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LOS SOFISTAS. 1
Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos
Francisco Martín García
Catedrático de Filología Griega
Universidad de Castilla-La Mancha
ISBN-84-9714-085-0

 


Thesaurus: sofista, sophía, Antifonte, Antístenes, Calicles, Critias, Gorgias, Hipias, Polo, Pródico, Protágoras, Trasímaco, presocráticos, Sócrates, Platón, ciencia, educación, ética, filología, filosofía, justicia, lingüística, política, racionalismo, religión, retórica.

EVOLUCIÓN DEL TÉRMINO SOFISTA 
 Para comprender el significado del vocablo "sofista", en primer lugar, debemos fijarnos en su raíz  soph-. Esta raíz, de etimología desconocida, expresaba originariamente la idea de maestría o pericia en alguna cosa. Hay que remontarse, en primer lugar, a Hesíodo, pues él utiliza el término sophíe con el significado de experiencia o maestría en el sentido espiritual. Así, en el fragmento 193, define al mítico músico Lino como pantoíes sophíes dedaekóta, "experto en toda clase de sabiduría". También en Hesíodo, Trabajos y Días  649, encontramos por primera vez el verbo sophízesthai cuando nuestro autor se propone dar a su hermano Perses consejos de navegación, a pesar de no ser un experto en este arte (nautilíes sesophisménos). 

 En cuanto al término sophistés, es Píndaro quien lo usa por primera vez con el significado de "poeta", y más tarde lo podemos hallar en Heródoto, que aplica este término a personajes de la talla de Solón, uno de los Siete Sabios, a Melampo, un experto en el arte de la adivinación, o al filósofo Pitágoras. Por tanto, antes del s. V a. C., nada nos hace suponer que el término sofista tuviera las connotaciones peyorativas que más tarde adquirió.

 Durante mucho tiempo se culpó a Sócrates y a Platón de haber degradado este vocablo, pero no podemos olvidar que fueron los mismos sofistas los que contribuyeron a que la gente se forjara una mala imagen de ellos. Los sofistas eran unos extranjeros que se introdujeron en las grandes ciudades griegas atrayendo a la juventud más brillante y desviándola de las enseñanzas tradicionales con su amplio programa educativo con el que pretendían vulgarizar el saber, y a todo esto se unía el hecho de que cobraran dinero a cambio de sus enseñanzas. Por todas estas cosas, los sofistas fueron los primeros en degradar su propia profesión.

 Aristófanes nos los presenta como unos vampiros que carecen de todo sentido ético y son capaces de enseñar, con tal de que se les pague, el modo de ganar no sólo las buenas causas, sino, lo que es peor, también las malas. De otra parte enerva al comediógrafo el hecho de que los sofistas van en contra de los valores tradicionales del valor, prudencia y justicia, y la adhesión a sus doctrinas produce resultados catastróficos.

 Tucídides tampoco tiene buena opinión de ellos y Jenofonte les reprocha el hecho de que cobraran dinero a cambio de sus enseñanzas. En De la caza 13, 1-9 nos presenta a los sofistas como corruptores de la juventud, pues intentan desviarla del recto camino de la virtud. También los acusa de no ser verdaderos sabios, sino eruditos recopiladores, según se desprende de Recuerdos de Sócrates IV 2,1.

 Para Platón son unos intrusos que quieren acabar con la educación tradicional ateniense, son cazadores que van tras las huellas de los jóvenes ricos para manejarlos a su antojo y sacarles el dinero. El sofista es, para Platón, igual que el comerciante charlatán que alaba sus mercancías para venderlas de cualquier modo, sin saber qué es lo que en realidad está vendiendo. Son sabios en apariencia y, por tanto, se oponen al verdadero filósofo, que actúa dialécticamente con razonamientos apoyados en el ser.

 Isócrates distingue dos tipos de sofística: la de los pertenecientes a la época de Sócrates, para los que tiene palabras de elogio, y la de su época, a los que critica presentándolos como individuos de escasa talla intelectual y cuya meta es el afán de lucro personal.

 Aristóteles piensa que son unos pseudofilósofos que quieren impresionar revistiéndose de una sabiduría que en realidad no tienen. No obstante, sabe apreciar los méritos de los sofistas. Así, por ejemplo, se muestra de acuerdo con Gorgias, que considera las virtudes por separado frente a los que definen la virtud como un todo, como hacía su maestro Platón, y admira su ironía basada en desarmar con la risa la seriedad de sus adversarios y viceversa, y está de acuerdo con Polo en la importancia de la experiencia como constructora del arte y de la ciencia.

