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Asímismo, se
impusieron diversos preceptos con una fuerte carga simbólica y que,
precisamente, fueron conocidos como symbola.
Recordemos algunos de ellos:
A) Abstención de comer
habas. Se ha discutido mucho el sentido de esta prohibición. Entre otras
posibles explicaciones se ha sostenido que debían abstenerse de consumirlas
porque se asemejan a los genitales, a las puertas del Hades, su forma recuerda
a un feto humano, son flatulentas, producen la enfermerdad conocida como
“favismo” o, incluso, una alusión a no participar en sorteos ni
votaciones de la oligarquía en los que se utilizaban habas para
contabilizarlos.
B) No recoger lo que ha
caído de la mesa. Probable alusión a comer con moderación.
C) No remover el fuego
con un cuchillo. Probable alusión a la exigencia de no excitar el orgullo de
los poderosos.
D) Borrar la marca de
la olla en las cenizas.
E) No sentarse sobre el
cuartillo. Probable advertencia a estar siempre atento al porvenir, pues el
cuartillo, la cuarta parte de un celemín, equivale a la ración de consumo
diario.
F) No ponerse ningún
anillo con una figura de un dios. Probablemente para no mancillarla.
G) No tener golondrinas
en casa. Probable recordatorio de que hay que evitar la habladuría.
H) No orinar sobre los
recortes de las uñas y pelos cortados.
I) Hacer la cama al
levantarse y no dejar en ella la marca del cuerpo. Posible alusión a la
necesidad de estar siempre dispuesto a viajar.
J) Tocar agua cuando
truena.
K) Quien ha salido al
extranjero, que no retorne a la propia frontera. Alusión probable a quien está
a punto de morir para que no se aferre a la vida ni se deje llevar por los
placeres.
L) No transitar por los
caminos públicos. Consejo que puede interpretarse como una invitación a
evitar los lugares frecuentados.
M) No hablar sin luz.
Probable alusión a la exigencia de hablar siempre con entendimiento.
N) No ayudar a
descargar una carga. Alusión a que nadie ha de fomentar que los otros eviten
el esfuerzo.
3-
Una estructura organizada que exige: a) reuniones frecuentes; b) algún
tipo de propiedad comunal o cooperativa:
Las reuniones no sólo eran frecuentes, sino que se las puede
considerar permanentes. La vida pitagórica giraba alrededor de la vida
comunitaria que, además, exigía que las propiedades particulares fuesen
entregadas a la comunidad. Es muy conocido el aforismo pitágorico, repetido
por autores como Platón y Aristóteles, que sostenía que “las cosas de los
amigos son comunes”. De hecho, Pitágoras obligaba a los miembros de la
comunidad a renunciar a sus bienes y a entregarlos a la colectividad:
“Cuando se le acercaban los jóvenes que querían convivir con él, no los
admitía inmediatamente, sino que, decía, era necesario que los bienes fuesen
comunes a todos”;
“(sc. Pitágoras) fue el primero que dijo que las cosas de los amigos son
comunes y que la amistad es igualdad y que sus discípulos tenían que unir
sus fortunas. Durante cinco años guardaban silencio, tan sólo escuchaban los
discursos, y nunca veían a Pitágoras hasta que aprobaban el examen; desde
aquel momento se convertían en miembros de su casa y podían mirarlo”.
Para entender el interés de Pitágoras en “unificar” los bienes de los jóvenes
conviene recordar que sus fortunas pasaban a formar parte del patrimonio de la
secta, que debía de ser cuantioso dado que los jóvenes pertenecían a las
familias más ricas y poderosas del sur de Italia.
