Centro de Formación on Line
Biblioteca Virtual E-excellence
I.E.P.E.S.
 Agenda Exposiciones Publicar en Liceus Enlaces E-excellence CIDEIH

 

LOS GRIEGOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA:

ASENTAMIENTOS, INTERCAMBIOS E INFLUENCIAS  2/

LUIS MIGUEL PINO CAMPOS

Universidad de La Laguna

 

Los historiadores consideran que esta primera colonización griega es el resultado de la última fase del establecimiento de los griegos en la cuenca del Mar Egeo, y que sus causas no tienen nada que ver con las migraciones posteriores (siglos VIII-VI a. C.) que constituyeron la segunda colonización griega del Mediterráneo. Esta segunda colonización es la que consideraremos con más detalle en las páginas siguientes.[1]

La Eólide fue ocupada por griegos procedentes de Tesalia y Beocia, quienes ocuparon Lesbos, Cime, Larisa, Temno, Notion, Egiroesa, Pitane, Egeas, Grinea, Mirina, etc.[2] Jonios procedentes del Ática se establecieron en las islas de Ceos, Sifnos, Paros, Naxos, Delos, Myconos, Tenos, Samos, Quíos y las localidades anatólicas de Mileto, Priene, Éfeso, Colofón, Clazomenas y Focea.[3] Dorios de Laconia, Trezén y Epidauro se establecieron en las islas de Tera, Melos, Creta, Rodas y en las localidades anatólicas de Cnido y Halicarnaso.[4]

En todas estas localidades debió producirse el rechazo de los emigrantes por parte de las poblaciones indígenas (carios o léleges). Sólo los que ocuparon las islas de Creta, Rodas y Cos encontraron una población indígena más afín, pues eran islas que habían recibido influencia helena desde época micénica. En efecto, excavaciones recientes en la costa occidental anatólica han dado también restos  arqueológicos de origen griego del siglo XVI a. C., si bien pudiera tratarse sólo de pequeños asentamientos del tipo de las factorías comerciales.[5]

Durante los siglos X-VIII a. C., Período Arcaico Medio, se introducen el alfabeto y la moneda en el mundo griego y se desarrolla la polis o ciudad-estado. La estabilidad política genera un aumento de población y algunos mercaderes griegos, procedentes en su mayoría de las isla de Eubea, tratan de establecer unas bases comerciales en el extremo oriental del Mediterraneo, a lo largo de la costa siria, como son los casos de Tarso, Malos, Al-Mina, Tell-Sukas, Arados, etc. (s. IX a. C.), todos ellos al norte de Fenicia.[6]

A.2.- Conceptos de la expansión griega.

A.2.1.- Vocabulario de la expansión.-

El término ‘colonización’ es el que habitualmente aplicamos para referirnos a la expansión griega que tuvo lugar durante los siglos VIII-VI a. C., extendiéndose desde el Mar de Azof y Mar Negro hasta Egipto y desde el Mediterráneo oriental hasta la Península Ibérica. Sin embargo, el significado del término puede llevar a confusión, dado que en la actualidad el termino ‘colonia’ tiene la acepción de un establecimiento fundado por otro país en un territorio extranjero y que es gobernado por la metrópoli, de la que depende a todos los efectos. Esta acepción del término ‘colonia’ no corresponde a la realidad histórica de aquellas “colonias” griegas del primer milenio a. C., entre otras razones, porque una vez fundadas, en casi todos los casos se consideraban autónomas e independientes de la metrópoli.

Las voces ‘colonia’, ‘colonización’, ‘colono’ son de origen latino y designan una tierra de cultivo, la acción de cultivar y al cultivador (agri-cultor)[7]. El término usado por los latinos designaba a aquellos agricultores a los que Roma otorgaba unas tierras recién conquistadas para su explotación, sin que por esa concesión los agricultores, ‘colonos’, perdieran su ciudadanía ni su dependencia de la urbs romana. El término latino ‘colonia’ corresponde mejor al término griego ‘cleruquía’ (klhrouxi/a: ‘lote de tierra asignado’) que es como denominaban los atenienses las tierras conquistadas y distribuidas en ‘lotes’ (klh=roj) entre los atenienses vencedores.[8] Éstos conservaban la ciudadanía ateniense y sacaban de la explotación de la tierra suficiente ganancia como para vivir y costearse las armas necesarias para el caso de tener que acudir a la defensa de la cleruquía.[9]

En cambio, el término griego que designa con precisión las nuevas tierras ocupadas por los griegos emigrados de su tierra natal es a)poiki/a, (apequia), ‘casa lejana’ o ‘distante’, de a)poikei=n, ‘vivir lejos’. La diferencia significativa es el hecho de que los griegos, una vez instalados en una tierra lejana, perdían su condición de ciudadanos de su anterior metrópoli, y, por ello, su ciudad era fundada como polis independiente. Excepción a esta costumbre será el caso de los corintios que tratarán de mantener a sus ciudadanos emigrantes bajo su poder y sometidos al pago de tributos. A los primeros “colonos” se les denominaba ápecos: a/)poikoi, mientras que a los que llegaban posteriormente se les denominaba épecos e)/poikoi.

