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"LOS MISTERIOS DE ELEUSIS" 1/

  Alberto Bernabé, U.C.M.

(c) F. Casadesús (ed.), Sectes, ritus i religions del món antic.

Palma de Mallorca 2002, pp.133-157, ISBN-84-85932-34-X

 


Thesaurus: Eleusis, religión, misterios, iniciación, ritos agrarios, Deméter, Perséfone.

La religión griega o, lo que con mayor propiedad llamaríamos "corriente central de la religión griega" es una religión de la polis, es decir, está asociada al grupo humano organizado políticamente, es pública y colectiva, sus ritos, sus sacrificos, sus procesiones sirven como un elemento de cohesión social, para integrar al individuo en la comunidad. Si se rechaza participar en ellos, se incurre en asébeia, impiedad, que es un delito político, perseguido por las leyes civiles.

Con los ritos cívicos, abiertos a todos los ciudadanos, conviven otros que son secretos y permitidos sólo a algunos, a los que se accede por una opción personal, por un acto voluntario de participación, que requiere pasar por un rito de paso, al que llamamos iniciación. El rito mistérico griego más conocido es Eleusis, pero no es desde luego, el único.

El segundo tipo de ritos, los mistéricos, no se opone al primero, la religión cívica, y quienes los celebran no se segregan de las creencias colectivas. Es algo sobre lo que nunca se insistirá bastante. Por ello, la denominación religiones mistéricas, puede ser engañosa. No son otra  religión, con rasgos identificadores contrarios a la religión del estado y confrontada a la oficial,  sino una forma más de vivir el fenómeno religioso, complementaria con otra u otras.

Nuestra información sobre los misterios es defectiva, precisamente por su carácter mistérico, privado. Al menos algunas partes de su transcurso eran secretas y no podían divulgarse, so pena de ser castigados o al menos de recibir una repulsa social por ello. Sabemos que un notorio ateo, llamado Diágoras de Melos (V a. C.), se dedicaba a contarle los misterios a todo el mundo y a tratar de disuadirlos para que no se iniciaran, lo que le costó una condena a muerte. Los propios creyentes nos ofrecen sólo alusiones muy vagas a lo que sucedía. En cuanto a los cristianos, enemigos naturales de los ritos paganos, y que obviamente no estaban obligados por el secreto, tampoco nos dan información suficiente y nos dan la impresión de que no conocen bien la cuestión. Además, por supuesto, de que su información es siempre muy sesgada, como manifestaciones que son, en este caso, sí, de la competencia. Los cristianos sí configuran una religión excluyente.

Como rasgos generales de los misterios, podríamos dar los siguientes:

1) Hay una iniciación. En algunos casos lo característico es que esta iniciación está abierta a ambos sexos y tanto a ciudadanos como a no ciudadanos. En Eleusis, sólo pueden iniciarse personas adultas y que supieran hablar griego.

2) Hay en ellos un fuerte componente agrario, que se manifiesta tanto en la relación de los mitos que los sustentan con los ciclos de la naturaleza. como de un modo más físico, porque forma parte del rito la ingestión de productos del campo, como vino o cebada.

La ingestión de vino presenta otro aspecto que podríamos denominar en términos eufemísticos, la expansión de la conciencia, una cierta huida del estrecho marco del yo. Como veremos luego, teorías poco contrastadas y muy deficientemente basadas hablan del uso de alucinógenos.

3) También hay un fuerte componente sexual. Pero no malinterpretemos la afirmación. No se trata de orgías dignas de una película X, sino de que el culto es una exaltación de la vida y tal exaltación se manifiesta, por ejemplo, en la exhibición de representaciones de genitales.

4) Se acompañan de mitos, que generalmente hablan de dioses que sufren, incluso que mueren, aunque habitualmente tras la extrema caída vuelve su recuperación, su resurrección y su gloria.

Todo ello apunta a que en los orígenes de estos ritos mistéricos pueden estar, por una parte, ritos de iniciación y por otra, ritos agrarios,  y que la unión de iniciación, exaltación agraria y sexo pueden ser los vehículos de representar en el rito el triunfo de la vida sobre la muerte.

Los componentes básicos de los rituales son tres:

-acciones (drómena)

-visiones (horómena)

-un tipo de texto pronunciado (legómena).

Suelen comportar para el iniciado un cierto sufrimiento y luego una experiencia de extrema intensidad. En cierto modo se trata de llevar una situación al límite (el terror, anticipo del terror a la muerte) y sentir que se sale de ella.

No siempre (aunque sí en muchos casos) comportan una promesa de otra vida mejor en el otro mundo. Puede simplemente tratarse de que el iniciado asuma su pertenencia al ciclo de la naturaleza.

