Los
historiadores consideran que esta primera colonización griega es el
resultado de la última fase del establecimiento de los griegos en la cuenca
del Mar Egeo, y que sus causas no tienen nada que ver con las migraciones
posteriores (siglos VIII-VI a. C.) que constituyeron la segunda colonización
griega del Mediterráneo. Esta segunda colonización es la que
consideraremos con más detalle en las páginas siguientes.[1]
La
Eólide fue ocupada por griegos procedentes de Tesalia y Beocia, quienes
ocuparon Lesbos, Cime, Larisa, Temno, Notion, Egiroesa, Pitane, Egeas,
Grinea, Mirina, etc.[2]
Jonios procedentes del Ática se establecieron en las islas de Ceos, Sifnos,
Paros, Naxos, Delos, Myconos, Tenos, Samos, Quíos y las localidades anatólicas
de Mileto, Priene, Éfeso, Colofón, Clazomenas y Focea.[3]
Dorios de Laconia, Trezén y Epidauro se establecieron en las islas de Tera,
Melos, Creta, Rodas y en las localidades anatólicas de Cnido y Halicarnaso.[4]
En
todas estas localidades debió producirse el rechazo de los emigrantes por
parte de las poblaciones indígenas (carios o léleges). Sólo los que
ocuparon las islas de Creta, Rodas y Cos encontraron una población indígena
más afín, pues eran islas que habían recibido influencia helena desde época
micénica. En efecto, excavaciones recientes en la costa occidental anatólica
han dado también restos arqueológicos
de origen griego del siglo XVI a. C., si bien pudiera tratarse sólo de
pequeños asentamientos del tipo de las factorías comerciales.[5]
Durante
los siglos X-VIII a. C., Período Arcaico Medio, se introducen el alfabeto y
la moneda en el mundo griego y se desarrolla la polis o
ciudad-estado. La estabilidad política genera un aumento de población y
algunos mercaderes griegos, procedentes en su mayoría de las isla de Eubea,
tratan de establecer unas bases comerciales en el extremo oriental del
Mediterraneo, a lo largo de la costa siria, como son los casos de Tarso,
Malos, Al-Mina, Tell-Sukas, Arados, etc. (s. IX a. C.), todos ellos al norte
de Fenicia.[6]
A.2.-
Conceptos de la expansión griega.
A.2.1.-
Vocabulario de la expansión.-
El
término ‘colonización’ es el que habitualmente aplicamos para
referirnos a la expansión griega que tuvo lugar durante los siglos VIII-VI
a. C., extendiéndose desde el Mar de Azof y Mar Negro hasta Egipto y desde
el Mediterráneo oriental hasta la Península Ibérica. Sin embargo, el
significado del término puede llevar a confusión, dado que en la
actualidad el termino ‘colonia’ tiene la acepción de un establecimiento
fundado por otro país en un territorio extranjero y que es gobernado por la
metrópoli, de la que depende a todos los efectos. Esta acepción del término
‘colonia’ no corresponde a la realidad histórica de aquellas
“colonias” griegas del primer milenio a. C., entre otras razones, porque
una vez fundadas, en casi todos los casos se consideraban autónomas e
independientes de la metrópoli.
Las
voces ‘colonia’, ‘colonización’, ‘colono’ son de origen latino
y designan una tierra de cultivo, la acción de cultivar y al cultivador (agri-cultor)[7].
El término usado por los latinos designaba a aquellos agricultores a los
que Roma otorgaba unas tierras recién conquistadas para su explotación,
sin que por esa concesión los agricultores, ‘colonos’, perdieran su
ciudadanía ni su dependencia de la urbs romana. El término latino
‘colonia’ corresponde mejor al término griego ‘cleruquía’ (klhrouxi/a:
‘lote de tierra asignado’) que es como denominaban los atenienses las
tierras conquistadas y distribuidas en ‘lotes’ (klh=roj) entre los
atenienses vencedores.[8]
Éstos conservaban la ciudadanía ateniense y sacaban de la explotación de
la tierra suficiente ganancia como para vivir y costearse las armas
necesarias para el caso de tener que acudir a la defensa de la cleruquía.[9]
En
cambio, el término griego que designa con precisión las nuevas tierras
ocupadas por los griegos emigrados de su tierra natal es a)poiki/a, (apequia),
‘casa lejana’ o ‘distante’, de a)poikei=n, ‘vivir lejos’. La
diferencia significativa es el hecho de que los griegos, una vez instalados
en una tierra lejana, perdían su condición de ciudadanos de su anterior
metrópoli, y, por ello, su ciudad era fundada como polis
independiente. Excepción a esta costumbre será el caso de los corintios
que tratarán de mantener a sus ciudadanos emigrantes bajo su poder y
sometidos al pago de tributos. A los primeros “colonos” se les
denominaba ápecos: a/)poikoi, mientras que a los que llegaban
posteriormente se les denominaba épecos e)/poikoi.
