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 BREVE ESBOZO HISTÓRICO DE LA RELIGIÓN ROMANA.2/4
Carmen Barrio de la Fuente
ISBN--9714-101-6
 

LOS ETRUSCOS

La primera época de integración de Sabinos y Latinos fue seguida –probablemente pronto- por una época de dominación etrusca (23), que finalizaría en torno al 510 a.C. Estas fases de la historia nos son conocidas por las leyendas que conservamos sobre la monarquía romana, en la que se habla de cuatro reyes (Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio, y Anco Marcio) y de una dinastía posterior, los Tarquinios (Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio), -etrusca sin lugar a dudas-  que reinó desde c. 625 a c. 510 a.C. Parece éste un lapso de tiempo excesivo, por lo que debieron de existir otros reyes, pero en cualquier caso, la existencia de una dinastía etrusca es indiscutible Los etruscos no constituyeron una pequeña estirpe que se impusiera sobre una población sometida. Ciertamente, se produjo una infiltración tan importante que las comunidades romana y etrusca parecieron fundirse en un conjunto homogéneo. Aunque se habla de la dominación etrusca a partir del 625 a.C., no hemos de olvidar que la tradición menciona elementos etruscos desde los mismos orígenes de la ciudad. Una de las tres tribus constituyentes tenía un origen étnico etrusco y los rituales seguidos por Rómulo en la fundación de la ciudad eran etruscos sin lugar a dudas. 

Los tres reyes etruscos siguiendo el ejemplo de los grandes tiranos griegos, como Polícrates, Periandro y Pisístrato, dedicaron sus esfuerzos no sólo a realizar grandes obras públicas sino también a poner en práctica una política exterior expansionista. El futuro de Roma dependía de su control de la pequeña llanura del Lacio, habitada por más de treinta comunidades de idéntica base étnica y con algunas prácticas religiosas iguales a las de los primeros romanos. La inmigración etrusca en Roma dio un nuevo impulso al movimiento ya iniciado en el siglo VII durante el reinado de Anco Marcio. Bajo los Tarquinos, Roma no sólo conquistó una serie de lugares estratégicos de las proximidades (como Gabi, en la trascendental ruta comercial norte-sur) sino que constituyó también una alianza histórica con los pueblos latinos, conmemorada con la fundación de un templo dedicado a Diana en 1a colina del Janículo en Roma, por parte del rey Servio Tulio, hacia el año 540 a.C. (24). Con este templo se pretendía sustituir el culto federal de Diana en Aricia, en los montes Albanos, practicado por muchas de las tribus latinas y de esta manera afirmar la supremacía de Roma en el Lacio. 

 Pero los etruscos trajeron también consigo elementos de la cultura griega: Sus gobernantes eran etruscos que poseían contactos en zonas muy alejadas de Roma a través del mundo etrusco y griego (25). En la centuria transcurrida entre 650 y 550 a.C., Roma se desarrolló en extensión y aumentó la diversificación de su población. La prosperidad de la ciudad se hace patente en los edificios, templos y casas y en la calidad de los productos importados. 

Afrodita armadaMucho antes que los romanos, los etruscos erigieron un complicado panteón de divinidades antropomórficas, presididas por Tinia, cuyo poder estaba constituido por tres rayos diferentes. Aunque su iconografía parece influida por la escultura griega, la teología es propiamente etrusca y destaca por dos rasgos fundamentales: Se concedía gran importancia al culto a los muertos y el arte de la adivinación estaba muy especializado. La religión etrusca influyó en la antigua religión primitiva de los romanos, que no habían pensado en sus dioses en términos antropomórficos ni habían construido templos para ellos: la trdición afirma que la primera estatua de Júpiter, en terracota, era obra del etrusco Vulca de Veyes (26). Originalmente, la tríada Júpiter-Marte-Quirino era adorada sin estatuas ni templos. Los etruscos sustituyeron esta tríada por una nueva -Júpiter, Juno y Minerva para la cual construyeron un gran templo en el Capitolio, dedicado inmediatamente después de la caída de la monarquía en 507 a.C., y esculpieron magníficas estatuas según los modelos griegos. La sustitución de los paredros masculinos de Júpiter por dos diosas es una prueba de que Etruria concedía mayor importancia al papel de la mujer en la sociedad que los pueblos indoeuropeos. 

De igual forma, los etruscos introdujeron en Roma diferentes usos de adivinación para asegurarse el conocimiento de la voluntad de los dioses. Estas prácticas, como la consulta de las entrañas de los animales (haruspicina) o el vuelo de las aves (augurios, auspicios) se integraron plenamente en las costumbres romanas, aunque con las reservas mencionadas al hablar de los arúspices: nunca pretendieron los romanos alcanzar una información precisa acerca del futuro, sino simplemente intentaron conocer la aquiescencia de los dioses acerca de aquello que querían emprender. Según la tradición, la llegada de los Libros Sibilinos data también de la época etrusca.

