| 1.
Probablemente al encontrar en los pueblos examinados por los antropólogos
"mitos" estamos proyectando nuestros propios conceptos sobre la materia,
que arrancan del s. XVIII, como mostró M. Detienne 1981. El término
"mito" ha atraído mucho la atención de los estudiosos desde
que Detienne publicara este trabajo: v. C. Calame 1991, F. Graf 1993a,
donde estudia la creación por Heyne del término mythus, y
R. Martin 1989. Todos tienden a demostrar, desde distintas perspectivas,
la etnocentricidad con que hemos creado y usado el término "mito",
imponiendo sobre otros pueblos y otras culturas nuestro concepto del mismo,
hasta el punto de que Lévi-Strauss, padre de la escuela de ciencia
mitológica que ha pretendido ser más "científica"
en su estudio del mito, se resigna a decirnos que un mito "es percibido
como mito por cualquier lector en cualquier parte del mundo".
2. K.Dowden
(1992: 57): "La mitología griega que nosotros conocemos es un estadio
tardío en una serie de adaptaciones que ha durado milenios. No evolución
ni desarrollo, simplemente cambio... en reacción al entorno social."
3. También
la fábula animal, que tan buen desarrollo logra en Grecia y que
los griegos denominaban con un término específico: ainos.
Pero Aristóteles habla de los "mitos de Esopo" (Aisopou mythoi).
También Filóstrato (Vida de Apolonio de Tiana 5.14) se pregunta
si las fábulas de Esopo, con su simple lección moral no son
los mejores mitos. Y, de hecho, esta es la gran diferencia: una moraleja
clara y simple en la fábula que no siempre encontramos en los mitos.
El mito, como ya vamos viendo, ofrece más una visión global,
compleja, del mundo que una lección moral clara, fácil de
asimilar y de seguir. De ahí que las fábulas animales sean
también mucho más fáciles de inventar (y la larga
tradición de fabulistas lo demuestra claramente). Sin embargo, cuando
una fábula animal carece de esta moraleja su distinción del
mito resulta mucho más difícil. También hay que señalar,
de nuevo, que las fábulas no se ejecutaban en público, no
había una ocasión pública para la celebración
de estos relatos (v. Graf 1993: 8).
4. V.
un interesante estudio de las diferencias entre saga, mito y cuento, en
M. Eliade (1963: 238 ss.).
5. En
algunos casos excepcionales, un héroe se convierte en dios, como
Heracles. También Ino, hija de Cadmo y Harmonía, tras su
muerte humana es transformada en una diosa marina, Leucotea.
6. Cf.
D. Konstan (1991: 15 y n. 9). Pan es, sin embargo, un dios antiguo, vinculado
a Arcadia y Puhvel (1987: 62 ss.) lo estudia desde el punto de vista de
la comparación en el ámbito indoeuropeo, a pesar de que en
mitología griega su figura se haga frecuente sólo en época
helenística.
7. Algunos
de ellos incluso rechazan la inmortalidad, como Odiseo (también
se nos cuenta de Menelao).
8. El
transvestismo de los héroes, como los héroes mismos tiende
a interpretarse hoy día como expresión, en el mito, del ritual
de iniciación de los jóvenes. V. Bremmer 1978, para los héroes
troyanos y Calame 1990.
9. O,
incluso, como afirma un estudio relativamente reciente del tema (Bremmer
1987a: 53), Edipo sería un modelo de cómo no se debe realizar
la sucesión al trono. O, incluso, como también se ha dicho,
una advertencia para no casarse demasiado deprisa, sin considerar bien
antes los inconvenientes que puedan derivarse de la unión.
10. Platón
(Rep. 377c), llama "mitos menores" (para diferenciarlos de los "grandes
mitos", cantados por los poetas y que son los que normalmente estudiamos)
a estos relatos que madres, nodrizas, etc. contaban a los niños.
Esta referencia platónica nos permite entrever que la tradición
era mucho más amplia y comprendía también relatos
en prosa, más libres en el sentido de que la comunidad no ejercía
sobre ellos un control, pues se contarían en privado. Estos relatos
que no se ejecutaban en público, que no eran sancionados por la
comunidad, serían, probablemente, mucho más cercanos al cuento
popular.
11. Junto
a esto hay que considerar el hecho –relativamente frecuente en mitología–
de que dos personajes realmente distintos, por un parecido en los nombres,
intercambien detalles de sus historias, caso que sucede con relativa frecuencia.
Así, por ejemplo, el mítico legislador espartano Licurgo
(Lykourgós) parece deber mucho de su historia a la de Licaón
(Lykáon), cuyo nombre es próximo.
12.
