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PITÁGORAS:  LEGENDARIO FUNDADOR DE LA PRIMERA SECTA FILOSÓFICA. 2/

 

Francesc Casadesús Bordoy

Universidad de las Islas Baleares

 


Asímismo, se impusieron diversos preceptos con una fuerte carga simbólica y que,  precisamente, fueron conocidos como symbola. Recordemos algunos de ellos:

A) Abstención de comer habas. Se ha discutido mucho el sentido de esta prohibición. Entre otras posibles explicaciones se ha sostenido que debían abstenerse de consumirlas porque se asemejan a los genitales, a las puertas del Hades, su forma recuerda a un feto humano, son flatulentas, producen la enfermerdad conocida como “favismo” o, incluso, una alusión a no participar en sorteos ni votaciones de la oligarquía en los que se utilizaban habas para contabilizarlos.

B) No recoger lo que ha caído de la mesa. Probable alusión a comer con moderación.

C) No remover el fuego con un cuchillo. Probable alusión a la exigencia de no excitar el orgullo de los poderosos.

D) Borrar la marca de la olla en las cenizas.

E) No sentarse sobre el cuartillo. Probable advertencia a estar siempre atento al porvenir, pues el cuartillo, la cuarta parte de un celemín, equivale a la ración de consumo diario.

F) No ponerse ningún anillo con una figura de un dios. Probablemente para no mancillarla.

G) No tener golondrinas en casa. Probable recordatorio de que hay que evitar la habladuría.

H) No orinar sobre los recortes de las uñas y pelos cortados.

I) Hacer la cama al levantarse y no dejar en ella la marca del cuerpo. Posible alusión a la necesidad de estar siempre dispuesto a viajar.

J) Tocar agua cuando truena.

K) Quien ha salido al extranjero, que no retorne a la propia frontera. Alusión probable a quien está a punto de morir para que no se aferre a la vida ni se deje llevar por los placeres.

L) No transitar por los caminos públicos. Consejo que puede interpretarse como una invitación a evitar los lugares frecuentados.

M) No hablar sin luz. Probable alusión a la exigencia de hablar siempre con entendimiento.

N) No ayudar a descargar una carga. Alusión a que nadie ha de fomentar que los otros eviten el esfuerzo.

3- Una estructura organizada que exige: a) reuniones frecuentes; b) algún tipo de propiedad comunal o cooperativa:

            Las reuniones no sólo eran frecuentes, sino que se las puede considerar permanentes. La vida pitagórica giraba alrededor de la vida comunitaria que, además, exigía que las propiedades particulares fuesen entregadas a la comunidad. Es muy conocido el aforismo pitágorico, repetido por autores como Platón y Aristóteles, que sostenía que “las cosas de los amigos son comunes”. De hecho, Pitágoras obligaba a los miembros de la comunidad a renunciar a sus bienes y a entregarlos a la colectividad: “Cuando se le acercaban los jóvenes que querían convivir con él, no los admitía inmediatamente, sino que, decía, era necesario que los bienes fuesen comunes a todos”;[1] “(sc. Pitágoras) fue el primero que dijo que las cosas de los amigos son comunes y que la amistad es igualdad y que sus discípulos tenían que unir sus fortunas. Durante cinco años guardaban silencio, tan sólo escuchaban los discursos, y nunca veían a Pitágoras hasta que aprobaban el examen; desde aquel momento se convertían en miembros de su casa y podían mirarlo”.[2] Para entender el interés de Pitágoras en “unificar” los bienes de los jóvenes conviene recordar que sus fortunas pasaban a formar parte del patrimonio de la secta, que debía de ser cuantioso dado que los jóvenes pertenecían a las familias más ricas y poderosas del sur de Italia.

