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Orfeo. El poder encantador de la música y la palabra. 3/ 3

 

Francesc Casadesús Bordoy

Universidad de las Islas Baleares

 


El modo de vida órfico.

                 Los órficos, para conseguir mantener el alma purificada y poder evadirse del ciclo de las reencarnaciones, propugnaron una vida ascética con una dieta que, como sugiere Eurípides en el Hipólito, evitaba consumir seres animados. Un buen ejemplo nos lo ofrece Teseo al reprender de este modo a su hijo Hipólito a quien acusaba de ser un falso órfico:

 

“Y ahora presume y engaña alimentándote de cosas inanimadas. Con Orfeo como señor, haz de bacante honrando una vacuidad de muchos libros”.[1]

 

 Platón confirmó en las Leyes que el modus vivendi órfico, el bíos orphikós, se caracterizaba por consumir todo tipo de seres inanimados y de abstenerse del consumo de los animados:

 

“cierto modo de vida que llamamos “órfico”, ajustándose a todo lo inanimado, se abstiene, por el contrario, del consumo de todos los seres animados”.[2]

 

Asimismo, Heródoto informa que quienes participaban de los ritos órficos no podían entrar en los templos ni ser enterrados con vestidos de lana[3] y Aristófanes insistió en la orden órfica que prohibía, en consonancia con la prescripción de mantener impoluta el alma, el derramamiento de sangre:

 

“Orfeo nos enseñó  las iniciaciones y a rechazar los asesinatos”. [4]

 

Es obvio que todas estas normas rituales estaban orientadas a evitar que el alma se “manchase” con el contacto con la sangre y manifiestan la exigencia de pureza que imperaba en el círculo de los seguidores de Orfeo. Muchas prohibiciones semejantes fueron adoptadas también por los pitagóricos.

  

 

                 El significado secreto de las palabras

Prácticamente todos los rasgos que caracterizan el mito de Orfeo conocieron una interpretación alegórica y racional merecedora, en cada caso, de un análisis más  pormenorizado. Baste apuntar al respecto que la capacidad de Orfeo de dominar mediante la música a los seres irracionales de la naturaleza fue interpetada como el triunfo de la civilización sobre la humanidad primitiva.[5] 

                  Para completar el panorama de las diversas facetas que tuvo el orfismo en la antigüedad, nos interesa finalizar esta cuestión aludiendo a otra de las derivaciones surgidas del poder sobrenatural de su voz. Ya hemos visto como algunos magos justificaron sus encantamientos apoyándose en el poder que contenían los libros de Orfeo para dominar la voluntad de los dioses y que extendieron  a su capacidad de guiar ellos mismos las almas de los muertos mediante lo que denominaban iniciaciones.

                 Es, asímismo, muy significativo que el poder de la palabra de Orfeo se hubiese abordado también desde una perspectiva más razonada y “filosófica” en el ámbito de los ambientes más cultos del orfismo.

                 Así, es muy probable que la naturaleza cautivadora de los poemas órficos atrajese la atención de algunos círculos órficos, que creyeron en la existencia de alguna fuerza oculta en las palabras de Orfeo que las hacía especialmente  atractivas y encantadoras, con capacidad, en cualquier caso, de influir en la naturaleza.. Esta convicción habría llevado a algunos seguidores de Orfeo a investigar en qué consistía el poder de su palabra. Se originó así la creencia de que sus palabras tenían un significado profundo que la mayoría de los hombres desconocía porque tan sólo se fijaba en el sentido superficial y aparente de los conceptos. De este modo surgió un nuevo método de análisis que consistía en el análisis etimológico de los vocablos utilizados por Orfeo en sus poemas. Es, precisamente, en este análisis exegético de la poesía órfica donde hay que situar la transición de la exposición poética y mítica al estudio racional de esas mismas palabras. Un paso del mito al logos que surge como necesidad de explicar la poesía órfica como algo más que la sucesión de unos versos más o menos míticos y fantasiosos. A partir de la certeza de que los poemas órficos contenían un significado profundo que iba mucho más allá que el simple sentido poético, algunos seguidores de Orfeo se obstinaron en demostrar que los versos de Orfeo tenían un significado esotérico, desconocido para la mayoría de los hombres. Conviene analizar ahora brevemente  algunos de los momentos más relevantes de este “paso” que, en los ambientes órficos, elevó a Orfeo de la categoría de un simple autor poético de cosmogonías y teogonías, a la creencia de que sus palabras contenían un “logos” secreto, una verdad profunda, que tenía que ser descifrada con una precisa técnica exegética.

                 El azar ha querido que conozcamos algunos de estos procedimientos de primera mano, gracias al descubrimiento del denominado Papiro de Derveni. En este documento se observa el modus operandi de un anónimo exégeta de un poema órfico que presenta el desvelamiento del verdadero significado de las palabras órficas como una iniciación a  la que muy pocos podían acceder. Su alusión a que son muchos los hombres que no comprenden el verdadero significado de las palabras de Orfeo y muy pocos los que las entienden es constante y recuerda a afirmaciones semejantes realizadas por Heráclito.