4-
Un alto grado de integración espiritual de todos los miembros basado en
a) el principio de autoridad, ya sea de un líder carismático o una sagrada
escritura con una interpretación particular; b) un fuerte división, hostil en muchas ocasiones,
que crea una severa distinción entre los “internos” y los
“externos”, entre el “nosotros” de quienes conforman la secta, en
oposición al “ellos” de quienes no forman parte de la misma; c) reacción
implacable contra los apóstatas que se separan de la secta, que adquieren la
categoría de traidores a los principios vertebradores de la secta. La
integración espiritual de la comunidad pitagórica se deduce de la imposición
de los preceptos ya mencionados, de la doctrina impartida sobre la
inmortalidad del alma y sus consecuencias y de la existencia de un modo de
vida pitagórico. Por lo que respecta al principio de autoridad es obvio que
giraba alrededor de la figura de Pitágoras. El principio de autoridad pitagórico
exigía la eliminación de cualquier opinión divergente: “(sc Pitágoras)
eliminó de raíz la sedición, la discordia, la división de opiniones, no sólo
entre los parientes, sino también entre los descendientes”.
Su autoridad era tan incuestionable que todo lo que decía fue aceptado acríticamente
con la fórmula proverbial autós épha,
“él lo ha dicho”. Sobre la
existencia de un libro doctrinal no se sabe nada con seguridad. Sin embargo,
algunas fuentes aluden a un hierós lógos,
un “relato sagrado” pitagórico, que habría contenido la doctrina ritual
pitagórica con fuertes influencias órficas.
Jámblico explicó los castigos que tenían que padecer quienes eran
expulsados de la secta. Para empezar, todos
aquellos que, tras haber convivido cinco años con ellos no eran considerados
dignos, por su falta de inteligencia, de seguir en la comunidad, eran
considerados muertos y se les levantaba una tumba. Si se topaban con ellos en
la calle disimulaban o los tomaban por otra persona, porque, según ellos, el
antiguo miembro de la secta “estaba muerto”: “Si eran rechazados recibían
el doble de fortuna de sus antiguos compañeros, se les levantaba un monumento
sepulcral y, si se topaban con ellos, era como si se encontrasen con otras
personas y decían que los que ellos habían conocido estaban muertos,
aquellos a quienes habían
formado con la esperanza de que fuesen hombres de bien para las ciencias. Creían
que los que eran lentos par aprender tenían sus órganos defectuosos y eran
imperfectos e infecundos”.
5-
Estabilidad diacrónica, es decir, las sectas tienen tendencia a
perpetuarse en el tiempo. La secta pitagórica, como consecuencia de las
relaciones entre los miembros de ambos sexos, fomentó la procreación, por lo
que garantizó su continuidad desde dentro y perduró durante muchas
generaciones, incluso después de su diáspora por toda Grecia.
6- Movilidad geográfica de los miembros que facilita la extensión de la
secta a otras sedes. En casi
todas las ciudades del sur de Italia y Sicilia se fundó una escuela pitagórica
controlada, en un principio, por el propio Pitágoras. Tras la disolución de
las mismas, se desplazaron a Grecia.
7-
Estricta jerarquía entre los miembros establecida a partir de la antigüedad,
conocimientos o responsabilidades de los mismos.
La jerarquía entre los miembros era inevitable en una secta en la que
imperaba el silencio y el secretismo. Se sabe, por ejemplo, que había
lecturas comunes en voz alta de textos en las que los más jóvenes leían
siendo corregidos y adoctrinados por los más viejos. Después de la cena era
costumbre que el más joven leyese y que el más viejo indicase qué tenía
que leer y cómo. Asímismo se conoce la existencia de administradores o
“tesoreros” encargados de la adminitración de todos los bienes
comunitarios.
Pero la distinción más conocida de la secta es la que diferenciaba
entre “acusmáticos” y “matemáticos”, que, entendida en sentido
etimológico, equivaldría a “oyentes” y “conocedores”. La división
se fundamentó en el grado de conocimiento al que podían acceder los
miembros: los matemáticos eran los que llegaban más al fondo de todos los
saberes impartidos en la escuela. Los acusmáticos, en cambio, tan sólo
llegaban a los conocimientos más superficiales, sin ninguna profundización
rigurosa: “La enseñanza era doble. Algunos de los que ingresaban eran
denominados “matemáticos” y otros “acusmáticos”. Matemáticos eran
aquellos que se compenetraban más a fondo y eran instruidos con rigor sobre
los fundamentos del conocimiento. Los “acusmáticos”, en cambio, se
limitaban tan sólo a las enseñanzas compendiadas en los libros, sin una
descripción rigurosa”.
