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ASPECTOS RELIGIOSOS DEL MUNDO GRECO-ROMANO:

El Estado y el individuo ante creencias y cultos

Jesús Nieto Ibáñez

Universidad de León

ISBN- 84-9714-123-7

 

2- CARACTERÍSTICAS DE LAS RELIGIONES DEL MUNDO CLÁSICO:

1- Politeísmo: Las religiones clásicas son politeístas. Han venerado a un gran número de dioses que no ha dejado de aumentar con el paso del tiempo, sin que ello signifique desorden, sino que cada una de las divinidades tiene su propia función en los rituales y cultos. El panteón romano, y también el griego, fue en aumento en época imperial debido al sincretismo venido de Oriente. Los dioses nacionales cedieron su prestigio y fuerza a favor de las nuevas divinidades. Al perderse la idea de un dios nacional, el pueblo se dejó seducir poco a poco por la de un dios universal.

El politeísmo de la religión romana, por su parte, llevaba a identificar más o menos a las divinidades extranjeras con sus dioses nativos: primero los dioses etruscos, luego los griegos, luego los orientales y, por fin, el cristianismo fueron asumidos por los romanos. Por ejemplo, en el año 248 a. C. el cónsul Lucio Junio ocupó la cima del monte Eryx en Sicilia frente a los cartagineses se puso bajo la protección de la diosa de aquel lugar, Afrodita, que el romano identificó con Venus. En virtud de este título, Venus Erycina, la diosa romana con advocación siciliana tuvo su templo en el Capitolio, dentro de los límites del pomerium.

2-Libertad religiosa: A diferencia, por ejemplo del judaísmo o del cristianismo, las religiones antiguas no son religiones reveladas, no tienen libro sagrado, ni unos dogmas; ni siquiera poseen una casta sacerdotal que controle completamente las prácticas y los textos religiosos. Sin embargo, esto no quiere decir que no existieran conflictos religiosos, sobre todo cuando la actitud personal podía afectar al culto de los dioses, que protegían la ciudad. El caso de Sócrates es un ejemplo de un proceso contra una persona que atacaba, que ponía en peligro uno de los fundamentos de la Polis, como era la protección de sus dioses debida al culto recibido. Razones también más políticas que religiosas justifican el decreto del Senado romano prohibiendo los ritos de las Bacanales en el 186 a. C.

Los encargados del culto  en Grecia no pertenecían a un clero propiamente dicho, sino que  cualquier ciudadano varón podía oficiar como sacerdote en las ceremonias sagradas: el padre en los ritos domésticos, el general en el campo de batalla y el magistrado en el altar de la Bulé o en el Ágora, por citar los casos más señalados. No obstante, algunas personas, tanto hombres como mujeres, están adscritas al culto de alguna divinidad como sus servidores. Incluso algunas familias tienen a su cargo determinados cultos: los Eumólpidas de Atenas dirigían los misterios de Eleusis, los Eteobútadas se encargaban de los cultos de Atena Políade y de Posidón Erecteo. Además del sacerdote propiamente dicho, existen en la religión griega numerosos personajes con rasgos similares, como el profeta, el mago sanador, el heraldo o el poeta-cantor.

A diferencia de Grecia, en Roma sí había un alto grado de organizaciones sacerdotales encargadas del culto: Augures, Pontífices, Flámines, Vestales, Sacerdotes Saliares, los Feciales. Las diversas variedades rituales y cultuales  determinaban la existencia pareja de los grupos sacerdotales. Pero tampoco podemos hablar de casta sacerdotal aparte del grupo de ciudadanos, ni  de familias sacerdotales. No obstante, algunos colegios no admitían entre sus miembros más que a los patricios, aunque con el paso del tiempo todas las clases podían pertenecer a cualquier grupo de sacerdotes. Eran elegidos entre los ciudadanos, normalmente políticos o militares, y no necesitaban de una preparación previa. El sacerdocio era un cargo público en relación directa con la política.