Sin embargo, algunos de los aspectos más llamativos de su religión no consiguieron calar en la mentalidad romana. La importancia que esta cultura daba a las creencias sobre el más allá y a la existencia después de la muerte –tema sobre el que desarrolló una amplía y compleja imaginería-, no llegó a impregnar la religión romana, tan pragmática y poco dada a especulaciones. Los Di Manes romanos eran menos substanciales que los etruscos. Cabe preguntarse el porqué de esta renuencia a aceptar elementos escatológicos o metafísicos. La respuesta ha sido apuntada en diversas ocasiones: se debe al carácter político de la religio. Todo estaba sometido al poder del Estado y  el individuo sólo existe en la medida en la que forma parte y está integrado en la estructura social. El vínculo religioso refuerza esa sensación de “pertenencia” al grupo y su fin último es asegurar la buena marcha y el desarrollo de la ciudad.

Pero la influencia etrusca más importante hemos de verla en la estricta definición de ciertas formas rituales de los hechos culturales: fueron los etruscos los más interesados en los rituales de todos los pueblos occidentales de la antigüedad. Aunque se suele retrotraer este establecimiento de los rituales por parte de los historiadores antiguos a épocas de Numa Pompilio, es creencia aceptada que hay que adelantar la fecha de tal establecimiento unos dos siglos más, a la época de la dominación etrusca. Sea como sea, el conocimiento romano de los rituales mantiene una deuda con los etruscos al menos en algunos aspectos del ritual y las ceremonias y –sin lugar a dudas- en el planteamiento decoración y construcción de templos y –como ya señalábamos en su momento- con la aparición de las primeras estatuas de los dioses.

Otro de los aspectos en los que la deuda con los etruscos es innegable, es en la concepción del calendario religioso, por ejemplo, los nombres de los meses Abril y Junio en su forma romana- vienen de Etruria, al igual que algunos ludi.

PRIMEROS TIEMPOS DE LA REPÚBLICA.

Hacia el año 510 a.C., Roma era ya una potencia importante que controlaba un amplio territorio. Según los autores antiguos, concluyó en esa época un tratado con Cartago donde se establecían sus respectivas áreas de influencia (27). El templo de Júpiter Capitolino era el más importante de Italia y bajo los Tarquinos su prosperidad parecía asegurada. Pero, probablemente en 509 a.C., el rey fue derrocado. Ignoramos las razones que provocaron esta gran revolución, pero parece que no se trató de un movimiento contra la población etrusca de Roma como tal -que era ya muy numerosa y se hallaba ya perfectamente integrada, y que además continuó siendo un elemento dominante de la sociedad- sino más bien, pudo tratarse de un fenómeno social. La era de los tiranos ya había pasado y no es mera coincidencia el hecho de que el hijo de Pisístrato fuera exiliado de Atenas en el año 510 a.C.  Para sustituir al rey se instauró una magistratura dual, de elección anual, el consulado. En el plano religioso, apareció la figura del rex sacrorum, -del que ya hemos hablado en el apartado de los sacerdotes romanos- que heredó las funciones litúrgicas del antiguo rey . Sin embargo, el papel de este rex en la vida ciudadana fue disminuyendo su importancia. Sin sus reyes, Roma perdió su fuente última de autoridad religiosa, lo cual condujo a los enfrentamientos de patricios y plebeyos, que iniciarán una rivalidad política y económica que durará siglos y que –evidentemente- tendrá repercusiones en la vida religiosa. En principio, sólo los patricios tendrán derechos religiosos –en realidad sólo los patricios tenían derechos y privilegios-; los plebeyos tenían sus propios sacra pero regulados por el Pontifex patricio. Hasta el año 300, con la lex Ogulnia, los plebeyos no accederán a los puestos de los colegios sacerdotales y ni siquiera alcanzarán el derecho a entrar en todos ellos –el rex sacrorum, los flamines mayores y los salii seguirán siendo patricios. Los plebeyos intentan compensar este desequilibrio religioso con sus propios cultos: se erigen los templos de la tríada “plebeya” Ceres-Liber-Libera  cerca del circo Máximo (493 a.C.) y el de Cástor en el Foro (484 a.C.), pero curiosamente, ambos son construidos por el voto de un patricio, el dictador A. Postumio. En cualquier caso, la historia nos trasmite el origen “extranjero” de ambos cultos. El templo de la Tríada Aventina es consecuencia de la consulta de los Libros Sibilinos y Cástor fue “evocado” durante la guerra latina. 

Además de los factores internos, los elementos exteriores también dejaron huella en la religión romana republicana. Aunque según la tradición, los etruscos fueron expulsados a principios del siglo V a.C., las relaciones con la cultura etrusca se siguieron manteniendo pero aparece un elemento nuevo: las relaciones con los griegos por la ciudad de Cumas, que aprovisionaba a Roma de grano en épocas de carestía. Este contacto cultural y económico influyó en la construcción de templos en la Urbe de estilo griego, y empezaron a absorber algunas costumbres religiosas helénicas. Estas innovaciones parecen contrastar con la afirmación del profundo conservadurismo de la religión romana, pero son simplemente la prueba evidente de la naturaleza antitética de la religión: la tradición permanece inalterada bajo el rígido control del Pontifex, pero este conservadurismo estaba compensado con una actitud de apertura, para evitar el riesgo de petrificarse: los viri sacris faciundis estaban encargados de vigilar la introducción de dioses extranjeros, llegada que solía tener lugar en épocas de crisis; ante nuevas situaciones, si las prácticas tradicionales no resultaban efectivas, el pragmatismo romano hacía que se buscasen soluciones en el exterior. Sabemos que desde tiempos pretéritos –aunque no esté evidenciado su uso hasta el s. III a.C.- los romanos practicaron la evocatio -como hemos mencionado en el caso de Cástor-, ritual para invitar a las divinidades protectoras de las ciudades a las que atacaban a abandonar sus hogares y emigrar a Roma. 