Un tercer término con el que las nuevas tierras ocupadas por los griegos emigrantes eran designadas es el de emporion (singular) o emporia (plural). En estos casos se trataba de la ocupación de un territorio no para su explotación agrícola, ganadera, minera o industrial (sal, pesca, etc.), sino para el asentamiento de mercaderes y de representantes de comerciantes griegos. Se trataba, pues, de establecer un mercado donde intercambiar productos, o bien donde poder recalar (las navegaciones se hacían costeando) y abastecerse de agua.

En época helenística, cuando el ejército alejandrino funde nuevas ciudades, recibirán el nombre de katoiki/ai, (Catequias).[10] En estas páginas usaremos el término ‘colonia’ y ‘colonización’, refiriéndonos a los hechos históricos de la expansión griega y, por tanto, con los matices restrictivos antes indicados.

A.2.2.- Zonas y etapas de la expansión.-

Aunque vamos a tratar en detalle la expansión griega en la Península Ibérica, es conveniente tener en cuenta que esa expansión se produce dentro de un movimiento generalizado de la mayoría de ciudades-estado de la Hélade, que respondía a unas causas y unos objetivos semejantes, aunque en cada caso las causas, objetivos y rasgos de la colonización sean peculiares. De ahí que la llegada a la Península Ibérica de los griegos haya de enmarcarse dentro de una de las varias rutas de expansión (norte, oeste y sur) y en una de las dos etapas que cabe distinguir.

A.2.2.1.- Las zonas a las que los griegos se dirigieron en busca de nuevas tierras que les permitiesen vivir de su cultivo fueron las siguientes:

a) Ruta norte del Egeo:

a1) Calcídica Tracia y Golfo Termaico (entre Macedonia y la isla de Tasos):

Calcis y Eretria (isla de Eubea) fundan Toroné, Mende, Sición (-740).

Eretrios procedentes de Corcira fundan Metoné (-733).

Paros funda Tasos (-682).

a2) Quersoneso tracio:

Lesbos funda Sestos (-VII) y Alopeconeso (-VII).

Mileto funda Cardia (-VI).

Atenas (Milcíades el Antiguo) conquista el Quersoneso (-560).

a3) Propóntide, Estrechos del Bósforo y Dardanelos:

Mégara funda Ástaco (-711) y Calcedonia (-687),

Selimbria (-670), Bizancio (-650) y Heraclea del Ponto (-600).

Mileto, Paros y Eritras fundan Parion (-700).

Mégara, Bizancio y Calcedonia fundan Mesembria (-550).

Mileto funda Cízico (-675), Proconeso (-670), Ábidos (-670) y Quíos (-VI).

Focea funda Lámpsaco (-654).

Colofón funda Mirleia (-VII).

Samos funda Perinto (-600), Bisante, Heraion Teikhos (-VI).

Atenas (Hipias) funda Sigea (-533).

a4) Mar Negro (Ponto Euxino):

Mileto funda:

- En costa W y NW:

Istros (-657), Olbia (-646), Tiras (-VII), Apolonia (-610), Odesos (-575) y Tomoi (-VI).

- En Quersoneso Táurico y Bósforo cimerio:

Panticapea, Teodosia Tanais e islas (-VI).

- En costa Este:

Fasis, Dioscurias, Pitios (-VI).

- En costa Sur:

Sínope (refundación, -630), Trapezunte, Amisos y otras factorías (-VI).

Mégara y Tanagra re-fundan Heraclea del Ponto (-560).

Heraclea del Ponto, Bizancio y Calcedonia fundan Calatis (-540) y Mesambria (-510).

Heraclea del Ponto funda Quersonesos (-422).

Trapezunte funda Hermonasa (-600).

Teos funda Fanagoria (-VI).

b) Ruta occidental: Adriático, Península Itálica, Sicilia, islas y Península Ibérica:

b1) Adriático:

Corinto y Corcira fundan Epidamno (-627) y Apolonia (-600).

b2) Península Itálica:

Eubeos (Calcis y Eretria) fundan Pitecusas (-775), Regio (-743), Cumas (-725), y Parténope (-675).

Rodas y Creta fundan Gela (-680).

Aqueos fundan Síbaris (-720), Metaponto (-680), Posidonia, Caulonia (-675), y Crotona (-720).

Esparta funda Tarento (-708).

Locros funda Locros Epicefirios (-680).

Colofón funda Siris (-680).

Focenses de Alalia fundan Elea (Velia, -540).

b3) Sicilia:

Eubeos fundan Naxos (-757), Leontini, Catania (-750), Zancle (-750), Milai (-717) e Himera (-648).

