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LA MITOLOGÍA GRIEGA: INTRODUCCIÓN *.1/6
Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos
Purificación Nieto Hernández
Brown University
Providence, RI (USA)
ISBN-84-9714-083-4
 

Thesaurus: mitología, mito, religión, leyenda, saga, cuento popular, dioses, héroes, genealogías, poesía, historia, racionalización, pintura, escultura, indoeuropeo, Oriente, estructuralismo, ritual.
 

 El término "mitología" es  ambiguo y de difícil definición. Por mitología entendemos tanto la colección o conjunto en sí de mitos de ciertas culturas como los estudios sobre esos mitos. Y, desde luego, no tenemos ninguna definición de "mito" que satisfaga a todos los estudiosos ni que cubra todos los casos. Pero además, con frecuencia encontramos "mitología" emparejado con "religión", otro término igualmente difícil, ya que para unos, será, ante todo, el conjunto de prácticas (ritos) que los hombres realizan para tratar de encontrar una cierta seguridad en un mundo siempre cambiante e impredecible (contacto con la magia); para otros será la apertura del hombre a "lo sagrado", concepto igualmente elusivo, y, por tanto, tendrá que ver más con las actitudes internas de la persona (es decir, psicología), etc. 

 Pero, además, ¿por qué poner juntos estos dos conceptos?, ¿qué relación guardan entre sí la religión y la mitología griegas que nos hace estudiarlas conjuntamente? La religión de los griegos, como es bien sabido, no es una religión revelada, no tiene un libro sagrado, ni unos dogmas; ni siquiera posee una casta sacerdotal que controle completamente las prácticas y los textos religiosos.  Debido a estas circunstancias, la religión griega es, ante todo, tradición, una tradición que vive y se manifiesta en las prácticas del culto y en unos relatos que llamamos mitos. 

 En lo que sigue, y ante la imposibilidad de entrar en el detalle de los rituales y fiestas, trataremos sencillamente de exponer algunos de los problemas a los que nos enfrentamos al estudiar los mitos griegos y de esbozar algunas de las directrices básicas que siguen los especialistas en la materia al tratarlos. Y ni siquiera así podremos ser exhaustivos, dada la amplitud de la materia y la inmensa bibliografía que la acompaña. Ninguna solución –lo digo desde el principio– es perfecta; ninguna escuela ha logrado una panacea que todo lo cure. Y es que nuestro objeto de estudio, el mito, presenta bastantes complejidades y es escurridizo. Además, tanto el propio término "mito" como su supuesta universalidad están en cuestión (1).

 Pero el hecho de no poseer una definición suficiente, consensuada, de los conceptos básicos no debe en modo alguno conducir al escepticismo general sobre la materia que hoy día parece imponerse. Todos y cada uno de los manuales de mitología griega al uso comienzan con este problema e intentan ofrecer una definición, sólo para señalar inmediatamente después los muchos interrogantes que estas definiciones propuestas dejan abiertos, los muchísimos casos que no cubren o, por el contrario, su enorme vaguedad, pero, si es verdad que no podemos definir ni el mito, ni la mitología, eso no significa automáticamente que estos términos no sean útiles y que debamos renunciar a su uso. El caso se repite hasta al aburrimiento en otras muchas ciencias, que no poseen definiciones unánimemente aceptadas de ciertos conceptos básicos y que, sin embargo, siguen empleándolos, por su utilidad. Pensemos, por ejemplo, en el empleo que la física hace de conceptos como "tiempo" o "fuerza", sin que poseamos hasta la fecha una definición suficiente de los mismos. 

 Pero nosotros ya hemos avanzado algo de lo que entendemos por mito, al afirmar que los mitos son "relatos tradicionales", y, hasta aquí, están de acuerdo casi todas las definiciones que se han propuesto en los últimos años: Kirk (1970), Burkert (1985), Graf (1993), etc. Esta afirmación, sin embargo, resulta excesivamente amplia y requiere una serie de matizaciones. 

 1. En primer lugar, que lo que entendemos por mito no coincide con ningún tipo particular de texto o de género literario. Podemos encontrar –y, de hecho, encontramos– la misma historia básica contada en textos tan distintos entre sí como la poesía épica, la lírica coral, la tragedia o, incluso, en prosa, en las narraciones de los historiadores, etc. Frente al género literario, pues, los mitos tienen movilidad.

 2. Mientras que una obra concreta tiene un autor, el mito no. Estos relatos se han  transmitido de generación en generación sin que nadie sepa quién es su autor concreto. Es esto lo que queremos decir cuando les aplicamos el adjetivo de tradicionales. Hay, acerca de ellos, la conciencia de que sus orígenes se han perdido para siempre en la noche de los tiempos. Por ejemplo, Platón, cuando habla del mito de Atlántida, señala que lo oyó contar a su tío Critias, quien lo había oído de su abuelo, quien a su vez lo había recibido de su padre, quien lo oyó contar a Solón que, por su parte, lo había escuchado en Egipto (Timeo 20e-21e). 