4- Un alto grado de integración espiritual de todos los miembros basado en a) el principio de autoridad, ya sea de un líder carismático o una sagrada escritura con una interpretación particular; b)  un fuerte división, hostil en muchas ocasiones,  que crea una severa distinción entre los “internos” y los “externos”, entre el “nosotros” de quienes conforman la secta, en oposición al “ellos” de quienes no forman parte de la misma; c) reacción implacable contra los apóstatas que se separan de la secta, que adquieren la categoría de traidores a los principios vertebradores de la secta. La integración espiritual de la comunidad pitagórica se deduce de la imposición de los preceptos ya mencionados, de la doctrina impartida sobre la inmortalidad del alma y sus consecuencias y de la existencia de un modo de vida pitagórico. Por lo que respecta al principio de autoridad es obvio que giraba alrededor de la figura de Pitágoras. El principio de autoridad pitagórico exigía la eliminación de cualquier opinión divergente: “(sc Pitágoras) eliminó de raíz la sedición, la discordia, la división de opiniones, no sólo entre los parientes, sino también entre los descendientes”.[3] Su autoridad era tan incuestionable que todo lo que decía fue aceptado acríticamente con la fórmula proverbial autós épha, “él lo ha dicho”. Sobre  la existencia de un libro doctrinal no se sabe nada con seguridad. Sin embargo, algunas fuentes aluden a un hierós lógos, un “relato sagrado” pitagórico, que habría contenido la doctrina ritual pitagórica con fuertes influencias órficas.

                 Jámblico explicó los castigos que tenían que padecer quienes eran expulsados de la secta. Para empezar,  todos aquellos que, tras haber convivido cinco años con ellos no eran considerados dignos, por su falta de inteligencia, de seguir en la comunidad, eran considerados muertos y se les levantaba una tumba. Si se topaban con ellos en la calle disimulaban o los tomaban por otra persona, porque, según ellos, el antiguo miembro de la secta “estaba muerto”: “Si eran rechazados recibían el doble de fortuna de sus antiguos compañeros, se les levantaba un monumento sepulcral y, si se topaban con ellos, era como si se encontrasen con otras personas y decían que los que ellos habían conocido estaban muertos, aquellos a  quienes habían formado con la esperanza de que fuesen hombres de bien para las ciencias. Creían que los que eran lentos par aprender tenían sus órganos defectuosos y eran imperfectos e infecundos”.[4]

5- Estabilidad diacrónica, es decir, las sectas tienen tendencia a perpetuarse en el tiempo. La secta pitagórica, como consecuencia de las relaciones entre los miembros de ambos sexos, fomentó la procreación, por lo que garantizó su continuidad desde dentro y perduró durante muchas generaciones, incluso después de su diáspora por toda Grecia.

6- Movilidad geográfica de los miembros que facilita la extensión de la secta a otras sedes.  En casi todas las ciudades del sur de Italia y Sicilia se fundó una escuela pitagórica controlada, en un principio, por el propio Pitágoras. Tras la disolución de las mismas, se desplazaron a Grecia.

7- Estricta jerarquía entre los miembros establecida a partir de la antigüedad, conocimientos o responsabilidades de los mismos.

            La jerarquía entre los miembros era inevitable en una secta en la que imperaba el silencio y el secretismo. Se sabe, por ejemplo, que había lecturas comunes en voz alta de textos en las que los más jóvenes leían siendo corregidos y adoctrinados por los más viejos. Después de la cena era costumbre que el más joven leyese y que el más viejo indicase qué tenía que leer y cómo. Asímismo se conoce la existencia de administradores o “tesoreros” encargados de la adminitración de todos los bienes comunitarios.

            Pero la distinción más conocida de la secta es la que diferenciaba entre “acusmáticos” y “matemáticos”, que, entendida en sentido etimológico, equivaldría a “oyentes” y “conocedores”. La división se fundamentó en el grado de conocimiento al que podían acceder los miembros: los matemáticos eran los que llegaban más al fondo de todos los saberes impartidos en la escuela. Los acusmáticos, en cambio, tan sólo llegaban a los conocimientos más superficiales, sin ninguna profundización rigurosa: “La enseñanza era doble. Algunos de los que ingresaban eran denominados “matemáticos” y otros “acusmáticos”. Matemáticos eran aquellos que se compenetraban más a fondo y eran instruidos con rigor sobre los fundamentos del conocimiento. Los “acusmáticos”, en cambio, se limitaban tan sólo a las enseñanzas compendiadas en los libros, sin una descripción rigurosa”.[5] Otros testimonios relacionan la distinción en función de la edad y la disponibilidad para aprender: “Pitágoras llegó de Jonia y Samos en la época de la tiranía de Polícrates, cuando Italia estaba en su mejor momento y los dirigentes de las ciudades entablaron amistad con él. Ahora bien, Pitágoras empleó términos sencillos para hablar con los hombres más viejos que, entre ellos, estaban ocupados en asuntos políticos, porque resultaba difícil enseñarles por medio de demostraciones científicas. (…) Pero a los jóvenes con que se encontró, a aquellos que eran capaces de hacer algún esfuerzo por aprender, les enseño por medio de pruebas científicas y  matemáticas. Por esto ellos mismos dicen que de unos proceden los “matemáticos” y de los otros los “acusmáticos”. [6] 

