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LOS SOFISTAS. 2
Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos
Francisco Martín García
Catedrático de Filología Griega
Universidad de Castilla-La Mancha
ISBN-84-9714-085-0
 

LOS SOFISTAS COMO PRECURSORES DE LA FILOLOGÍA

  "Antes de la sofística no se habla de gramática, retórica ni dialéctica. Debieron de ser sus creadores. La nueva técnica es evidentemente la expresión metódica del principio de formación espiritual que se desprende de la forma del lenguaje, del discurso y del pensamiento. Esta acción pedagógica es uno de los grandes descubrimientos del espíritu humano. En estos tres dominios de su actividad adquieren por primera vez conciencia de las leyes innatas de su propia estructura."  Con estas palabras Jaeger hace de los sofistas los precursores de la filología, que más tarde surgirá y se desarrollará como disciplina científica en el período helenístico o alejandrino del s. III a.C.

 Los sofistas, como ya vimos anteriormente, se consideraban a sí mismos  herederos de los antiguos rapsodas y de Homero y a ellos dedicaron buena parte de sus estudios. Así, podemos considerar a Teágenes de Región, como el primer alegorista etimológico, porque intenta buscar en el texto homérico un significado oculto. Un discípulo de Anaxágoras, Metrodoro de Lámpsaco, compuso una obra sobre los exégetas de Homero. Antímaco de Colofón siguió por este camino y tenemos noticias de que escribió una introducción a las obras de Homero proponiendo correcciones para algunos términos.

 Si entendemos que la filología consiste en la crítica de textos y el estudio de los autores antiguos como Homero, podemos concluir que los sofistas fueron los primeros filólogos, como ya han señalado varios autores. El denominador común de todos los sofistas es el interés por precisar el significado de las palabras, por atender a "la rectitud de las palabras",  por la forma en la que deberían escribirse y por la prosodia, todo ello unido a una visión crítica de la cultura.

 Continuador de este tipo de estudios fue Aristóteles, que se interesó por los estudios elaborados por los sofistas ejerciendo una crítica rigurosa sobre ellos. Con sus trabajos sobre preguntas difíciles en torno a Homero, así como con sus investigaciones en el campo de la métrica, rítmica y música, se presenta ante nosotros como el punto de partida de la crítica y de la gramática, aspecto al que ya hizo referencia  Dión Crisóstomo.

 Otro aspecto que siempre ha llamado la atención de los filólogos es el mercado del libro y el interés por las bibliotecas. En la época de los sofistas el mercado del libro se intensificó notablemente y fue entonces cuando se vendían a precios módicos las Horas de Pródico y los libros de Anaxágoras. En esta época surgieron bibliotecas particulares, como la de Eutidemo y la de Eurípides. En época posterior, Aristóteles fundaría una gran biblioteca que legó a sus sucesores, quienes posteriormente la donaron al Liceo.

 Un elemento importante  entre los filólogos alejandrinos fue la utilización de las "tablas genealógicas", cuyo invento se atribuye a Hipias, a quien se le ocurrió hacer una relación de los vencedores de las Olimpíadas en su archaiología y esto resultó fundamental para fechar los acontecimientos históricos. Esta obra fue recogida por Aristóteles, que utilizó no sólo esta lista sino también la de los juegos píticos y la relación de los arcontes atenienses. A esta lista de inventos de los sofistas debemos añadir también los catálogos denominados pínakes que surgen por necesidades prácticas de su profesión.

 Ese afán de los sofistas por enseñar a hablar y argumentar (en cierta manera se trata de un amor a la palabra) y este interés por ellas dio lugar a los llamados "glosógrafos" cuyo origen quizá pueda estar en Pródico, y aunque Aristóteles pase por ser su creador, no sería de extrañar que el estagirita estuviera continuando una tradición del siglo V a. C. en la que los sofistas podrían estar implicados. Igualmente, los estudios sobre sinónimos y  etimología fueron iniciados por los sofistas Gorgias, Pródico e Hipias  y continuados por Aristóteles.

