|
2- CARACTERÍSTICAS DE LAS RELIGIONES DEL
MUNDO CLÁSICO:
1-
Politeísmo: Las religiones clásicas son politeístas. Han venerado a un gran
número de dioses que no ha dejado de aumentar con el paso del tiempo, sin que
ello signifique desorden, sino que cada una de las divinidades tiene su propia
función en los rituales y cultos. El panteón romano, y también el griego,
fue en aumento en época imperial debido al sincretismo venido de Oriente. Los
dioses nacionales cedieron su prestigio y fuerza a favor de las nuevas
divinidades. Al perderse la idea de un dios nacional, el pueblo se dejó
seducir poco a poco por la de un dios universal.
El
politeísmo de la religión romana, por su parte, llevaba a identificar más o
menos a las divinidades extranjeras con sus dioses nativos: primero los dioses
etruscos, luego los griegos, luego los orientales y, por fin, el cristianismo
fueron asumidos por los romanos. Por ejemplo, en el año 248 a. C. el cónsul
Lucio Junio ocupó la cima del monte Eryx en Sicilia frente a los cartagineses
se puso bajo la protección de la diosa de aquel lugar, Afrodita, que el
romano identificó con Venus. En virtud de este título, Venus Erycina, la
diosa romana con advocación siciliana tuvo su templo en el Capitolio, dentro
de los límites del pomerium.
2-Libertad
religiosa: A diferencia, por ejemplo del judaísmo o del cristianismo, las
religiones antiguas no son religiones reveladas, no tienen libro sagrado, ni
unos dogmas; ni siquiera poseen una casta sacerdotal que controle
completamente las prácticas y los textos religiosos. Sin embargo, esto no
quiere decir que no existieran conflictos religiosos, sobre todo cuando la
actitud personal podía afectar al culto de los dioses, que protegían la
ciudad. El caso de Sócrates es un ejemplo de un proceso contra una persona
que atacaba, que ponía en peligro uno de los fundamentos de la Polis, como
era la protección de sus dioses debida al culto recibido. Razones también más
políticas que religiosas justifican el decreto del Senado romano prohibiendo
los ritos de las Bacanales en el 186 a. C.
Los
encargados del culto en Grecia no
pertenecían a un clero propiamente dicho, sino que
cualquier ciudadano varón podía oficiar como sacerdote en las
ceremonias sagradas: el padre en los ritos domésticos, el general en el campo
de batalla y el magistrado en el altar de la Bulé o en el Ágora, por citar
los casos más señalados. No obstante, algunas personas, tanto hombres como
mujeres, están adscritas al culto de alguna divinidad como sus servidores.
Incluso algunas familias tienen a su cargo determinados cultos: los Eumólpidas
de Atenas dirigían los misterios de Eleusis, los Eteobútadas se encargaban
de los cultos de Atena Políade y de Posidón Erecteo. Además del sacerdote
propiamente dicho, existen en la religión griega numerosos personajes con
rasgos similares, como el profeta, el mago sanador, el heraldo o el
poeta-cantor.
A
diferencia de Grecia, en Roma sí había un alto grado de organizaciones
sacerdotales encargadas del culto: Augures, Pontífices, Flámines, Vestales,
Sacerdotes Saliares, los Feciales. Las diversas variedades rituales y
cultuales determinaban la
existencia pareja de los grupos sacerdotales. Pero tampoco podemos hablar de
casta sacerdotal aparte del grupo de ciudadanos, ni
de familias sacerdotales. No obstante, algunos colegios no admitían
entre sus miembros más que a los patricios, aunque con el paso del tiempo
todas las clases podían pertenecer a cualquier grupo de sacerdotes. Eran
elegidos entre los ciudadanos, normalmente políticos o militares, y no
necesitaban de una preparación previa. El sacerdocio era un cargo público en
relación directa con la política.
3-Ritualismo:
frente a la libertad dogmática hay que contar con al rigidez ritual en las prácticas
religiosas. El cumplimiento escrupuloso de los cultos garantizaba la protección
y el favor de los dioses no sólo al individuo, sino también a la comunidad.
El formalismo romano es más extremo que el griego en práctica escrupulosa
de los ritos, con gestos y palabras exactas. En caso de que hubiera el
menor fallo, el rito debía repetirse para garantizar la eficacia divina.
4-Carácter
comunitario y social: los individuos entran en relación con los dioses desde
la pertenencia su comunidad. Para participar del culto es indispensable
pertenecer al cuerpo de ciudadanos, lo que implica que practicar la religión
griega y romana no es el resultado de una creencia o elección personal, sino
de su situación social. Como consecuencia de ello la mayoría de los
ciudadanos se limita a asistir y consentir, mientras que el protagonismo de la
ceremonia corresponde al sacerdote o al magistrado que la preside y que actúa
como representante de la comunidad.
5-Festivas:
En relación con ello hay que decir que las fiestas religiosas son la
manifestación máxima del carácter
colectivo de la religión. Cada ciudad tenía sus fiestas dedicadas a cada una
de las divinidades protectoras. El calendario estaba en íntima relación con
ellas, pues era una sucesión de fiestas
vinculadas a las estaciones y al ritmo agrícola y de la guerra. No había
distinción entre festividades religiosas y festividades civiles, el
sentimiento religioso se confunde con la devoción a la Polis y al Estado. En
las fiestas de la comunidad es donde ritos y mitos encuentran una completa
trabazón. Las fiestas y los ritos marcan las etapas de la vida del individuo
y los ciclos anuales de la vida en común.
