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LA MITOLOGÍA GRIEGA: INTRODUCCIÓN 2/6
Purificación Nieto Hernández
Brown University
Providence, RI (USA)
ISBN-84-9714-083-4
 

5. Los personajes. Dioses y héroes. Genealogías y ordenación cronológica. 

 El mundo que nos ofrece el mito griego está poblado por una multitud de seres de muy variadas categorías, todos ellos seres extraordinarios, a quienes les suceden cosas fuera de lo común. Tienen, además, un nombre propio, y sus aventuras ocurren en lugares que también se nombran. Con respecto al momento en que suceden, el mito es más impreciso, remitiéndolos todos a un pasado lejano y prestigioso. Los mitos, sin embargo, se ordenan cronológicamente entre sí. Siguen, unos con respecto a otros, una cronología relativa, fundada en el principio de la genealogía: los personajes míticos se relacionan por parentesco unos con otros y se distibuyen en distintas generaciones. 

 Ni siquiera los dioses forman una categoría unificada, pues, además de los Olímpicos a los que solemos referirnos básicamente cuando hablamos de dioses griegos, hay otros grupos: dioses pertenecientes a generaciones anteriores a la de los Olímpicos, dioses menores, dioses ctónicos (aunque esta última división está, sin embargo, por así decirlo, en cuarentena. Cf. Scullion 1994), etc. 

 En esta sociedad amplia, variada, de los dioses, cada uno posee sus atributos, sus honores determinados, sus historias particulares, sus competencias y poderes especializados: es decir, tienen, una identidad concreta. Y esta viene, ante todo, marcada por su cuerpo y su nombre. Igual que los hombres. Pues como dice Alcínoo a Odiseo (Od. 8.552-4), "ningún hombre, por oscuro que sea, carece de nombre"  (v.Vernant 1989: 16 ss.). 

 A los Olímpicos los encontramos ya en la Ilíada, frente al resto de los dioses, reunidos como verdadero grupo aristocrático bajo el liderazgo de Zeus. (El asunto será perfectamente entendido por Ovidio, quien presentará en las asambleas divinas de sus Metamorfosis un remedo del Senado romano y, en la figura de Júpiter, un retrato de Augusto).

 Pero, además de esta gran variedad de dioses, encontramos también héroes, monstruos mortales y otras criaturas que yo llamaría "de inmortalidad limitada". La inmortalidad perfecta es la de los dioses y, particularmente la de los olímpicos. Frente al hombre efímero, ellos son los ámbrotoi, los athánatoi. En cuanto a los héroes, si bien están caracterizados por ser mortales, también es verdad, sin embargo, que muchos de ellos, como nos indica Hesíodo, logran la inmortalidad y viven en las Islas de los Bienaventurados bajo el reino de Crono (5). En cuanto a los seres que hemos llamado de "inmortalidad limitada" son bastantes: caso paradigmático es el de Titono, el esposo de Eos (la Aurora), para quien la diosa consiguió la inmortalidad, pero no la eterna juventud: mientras ella estaba libre de envejecer, su esposo se deterioraba infinitamente con el paso de los años. De ahí que, conscientes del problema, los héroes homéricos quieran librarse tanto de la muerte como de la vejez, como hace Sarpedón  Il. XIII. 323 (cf. VIII. 539) . 

 Pero la inmortalidad puede ser limitada, es decir, muy distinta de la de los dioses olímpicos,  también en otro sentido: recordemos los habitantes permanentes del Hades, como Tántalo, Sísifo, las Danaides, etc. 

 No siendo bastante estas distintas formas de "ser inmortal", la mitología griega presenta aún otros casos, como el de los Dioscuros, en que encontramos a un ser mortal (Cástor), compartiendo la inmortalidad de su hermano mellizo Polideuces. Y es que también es típico de los mitos el explorar todas las posibilidades de un tema, tender a agotar todos sus significados.

 Pero además, en el mito griego es característico y relevante el hecho de que estas diferentes categorías de que venimos hablando (dioses, héroes, hombres, animales), si bien son claramente distintas, se presentan de una manera más unificada, de tal modo que los límites entre unas y otras pueden atravesarse con relativa facilidad. Y esto se realiza por diferentes procedimientos. En primer lugar, porque existen también en el mito seres mixtos, en parte humanos, en parte animales, como los centauros o los sátiros. Pero también por medio de la unión sexual entre categorías distintas. La más común es la que se produce entre un dios y un mortal (y en esta categoría los ejemplos son numerosísimos), pero también conocemos otras uniones algo más exóticas aún como la de Pasífae y el toro, etc. 

 Además, los dioses con frecuencia se unen a humanos adoptando una forma distinta de la que les es habitual; esto es particularmente cierto en el caso de Zeus, que ama a Leda bajo la forma de un cisne, rapta a Europa como toro, o, incluso, fecunda a Dánae como una lluvia de oro. Estos mitos de transformación, las metamorfosis, muestran también una perturbadora cercanía entre dioses, hombres, animales, plantas e, incluso, materia inerte (v. sobre ellos, Forbes Irving 1990). Un caso extremo me parece el de Leda, que, aunque ella misma no sufre metamorfosis cuando es amada por Zeus en forma de cisne, pone dos huevos (!!) de donde salen, distribuidos de forma diferente en las distintas versiones, sus hijos los Dioscuros, Helena, y Clitemnestra.

 Hay, además, una serie de árboles y de animales que van asociados a dioses, como la encina de Zeus, la oliva de Atenea, el laurel y Apolo, etc.; o los caballos de los Dioscuros, las palomas de Afrodita, los delfines y Apolo (también el lobo), el águila de Zeus, etc. A pesar de eso y de sus metamorfosis –que en el caso de los dioses son siempre temporales, no definitivas–, nunca los dioses griegos son semi-animales: son entendidos y representados desde los testimonios más antiguos como totalmente antropomórficos. En este sentido el dios Pan, con sus patas –y, a veces, incluso, cabeza– de cabra, es una rareza.  Y se trata de un dios menor (6).