 Resumiendo, pues, podemos decir que los sofistas no constituyeron nunca una escuela unitaria. Hablamos de un grupo heterogéneo con puntos en común, como el agnosticismo, ateísmo, empirismo, relativismo y la crítica de la sociedad y su cultura. Pero la gente los veía como a unos intrusos que socavaban con sus doctrinas el orden religioso, moral y político de la polis. De ahí que el término sofista se cargara de los matices negativos que han perdurado hasta nuestros días. 

LOS SOFISTAS Y LA TRADICIÓN

 Como afirma Hegel, el movimiento sofístico hunde sus raíces en la tradición religiosa, científica y filosófica de los tiempos más remotos, según iremos viendo.

 La presencia de los sofistas en los grandes festivales de Olimpia los conecta con la más rancia tradición de poetas y rapsodas; incluso la indumentaria que utilizaban Gorgias e Hipias, una túnica de púrpura, recuerda a la de los antiguos aedos. Se guían por el antiguo ideal homérico de ser siempre el mejor y superar a los demás en el combate y en el ágora. Este afán agonístico se convirtió en una de las características de los sofistas.

 Se sirven también de motivos antiguos para la temática de su obra. Pródico en la Historia de Heracles  utiliza el relato del juicio de Paris y la exhortación de Hesíodo sobre los dos caminos. Protágoras en Sobre los dioses se apoya en el mito de Prometeo. En esta misma línea se encuentran El elogio de Helena y de Palamedes  de Gorgias y El Troyano de Hipias.

 Es en Homero y Hesíodo en donde debemos buscar la conexión más remota de los sofistas. La narración  homérica busca lo verosimilitud, no la verdad, pues, como afirma Hesíodo, la verdad emana de los dioses, mientras que la verosimilitud parte de los hombres. De igual manera se expresa Jenófanes al enfrentar el conocimiento divino a la opinión humana.

 Por otra parte, el germen filosófico de los sofistas lo encontramos en los presocráticos. Jenófanes, por ejemplo, identifica el bienestar de la comunidad estatal con la unión de las fuerzas espirituales y políticas. Heráclito hace del saber el fundamento de la ley. Anaxágoras introduce en la cosmogonía una tendencia antropocéntrica, e incluso a Demócrito le es difícil dejar de lado al hombre y su mundo moral.

 Otro punto de conexión entre sofistas y presocráticos es el cosmopolitismo. Tanto los presocráticos como los sofistas son incansables viajeros que recorren  el mundo entonces conocido, movidos por sus ansias de saber, y esto se refleja en la bella máxima de Demócrito de que "toda la tierra es accesible para el hombre sabio, pues la patria del alma buena es todo el universo."

 Como señala Dodds, en Los griegos y lo irracional,  la Jonia del s. VI a. C. fue la cuna de la Ilustración ampliamente desarrollada por los sofistas. Fue Hecateo de Mileto el primero que encontró extraña la mitología griega e intentó racionalizarla, inventando explicaciones lógicas y coherentes. Jenófanes de Colofón, al igual que Meliso de Samos, se dedicó a atacar los mitos homéricos y hesiódicos desde el ángulo de la moral. De Jenófanes depende también el relativismo religioso al postular que cada pueblo representa a sus dioses según su propia figura, y los animales, si tuvieran razón y manos, harían otro tanto.

 Esta tendencia tan típica de la Ilustración la siguen Anaxímenes de Mileto y los propios pitagóricos situándose en oposición a la mitología, al igual que Jenófanes y Heráclito de Éfeso, que llega a burlarse de la catarsis ritual y a negar la validez de la experiencia onírica.

 Así pues, concluímos este apartado haciendo hincapié en la idea de que los sofistas son la culminación de un movimiento ilustrado y racionalista que tiene su punto de partida en los poetas antiguos, continúa con los presocráticos y se cierra con los pensadores del s. V a. C.

