| Estructuralismo.
El estructuralismo antropológico –igual que la escuela de
mitología comparada– toma su modelo de la lingüística
(en este caso, de la ling. estructural), y, –al igual que el psicoanálisis–
cree haber descubierto el funcionamiento de la mente humana. El fundador
de la escuela, C. Lévi-Strauss, establece una analogía entre
los mitos y el lenguaje. Y así como el lingüista estructural
busca descubrir la 'estructura profunda' que subyace a las producciones
del lenguaje, el mitólogo estructural está interesado también
en descubrir la estructura profunda que subyace a la narración lineal
del relato mítico. Para el análisis del mito, se reúnen
todas sus versiones, sin considerar el momento en que se producen, ni las
circunstancias en que cada una ha aparecido. Luego, se procede a un análisis
de las unidades básicas constitutivas (mitemas), que suelen presentarse
en una serie de oposiciones binarias. Así, en el mito de Edipo,
por ejemplo, el matrimonio de Edipo con Yocasta o el deseo de Antígona
de enterrar a su hermano Polinices representarían una sobrevaloración
de las relaciones familiares. Por el contrario, la muerte de Layo por Edipo,
o la de Polinices por Eteocles, representarían su opuesto, la 'desestimación
o subvaloración' de esas mismas relaciones. Ahora bien, el método
(que es más complejo de lo que aquí podemos exponer) adolece
de varias carencias: la asimilación entre mitos y lenguaje no es
nada clara, las polaridades son muchas veces creadas por los estructuralistas
y se deben, más que nada, al nivel altísimo de abstracción
en el que trabajan, hay una desconsideración del problema diacrónico
y una inherente imposibilidad de explicar el cambio, etc. Dicho esto,
sin embargo, hay que señalar que el estructuralismo ha tenido la
gran ventaja de ofrecer, al menos aparentemente, el tan deseado "estudio
científico del mito". Parecía, en principio, presentar una
metodología
relativamente manejable y que permitía analizar de esta manera cualquier
mito de cualquier lugar del mundo y tradición. Por eso, quizás,
su influjo ha sido tan fuerte que hasta quienes lo han criticado y se han,
aparentemente, apartado de la escuela, llevan, sin embargo, su impronta.
Y nadie, hoy día, puede acercarse al mito griego sin que de algún
modo, más o menos consciente, le influyan las premisas estructurales
y el modo de trabajar de esta escuela. Sin embargo, por su obsesiva búsqueda
de 'polaridades', que en muchas ocasiones, además, sólo
existen en la mente del mitólogo, ha llegado a ser muy repetitivo.
Por ejemplo, decir que Edipo representa la polaridad campo-ciudad, no es
demasiado innovador que digamos (v. Bremmer, en Bremmer 1987). Y por su
falta de consideración de la evolución histórica,
ha resultado muchas veces irritante para los filólogos clásicos.
La mejor crítica de conjunto
a la aplicación del estructuralismo a los mitos griegos la realizó,
en mi opinión, B. Vickers, en su magnífico libro de 1973.
Los mejores logros en esta tendencia se producen cuando se acepta parcialmente
su método y se "historiza".
El estructuralismo ha sido aceptado
y desarrollado sobre todo por la llamada "escuela de París". Y,
si bien en estos autores la impronta de
Lévi-Strauss es clara (y todos tienen o han tenido
problemas en definir su relación con respecto al "padre del estructuralismo"),
también lo son otras influencias, como la muy fuerte de la escuela
francesa de sociología, tal como se presenta en los estudios antropológicos
de L. Gernet. Vernant, por ejemplo, debe más a éste, en último
término, que a
Lévi-Strauss y él mismo protesta por la etiqueta
de estructuralistas que se puso a la escuela (Vernant. 1977). Lo mejor
de todos ellos es la gran sensibilidad que poseen para el detalle, que
les permite crear, a partir de una serie de datos, una pintura viva y completa
de un ambiente o un tema, de forma que cautivan nuestro sentimiento y nuestra
imaginación, son estimulantes.
