| LOS
SOFISTAS COMO PRECURSORES DE LA FILOLOGÍA
"Antes de la sofística no
se habla de gramática, retórica ni dialéctica. Debieron
de ser sus creadores. La nueva técnica es evidentemente la expresión
metódica del principio de formación espiritual que se desprende
de la forma del lenguaje, del discurso y del pensamiento. Esta acción
pedagógica es uno de los grandes descubrimientos del espíritu
humano. En estos tres dominios de su actividad adquieren por primera vez
conciencia de las leyes innatas de su propia estructura." Con estas
palabras Jaeger hace de los sofistas los precursores de la filología,
que más tarde surgirá y se desarrollará como disciplina
científica en el período helenístico o alejandrino
del s. III a.C.
Los sofistas, como ya vimos anteriormente,
se consideraban a sí mismos herederos de los antiguos rapsodas
y de Homero y a ellos dedicaron buena parte de sus estudios. Así,
podemos considerar a Teágenes de Región, como el primer alegorista
etimológico, porque intenta buscar en el texto homérico un
significado oculto. Un discípulo de Anaxágoras, Metrodoro
de Lámpsaco, compuso una obra sobre los exégetas de Homero.
Antímaco de Colofón siguió por este camino y tenemos
noticias de que escribió una introducción a las obras de
Homero proponiendo correcciones para algunos términos.
Si entendemos que la filología
consiste en la crítica de textos y el estudio de los autores antiguos
como Homero, podemos concluir que los sofistas fueron los primeros filólogos,
como ya han señalado varios autores. El denominador común
de todos los sofistas es el interés por precisar el significado
de las palabras, por atender a "la rectitud de las palabras", por
la forma en la que deberían escribirse y por la prosodia, todo ello
unido a una visión crítica de la cultura.
Continuador de este tipo de estudios
fue Aristóteles, que se interesó por los estudios elaborados
por los sofistas ejerciendo una crítica rigurosa sobre ellos. Con
sus trabajos sobre preguntas difíciles en torno a Homero, así
como con sus investigaciones en el campo de la métrica, rítmica
y música, se presenta ante nosotros como el punto de partida de
la crítica y de la gramática, aspecto al que ya hizo referencia
Dión Crisóstomo.
Otro aspecto que siempre ha llamado
la atención de los filólogos es el mercado del libro y el
interés por las bibliotecas. En la época de los sofistas
el mercado del libro se intensificó notablemente y fue entonces
cuando se vendían a precios módicos las Horas de Pródico
y los libros de Anaxágoras. En esta época surgieron bibliotecas
particulares, como la de Eutidemo y la de Eurípides. En época
posterior, Aristóteles fundaría una gran biblioteca que legó
a sus sucesores, quienes posteriormente la donaron al Liceo.
Un elemento importante entre
los filólogos alejandrinos fue la utilización de las "tablas
genealógicas", cuyo invento se atribuye a Hipias, a quien se le
ocurrió hacer una relación de los vencedores de las Olimpíadas
en su archaiología y esto resultó fundamental para
fechar los acontecimientos históricos. Esta obra fue recogida por
Aristóteles, que utilizó no sólo esta lista sino también
la de los juegos píticos y la relación de los arcontes atenienses.
A esta lista de inventos de los sofistas debemos añadir también
los catálogos denominados pínakes que surgen por necesidades
prácticas de su profesión.
Ese afán de los sofistas
por enseñar a hablar y argumentar (en cierta manera se trata de
un amor a la palabra) y este interés por ellas dio lugar a los llamados
"glosógrafos" cuyo origen quizá pueda estar en Pródico,
y aunque Aristóteles pase por ser su creador, no sería de
extrañar que el estagirita estuviera continuando una tradición
del siglo V a. C. en la que los sofistas podrían estar implicados.
Igualmente, los estudios sobre sinónimos y etimología
fueron iniciados por los sofistas Gorgias, Pródico e Hipias
y continuados por Aristóteles.