            Esta división se sintió en la escuela como una especie de distinción elitista, pues, si bien los matemáticos admitían que los acusmáticos eran pitagóricos, sostenían que ellos lo eran mucho más y que sus conocimientos eran los verdaderos.

            8- Aceptación de miembros de los dos sexos con el fomento de las relaciones sexuales y consiguiente  procreación para garantizar la perpetuación “familiar” e interna de la secta. Una característica básica de una secta, que la hace prácticamente indestructible, es la cohesión “familiar” mediante la relación sentimental y sexual de sus miembros. Esto implica la aceptación de componentes de los dos sexos y el fomento de la procreación. Desde su nacimiento, los niños son adoctrinados  de acuerdo con las normas del grupo. Se consigue así una estructura muy sólida, con la que, junto con la comunidad de bienes, se asegura la cohesión incondicional de todos los miembros. De este modo, la secta se cierra en ella misma al tiempo que se perpetúa desde “dentro”, sin la intervención de elementos externos y perturbadores.

9- Captación de jóvenes inexpertos que serán adoctrinados en los principios fundamentales  de la secta. Los testimonios antiguos remarcan el prestigio que Pitágoras gozó entre los jóvenes. La presencia masiva de jóvenes garantiza el adoctrinamiento y el futuro de la secta.

            La conclusión de este somero repaso a las principales características de la comunidad pitagórica es que existió, desde un principio, una declarada voluntad de definirse como un grupo secreto, con un modo de vida propio que hacía sentir a sus componentes que eran distintos de los demás. La estructura de la denominada “escuela pitágorica” puede ser definida como la propia de una secta, pues cumplía todos los puntos que hoy en día caracterizan a una organización sectaria. Sin embargo,  y una vez respondida esta cuestión, se suscitan algunos aspectos de singular interés que pueden contribuir a comprender mejor el final de la secta pitagórica en Italia y su posterior diáspora y disgregación por toda la Grecia peninsular.

              Pitágoras llegó a a adquirir un poder y una influencia política inmensa en el sur de Italia. El hecho de que fuese tan bien recibido por las clases dirigentes, que le confiaron a sus mujeres e hijos, facilitó su introducción en los círculos de poder. Gradualmente, Pitágoras fue influyendo en el sistema político. Hay indicios suficientes que permiten intuir que las comunidades pitagóricas, las hetaireiai, concedieron gran importancia a la organización política de las ciudades italianas. De hecho, algunas fuentes muestran que Pitágoras intervino en decisiones políticas en el ágora, como, por ejemplo, para defender a los aristócratas que se habían refugiado en Crotona huyendo de Telis, el caudillo del partido popular de la ciudad de Síbaris. La asamblea de Crotona, amenazada por Telis, estaba dispuesta a entregar a los exiliados, pero, a causa de la intervención de Pitágoras, decidieron finalmente no hacerlo.

              Asímismo, Pitágoras también debió de dejar sentir su influencia en el terreno económico, hasta el punto de haber sido considerado el responsable de la primera acuñación de moneda en Crotona. La confluencia de todos estos aspectos, control férreo y doctrinario de la secta y sus poderosas influencias políticas y económicas, hicieron de Pitágoras un personaje muy poderoso, que movía los hilos de la sociedad itálica. Esta situación debió de durar unos veinte años, a lo largo de los cuales Pitágoras extendió su poder desde Crotona a las ciudades vecinas. Muchos de los cargos dirigentes de estas ciudades fueron ocupados por pitagóricos.