Un
tercer término con el que las nuevas tierras ocupadas por los griegos
emigrantes eran designadas es el de emporion (singular) o emporia
(plural). En estos casos se trataba de la ocupación de un territorio no
para su explotación agrícola, ganadera, minera o industrial (sal, pesca,
etc.), sino para el asentamiento de mercaderes y de representantes de
comerciantes griegos. Se trataba, pues, de establecer un mercado donde
intercambiar productos, o bien donde poder recalar (las navegaciones se hacían
costeando) y abastecerse de agua.
En
época helenística, cuando el ejército alejandrino funde nuevas ciudades,
recibirán el nombre de katoiki/ai, (Catequias).[10]
En estas páginas usaremos el término ‘colonia’ y ‘colonización’,
refiriéndonos a los hechos históricos de la expansión griega y, por
tanto, con los matices restrictivos antes indicados.
A.2.2.-
Zonas y etapas de la expansión.-
Aunque
vamos a tratar en detalle la expansión griega en la Península Ibérica, es
conveniente tener en cuenta que esa expansión se produce dentro de un
movimiento generalizado de la mayoría de ciudades-estado de la Hélade, que
respondía a unas causas y unos objetivos semejantes, aunque en cada caso
las causas, objetivos y rasgos de la colonización sean peculiares. De ahí
que la llegada a la Península Ibérica de los griegos haya de enmarcarse
dentro de una de las varias rutas de expansión (norte, oeste y sur) y en
una de las dos etapas que cabe distinguir.
A.2.2.1.-
Las zonas a las que los griegos se dirigieron en busca de nuevas tierras que
les permitiesen vivir de su cultivo fueron las siguientes:
a)
Ruta norte del Egeo:
a1)
Calcídica Tracia y Golfo Termaico (entre Macedonia y la isla de Tasos):
Calcis
y Eretria (isla de Eubea) fundan Toroné, Mende, Sición (-740).
Eretrios
procedentes de Corcira fundan Metoné (-733).
Paros
funda Tasos (-682).
a2)
Quersoneso tracio:
Lesbos
funda Sestos (-VII) y Alopeconeso (-VII).
Mileto
funda Cardia (-VI).
Atenas
(Milcíades el Antiguo) conquista el Quersoneso (-560).
a3)
Propóntide, Estrechos del Bósforo y Dardanelos:
Mégara
funda Ástaco (-711) y Calcedonia (-687),
Selimbria
(-670), Bizancio (-650) y Heraclea del Ponto (-600).
Mileto,
Paros y Eritras fundan Parion (-700).
Mégara,
Bizancio y Calcedonia fundan Mesembria (-550).
Mileto
funda Cízico (-675), Proconeso (-670), Ábidos (-670) y Quíos (-VI).
Focea
funda Lámpsaco (-654).
Colofón
funda Mirleia (-VII).
Samos
funda Perinto (-600), Bisante, Heraion Teikhos (-VI).
Atenas
(Hipias) funda Sigea (-533).
a4)
Mar Negro (Ponto Euxino):
Mileto
funda:
-
En costa W y NW:
Istros
(-657), Olbia (-646), Tiras (-VII), Apolonia (-610), Odesos (-575) y Tomoi
(-VI).
-
En Quersoneso Táurico y Bósforo cimerio:
Panticapea,
Teodosia Tanais e islas (-VI).
-
En costa Este:
Fasis,
Dioscurias, Pitios (-VI).
-
En costa Sur:
Sínope
(refundación, -630), Trapezunte, Amisos y otras factorías (-VI).
Mégara
y Tanagra re-fundan Heraclea del Ponto (-560).
Heraclea
del Ponto, Bizancio y Calcedonia fundan Calatis (-540) y Mesambria (-510).
Heraclea
del Ponto funda Quersonesos (-422).
Trapezunte
funda Hermonasa (-600).
Teos
funda Fanagoria (-VI).
b)
Ruta occidental: Adriático, Península Itálica, Sicilia, islas y Península
Ibérica:
b1)
Adriático:
Corinto
y Corcira fundan Epidamno (-627) y Apolonia (-600).
b2)
Península Itálica:
Eubeos
(Calcis y Eretria) fundan Pitecusas (-775), Regio (-743), Cumas (-725), y
Parténope (-675).
Rodas
y Creta fundan Gela (-680).
Aqueos
fundan Síbaris (-720), Metaponto (-680), Posidonia, Caulonia (-675), y
Crotona (-720).
Esparta
funda Tarento (-708).
Locros
funda Locros Epicefirios (-680).
Colofón
funda Siris (-680).
Focenses
de Alalia fundan Elea (Velia, -540).
b3)
Sicilia:
Eubeos
fundan Naxos (-757), Leontini, Catania (-750), Zancle (-750), Milai (-717) e
Himera (-648).
