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SISTEMAS POLÍTICOS DE LA ANTIGUA GRECIA: LAS ARISTOCRACIAS, LAS OLIGARQUÍAS Y LA DEMOCRACIA.

Domingo Plácido, Catedrático de Historia Antigua, Universidad Complutense de Madrid

ISBN- 84-9714-

 


Las Guerras Médicas y el Imperio.

Tras las reformas de Clístenes, en un momento en que la historia ateniense parecía disfrutar de momentos de estabilidad, la presencia persa en las ciudades de Asia Menor terminó por provocar, por iniciativa del tirano Aristágoras de Mileto, una rebelión que contó con la ayuda de los atenienses. El fracaso de la expedición enviada y la subsiguiente destrucción de Mileto invitó al poeta Frínico a escribir una tragedia sobre el tema que, según se dice, provocó las lágrimas de los atenienses. El corego de la tragedia fue Temístocles. Parecen definirse así actitudes claramente hostiles a los persas, que se manifestaron en la reacción ante la invasión de Darío, que llegó a desembarcar con sus tropas en Maratón.  La reacción ateniense estuvo protagonizada por el ejército de los hoplitas bajo el mando de Milcíades.

Sin embargo, después de la batalla los conflictos internos atenienses no cesaron. La manifestación más evidente fue la condena al ostracismo de una serie de personajes. Se decía que detrás de esta actuación de la asamblea estaba la dirección política de Temístocles, que iba pergeñando un programa de lucha contra los persas que diera el protagonismo al sector de la población que no contaba con la tierra cívica suficiente como para poder participar en el ejército hoplítico. De este modo, ante la nueva invasión de los persas, esta vez dirigida por Jerjes, la reacción se centró en la flota, por lo que protagonismo y la promoción política favoreció el papel de los thêtes, que desempeñaban su papel militar como remeros. La victoria favoreció el desarrollo de una hegemonía marítima que terminó en la formación del Imperio.

Las Guerras Médicas y el Imperio que como consecuencia se formó en torno a Atenas significaron por tanto la consolidación de la democracia, donde se justifica como acción ciudadana, no solo la participación guerrera de los hoplitas, sino también la de los thêtes a través de la flota. El tiempo transcurrido de Maratón a Salamina fue también el de la consolidación de la democracia frente al sistema hoplítico. El nuevo protagonismo militar sirve de base para una nueva orientación que definirá el régimen democrático, visto por algunos, como Platón o Plutarco, como un sistema degenerado porque elimina las posibilidades de protagonismo y de expresión del campesinado. De todos modos, el optimismo del triunfo frente a los persas fomentó un patriotismo conservador que permitió que se hicieran con el control del dêmos algunas familias que basaban su influencia en formas clientelares de tipo aristocrático, como Cimón, hasta que se produjeron las reformas de Efialtes, que se aprovechó de fracaso de aquél intentando ayudar a los espartanos frente a los hilotas que se habían rebelado y refugiado en el monte Itome. De este modo se acabó la influencia de Cimón, que según Plutarco era benefactor, pero no democrático, sino oligárquico y filoespartano.

La democracia en tiempos de Pericles 

La consecuencia de las reformas a la larga fue la democracia como se manifiesta en la época de Pericles, en que la redistribución se lleva a cabo por un procedimiento público, la misthophoría, frente a evergetismo que había protagonizado Cimón, repartiendo sus propias riquezas y abriendo al pueblo las puertas de sus posesiones. Según Plutarco, Vida de Cimón, 10, Cimón obtenía ganancias y al repartirlas conseguía medios para obtener más ganancias.

Los rasgos de la democracia en su apogeo son perceptibles en los discursos que Tucídides pone en boca de Pericles, por ejemplo en el Epitafio por los muertos del primer año de la Guerra del Peloponeso (II 35-46), pero también en el violento pero lúcido escrito antidemocrático del Pseudo Jenofonte, I 2-5. Las características sobresalientes son la designación por sorteo, el protagonismo de los marinos y la redistribución pública a través del misthós. En este sistema se llevó a efecto el protagonismo del pueblo, que casi podía vivir de la política gracias a la nueva distribución pública, aunque la presencia de los políticos y oradores implicara desde luego la posibilidad de la manipulación. El balance con todo refleja hasta qué punto se consiguió la concordia en un sistema sin duda de privilegio del ciudadano, porque contiene la mayor amplitud en la participación y el disfrute de la democracia que ha existido en la historia hasta la revolución francesa.

Pericles hace constar que el pueblo ateniense se ha convertido en la potencia hegemónica de Grecia, el cual no tenía nada que imitar de nadie, sino que era la “escuela de Grecia”. Ellos favorecían a los demás, por lo que todos le debían algo y podían vivir de la importación sin necesidad de explotar ni siquiera las propias tierras del Ática. Atenas podía considerarse, desde ese punto de vista, como una isla. De este modo se expresa la superioridad ateniense, cuya postura se ha comparado a la del aristócrata evérgeta como Cimón, que apoya su hegemonía en su capacidad de repartir beneficios.

El imperialismo y la crisis de la democracia

Sin embargo, tal superioridad produjo reacciones entre los propios miembros del Imperio y pronto empezaron a manifestarse las reacciones, apoyadas en ocasiones por los rivales de Atenas, sobre todo por Esparta. El imperialismo como modo de desarrollo de la hegemonía ateniense tras las Guerras Médicas fue, pues, el escenario de las contradicciones entre Atenas y sus aliados y posteriormente de la crisis de la democracia, tal como se enuncia en el discurso de Cleón en Tucídides, III 37. El “miedo” al poder ateniense, dice Tucídides, provocó la reacción y fue, en el fondo, la “causa más verdadera” de la Guerra del Peloponeso. El desarrollo de las teorías del más fuerte dentro de la democracia, cuando los atenienses llegaron a creer que su superioridad les daba derechos sobre los demás, significó el comienzo de la destrucción del pueblo y de su caída bajo los Treinta y Esparta, a través de la mencionada guerra. Cleón dirá que para conservar la hegemonía sobre los aliados había que hacer que conservaran el miedo, pues, si  no, todos dejarían de obedecer. Los fundamentos de la hegemonía se definen claramente como la “ley del más fuerte” y la posición de la ciudad de Atenas como una “tiranía”. Por ello, cuando Atenas fue derrotada, los vencedores no hicieron más que aplicar a los atenienses el mismo criterio que ellos habían aplicado a sus súbditos, la justicia no es más que la conveniencia del poderoso. Los dos aspectos del conflicto se resuelven al mismo tiempo y de la misma manera. La hegemonía ateniense es avasallada por los espartanos, la hegemonía del dêmos es avasallada por los oligarcas representados en el gobierno represivo de los Treinta Tiranos apoyados por los espartanos.

Tras la Guerra del Peloponeso, los procesos de restauración estuvieron siempre condicionados por el hecho de que el dêmos carecía de los apoyos materiales necesarios para volver a apoyar su hegemonía interna en la hegemonía externa de Atenas. El siglo IV se debate entre las guerras hegemónicas en busca de ese apoyo y los recortes democráticos que satisfagan los deseos de los oligarcas, que terminaron recurriendo a la intervención de una potencia extranjera para que garantizara una estabilidad que autónomamente ya no era posible. La crisis de la democracia fue el inicio de la crisis de la pólis, que ya no consigue la recuperación del sistema hoplítico más que a costa de la pérdida de la autonomía como ciudad estado.