            Esta posición levantó recelos, suspicacias y envidias. El carácter secreto y extraño de la doctrina no podían más que despertar las sospechas de quienes se sentían excluidos de la secta. Parece que éste fue el caso de Cilón, un ciudadano de Crotona de clase alta que, ofendido por no haber sido aceptado en la secta, incitó a los ciudadanos a una revuelta contra ella. Esta llamada encontró el camino abonado también entre las clases populares que estaban en contra del aristocratismo intelectual, político y económico de las hetaireiai pitagóricas. Es muy posible que las clases populares se sintiesen excluidas y humilladas por una actitud que debieron de considerar llena de soberbia y aires de superioridad. Evidentemente, el esoterismo y secretismo de la secta no ayudó a mejorar la fama de Pitágoras entre quienes se sentían excluidos. No se debe descartar, asímismo, como lo demostraría el caso de Cilón, que a este descontento se uniese el odio de los no aceptados y de los expulsados de la secta, que en aquella época, tras veinte años de implantación, podían ser muchos.  

            Sea como sea, el hecho es que la conspiración de Cilón significó que muchos pitagóricos muriesen asesinados y el comienzo de una hostilidad contra los pitagóricos que se extendió por las restantes ciudades itálicas. En este punto las fuentes divergen mucho, pero es muy probable que también Pitágoras tuviese que huir. Según alguna versión se refugió en Metaponto, en donde habría muerto de hambre escondido en el templo de las Musas de esa ciudad. Otras fuentes cuentan que fue atrapado al toparse con un campo de habas que no se atravió a atravesar. La rebelión de Cilón se produjo a finales del siglo VI o principios del siglo V a. C. y no representó más que una desestabilización temporal de la secta pitagórica, que continuó sus actividades en el sur de Italia unos 40 ó 50 años más. Pero a mediados del siglo V a. C. explotó, con mayor virulencia, otra rebelión antipitagórica que arrasó sus casas y centros de reunión y acabó con la vida de los pitagóricos más significados.

            Por último: ¿qué sucedió con la secta? Las fuentes reconocen que la muerte del maestro fue un golpe durísimo y que muchos de los conocimientos secretos y simbólicos se perdieron porque los pocos sucesores que quedaron fueron incapaces de recordarlos o interpretarlos correctamente. Sin embargo, la estructura familiar de la secta permitió la supervivencia de lo que quedaba de la misma. Los supervivientes es sintieron obligados a salvar la “filosofía” pitagórica de la catástrofe y, así, decidieron reunir y recopilar las memorias y recuerdos que tenían de aquellas enseñanzas. Asímismo, conjuraron a sus familiares a que, después de su muerte, conservasen aquellos escritos en secreto sin entregarlos a nadie. Las familias pitagóricas respetaron el mandato durante muchos años transmitiendo la misma recomendación a sus sucesores: “(sc. los Pitagóricos) aislados y desanimados por lo que había sucedido, se dispersaron cada uno por su lado, rechazando la compañía de los hombres y tomando la precaución de que el nombre de la filosofía no desapareciese del mundo y, así, no se hiciesen enemigos de los dioses. Reunieron unas breves memorias y recopilaron los escritos de los antiguos y sus recuerdos y los dejaron en el lugar en  que a cada uno le sorprendió la muerte, conjurando a sus hijos, hijas y esposas a que no los entregasen a nadie ajeno a la familia. Las familias mantuvieron esta actitud durante mucho tiempo, transmitiendo la misma recomendación a sus descendientes”.[7]

            De esta manera, gracias a la férrea estructura de la secta pitagórica y al secreto impuesto por Pitágoras, su filosofía fue preservada, al menos de forma parcial, de la destrucción.

 



[1] Escolio a Platón, Fedro 279c

[2] Diógenes Laercio VIII 10.

[3] Jámblico, Vida de Pitágoras 34.

[4] Jámblico, Vida de Pitágoras 73.

[5] Porfirio, Vida de Pitágoras 37.

[6] Jámblico, Vida de Pitágoras 87-88.

[7] Porfirio, Vida de Pitágoras 58.