  Aunque ahora nos parezca que el estilo de una gran parte de los sofistas era recargado y relamido, en realidad ellos son los que abren el camino de la erudición y del enciclopedismo y les debemos tanto a Hipias como a Critias el haber puesto los cimientos del humanismo.
 

LAS CORRIENTES LINGÜÍSTICAS DEL SIGLO V

 Hemos visto que los sofistas eran, en gran medida, unos profesores que tendían fundamentalmente a la educación política del hombre. Una herramienta indispensable para ellos era el lenguaje, pilar fundamental de la retórica y la oratoria. Por tanto, los sofistas no tenían un interés científico por el lenguaje, sino más bien práctico. Así, los encontramos  inmersos en las discusiones sobre las diferentes teorías lingüísticas que circulaban por aquella época. Para entender cuáles eran las principales concepciones sobre lingüística en el s. V, debemos rememorar  el Crátilo  de Platón, pues es aquí donde aparecen resumidas las diferentes posturas.
 
En primer lugar, encontramos que Crátilo defiende una teoría naturalista, cuya invención se atribuye a Antístenes (al que siguen Pródico y Gorgias) quien, según Aristóteles, si cada cosa tiene un lógos, entonces dos lógoi contradictorios se refieren  a cosa diferentes. Esta teoría postula que los nombres son por naturaleza y responden exactamente a la verdad de las cosas que designan. Los nombres, por ende, nos darían una información exacta sobre la realidad.

 Hermógenes, el amigo íntimo de Sócrates, defiende una teoría convencionalista que parece derivar de la epistemología de Protágoras, aunque la terminología que utiliza es una terminología  poco elaborada. También Demócrito defiende esta postura con cuatro pruebas muy convincentes que demuestran el carácter convencional de los nombres: la homonimia, la polinimia, el intercambio de los nombres y la ausencia de nombres derivados de nombres semejantes. Este filósofo atomista además escribió sobre la corrección del lenguaje y los dialectos y sobre las palabras y el vocabulario, según nos informa Diógenes Laercio XI. 

 La postura de Sócrates presenta dos aspectos que parecen ser contradictorios, porque, mientras que en Crátilo 432e., dice que un nombre no necesita poseer todas sus letras para ser reconocido siempre que subsista el bosquejo del objeto, por otro lado, en Crátilo  418a., afirma que el añadir o el quitar letras modifica mucho el significado de los nombres hasta el punto de que cualquier alteración o cambio puede hacer que el nombre cambie totalmente de significado.

 Quizá la postura lingüística de Gorgias sea una de las más originales de todos los sofistas, si bien su concepción de la lengua arranca de Empédocles, que pensaba, según nos informa Teofrasto en De sensu 7, que cada órgano sensitivo cubría una parcela distinta. Esta opinión es compartida por Gorgias, para quien cada órgano percibe algo distinto y específico. La vista y el oído captan las cosas, pero no se trata de la realidad, sino del logos, que es lo que aprehende el pensamiento. De ahí que Gorgias establezca una división tripartita: cosas (prágmata), objetos de pensamiento (tà phronoúmena), y lenguaje (lógos). Fue también Gorgias el primero  en darse cuenta de la función impresiva del lenguaje y de su poder de persuasión,  pues, a pesar de tener un cuerpo muy pequeño e invisible, es capaz de realizar maravillosos portentos, como acabar con el miedo y el dolor o provocar compasión.

LA RETÓRICA EN EL SIGLO V

 Después de la expulsión de los tiranos de Siracusa se produjo una situación  de gran efervescencia democrática, en la que los ciudadanos reivindicaron los bienes y haciendas que les habían sido confiscados, y es dentro de este marco histórico donde, según Aristóteles, surge la retórica de la mano de Córax y Tisias. Este tipo de retórica erística partía del supuesto de que un hombre necesitaba de ella cuando las pruebas que presentaba de un hecho podían ser refutadas y se basaba más en la verosimilitud que en las pruebas que acompañan a los hechos.