Aunque ahora nos parezca que el
estilo de una gran parte de los sofistas era recargado y relamido, en realidad
ellos son los que abren el camino de la erudición y del enciclopedismo
y les debemos tanto a Hipias como a Critias el haber puesto los cimientos
del humanismo.
LAS CORRIENTES LINGÜÍSTICAS
DEL SIGLO V
Hemos visto que los sofistas eran,
en gran medida, unos profesores que tendían fundamentalmente a la
educación política del hombre. Una herramienta indispensable
para ellos era el lenguaje, pilar fundamental de la retórica y la
oratoria. Por tanto, los sofistas no tenían un interés científico
por el lenguaje, sino más bien práctico. Así, los
encontramos inmersos en las discusiones sobre las diferentes teorías
lingüísticas que circulaban por aquella época. Para
entender cuáles eran las principales concepciones sobre lingüística
en el s. V, debemos rememorar el Crátilo de Platón,
pues es aquí donde aparecen resumidas las diferentes posturas.
En primer lugar, encontramos que Crátilo
defiende una teoría naturalista, cuya invención se atribuye
a Antístenes (al que siguen Pródico y Gorgias) quien, según
Aristóteles, si cada cosa tiene un lógos, entonces
dos lógoi contradictorios se refieren a cosa diferentes.
Esta teoría postula que los nombres son por naturaleza y responden
exactamente a la verdad de las cosas que designan. Los nombres, por ende,
nos darían una información exacta sobre la realidad.
Hermógenes, el amigo íntimo
de Sócrates, defiende una teoría convencionalista que parece
derivar de la epistemología de Protágoras, aunque la terminología
que utiliza es una terminología poco elaborada. También
Demócrito defiende esta postura con cuatro pruebas muy convincentes
que demuestran el carácter convencional de los nombres: la homonimia,
la polinimia, el intercambio de los nombres y la ausencia de nombres derivados
de nombres semejantes. Este filósofo atomista además escribió
sobre la corrección del lenguaje y los dialectos y sobre las palabras
y el vocabulario, según nos informa Diógenes Laercio XI.
La postura de Sócrates presenta
dos aspectos que parecen ser contradictorios, porque, mientras que en Crátilo
432e., dice que un nombre no necesita poseer todas sus letras para ser
reconocido siempre que subsista el bosquejo del objeto, por otro lado,
en Crátilo 418a., afirma que el añadir o el
quitar letras modifica mucho el significado de los nombres hasta el punto
de que cualquier alteración o cambio puede hacer que el nombre cambie
totalmente de significado.
Quizá la postura lingüística
de Gorgias sea una de las más originales de todos los sofistas,
si bien su concepción de la lengua arranca de Empédocles,
que pensaba, según nos informa Teofrasto en De sensu 7, que cada
órgano sensitivo cubría una parcela distinta. Esta opinión
es compartida por Gorgias, para quien cada órgano percibe algo distinto
y específico. La vista y el oído captan las cosas, pero no
se trata de la realidad, sino del logos, que es lo que aprehende el pensamiento.
De ahí que Gorgias establezca una división tripartita: cosas
(prágmata), objetos de pensamiento (tà phronoúmena),
y lenguaje (lógos). Fue también Gorgias el primero
en darse cuenta de la función impresiva del lenguaje y de su poder
de persuasión, pues, a pesar de tener un cuerpo muy pequeño
e invisible, es capaz de realizar maravillosos portentos, como acabar con
el miedo y el dolor o provocar compasión.
LA RETÓRICA EN EL SIGLO V
Después de la expulsión
de los tiranos de Siracusa se produjo una situación de gran
efervescencia democrática, en la que los ciudadanos reivindicaron
los bienes y haciendas que les habían sido confiscados, y es dentro
de este marco histórico donde, según Aristóteles,
surge la retórica de la mano de Córax y Tisias. Este tipo
de retórica erística partía del supuesto de que un
hombre necesitaba de ella cuando las pruebas que presentaba de un hecho
podían ser refutadas y se basaba más en la verosimilitud
que en las pruebas que acompañan a los hechos.
