un protagonismo destacado en el desarrollo de los intercambios, como los tiranos de Corinto, Cípselo y, sobre todo, Periandro, herederos de las actividades que ya había realizado los miembros de otra familia aristocrática, los Baquíadas, grandes propulsores de las fundaciones coloniales. Polícrates de Samos llegó a ser también muy famosos por sus riquezas, lo que lo asimilaba a un señor oriental, característica ésta que está igualmente presente en otros casos, pues la nueva acumulación de poder, frente a sus congéneres aristocráticos, les imponía unas prácticas que tendían a hacer crecer un prestigio que a la larga se reveló muy frágil. Querían ser como reyes al estilo de los reyes de Lidia, como Creso o Midas, caracterizados por su riqueza. Incluso se dice que el término tirano procede de estas lenguas del interior de la península de Anatolia.

En Atenas, un primer intento de tiranía, representado por Cilón, de ilustre familia, apoyado por la tiranía de Mégara, fracasó por la actuación de otras familias aristocráticas, como la de los Alcmeónidas, que por cierto se relacionaban con la familia de los tiranos de Sición. Éste imitaba a los antiguos personajes de los ciclos heroicos, como Enomao, cuando ofrecía la mano de su hija al vencedor de las pruebas olímpicas. Se llamaba Clístenes, como el fundador de la democracia ateniense. 

Más tarde, quien consiguió una tiranía estable fue Pisístrato, de familia que remontaba su abolengo a los Neleidas de Pilos. Se enfrentó con otras familias aristocráticas, entre ellas de nuevo a la de los Alcmeónidas, con la que llegó a un acuerdo ocasional cuando se casó con la hija de Megacles. El sistema, según Heródoto y Aristóteles, no fue duro, sino más bien populista. La estabilidad duró mientras vivió Pisístrato, pero en la época de sus hijos, Hipias e Hiparco, se reveló el conflicto con otras familias aristocráticas, a través de fricciones que se relacionaban con las relaciones homosexuales vinculadas a determinadas prácticas iniciáticas insertas en los gimnasios y escuelas, lo que terminó con la actuación de los tiranicidas, Harmodio y Aristogitón. La muerte de Hiparco endureció la actuación de su hermano Hipias.

La democracia.

La democracia se impone igualmente en medio de las luchas entre heterías. Hipias en efecto fue derrocado con la participación de varias familias apoyadas en sus heterías, en las organizaciones clientelares que seguían vigentes en el plano político y militar, aunque habían perdido su funcionalidad esencial del terreno económico. Iságoras obtiene además el apoyo espartano, pero Heródoto, V 69 (Gredos) destaca el apoyo del dêmos a Clístenes, que lo convirtió en su hetairía, precisamente porque se encontró en posición débil. El político Alcmeónida pretende controlar la ciudad como lo han hecho los tiranos, no en vano era nieto de tiranos, pero los conflictos entre rivales de la aristocracia lo obligó a poner en marcha un programa que incluyera las aspiraciones del dêmos. No es Clístenes quien funda la democracia con el apoyo del dêmos, sino el dêmos quien la funda con el instrumento de Clístenes, dado que sólo los aristócratas tienen capacidad real para el protagonismo político.

Entre sus medidas estuvo la integración de extranjeros y esclavos metecos, es decir, de quienes por no estar incluidos en la ciudadanía como extranjeros o metecos podían convertirse en esclavos, dado el giro que venían adoptando los acontecimientos desde la definición de los nuevos sectores protagonistas de las acciones políticas de la comunidad. Las reformas trajeron consigo la reestructuración de la ciudadanía y del sistema tribal. En éste la base gentilicia de las tribus será sustituida por una base territorial, con eje en los demos considerados como distritos territoriales, base en el futuro de la nomenclatura de los atenienses que ya no se conocerán por el génos, sino por el dêmos, el tipo “Clístenes Alcmeónida” se sustituirá por el tipo “Sócrates de Alopece”.

En el plano político, la nueva boulé, de quinientos miembros, está formada por cincuenta individuos de cada una de las diez tribus, que adoptan nuevos nombres derivados de la mitología ática, ajenos a las grandes familias de la aristocracia. Cada tribu ocupa la pritanía un mes al año, que serán así diez también, en una especie de proyección del sistema antiguo, donde Aristóteles veía una relación entre las tribus y las estaciones. Los doce meses sólo se conservarán en el calendario religioso y festivo. Cada una de las tribus está dividida en tres trittýes, cuya funcionalidad es simplemente distributiva, para hacer que en cada una estén representados los demos de las tres grandes zonas en que ahora se divide el Ática, la paralia o costa, la mesogea o territorio interior y el ásty o centro urbano. De este modo todos los distritos están igualmente distribuidos al margen de las relaciones clientelares.

Una característica digna de destacarse de las medidas de Clístenes fue la institución del ostracismo, por la que se expulsaba de la ciudad, sin perjuicios adicionales, al individuo que pareciera a la asamblea peligroso de intentar convertirse en tirano. Afectó naturalmente a miembros de la aristocracia, cuando ya el pueblo había encontrado un modo de afirmar su protagonismo sin necesidad de tutelas personalistas.