La antigüedad de estos ritos es evidente. Se ha pensado que pueden proceder incluso del Neolítico. Pero su desarrollo en Grecia depende de otro factor. El descubrimiento de lo individual y la sensación de que, junto a la religión colectiva, puede hallarse algo especial y personal. Los santuarios mistéricos van ganando auge a partir del 600 a. C. Pero también se desarrolla un tipo de religión mistérica sin santuarios, cuyos representantes más conspicuos son el dionisismo y su derivación el orfismo. Los ritos celebrados en santuarios suelen estar asociados a una determinada familia o un determinado clan. En los que he llamado ritos mistéricos sin santuarios es característica la ausencia de lo que podríamos llamar una jerarquía, incluso una iglesia.

Hay tres rasgos que solían señalarse como característicos de los misterios y que hoy se consideran prejuicios falsos, que incluso nos impiden conocer este fenómeno de una forma más profunda:

El primero, que son tardíos. Se dice que cuando degenera la visión racional del mundo y cuando las circunstancias políticas hacen estallar el marco de la polis, el ciudadano desvalido busca refugio en los misterios. Puede ser, evidentemente, un factor de desarrollo de determinados cultos mistéricos en cierto momento y es cierto incluso que algunos misterios (como los de Isis o los de Mitra) no se instauran hasta época imperial romana, pero los ritos eleusinos o los misterios dionisíacos son de alta antigüedad en Grecia, digamos el 700 a. C. El fenómeno no es, desde luego, tardío.

El segundo, que los misterios tienen orígenes y características netamente orientales. Aparte de que "oriental" es una etiqueta imprecisa (que abarca culturas tan dispares como la egipcia, la mesopotámica, la persa, la hitita), la realidad es que los misterios, como tales, son más antiguos que la entrada de cultos como la Magna Mater o Mitra. Es más, incluso en el caso de ritos de clara procedencia oriental, como los de Isis o la Magna Mater frigia, vemos que estos cultos no son mistéricos en sus lugares de origen y que es sólo en Grecia (o en Roma) donde tales ritos orientales cuajan en forma de misterios, a imagen y semejanza de los antiguos misterios griegos.

El tercero de los prejuicios que consideramos falsos es que los misterios constituyen una visión más espiritual de la religión que prepara el camino al cristianismo. Incluso, en su formulación más radical, el cristianismo sería la más exitosa religión mistérica oriental.  Es esta una visión simplista y como tal distorsionadora de los hechos, que ha provocado, además, visiones nada matizadas y extremas, entre quienes intentan identificar a toda costa cristianismo y religiones mistéricas y quienes discuten hasta la saciedad tratando de demostrar el prejuicio de que no tienen la menor relación entre sí.

Pero tras estas breves notas sobre lo que son los misterios, pasemos a los que hoy nos ocupan: los misterios de Eleusis.

Es del ritual del que estamos mejor informados, pese a que los autores antiguos se resisten a dar detalles; por citar un ejemplo, el autor de la primera guía turística de Grecia, Pausanias, que describe los monumentos, ritos y costumbres de los lugares que visita, se niega en 1, 28,7 a describir detalles de los misterios, alegando que un sueño se lo había prohibido. Con todo, una serie de documentos nos permiten hacernos una idea relativamente correcta, eso sí, desde un punto de vista estrictamente externo. Me refiero a las menciones que hallamos aquí y allá en diversos autores literarios, a lo que nos han brindado las cuidadosas excavaciones de la propia Eleusis, como ofrendas votivas, inscripciones, exvotos, relieves, o a los objetos hallados en otros lugares que tienen relación con los misterios, como las pinturas de vasos en número bastante crecido, que fueron en su día exportados al sur de Rusia con dioses y héroes eleusinos, además de inscripciones, públicas y privadas, que mencionan detalles sueltos. Todo ello, debidamente reunido y evaluado por historiadores, filólogos y estudiosos de la religión, nos permite saber bastante sobre administración del santuario y sobre cuestiones externas o históricas. También conocemos una literatura específica eleusina (como el llamado Himno homérico a Deméter).  

Los misterios eleusinos se mantuvieron un larguísimo tiempo con un prestigio prácticamente intacto. Desde nuestras primeras informaciones (el Himno homérico a Deméter, en pleno siglo VII a. C.) hasta la destrucción del santuario por los godos al mando de Alarico, en 394 d. C. (poco después de que Teodosio hubiera prohibido el culto), transcurre un milenio de actividad del santuario. A lo largo de estos 1000 años nunca disminuyeron la influencia y el prestigio del santuario eleusino, a los que contribuyó no poco el gran prestigio de la propia Atenas. Diodoro 5.4.4. asegura que el prestigio de los rituales eleusinos se basa en su gran antigüedad y en la pureza del ritual.