Otros testimonios relacionan la distinción en función de la edad y la
disponibilidad para aprender: “Pitágoras llegó de Jonia y Samos en la época
de la tiranía de Polícrates, cuando Italia estaba en su mejor momento y los
dirigentes de las ciudades entablaron amistad con él. Ahora bien, Pitágoras
empleó términos sencillos para hablar con los hombres más viejos que, entre
ellos, estaban ocupados en asuntos políticos, porque resultaba difícil enseñarles
por medio de demostraciones científicas. (…) Pero a los jóvenes con que se
encontró, a aquellos que eran capaces de hacer algún esfuerzo por aprender,
les enseño por medio de pruebas científicas y
matemáticas. Por esto ellos mismos dicen que de unos proceden los
“matemáticos” y de los otros los “acusmáticos”.
Esta división se sintió en la escuela como una especie de distinción
elitista, pues, si bien los matemáticos admitían que los acusmáticos eran
pitagóricos, sostenían que ellos lo eran mucho más y que sus conocimientos
eran los verdaderos.
8- Aceptación de miembros de los dos sexos con el fomento de las
relaciones sexuales y consiguiente procreación
para garantizar la perpetuación “familiar” e interna de la secta. Una
característica básica de una secta, que la hace prácticamente
indestructible, es la cohesión “familiar” mediante la relación
sentimental y sexual de sus miembros. Esto implica la aceptación de
componentes de los dos sexos y el fomento de la procreación. Desde su
nacimiento, los niños son adoctrinados de
acuerdo con las normas del grupo. Se consigue así una estructura muy sólida,
con la que, junto con la comunidad de bienes, se asegura la cohesión
incondicional de todos los miembros. De este modo, la secta se cierra en ella
misma al tiempo que se perpetúa desde “dentro”, sin la intervención de
elementos externos y perturbadores.
9-
Captación de jóvenes inexpertos que serán adoctrinados en los
principios fundamentales de la
secta. Los testimonios antiguos remarcan el prestigio que Pitágoras gozó
entre los jóvenes. La presencia masiva de jóvenes garantiza el
adoctrinamiento y el futuro de la secta.
La conclusión de este somero repaso a las principales características
de la comunidad pitagórica es que existió, desde un principio, una declarada
voluntad de definirse como un grupo secreto, con un modo de vida propio que
hacía sentir a sus componentes que eran distintos de los demás. La
estructura de la denominada “escuela pitágorica” puede ser definida como
la propia de una secta, pues cumplía todos los puntos que hoy en día
caracterizan a una organización sectaria. Sin embargo,
y una vez respondida esta cuestión, se suscitan algunos aspectos de
singular interés que pueden contribuir a comprender mejor el final de la
secta pitagórica en Italia y su posterior diáspora y disgregación por toda
la Grecia peninsular.
Pitágoras llegó a a adquirir un poder y una influencia política
inmensa en el sur de Italia. El hecho de que fuese tan bien recibido por las
clases dirigentes, que le confiaron a sus mujeres e hijos, facilitó su
introducción en los círculos de poder. Gradualmente, Pitágoras fue
influyendo en el sistema político. Hay indicios suficientes que permiten
intuir que las comunidades pitagóricas, las hetaireiai,
concedieron gran importancia a la organización política de las ciudades
italianas. De hecho, algunas fuentes muestran que Pitágoras intervino en
decisiones políticas en el ágora, como, por ejemplo, para defender a los
aristócratas que se habían refugiado en Crotona huyendo de Telis, el
caudillo del partido popular de la ciudad de Síbaris. La asamblea de Crotona,
amenazada por Telis, estaba dispuesta a entregar a los exiliados, pero, a
causa de la intervención de Pitágoras, decidieron finalmente no hacerlo.
Asímismo, Pitágoras también debió de dejar sentir su influencia en
el terreno económico, hasta el punto de haber sido considerado el responsable
de la primera acuñación de moneda en Crotona. La confluencia de todos estos
aspectos, control férreo y doctrinario de la secta y sus poderosas
influencias políticas y económicas, hicieron de Pitágoras un personaje muy
poderoso, que movía los hilos de la sociedad itálica. Esta situación debió
de durar unos veinte años, a lo largo de los cuales Pitágoras extendió su
poder desde Crotona a las ciudades vecinas. Muchos de los cargos dirigentes de
estas ciudades fueron ocupados por pitagóricos.