6-
Míticas: Las religiones de Grecia y Roma
viven y se manifiestan en las prácticas del culto y en unos relatos
que llamamos mitos. En torno a los centros de culto griegos, fundamentalmente,
y romanos se desarrollan complejos mítico-rituales. El mito trata de explicar
el conjunto de actos del ritual y dar cuenta del origen del culto. Es ilustrativo el ejemplo
de Delfos, donde hay varias versiones míticas que explican el origen del
culto a Apolo (el Himno a Apolo
evoca la llegada del dios y su lucha con la serpiente).
3-
DIFERENCIAS ENTRE LA RELIGIÓN DE GRECIA Y DE ROMA:
1-En
Grecia las relaciones entre mitología y religión son bastante claras, como
acabamos de señalar al referirnos a las justificaciones míticas de un rito o
culto concreto. Los romanos
concebían a sus dioses bajo un aspecto estrictamente funcional. Cada dios tenía
y se definía por una función, no había como Grecia unas leyendas y unos
mitos que variaban a los dioses a
su capricho. La religión romana
carece de mitos de dioses, de cosmología y de teología, sobre todo en sus
divinidades genuinas como Faunus, Janus, Flora, Pomona, Ceres, Veturmnus, ....
Ni siquiera los dioses más importantes y más activos, como la arcaica tríada
arcaica de Júpiter, Marte, Quirino, son protagonistas de alguna aventura.
Dioniso de Halicarnaso (2, 18-20) se admiraba de este hecho frente a sus
costumbres griegas. Los ritos perduran perfectamente, y con más amplitud que
en otras religiones, pero, a diferencia
de Grecia, por ejemplo, se han perdido las justificaciones míticas o teológicas
en que se apoyaban. La mitología romana es más bien histórica, ciudadana y
política. La obra de Virgilio es un ejemplo de este compromiso.
2-A
diferencia de la religión griega, los romanos sentían un gran temor ante el
poder, numen, de las divinidades a
las que invocaban, lo que les impedía forjar mitos escandalosos sobre ellas.
Por ello en origen no tenían estatuas de dioses, ello vendría después por
influencia etrusca y, sobre todo, griega. Representar a un dios en una imagen
suponía atribuirle las características de los hombres, sus virtudes y sus
vicios, es decir, desacralizaba a la divinidad. Los más antiguos numina
romanos no tienen figura propia y pueden manifestarse bajo los aspectos más
diversos, un animal, un árbol, una planta, una roca u objeto cualquiera.
Incluso en los cultos más evolucionados conservó la huellas de los numina
primitivos.
3-
No había en Roma ni estatuas, ni jerarquías de dioses ni semidioses, ya que
la frontera entre los dioses y los hombres estaba claramente delimitada. No
hay dioses antropomórficos, sus dioses son espíritus que residen en todos
los lugares en que el hombre ha de obrar.
No hay semidioses ni héroes, sino que están muy claras las fronteras entre
dioses y hombres. En Grecia, en cambio es muy importante la función de los démones,
como seres intermedios, en algunas prácticas
4-
La religión romana es claramente política, en la que el Estado ejerce su
dominio sobre ella a través de unos colegios sacerdotales, particularmente el
de los Pontífices. Los dioses tenían un orden jerárquico y recibían su
culto según los diferentes niveles de la sociedad: el culto público estaba
dirigido por los magistrados supremos, el culto de las curiae
y el culto dentro de la familia presidido por el paterfamilias.
Otro ejemplo de este carácter político es el caso ya tardío de la
divinización del emperador, que llegó a recibir culto como un auténtico
dios.
5-
La religión romana tenía un carácter práctico y jurídico, propio de un
pueblo amante de las leyes. Como el romano se preocupaba de los dioses, éstos
debían corresponderle a través de sus intereses personales y materiales. Los
dioses son los dispensadores de todos los bienes y por ello se los busca y se
los ama. Pero de ellos procede también el mal y por eso inspiran temor. En el
fondo la religión romana es un contrato, concebida en términos jurídicos,
un do ut des, facio ut facias. Con
la religión se busca mantener en todo momento la concordia con los dioses, la
pax deorum, “estar a bien” con
ellos. Las relaciones entre el hombre y los dioses se manifiesta a través del
cultu deorum en el que el ciudadano
participa con pietas.
El
espíritu práctico de la religión romana también explica el rechazo a la
inspiración profética, que en Grecia estaba tan extendida a través
fundamentalmente de la Pitia délfica. Las prácticas de adivinación son de
interpretación semántica: los augures consultaban la voluntad de los dioses
manifestada en el vuelo y canto de las aves, los relámpagos, ... Los harúspices,
de origen etrusco, descifraban los designios divinos mediante el estudio de
las entrañas de ciertos animales sacrificados e interpretaban los presagios
ante cualquier hecho extraordinario. El colegio de los Quindecemviri
sacris faciundis estaba encargado de
consultar los Libros Sibilinos.
6-
Por sus raíces agrarias y campesinas la religión romana es más es propensa
a la superstición. La peculiar concepción de la religiosidad romana fomentó
la existencia de supersticiones. La creencia en fantasmas, hombres-lobo,
sortilegios mágicos y maldiciones estaba profundamente arraigada entre los
romanos. Terribles desastres como las derrotas a manos de Aníbal y los
cartagineses habían estado acompañados por sucesos extraños, como nos
relata Tito Livio. Además de la observación de las entrañas de los animales
sacrificados se fijaban en la presencia de ciertos animales cuando iban a
realizar hechos importantes. Hay que con la creencia en la existencia de seres
extraños y maléficos. Un buen arsenal de estas cuestiones se puede encontrar
en las Cuestiones Romanas de
Plutarco,
que recogen ciento trece explicaciones de determinadas costumbres religiosas
romanas, como la forma de rezar, el calendario, los adornos personales, la
forma de poner la mesa, etc.

|