Junto al estructuralismo Lévi-Straussiano,
hay otro tipo de método, independiente de y anterior a Lévi-Strauss,
que ha sido muy influyente y que también ha intentado buscar estructuras
narrativas, patrones del relato: me refiero a los interesantes análisis
de V. Propp sobre los cuentos populares rusos. Sin embargo, ninguna gramática
completa ha sido jamás lograda y, quizá, ni siquiera es posible.
Algunos autores, como por ejemplo Burkert, han señalado ciertos
patrones interesantes que se repiten en los mitos, pero eso es todo.
La teoría de mito-ritual
revisada. Tienen un remoto precedente en la llamada 'Escuela de ritualistas
de Cambridge' con nombres como Jane Harrison (17),
G. Murray, Cornford, etc. Para ellos, en muchos casos, el ritual era lo
originario y el mito un simple aítion, una explicación del
rito (18). Harrison
(y todo el grupo) son, además, en su explicación del ritual
y su significado, herederos de la antropología evolutiva J.G. Frazer,
para quien los rituales eran, básicamente, magia simpática,
realizada para atraer la fecundidad de las cosechas
(19).
Pero, al tiempo que Malinowsky
y los funcionalistas reaccionaban contra la antropología de
Frazer (20), el interés
por el ritual y la conexión de éste con los mitos seguía
vivo en algunos autores de muy distinta procedencia, que centraban sus
estudios en los ritos de iniciación de los adoles-centes. Así,
en Francia, H. Jeanmaire, (1939), o en Italia, A. Brelich (1960-1, 1969)
(21). Aunque esta
metodología sigue atrayendo a estudiosos muy diversos, la
conocemos hoy sobre todo en la obra de su máximo representante,
W. Burkert y algunos de sus discípulos (F. Graf, etc.). Burkert
tiene, en su forma de acercarse al mito, una fuerte influencia de los trabajos
de Propp sobre los patrones del relato; además, concibe el ritual
como una serie de acciones del grupo, que tenían, en principio,
una clara función biológica; cuando el ritual se separa de
su función biológica original, adquiere una nueva función:
la de comunicación entre unos y otros miembros del grupo, la de
darle cohesión (22).
El mito, en la concepción de Burkert, no nace del ritual ni está
forzosamente vinculado a él en origen (los usuarios del método
insisten en reconocer que no podemos saber si el uno se origina en el otro
o al contrario, pues no podemos remontarnos al origen absoluto de ninguno
de los dos. V. Versnel 1990: 59 ss. y Dowden 1992: 105). Ahora bien, el
ritual, es, en términos absolutos, más antiguo, puesto que
el hombre realizaría rituales antes de ser capaz de hablar (los
animales también ejecutan rituales); los mitos son, en cambio, un
producto del lenguaje (Burkert 1979:57). Pero uno y otro, mito y rito,
son dos caras de la misma moneda en definitiva, puesto que ambos expresan
los valores de la sociedad y ambos sirven para dar cohesión al grupo
social.
Este tipo de método puede
ser ilustrativo, en ocasiones, para dar una explicación acerca de
la prehistoria de un mito dado, es decir, de su significación original,
pero no explica la permanente vitalidad e interés del mito en la
sociedad griega clásica. Además, el método implica
muchísima especulación y trabaja demasiadas veces con puras
hipótesis (v. Dowden 1992: 102), ya que, en muchos casos, nuestro
conocimiento de los rituales es nulo, y, es además, casi imposible
que vayamos a averiguar más acerca de ellos. Pero no sólo
eso, pues la pregunta por los orígenes es más compleja y
lleva también a un intento, permanentemente vivo a pesar de sus
reiterados fracasos, de encontrar un origen común para todos los
ritos y mitos: es decir, si éstos se habrían originado en
el neolítico de agricultores (y por tanto, tienen todos, básicamente,
una connotación agrícola, de fertilidad, etc., como creían
Frazer y los ritualistas de Cambridge) o bien en el paleolítico
de cazadores y, por tanto, hacen referencia a la muerte del animal (23).