 Los sofistas son los continuadores de la retórica y, desde luego, fueron quienes la introdujeron en Atenas. Gorgias en algunos diálogos platónicos, como Filebo  o Gorgias, defiende este tipo de retórica  erística en la que lo importante es la verosimilitud de lo justo y lo injusto. Su apoyo, pues, se encuentra en las probabilidades. Cada cosa era para él tal como le parecía que era, y esta es la base filosófica que sigue Gorgias y que también sostenía Protágoras.

 La retórica  es uno de los puntos en común que unía a los sofistas y, así, podemos ver que muchos de ellos (Gorgias, Licimnio, Polo, Teodoro y Trasímaco) escribieron tratados de retórica  en los que se trataba sobre diversos aspectos, como la extensión del discurso, el aprovechamiento de los elementos irracionales de la oratoria que se podían utilizar  para refutar determinados argumentos y la oportunidad exigida por el momento. También tocan estos tratados el tema del estilo, y por la Suda sabemos que Polo escribió una obra titulada  Sobre el estilo. Otro ejemplo de que los sofistas cuidaban el estilo de sus escritos lo tenemos en las defensas de Helena  y Palamedes, donde el de Leontinos hace uso de la antítesis, isocolon, parison, homoteleuton, entre otras figuras estilísticas, y aunque ahora nos pueda parecer un estilo recargado e incluso ridículo, dado el abuso que en ocasiones hace de ellas, en la época debieron ser muy apreciadas, como asegura Diodoro de Sicilia XII 53, 4. 

 Para Gorgias el principio que regulaba la organización del discurso era la oportunidad, kairós, la presentación de las pruebas y su adecuación al carácter del auditorio. Por tanto, el orador que improvisa un discurso debe haber preparado de antemano los argumentos que en un momento determinado le pueden resultar de utilidad, y esto es mejor que tener preparados discursos completos. De este modo, Gorgias afirmaba que él era capaz de responder a cualquier cuestión tanto en discursos largos como en diálogos a base de preguntas y respuestas.

 Otro aspecto que va íntimamente ligado a la oportunidad es la conveniencia, prevpon, que con el tiempo ocupó un puesto más destacable que la oportunidad, pues, como dice Isócrates en Contra los sofistas 12-13 y 16-18, es imposible que un discurso sea bueno si no contiene lo que es oportuno.

 Otra cuestión estilística, la de los lugares comunes, debió de haber sido tratada por los sofistas, según las noticias que tenemos de ello en Cicerón, Brutus 12,46, cuando nos habla de las disputas de Protágoras sobre temas importantes Los lugares comunes serían argumentos que se incluyen en el discurso para defender una postura determinada y el orador los citaba de memoria. Así, los Tópicos de Aristóteles recogerían esta tradición, infundiéndoles un sentido y orientación filosófica.

 Los sofistas emplearon también los discursos dobles y no tardó en surgir una fuerte crítica contra este principio que identifica la causa más débil con la más injusta o con la más mala. Este método tiene un peligro real y es la influencia subjetiva que se podía ejercer en las conciencias de los jueces, por lo que Eurípides nos dice que "la palabra de la verdad es siempre sencilla", y Platón nos advierte del peligro que entraña ponerse bajo la tutela de estos maestros.

 Trasímaco, sin embargo, cultiva un estilo diferente al de Gorgias y se distingue de él porque huye de la artificiosidad en el estilo y busca para su prosa esquemas rítmicos variados, evitando las series de largas o breves, el hiato y la regularidad del verso.

 Por su parte, Platón opinaba que la retórica es un arte para fomentar la verdad y ser maestra de psicología en los distintos oyentes, pero de ninguna manera  es una ciencia, y esto por dos motivos fundamentales: porque carece de seriedad y porque sus métodos no descansan en unos principios claramente razonados.