SITUACIÓN HISTÓRICA

  Tres acontecimientos históricos enmarcaron el movimiento sofístico: Las guerras médicas (500-479), tras las que se consolidó el sistema democrático y, por ende, la polis como unidad política y social; la creación del imperio marítimo ateniense (477-425), período en el que Atenas se convierte en guía y centro de las ciudades confederadas y, por último, la guerra del Peloponeso (431-404), que supuso la decadencia de los valores democráticos y de la polis.

 La unidad fue la causa de la victoria de los griegos contra los persas y esta unión se llevó a cabo sin que unas ciudades se subordinaran a otras, sino participando en la lucha frente al enemigo común hermanadas en igualdad. Después de la victoria helena sobre el imperio persa se consolida la democracia y la política no es labor exclusiva de unos pocos, sino tarea común de todos. El poder estatal no cercena la actuación de los ciudadanos, sino que más bien la respeta y estimula. El ejército no es profesional, sino que se organiza ante los riesgos que pueda correr la polis, que se reserva el derecho de someter a examen a todos los cargos públicos.

 Sin embargo, esta igualdad no duró mucho tiempo y Atenas se pone a la cabeza de la confederación de Delos. Por aquel entonces, Atenas era una ciudad poderosa y había extendido sus dominios hasta las Termópilas, las obras de los largos muros se habían concluído y la marina ateniense tenía el dominio total del mar.

 Pericles, organizador de la democracia ateniense, adopta las siguientes medidas: limita las atribuciones del Areópago; extiende el arcontado a un mayor número de clases sociales; sustituye las elecciones por el sistema del sorteo de los miembros del Consejo y magistrados, y, por último, crea un sistema de dietas, que parece que empezó a funcionar a partir del año 461, en que los jueces cobraban dos óbolos por cabeza y día de sesión. 

 Pericles es también el inventor de la Hacienda pública, pero no creó  ningún impuesto directo, sino que se apoyó en dos requisitos básicos: no abusar del contribuyente y subvenir a los gastos indispensables. Sus sucesores, en cambio, se alejaron de esta política, aumentaron el tributo y cargaron a los ciudadanos con los impuestos directos.

 Si bien Pericles era un hombre honrado y mantuvo una postura intachable hasta la hora de su muerte, la política imperialista puesta en práctica por él se prestaba a todo tipo de corruptelas y así se explica el hecho de que la dominación ateniense fuera haciéndose cada vez más despótica. La isla de Naxos es la primera en sublevarse  en el año 465 y más tarde, en el año 465 Tasos siguió su ejemplo y luego siguieron Eritrea, Mileto y Colofón. Atenas ya no vacilaba en emplear la fuerza y, de este modo, fue convirtiendo a los aliados en súbditos.

 En esta época para triunfar en política era imprescindible el conocimiento de la retórica, que entonces ocupaba el mismo papel que hoy cumplen entre nosotros los medios de comunicación y la publicidad. Como en la educación tradicional griega no se enseñaba retórica, había aquí un hueco que vinieron a rellenar los sofistas, quienes se percataron enseguida de este fallo de la educación ateniense.

  En el marco histórico en el que se encuadra a los sofistas, se puede establecer dos grupos, como tan acertadamente ha visto I. Muñoz Valle: el grupo "protagórico" y el grupo "gorgiano".

  El primer grupo actúa en la época de Pericles y se caracteriza por su optimismo racionalista, la proclamación de la igualdad natural de todos los hombres, la identificación de los intereses del individuo con los de la sociedad y su relativismo. Sus figuras más representativas son Pródico, Hipias y los filósofos Demócrito y Anaxágoras.

 El segundo grupo se encuadra en la guerra del Peloponeso. Descubre en el hombre el predominio de las facultades irracionales y se centra en la defensa de los intereses del individuo. A este grupo pertenecen  intelectuales "inmoralistas" como Calicles, Trasímaco y Critias, entre otros.

 En el período de 429-419 en la sociedad se produjo un cambio notable que favoreció el fenómeno histórico de la sofística, a saber, surgió una nueva clase social cada vez más influyente formada por comerciantes y propietarios de industrias artesanales que se habían enriquecido y, al ser de extracción plebeya, no contaban con el privilegio del que gozaban los nobles atenienses, tanto del partido democrático como del oligárquico, de encontrar con facilidad un filósofo para instruir a sus hijos. Por ello, estos nuevos ricos hubieron de buscarse profesores particulares para sus hijos. Los sofistas son los hombres que entendieron esta situación y la aprovecharon en pro de sus intereses.