Dado el momento en que mitos y ritos
se originan, por lo general es preferible dejar de lado la cuestión
de los orígenes. En la tradición griega, por otra parte,
cuando la mayoría de los mitos llegan a nosotros, incluso si originariamente
estaban vinculados a un ritual del Paleolítico, se han independizado
de él y se han convertido en parte del acervo de relatos usados,
sobre todo, por los poetas. Sin embargo --dicen los defensores de
la teoría--, a pesar de ello, cuando encontramos uno de estos mitos
que tiene un paralelo ritual (incluso si del ritual, totalmente perdido,
no sabemos nada) podemos, por la forma en que el relato está estructurado,
reconocer que pertenecía a esta categoría. Esto constituye
ya, de por sí, una interpretación del mito, pues explicará
por qué ha sido construido en la forma en que lo encontramos. Sin
embargo, es una explicación insuficiente, pues no mostrará
en absoluto, todas las posibilidades del relato ni la importancia adquirida
por éste dentro del contexto más amplio de toda una mitología.
Además, no existe, por más esfuerzos que se hagan, una correspondencia
estricta entre mitos y ritos.
Finalmente, los partidarios de esta
metodología, en los últimos años, se han centrado
excesivamente en los ritos de iniciación, que se han convertido
en una especie de panacea. Se ven por todas partes y es casi una manía
compulsiva del momento. Calame (1977), Dowden (1989), Bremmer, F.Graf,
Sourvinou-Inwood (1988), han publicado, siguen publicando, obras sobre
los rituales de iniciación. Buena muestra del interés que
en los últimos años despierta esta vía de investigación
y el uso que de ella se hace, puede ser la tesis de A. Avagianou, "Sacred
marriage in the Rituals of Greek Religion", publicada en 1991 y dirigida
por Burkert. La autora interpreta la historia del matrimonio entre Hades
y Core/Perséfone (el otro hierós gámos sería
el de Hera y Zeus) no como un mito que haga referencia a la renovación
de la vida en la tierra, ni al ciclo estacional y la fecundidad (24),
sino a la iniciación de las jóvenes: Core es convertida en
el prototipo de la novia, transferida de un grupo humano a otro. La autora,
sin embargo, no encuentra en los ritos un apoyo suficiente de su tesis
(25).
La escuela de Roma.
Finalmente, merece una mención,
aunque sea muy breve, la Escuela de Roma, que arranca de R. Petazzoni y
cuyo representante más conocido sigue siendo Angelo Brelich, si
bien son otros muchos los que trabajan en esta línea: G. Piccaluga,
D. Sabbatucci, M. Massenzio, I. Chirassi-Colombo. Dos principios caracterizan
a la escuela, tal como la presenta Brelich (1977: 5): 1) el comparar información
de diversos campos (en especial etnológica, es decir de tradiciones
culturales de todo el mundo) y 2) la necesidad de situar la religión
en un contexto histórico. Con respecto al problema del mito y ritual,
se comportan con bastante libertad (26).
Esta libertad y un notable eclectismo hace que resulte mucho más
difícil percibir en este grupo un carácter de escuela. Muchos
de sus escritos podrían pertenecer, por ejemplo, a Burkert; algo
que difícilmente sucede con las obras de, por ejemplo, Detienne
o Vernant.
Hemos dejado fuera algunas escuelas,
como el psicoanálisis, que siguen produciendo frutos, aunque desde
una posición más bien marginal (27)–
y hemos intentado mostrar en nuestra crítica que ninguna escuela
tiene todas las soluciones, aunque tampoco son, en muchos casos, mutuamente
excluyentes: de hecho, como dijimos, es fácil percibir huellas de
estructuralismo aquí y allí, y también es común
el interés por los rituales (fundamentalmente, de iniciación).
Además de un moderado eclecticismo (que está provocando intentos
teóricos de aproximación entre unas y otras escuelas (28),
se aprecia también, en los últimos diez-quince años,
una tendencia a prestar mayor atención a la evolución histórica,
más atención también a las creencias populares y de
grupos marginales frente a la gran tradición de los poetas, a la
representación de las mujeres en los mitos, a su utilización
política, etc.
Y también, ¡cómo
no! una gran preocupación por el término mismo "mito" y la
realidad que se oculta tra él.
NOTAS
REFERENCIAS
BIBLIOGRAFÍAS

|