                 Nos interesa resaltar ahora tan sólo algunas de sus afirmaciones para comprender aún mejor la consideración que llegó a tener Orfeo en los círculos órficos. Así, el anónimo comentarista afirma que Orfeo se expresó enigmáticamente para que no todos los hombres pudieran entenderlo. Asímismo, considera que Orfeo fue el verdadero creador de las palabras y que por ello las denominó de la manera más bella posible, porque conocía la verdadera naturaleza de las cosas:

 

(Orfeo) “nombró todas las cosas de la manera más bella que pudo, conociendo la naturaleza de los hombres, que no todos tienen la misma ni quieren las mismas cosas”.[6]

 

La precisión con que Orfeo denominó las cosas, según el autor del papiro, consistió en que lo hizo “a partir de aquello que más predomina en ellas”. Es decir, en la polémica antigua, plasmada por Platón en el Crátilo, sobre si las palabras deben su significado a la convención humana o lo reciben por naturaleza, Orfeo se habría regido por la segunda explicación. Esto explicaría su facultad de expresar con mayor precisión la esencia de las cosas y el dominio directo de su voz y palabra sobre ellas. El papiro de Derveni demuestra que la iniciación órfica no consistiría más que en introducirse en el conocimiento del significado oculto de las palabras, lo que permitiría acceder al iniciado a un conocimiento secreto que le permitiría, como a Orfeo, dominar las cosas que esas mismas palabras denominan.

                 De este modo, el miembro iniciado de la secta órfica se caracterizaba, como ocurre con el anónimo autor del papiro de Derveni, por su capacidad de descifrar etimológicamente los enigmas encerrados en el logos órfico, el único que podía, según esa doctrina, desvelar la verdadera esencia de las cosas.

 

 

 

Dioniso-Orfeo.

                 Para acabar este trabajo, y a modo de apéndice, cabe mencionar brevemente algo que ha ido sugiriéndose a lo largo de la exposición: las posibles relaciones existentes entre el dios del vino, Dioniso, y Orfeo. A pesar de que este tema ha sido motivo de controversia y que el tema desborda los límites fijados en este trabajo, lo cierto es que recientes descubrimientos arqueológicos han corroborado la existencia de estrechas conexiones entre ambas religiones, tal como ya había sido advertido, por ejemplo, por Heródoto al identificar los ritos órficos y los pitagóricos en el pasaje anteriormente mencionado sobre la prohibición de llevar vestidos de lana[7]. Recordemos las tablillas mencionadas más arriba, que ponen de manifiesto la existencia directa de esos nexos.

a)  Vida-muerte-vida

                 verdad

Dioniso-órficos.

 

b) Dioniso,

                 mentira-verdad,

                 cuerpo-alma.

 

Otros muchos testimonios literarios insisten en presentar a Dioniso como el “dios liberador” de los órficos, resaltando, como hiciera Platón en las Leyes mediante una enigmática expresión, la “naturaleza Titánica” del hombre[8]. Se ha querido ver en ello una alusión al mito del despedazamiento de Dioniso por parte de los Titanes, hecho que, a pesar de las dificultades por datar su antigüedad, habría conformado el eje de la doctrina órfica.

                 Para acabar, recordemos sucintamente en qué consistió este relato mítico descrito en las Rapsodias órficas. Dioniso nació de Zeus y Kore en Creta. Zeus anunció a los demás dioses que su hijo Dioniso sería su sucesor en el trono. Pero los Titanes, celosos por esta noticia, atrajeron con diversos objetos (un espejo, manzanas, una peonza, etc) la atención del niño dios. Cuando estuvo en sus manos, los Titanes lo descuartizaron en siete partes que primero hirvieron y luego asaron y, finalmente, comieron. Sin embargo, Atenea pudo rescatar aún vivo su corazón, que presentó a Zeus en un casco. Zeus, indignado ante tal fechoría, descargó su rayo sobre los Titanes para hacerlos desaparecer de la faz de la tierra. De las cenizas humeantes surgieron los hombres, formados de dos partes, una mortal y titánica, el cuerpo, y otra inmortal y divina, la procedente del dios Dioniso.

                 Sin entrar ahora sobre la cuestión de si el origen de esta historia es tardío, de época helenística, o si fue una simple trasposición del mito egipcio de Osiris, lo cierto es que de nuevo se pone de manifiesto cómo entre los ambientes órficos se acabó conformando, a partir del mito, una explicación antropológica que encajaba perfectamente con la visión dicotómica del hombre, entendido como compuesto de soma y sema, cuerpo y alma. Hecho que se asoció a un antiguo castigo que los hombres debían expiar (¿el asesinato de Dioniso?) si querían liberar su alma de la tiranía de su cuerpo titánico.

                 Sea como sea, la conversión de este mito en un logos, en este caso un relato antropológico, vuelve a demostrar que los órficos conformaron una secta cuyos principios doctrinarios y religiosos se fundamentaban en las palabras míticas que ellos se esforzaron por interpretar alegórica y racionalmente, más allá de lo que la lectura superficial del relato permitía saber a la mayoría de los hombres. El verdadero iniciado órfico se caracterizaba, pues, por saber reconocer en las palabras y los mitos relacionados con Orfeo el poder fascinador de su maestro y los misterios a los que sólo él tuvo acceso.       

 

 



[1] Eurípides, Hipólito 952-954.

[2] Platón, Leyes 782 d.

[3] Heródoto II 81.

[4] Aristòfanes, Las Ranas 1032.

[5] “Il mito, che nel corso del tempo ha cosí assunto tratti sempre piú fantastici, a volte nell´antichità conobbe anche interpretazioni allegoriche. Gli animali selvagi, gli alberi e le pietre venivano considerati come simbolo di un´umanità primitiva, rozza e priva di cultura, cui Orfeo, cantore saggio e veggente al tempo stesso, avrebbe aportato la religione e la civiltà”, Chr. Riedweg, I Greci, p. 1278, Roma, 1996

[6] Papiro de Derveni, col.  XXII 1-3. Siglo V a. C.

[7] Heródoto II 81.

[8] Platón, Leyes 701c.

 

 PITÁGORAS: LEGENDARIO FUNDADOR DE LA PRIMERA SECTA FILOSÓFICA.