 3. El que los mitos se conserven y prosigan en la tradición de una sociedad tiene que tener una razón de ser. Por decirlo en palabras de F. Graf (1993: 3): "Un mito hace una afirmación válida acerca de los orígenes del mundo, de la sociedad y sus instituciones, de los dioses y su relación con los mortales, en breve, acerca de todas las cosas de las que depende la vida humana". Existe para ello, además, un tácito consenso social: es decir, esta visión de las cosas que los mitos proponen es aceptada por la sociedad en su conjunto. Esto no significa que –como se ha dicho en ocasiones– los mitos ofrezcan una mediación entre extremos, o resuelvan problemas. Sí, en cambio, reflejan los valores sobre los que se asienta la sociedad, expresan la forma en que esa sociedad ve el mundo y se ve a sí misma y también las tensiones y conflictos que viven en su seno, sin darles nunca una solución unívoca, clara, simple ni transparente. Al reflejar los valores de la sociedad, los mitos los reafirman y los transmiten a las generaciones subsiguientes. Por ello, los mitos tienden a ser conservadores, a mantenerse en el tiempo; se resisten –como las sociedades mismas– a morir y a cambiar. Pero, a la vez, puesto que las soluciones que ofrecen no son claras ni unívocas, están sujetos a la reinterpretación y, por eso, a un cierto cambio. De esta tendencia simultánea al cambio y a la permanencia, deriva buena parte de su conflictividad. 

 Dada esta relevancia social que los mitos poseen, es comprensible que, si las condiciones sociales cambian, también los mitos cambien (2). Por ejemplo, en la poesía homérica, apenas hay interés por un tema como el del sacrificio humano (la única excepción serían los doce jóvenes troyanos que Aquiles quema vivos en la pira fúnebre de Patroclo), que, sin embargo, será casi obsesivo en la tragedia del s. V, donde se atribuye, por lo general, a pueblos extranjeros (v. Hughes 1991, Bonnechère 1993). Y estas variaciones se deben no sólo a un cambio de género literario, que impone determinadas condiciones, sino también a un cambio social, a un desplazamiento de intereses. 

 Algunos autores han entendido esta 'relevancia social' de los mitos como 'ejemplaridad', y así lo hacen constar en las definiciones de mito que ofrecen (por ej., entre nosotros, Carlos García Gual 1992: 19-20). Sin embargo, son cosas distintas y me parece preferible la primera, pues para que algo se constituya en ejemplo ha de tener un mensaje simple, que se perciba con claridad para poder ser imitado. Es cierto que, por ejemplo, Penélope puede ser propuesta a las mujeres griegas como modelo de esposa perfecta, etc., pero ¿en qué resultaría ejemplar un mito como el de Edipo? ¿Qué querría decirles a los griegos? ¿Que no sigas el ejemplo de que un oráculo disponga que has de matar a tu padre y engendrar hijos en tu madre?

 4. El insistir en la condición de relatos de los mitos nos lleva a dedicar unas palabras a otra cuestión muy debatida: su diferencia con respecto a los fenómenos que denominamos leyenda, saga, cuento popular, etc (3). Con respecto a los dos primeros (leyenda, saga), muchas veces es, simplemente, una cuestión de terminología, que varía en las diferentes tradiciones. En cuanto a los llamados folktales, la diferenciación es más clara, pues, frente a los mitos, éstos presentan personajes con nombres parlantes, acciones que suceden en un tiempo indeterminado y remoto, en un lugar indeterminado, etc (4). Y, sobre todo, los folktales guardan entre sí una independencia que no se da en el mito. Los mitos tienden a entrelazarse unos con otros, a formar un todo completo, una mitología, como veremos más tarde. Es cierto, sin embargo, que hay muchos mitos con elementos de folktale y que la distinción entre unos y otros tipos de relatos tradicionales no es nada fácil en muchas ocasiones; de ahí que reine un ciero escepticismo al respecto. Un ejemplo clásico es Edipo. En efecto, en el mito de Edipo encontramos nombres parlantes, una estructura básica que, en cierto modo es típica de muchísimos de los cuentos populares rusos estudiados por Propp (héroe protagonista de nombre parlante mata monstruo que amenaza al reino y es compensado con la mano de la reina y el trono), etc. Pero hay diferencias: básicamente, dos. Por un lado, la relevancia social. El relato de las desventuras de Edipo, es un mito y no un cuento popular esencialmente porque plantea una serie de cuestiones que tienen clara relevancia social, como veremos más tarde. Por otro, además, aunque un mito aislado, por sí mismo, tenga mucho interés, sólo adquiere verdadero sentido y relevancia considerado en el conjunto de los otros mitos. No hay un mito griego que esté aislado por completo. Todos tienen, en un sentido o en otro, vínculos mutuos, forman una mitología. El mito de Edipo, aunque tiene valor por sí y en sí, es a la vez un episodio más en una cadena de historias centradas en torno a la ciudad de Tebas. Sus hijos, por ejemplo, serán muy importantes en tiempos posteriores a los sucesos narrados en lo que consideramos propiamente "mito de Edipo": la lucha entre ambos dará lugar a una expedición importantísima, la de los Siete contra Tebas, que vinculará esta historia tebana a la de otras ciudades y regiones griegas importantes. A los Siete, sucederá la expedición de los Epígonos, etc.  Sobre ello tendremos también que volver luego.
 

  * Este texto apareció publicado en la revista Estudios Clásicos 114, (1998) 7-39.