En una emergencia en el 399 a.C., Roma importa un ritual griego, el lectisternio –mencionado con anterioridad- y en el mismo siglo, para alejar las pestilencia se introduce la supplicatio, procesión en torno a los templos y se postraban a la manera griega. Esta costumbre se extendió posteriormente a la celebración de las victorias. Importante también es el hecho de la aparición de un “rito griego” –en el que el sacerdote realiza la ofrenda con la cabeza descubierta y coronado con laurel y en su plegaria no se mencionan otras divinidades- frente al rito romano, en el que el sacerdote tienen la cabeza velada y está prescrita una invocación a las demás divinidades. El rito griego suele realizarse en las ceremonias de las divinidades que mantuvieron sus rasgos de origen a pesar de la romanización, como es el caso de Hércules. También son pertenecen al ritus graecus los Ludi Saeculares, instituidos en el 249 a.C .

Dos serán las vías de introducción de nuevas divinidades en Roma. La evocatio y la consulta de los Libros Sibilinos. La única limitación que se impone en la entrada de estos nuevos dioses es que sus templos deben situarse fuera del pomoerium de la ciudad. Por el rito de la evocatio(28)  llegaron a Roma -además de los Dioscuros- Juno Regina en el 396 a.C. desde Veyes(29)  al Aventino, Vertumno desde Bolsena en el 264 a.C.  y todos los dioses cartagineses en el 146 a.C. (30).

Los Libros Sibilinos propiciaron no sólo la construcción del templo de la Tríada Aventina, sino también la llegada de otros dioses. El santuario de Apolo Medicus (31) fue edificado en el 431 a.C. en los Campos Flaminios a consecuencia de una epidemia (32); Esculapio, dios de la medicina, llegó desde Epidauro en el 293 a.C. a una isla del Tíber. Atención especial merecen las diosas Cibeles y Venus Ericina, llegadas ambas a consecuencia de las guerras púnicas. A Venus Ericia, por indicación de los Libros Sibilinos, se le construyó un templo en el Capitolio 217 a.C. y Magna Mater Idaea –Cibeles- fue traída desde Pesinunte a la cima del Palatino en el 204 a.C. Su presencia en el pomoerium quedaba justificada por los antecedentes troyanos de las diosas. La incorporación de la leyenda troyana, conocida por los etruscos sin lugar a dudas desde finales del siglo VI a.C., pone de manifiesto el sincretismo que ha tenido lugar en la religión romana, tan ajena en su origen a la mitología griega. 



23. Sea cual sea el verdadero origen de los etruscos - hay quien los considera un pueblo indígena o quien les hace proceder del Asia occidental tras el colapso de los imperios micénico e hitita- sabemos que es un pueblo que se dedicó a la agricultura y al comercio.
24. En la época clásica se conservaba todavía una inscripción muy antigua que registraba la fundación de este templo, pero no se ha realizado todavía la excavación del yacimiento para precisar la fecha de su construcción.
25. En Roma se han hallado vasos griegos e incluso existe una tradición -que no ha de ser necesariamente falsa- de que Roma consultó el oráculo de Delfos en una ocasión antes de que finalizara el siglo VI.
26. Plinio, NH 35,157.
27. La existencia de ese tratado no es en absoluto inverosímil. dado que recientemente se han descubierto en Pirgi,  puerto de la ciudad etrusca de Ceres, una serie de tablillas de oro, escritas en etrusco y en fenicio-púnico y que datan de la misma época.
28. Macrobio, Sat. 3,9, 6-12 nos trasmite la fórmula de este ritual: Est autem carmen huiusmodi quo di evocantur, cum oppugnatione civitas cingitur: si deus si dea est cui populus civitasque carthaginiensis est in tutela, teque maxime, ille qui urbis huius populique tutelam recepisti, precor venerorque veniamque a vobis peto ut vos populum civitatemque carthaginiensem deseratis, loca templa sacra urbemque eorum relinquatis absque his abeatis,  eique populo civitati metum formidinem oblivionem iniciatis, proditique romam ad me meosque veniatis, nostraque vobis loca templa sacra urbs acceptior probatiorque sit, mihique populoque romano militibusque meis praepositi sitis ut sciamus intelligamusque. si ita feceritis, voveo vobis templa ludosque facturum.
29. Livio 5,21,3.
30. Basanoff 1945; Dumézil 1954 b, 45-48.
31. Gagé 1955, 158-167.
32. Livio 4,25,3; id. 40,51,6.