Los sofistas son los continuadores
de la retórica y, desde luego, fueron quienes la introdujeron en
Atenas. Gorgias en algunos diálogos platónicos, como Filebo
o Gorgias, defiende este tipo de retórica erística
en la que lo importante es la verosimilitud de lo justo y lo injusto. Su
apoyo, pues, se encuentra en las probabilidades. Cada cosa era para él
tal como le parecía que era, y esta es la base filosófica
que sigue Gorgias y que también sostenía Protágoras.
La retórica es uno
de los puntos en común que unía a los sofistas y, así,
podemos ver que muchos de ellos (Gorgias, Licimnio, Polo, Teodoro y Trasímaco)
escribieron tratados de retórica en los que se trataba sobre
diversos aspectos, como la extensión del discurso, el aprovechamiento
de los elementos irracionales de la oratoria que se podían utilizar
para refutar determinados argumentos y la oportunidad exigida por el momento.
También tocan estos tratados el tema del estilo, y por la Suda
sabemos que Polo escribió una obra titulada Sobre el estilo.
Otro ejemplo de que los sofistas cuidaban el estilo de sus escritos lo
tenemos en las defensas de Helena y Palamedes, donde el de
Leontinos hace uso de la antítesis, isocolon, parison, homoteleuton,
entre otras figuras estilísticas, y aunque ahora nos pueda parecer
un estilo recargado e incluso ridículo, dado el abuso que en ocasiones
hace de ellas, en la época debieron ser muy apreciadas, como asegura
Diodoro de Sicilia XII 53, 4.
Para Gorgias el principio que regulaba
la organización del discurso era la oportunidad, kairós,
la presentación de las pruebas y su adecuación al carácter
del auditorio. Por tanto, el orador que improvisa un discurso debe haber
preparado de antemano los argumentos que en un momento determinado le pueden
resultar de utilidad, y esto es mejor que tener preparados discursos completos.
De este modo, Gorgias afirmaba que él era capaz de responder a cualquier
cuestión tanto en discursos largos como en diálogos a base
de preguntas y respuestas.
Otro aspecto que va íntimamente
ligado a la oportunidad es la conveniencia, prevpon, que con el tiempo
ocupó un puesto más destacable que la oportunidad, pues,
como dice Isócrates en Contra los sofistas 12-13 y 16-18,
es imposible que un discurso sea bueno si no contiene lo que es oportuno.
Otra cuestión estilística,
la de los lugares comunes, debió de haber sido tratada por los sofistas,
según las noticias que tenemos de ello en Cicerón, Brutus
12,46, cuando nos habla de las disputas de Protágoras sobre
temas importantes Los lugares comunes serían argumentos que se incluyen
en el discurso para defender una postura determinada y el orador los citaba
de memoria. Así, los Tópicos de Aristóteles
recogerían esta tradición, infundiéndoles un sentido
y orientación filosófica.
Los sofistas emplearon también
los discursos dobles y no tardó en surgir una fuerte crítica
contra este principio que identifica la causa más débil con
la más injusta o con la más mala. Este método tiene
un peligro real y es la influencia subjetiva que se podía ejercer
en las conciencias de los jueces, por lo que Eurípides nos dice
que "la palabra de la verdad es siempre sencilla", y Platón nos
advierte del peligro que entraña ponerse bajo la tutela de estos
maestros.
Trasímaco, sin embargo, cultiva
un estilo diferente al de Gorgias y se distingue de él porque huye
de la artificiosidad en el estilo y busca para su prosa esquemas rítmicos
variados, evitando las series de largas o breves, el hiato y la regularidad
del verso.
Por su parte, Platón opinaba
que la retórica es un arte para fomentar la verdad y ser maestra
de psicología en los distintos oyentes, pero de ninguna manera
es una ciencia, y esto por dos motivos fundamentales: porque carece de
seriedad y porque sus métodos no descansan en unos principios claramente
razonados.

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