Encontramos, en efecto, un palacio tebano destruido por el fuego en torno
a la mitad del siglo XIV a.C., una reconstrucción, y nueva destrucción
del palacio hacia el 1300 a.C. Podríamos entender que la primera
destrucción se habría debido a los Siete y la segunda a los
Epígonos. Después de esta destrucción, Tebas nunca
recuperó la importancia anterior y eso justifica su no inclusión
en el Catálogo de las Naves homérico.
13.
Los escolios mitológicos homéricos, que denominamos globalmente
con el título de Mythographus Homericus., circularon como libro
independiente en la Antigüedad. Esta obra, que asumiría su
forma definitiva al final del período de Augusto, constituye un
compendio de los mejores comentarios alejandrinos. El libro se copió
como tal hasta el final del imperio romano, y sobrevivó después
en los escolios D y en fragmentos de papiros. El Profesor Franco Montanari
está preparando la edición de esta obra (v. F. Montanari
1995).
14.
De todas formas, el mito parece atestiguado sólo en Grecia, India
Védica y, residualmetne, en Irán. Burkert (1985:217) sólo
invoca el paralelo védico: los Asvin. Esto plantea el problema de
si el mito es propiamente indoeuropeo, o un simple desarrollo de este grupo.
Aunque autores clásicos nos cuentan que los Dioscuros eran también
venerados por los Celtas y Germanos, no sabemos qué clase de interpretatio
estaría actuando tras estas afirmaciones. V. N. Robertson (1991:78-79).
15. Esto,
nótese, vendría a coincidir con los resultados de una línea
de investigación que nada tiene que ver con la mitología
i.e. y me refiero, concretamente, a los estudios de neoanálisis
en Homero que entienden la Ilíada (y la historia de Aquiles) como
modelada, al menos parcialmente, sobre la Etiópide (que contaba
la de Memnón, hijo de Aurora, Eos). V., recientemente, R. Seaford
1994.
16. Una
observación final con respecto a la comparación: tanto la
del marco i.e., como la del Próximo Oriente, me parecen necesarias
y requieren aún más investigación. Sin embargo, conviene
ser muy cautos con una tendencia (¿quizás ya menos fuerte?)
a citar por todas partes tribus africanas como los Anzade o los Dinka,
que han estado muy de moda en los últimos tiempos. Por ej., en Easterling-Muir
1985, se les nombra, al menos, en tres de las contribuciones (cf. la justa
crítica de N. Robertson 1991: 439).
17. Que
establece los principios básicos del grupo en una obra señera,
Themis (1912), donde explica el ritual como acción (drómenon)
y el mito como las palabras que acompañan a esa acción (legómenon).
18. En
esto se oponen a la escuela de mito y ritual de los orientalistas, para
quienes el mito contaba una historia que se representaba en el ritual.
Para hacer justicia a J. Harrison es preciso señalar que ella contempló
otras posibilidades y no llegó a considerar que el mito fuera siempre
una explicación del rito, sino que más bien observó
cómo uno y otro representan los mismos problemas. Al final, Harrison
(y debido a la influencia del sociólogo Durkheim), empezó
a prestar más atención a los rituales sociales (como, por
ej., ritos de iniciación) y se apartó, parcialmente, de la
obsesión de Frazer con los ritos de fecundidad. No obstante, en
sus Epilegomena to the Study of Greek Religion (1921: xlii n.1), amenazó
con explicar el mito de Don Juan como derivado de un ritual de fecundidad.
V. sobre la escuela de Cambridge y las teorías de mito y ritual,
Versnel 1990 y Suárez de la Torre 1995. También puede consultarse
el reciente libro de M. Beard sobre Jane Harrison, que, además de
tratar en profundidad la personalidad de esta autora, refleja bien el ambiente
en que se desarrollaron sus ideas. Beard deja claro, además, que
es erróneo hablar de los”ritualistas de Cambridge” como tal grupo
o escuela. En realidad, los autores que englobamos bajo tal
denominación diferían unos de otros fuertemente en personalidad,
intereses, y posturas científicas.
19. Ritos
y mitos serían el producto de una sociedad Neolítica, ya
agrícola. Distiguía Frazer, además, tres estadios
–magia, religión y ciencia– en la evolución de la Humanidad.
20. Echaban
por tierra sus explicaciones de fertilidad, defendiendo que los mitos
no expresan simplemente el deseo de producir fecundidad en la tierra, sino
también la pertenencia al grupo, tanto como el matrimonio, las reglas
de distribución de tierra, etc.. Los mitos son explicaciones culturalmente
relevantes. El funcionalismo, sin embargo, no intentó explicar la
forma concreta del relato mítico.