Mégara funda Mégara Hiblea (-750).

Corinto funda Siracusa (-733).

Siracusa funda Acre (-663), Casmene (-643), Camarina (-598).

Gela funda Agrigento (-580).

Selinunte funda Heraclea Minoa (-VI).

b4) Islas varias:

Cnidios y rodios fundan una colonia en las Islas Lípari (norte de Sicilia, -580).

Focea funda Alalía (Córcega, -565).

b5) Francia y Península Ibérica:

Focea funda Massalia (Marsella, -600), Teliné (Arlés, -500), Emporion (Ampurias, -575), Rhode (Rosas, -500).

c) Ruta sur: costa norte de África:

Mileto, Samos y otras ciudades fundan Naucratis (-650/525).

Tera funda Cirene (-630).

Cirene funda Barcé, Euhespérides (560, 525).[11]



[1]Claude Mossé: La colonisation dans l’Antiquité. París, 1970. Narciso Santos Yanguas - Marina Picazo: La colonización griega: comercio y colonización de los griegos en la Antigüedad. Madrid, Akal, 1980, pp. 37-38.

[2]Heródoto, I, 149. Narciso Santos Yanguas - Marina Picazo, ob. c., pp. 33-34.

[3]Heródoto, I, 146-147.

[4]Heródoto, I, 144.

[5]F. Cassola: La Ionia nel mondo micenico. Nápoles, 1957. Narciso Santos Yanguas - Marina Picazo, ob.c., pp. 35-37. Isidro M. Fernández Tapias: “La presencia griega en el Mediterráneo oriental en época arcaica”, Revista de Arqueología, nº 217, 1999, pp. 16-24. Adolfo J. Domínguez Monedero: “Presencia griega en la Península Ibérica”, Revista de Arqueología nº 57, 1986, pp. 22-30. H. Bengtson: Historia de Grecia, Madrid, Gredos, 1986 (orig. alem. 1950, 1965), p. 62.

[6]John Boardman: “Tarsus, Al-Mina and Greek Chronology”, JHS, 85, 1965, pp. 5-15; y “Al-Mina and History”, Oxford Journal of Archaeology, 11.2, 1990, 169-190. Una visión general en John Boardman: Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica. Madrid, Alianza, 1973, pp. 53-121. A. J. Graham: “The historical Interpretation of Al-Mina”, Dialogues d’Histoire Ancienne, 12, 1986, 51-65. M. R. Popham, A. M. Pollard, L. H. Hatcher: “Al-Mina and Euboea”, Annual of the British School at Athens, 1983, 75, 151-161.

[7]Colo, colis, colere, colui, cultum, significa, entre otras acepciones, ‘cultivar’ la tierra (agrum), de ahí también ‘cultivo’, ‘cultivar’. Colono y cultivar derivan, pues, del verbo latino colo.

[8]Cleruquías atenienses hubo en la región calcídica, al norte del Egeo, la llamada Eneahodoi (‘Nueve caminos’), ocupada en el 465 a. C. por Cimón y abandonada al poco tiempo por los ataques de los tracios; hubo otra en Histiea, en la isla de Eubea, donde Pericles estableció un grupo de clerucos y cambió el nombre de la localidad (Oreo). Otras cleruquías impuestas a antiguos aliados como castigo fueron Eion (Tracia), Esciros, Mitilene, Lemnos, Imbros, Naxos, Andros, Quersoneso tracio, Egina, Potidea, Lesbos y Melos. Atenas asignaba un lote de tierras que permitiera al cleruco vivir cómodamente, como un zeugita (capaz de costearse el armamento de un hoplita), con lo cual Atenas lograba la instalación en las tierras ocupadas de un pequeño grupo de soldados con la ciudadanía ateniense y cuyo mantenimiento no les costaba dinero, sino que además debían pagar tributos y vivir autónomamente. No obstante, Atenas también fundó algunas colonias, aunque ya en pleno siglo V: Turios (sur de Italia, 444 a. C.) y Anfípolis (Tracia, 437 a. C.).

[9]Antonio Tovar, Martín Sánchez Ruipérez: Historia de Grecia, Barcelona, Montaner y Simón, 1968r, pp.160, 169, 171, 186 y 198.

[10]Adolfo J. Domínguez Monedero: La polis y la expansión colonial griega. Siglos VIII-VI. Madrid, edit. Síntesis, 1993r (1991), 97. Pilar Fernández Uriel: Introducción a la Historia Antigua. II: El mundo griego. Tomo I. Madrid, UNED, 1993, p. 257.

[11]Puede consultarse referencias a otras colonias, por ejemplo, en Adolfo J. Domínguez Monedero: La polis y la expansión colonial griega..., 1993, pp. 18-21, y Pilar Fernández Uriel: Introducción a la Historia..., 1993, pp. 274-279.