3-Ritualismo: frente a la libertad dogmática hay que contar con al rigidez ritual en las prácticas religiosas. El cumplimiento escrupuloso de los cultos garantizaba la protección y el favor de los dioses no sólo al individuo, sino también a la comunidad. El formalismo romano es más extremo que el griego en práctica escrupulosa  de los ritos, con gestos y palabras exactas. En caso de que hubiera el menor fallo, el rito debía repetirse para garantizar la eficacia divina.

4-Carácter comunitario y social: los individuos entran en relación con los dioses desde la pertenencia su comunidad. Para participar del culto es indispensable pertenecer al cuerpo de ciudadanos, lo que implica que practicar la religión griega y romana no es el resultado de una creencia o elección personal, sino de su situación social. Como consecuencia de ello la mayoría de los ciudadanos se limita a asistir y consentir, mientras que el protagonismo de la ceremonia corresponde al sacerdote o al magistrado que la preside y que actúa como representante de la comunidad.

5-Festivas: En relación con ello hay que decir que las fiestas religiosas son la manifestación  máxima del carácter colectivo de la religión. Cada ciudad tenía sus fiestas dedicadas a cada una de las divinidades protectoras. El calendario estaba en íntima relación con ellas, pues era una sucesión de fiestas  vinculadas a las estaciones y al ritmo agrícola y de la guerra. No había distinción entre festividades religiosas y festividades civiles, el sentimiento religioso se confunde con la devoción a la Polis y al Estado. En las fiestas de la comunidad es donde ritos y mitos encuentran una completa trabazón. Las fiestas y los ritos marcan las etapas de la vida del individuo y los ciclos anuales de la vida en común.

6- Míticas: Las religiones de Grecia y Roma  viven y se manifiestan en las prácticas del culto y en unos relatos que llamamos mitos. En torno a los centros de culto griegos, fundamentalmente, y romanos se desarrollan complejos mítico-rituales. El mito trata de explicar el conjunto de actos del ritual y dar cuenta del origen del culto[1]. Es ilustrativo el ejemplo de Delfos, donde hay varias versiones míticas que explican el origen del culto a Apolo (el Himno a Apolo evoca la llegada del dios y su lucha con la serpiente).

3- DIFERENCIAS ENTRE LA RELIGIÓN DE GRECIA Y DE ROMA:

1-En Grecia las relaciones entre mitología y religión son bastante claras, como acabamos de señalar al referirnos a las justificaciones míticas de un rito o culto concreto.  Los romanos concebían a sus dioses bajo un aspecto estrictamente funcional. Cada dios tenía y se definía por una función, no había como Grecia unas leyendas y unos mitos que variaban  a los dioses a su capricho.  La religión romana carece de mitos de dioses, de cosmología y de teología, sobre todo en sus divinidades genuinas como Faunus, Janus, Flora, Pomona, Ceres, Veturmnus, .... Ni siquiera los dioses más importantes y más activos, como la arcaica tríada arcaica de Júpiter, Marte, Quirino, son protagonistas de alguna aventura. Dioniso de Halicarnaso (2, 18-20) se admiraba de este hecho frente a sus costumbres griegas. Los ritos perduran perfectamente, y con más amplitud que en otras religiones, pero, a  diferencia de Grecia, por ejemplo, se han perdido las justificaciones míticas o teológicas en que se apoyaban. La mitología romana es más bien histórica, ciudadana y política. La obra de Virgilio es un ejemplo de este compromiso.

2-A diferencia de la religión griega, los romanos sentían un gran temor ante el poder, numen, de las divinidades a las que invocaban, lo que les impedía forjar mitos escandalosos sobre ellas. Por ello en origen no tenían estatuas de dioses, ello vendría después por influencia etrusca y, sobre todo, griega. Representar a un dios en una imagen suponía atribuirle las características de los hombres, sus virtudes y sus vicios, es decir, desacralizaba a la divinidad. Los más antiguos numina romanos no tienen figura propia y pueden manifestarse bajo los aspectos más diversos, un animal, un árbol, una planta, una roca u objeto cualquiera. Incluso en los cultos más evolucionados conservó la huellas de los numina primitivos.