21. También
en esos años, los ritos de iniciación estaban atrayendo la
atención de los antropólogos y, finalmente, Vidal-Naquet
publicaba Le Chasseur Noir..., donde sostiene que los jóvenes tanto
espartanos como atenienses eran sometidos a rituales de iniciación
de tipo arcaico en época histórica (v. Vidal-Naquet 1981).
22. Versnel
en Edmunds (1990: 62): "Si consideramos [mito y ritual] a la luz de las
recientes teorías de Burkert, notaremos pronto que se trata de un
fenómeno único con dos aspectos: ambos son 'programas de
acción', ambos tienen un trasfondo biológico,... ambos se
han separado de sus orígenes y ahora sirven ambos como medio de
comunicación y solidaridad".
23. La
posición de Burkert, que se centra prioritariamente en el sacrificio
animal, (subrayando en él, ante todo, la matanza y la culpa que
esta conlleva), y que se ha convertido (o está convirtiéndose)
en la nueva ortodoxia, no deja sin embargo, de recibir críticas.
(v. Burkert, p. ej, 1981:142, y críticas en A. Henrichs 1987:29
ss., N. Robertson 1991, S. Peirce 1993, Scullion 1994, etc.).
24. Frente
a la interpretación tradicional del hierós gámos,
según la cual este tipo de matrimonio sagrado atraería la
fecundidad de la tierra por magia simpática.
25. Otro
buen ejemplo son las actas del congreso de Montpellier 1991 (Moreau, A.,
ed. 1992), dedicado por completo a la iniciación y donde se estudian
desde las iniciaciones en la Ilíada, en el personaje de Telémaco,
en el Filoctetes de Sófocles, etc., hasta la iniciación en
Aristófanes, la iniciación como práctica política,
y Los Trabajos y los Días hesiódicos como poema iniciático.
26. Así,
Brelich prestó gran atención, como dijimos, a los rituales
de iniciación en su Paides e Parthenoi (1969), pero Piccaluga en
su Lykaon (1968) considera que los datos aportados por el ritual
de Zeus Liceo, si bien son importantes, resultan insuficientes para explicar
el mito.
27.
Partiendo de Freud y Jung, el psicoanálisis sigue aún vivo,
aunque su interpretación de los mitos griegos nunca ha logrado verdadera
aceptación entre los clasicistas. En este sentido, las producciones
más destacadas surgieron de la colaboración durante años
entre Jung y Kerényi. También en las muy influyentes obras
de J. Campbell, que ha vuelto a poner de moda el movimiento New Age. Los
problemas que plantean sus interpretaciones son muchos, pues uno tiene
que aceptar, de entrada, conceptos básicos como la existencia efectiva
del "inconsciente", o de los "arquetipos", comunes a toda la especie humana,
que tanto gustaban a Jung, pero cuya existencia no parece posible demostrar;
para ello habrían hecho falta muchísimos más datos
suministrados por la comparación entre culturas que los que Jung
logró reunir. Además, los estudios de este tipo tienden,
por una parte, a dar interpretaciones universales, es decir válidas
tanto para los griegos como para nosotros, sobre el presupuesto básico
de que la mente, la psique humana o lo que sea, forma siempre las mismas
imágenes; pero, por otra parte, sus explicaciones pueden sólo
operar en el campo del individuo, no de la sociedad como tal, a no ser
que introduzcamos el concepto jungiano del "inconsciente colectivo". Finalmente,
ésta, como todas las teorías que tienden a la universalización,
no acaba de convencer a los clasicistas, formados en una ciencia histórica
como es la filología clásica (algo semejante le sucede al
estructuralismo puro y duro). Intentos de realizar un psicoanálisis
más histórico, que considere más los factores culturales
concretos de cada momento se han llevado a cabo. Pero, a pesar de su interés,
a pesar de sus propuestas, a veces brillantes, a pesar de su ingenio, el
psicoanálisis no es un método adecuado para el tratamiento
de los mitos griegos. V. Caldwell (1990: 345): "Los mitos tienen mucho
más en común con los sueños que con obras de literatura
no míticas, como Freud afirmó cuando describió los
mitos como 'los sueños de la humanidad cuando es joven'". Vemos,
pues, que siguen considerando que los mitos nacen en una especie de "infancia
de la humanidad", concepto problemático que ha llevado a hablar
de una 'mentalidad primitiva' o de un 'pensamiento mítico', y que
desprecian la condición de relatos que los mitos poseen y que les
es esencial..
28. V.,
por ejemplo, la propuesta de Caldwell (1990: 366-386), quien propone un
acercamiento entre el estructuralismo y el psicoanálisis.

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