Mégara
funda Mégara Hiblea (-750).
Corinto
funda Siracusa (-733).
Siracusa
funda Acre (-663), Casmene (-643), Camarina (-598).
Gela
funda Agrigento (-580).
Selinunte
funda Heraclea Minoa (-VI).
b4)
Islas varias:
Cnidios
y rodios fundan una colonia en las Islas Lípari (norte de Sicilia, -580).
Focea
funda Alalía (Córcega, -565).
b5)
Francia y Península Ibérica:
Focea
funda Massalia (Marsella, -600), Teliné (Arlés, -500), Emporion (Ampurias,
-575), Rhode (Rosas, -500).
c)
Ruta sur: costa norte de África:
Mileto,
Samos y otras ciudades fundan Naucratis (-650/525).
Tera
funda Cirene (-630).
Cirene
funda Barcé, Euhespérides (560, 525).[11]
Claude
Mossé: La colonisation dans l’Antiquité. París, 1970. Narciso
Santos Yanguas - Marina Picazo: La colonización griega: comercio y
colonización de los griegos en la Antigüedad. Madrid, Akal, 1980,
pp. 37-38.
Heródoto,
I, 149. Narciso Santos Yanguas - Marina Picazo, ob. c., pp. 33-34.
F.
Cassola: La Ionia nel mondo micenico. Nápoles, 1957. Narciso
Santos Yanguas - Marina Picazo, ob.c., pp. 35-37. Isidro M. Fernández
Tapias: “La presencia griega en el Mediterráneo oriental en época
arcaica”, Revista de Arqueología, nº 217, 1999, pp. 16-24.
Adolfo J. Domínguez Monedero: “Presencia griega en la Península Ibérica”,
Revista de Arqueología nº 57, 1986, pp. 22-30. H. Bengtson: Historia
de Grecia, Madrid, Gredos, 1986 (orig. alem. 1950, 19653ª ),
p. 62.
John
Boardman: “Tarsus, Al-Mina and Greek Chronology”, JHS, 85,
1965, pp. 5-15; y “Al-Mina and History”, Oxford Journal of
Archaeology, 11.2, 1990, 169-190. Una visión general en John Boardman:
Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era
clásica. Madrid, Alianza, 1973, pp. 53-121. A. J. Graham: “The
historical Interpretation of Al-Mina”, Dialogues d’Histoire
Ancienne, 12, 1986, 51-65. M. R. Popham, A. M. Pollard, L. H. Hatcher:
“Al-Mina and Euboea”, Annual of the British School at Athens,
1983, 75, 151-161.
Colo,
colis, colere, colui, cultum,
significa, entre otras acepciones, ‘cultivar’ la tierra (agrum),
de ahí también ‘cultivo’, ‘cultivar’. Colono y cultivar derivan,
pues, del verbo latino colo.
Cleruquías
atenienses hubo en la región calcídica, al norte del Egeo, la llamada Eneahodoi
(‘Nueve caminos’), ocupada en el 465 a. C. por Cimón y abandonada al
poco tiempo por los ataques de los tracios; hubo otra en Histiea, en la
isla de Eubea, donde Pericles estableció un grupo de clerucos y cambió
el nombre de la localidad (Oreo). Otras cleruquías impuestas a antiguos
aliados como castigo fueron Eion (Tracia), Esciros, Mitilene, Lemnos,
Imbros, Naxos, Andros, Quersoneso tracio, Egina, Potidea, Lesbos y Melos.
Atenas asignaba un lote de tierras que permitiera al cleruco vivir cómodamente,
como un zeugita (capaz de costearse el armamento de un hoplita),
con lo cual Atenas lograba la instalación en las tierras ocupadas de un
pequeño grupo de soldados con la ciudadanía ateniense y cuyo
mantenimiento no les costaba dinero, sino que además debían pagar
tributos y vivir autónomamente. No obstante, Atenas también fundó
algunas colonias, aunque ya en pleno siglo V: Turios (sur de Italia, 444
a. C.) y Anfípolis (Tracia, 437 a. C.).
Antonio
Tovar, Martín Sánchez Ruipérez: Historia de Grecia, Barcelona,
Montaner y Simón, 1968r, pp.160, 169, 171, 186 y 198.
Adolfo
J. Domínguez Monedero: La polis y la expansión colonial griega.
Siglos VIII-VI. Madrid, edit. Síntesis, 1993r (1991), 97. Pilar Fernández
Uriel: Introducción a la Historia Antigua. II: El mundo griego. Tomo I.
Madrid, UNED, 1993, p. 257.
Puede
consultarse referencias a otras colonias, por ejemplo, en Adolfo J. Domínguez
Monedero: La polis y la expansión colonial griega..., 1993, pp.
18-21, y Pilar Fernández Uriel: Introducción a la Historia...,
1993, pp. 274-279.
 
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