3- No había en Roma ni estatuas, ni jerarquías de dioses ni semidioses, ya que la frontera entre los dioses y los hombres estaba claramente delimitada. No hay dioses antropomórficos, sus dioses son espíritus que residen en todos los lugares en que el hombre ha de obrar[2]. No hay semidioses ni héroes, sino que están muy claras las fronteras entre dioses y hombres. En Grecia, en cambio es muy importante la función de los démones, como seres intermedios, en algunas prácticas 

4- La religión romana es claramente política, en la que el Estado ejerce su dominio sobre ella a través de unos colegios sacerdotales, particularmente el de los Pontífices. Los dioses tenían un orden jerárquico y recibían su culto según los diferentes niveles de la sociedad: el culto público estaba dirigido por los magistrados supremos, el culto de las curiae y el culto dentro de la familia presidido por el paterfamilias. Otro ejemplo de este carácter político es el caso ya tardío de la divinización del emperador, que llegó a recibir culto como un auténtico dios.

5- La religión romana tenía un carácter práctico y jurídico, propio de un pueblo amante de las leyes. Como el romano se preocupaba de los dioses, éstos debían corresponderle a través de sus intereses personales y materiales. Los dioses son los dispensadores de todos los bienes y por ello se los busca y se los ama. Pero de ellos procede también el mal y por eso inspiran temor. En el fondo la religión romana es un contrato, concebida en términos jurídicos, un do ut des, facio ut facias. Con la religión se busca mantener en todo momento la concordia con los dioses, la pax deorum, “estar a bien” con ellos. Las relaciones entre el hombre y los dioses se manifiesta a través del cultu deorum en el que el ciudadano participa con pietas.

El espíritu práctico de la religión romana también explica el rechazo a la inspiración profética, que en Grecia estaba tan extendida a través fundamentalmente de la Pitia délfica. Las prácticas de adivinación son de interpretación semántica: los augures consultaban la voluntad de los dioses manifestada en el vuelo y canto de las aves, los relámpagos, ... Los harúspices, de origen etrusco, descifraban los designios divinos mediante el estudio de las entrañas de ciertos animales sacrificados e interpretaban los presagios ante cualquier hecho extraordinario. El colegio de los Quindecemviri sacris faciundis estaba encargado de  consultar los Libros Sibilinos.

6- Por sus raíces agrarias y campesinas la religión romana es más es propensa a la superstición. La peculiar concepción de la religiosidad romana fomentó la existencia de supersticiones. La creencia en fantasmas, hombres-lobo, sortilegios mágicos y maldiciones estaba profundamente arraigada entre los romanos. Terribles desastres como las derrotas a manos de Aníbal y los cartagineses habían estado acompañados por sucesos extraños, como nos relata Tito Livio. Además de la observación de las entrañas de los animales sacrificados se fijaban en la presencia de ciertos animales cuando iban a realizar hechos importantes. Hay que con la creencia en la existencia de seres extraños y maléficos. Un buen arsenal de estas cuestiones se puede encontrar en las Cuestiones Romanas de Plutarco[3], que recogen ciento trece explicaciones de determinadas costumbres religiosas romanas, como la forma de rezar, el calendario, los adornos personales, la forma de poner la mesa, etc.



[1] E. Suárez de la Torre, “La función del mito en la religión griega”, en J. M. Nieto (ed.), Estudios de religión y mito en Grecia y Roma, León 1995, pp. 15-35.

[2] Cfr. Plutarco, Numa 8, 13-14.

[3] Plutarco. Cuestiones romanas, edición de M. A. Marcos, Madrid, Akal, 1992.