Esta posición levantó recelos, suspicacias y envidias. El carácter
secreto y extraño de la doctrina no podían más que despertar las sospechas
de quienes se sentían excluidos de la secta. Parece que éste fue el caso de
Cilón, un ciudadano de Crotona de clase alta que, ofendido por no haber sido
aceptado en la secta, incitó a los ciudadanos a una revuelta contra ella.
Esta llamada encontró el camino abonado también entre las clases populares
que estaban en contra del aristocratismo intelectual, político y económico
de las hetaireiai pitagóricas. Es
muy posible que las clases populares se sintiesen excluidas y humilladas por
una actitud que debieron de considerar llena de soberbia y aires de
superioridad. Evidentemente, el esoterismo y secretismo de la secta no ayudó
a mejorar la fama de Pitágoras entre quienes se sentían excluidos. No se
debe descartar, asímismo, como lo demostraría el caso de Cilón, que a este
descontento se uniese el odio de los no aceptados y de los expulsados de la
secta, que en aquella época, tras veinte años de implantación, podían ser
muchos.
Sea como sea, el hecho es que la conspiración de Cilón significó que
muchos pitagóricos muriesen asesinados y el comienzo de una hostilidad contra
los pitagóricos que se extendió por las restantes ciudades itálicas. En
este punto las fuentes divergen mucho, pero es muy probable que también Pitágoras
tuviese que huir. Según alguna versión se refugió en Metaponto, en donde
habría muerto de hambre escondido en el templo de las Musas de esa ciudad.
Otras fuentes cuentan que fue atrapado al toparse con un campo de habas que no
se atravió a atravesar. La rebelión de Cilón se produjo a finales del siglo
VI o principios del siglo V a. C. y no representó más que una
desestabilización temporal de la secta pitagórica, que continuó sus
actividades en el sur de Italia unos 40 ó 50 años más. Pero a mediados del
siglo V a. C. explotó, con mayor virulencia, otra rebelión antipitagórica
que arrasó sus casas y centros de reunión y acabó con la vida de los pitagóricos
más significados.
Por último: ¿qué sucedió con la secta? Las fuentes reconocen que la
muerte del maestro fue un golpe durísimo y que muchos de los conocimientos
secretos y simbólicos se perdieron porque los pocos sucesores que quedaron
fueron incapaces de recordarlos o interpretarlos correctamente. Sin embargo,
la estructura familiar de la secta permitió la supervivencia de lo que
quedaba de la misma. Los supervivientes es sintieron obligados a salvar la
“filosofía” pitagórica de la catástrofe y, así, decidieron reunir y
recopilar las memorias y recuerdos que tenían de aquellas enseñanzas. Asímismo,
conjuraron a sus familiares a que, después de su muerte, conservasen aquellos
escritos en secreto sin entregarlos a nadie. Las familias pitagóricas
respetaron el mandato durante muchos años transmitiendo la misma recomendación
a sus sucesores: “(sc. los Pitagóricos) aislados y desanimados por lo que
había sucedido, se dispersaron cada uno por su lado, rechazando la compañía
de los hombres y tomando la precaución de que el nombre de la filosofía no
desapareciese del mundo y, así, no se hiciesen enemigos de los dioses.
Reunieron unas breves memorias y recopilaron los escritos de los antiguos y
sus recuerdos y los dejaron en el lugar en que a cada uno le sorprendió la muerte, conjurando a sus
hijos, hijas y esposas a que no los entregasen a nadie ajeno a la familia. Las
familias mantuvieron esta actitud durante mucho tiempo, transmitiendo la misma
recomendación a sus descendientes”.
De esta manera, gracias a la férrea estructura de la secta pitagórica
y al secreto impuesto por Pitágoras, su filosofía fue preservada, al menos
de forma parcial, de la destrucción.

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