Eleusis es un culto mistérico, pero de ninguna manera puede decirse que se oponga a los ritos estatales. Todo lo contrario. Desde que lo conocemos, Atenas ejerce sobre él un control riguroso. Ya en el 590 hay una ley de Solón que regulaba un asunto de los Misterios, lo que indica que ya en aquel tiempo las decisiones sobre Eleusis se tomaban en Atenas. Del período posterior conservamos un crecido número de decretos reguladores, emanados de la Asamblea ateniense, que muestran hasta qué punto era evidente la tutela de las instituciones sobre este fenómeno religioso.

Las diosas que recibían culto en Eleusis eran Deméter y Perséfone, madre e hija. Deméter es hermana (y esposa ocasional) de Zeus. Es evidentemente una diosa madre, ya que -meter en griego significa 'madre', pero se discute madre de qué, esto es, qué significa el Da- inicial. Los antiguos creían que da- era una variante de ga-, por lo que significaría la "madre tierra", pero parece más bien una etimología popular. No es sólo una diosa de la tierra, sino tiene rasgos típicos de una diosa de los infiernos. Su relación más estrecha es con el grano. A menudo se la representa con corona de espigas o con espigas en la mano. Aparece siempre emparejada con su hija Perséfone, hasta el extremo de que es corriente hablar de "las dos diosas" para referirse a ellas. Aunque se encuentra dentro del panteón olímpico, da la impresión de hallarse en él un poco de prestado, más enraizada en cultos populares y agrarios. No aparece mencionada en las tablillas micénicas, y Homero apenas la menciona.

En cuanto a Perséfone, es un nombre prehelénico, con múltiples variantes, Ferséfone, Ferrefatta, etc., pero muy a menudo se la llama simplemente Kore 'la muchacha'. Es mencionada de antiguo como diosa del mundo infernal, esposa de Hades.

La pareja madre-hija en relación con el grano es un prototipo familiar en muchas culturas. En países del norte de Europa se habla de la Madre del Grano y de la Muchacha, representaciones del grano del año pasado y del del nuevo año, como esquema prototípico de la regeneración de la vida (de alguna forma la Muchacha de este año será la Madre del año siguiente, y así sucesivamente); son, pues, una especie de alter ego una de la otra, símbolo de etapas de un mismo proceso. En honor de tales divinidades suelen celebrarse rituales muy relacionados con el ciclo de la cosecha y con los ciclos estacionales.

Lo que es diferencial de esta pareja griega de madre e hija frente a los otros modelos es su asociación no sólo con los ciclos del grano, sino con el mundo de los muertos. La pareja griega excede el marco de la ocultación y resurgimiento del cereal para convertir éstos en una metáfora de la desaparición del mundo de los vivos y de un resurgimiento en otra forma de vida. Este complejo juego de relaciones se manifiesta en el mito relacionado con Eleusis. A él vamos.

Conservamos testimonios interesantes sobre los mitos que sustentan el ritual eleusino. El más importante de ellos y el único al que podremos dedicar hoy nuestra atención es el llamado Himno homérico a Deméter, que no tiene de homérico más que el nombre y la circunstancia de estar escrito en el mismo tipo de métrica y lengua que los poemas homéricos. Es una obra muy antigua, probablemente del VII a. C. y aunque no es el mito que se recitaba en el interior del santuario (lo que allí se decía era secreto), sí trata de los antecedentes míticos del santuario y nos ilustra sobre la intención de los iniciandos.

Narra cómo Perséfone adquiere su estatus de reina de los infiernos. De acuerdo con un plan trazado por Zeus, mientras Perséfone juega con otras muchachas a orillas del Océano, la tierra se abre y Hades la rapta para llevársela con él. Deméter, cuando advierte que su hija ha desaparecido, la busca incansablemente de día y de noche, con antorchas,  sin encontrarla. Por fin el Sol, testigo de excepción de cuanto ocurre sobre la tierra, la informa de lo sucedido. Deméter entonces se irrita, abandona el Olimpo y marcha a Eleusis disfrazada de vieja y allí es aceptada en casa de Céleo como nodriza de un hijo recién nacido, Demofonte. En la casa, una criada llamada Yambe consigue con sus gestos alegrar momentáneamente a Deméter y logra que acepte beber una bebida llamada Ciceó, compuesta de agua, harina de cebada y poleo. Deméter cría al niño Demofonte de una forma peculiar, le da néctar y ambrosía y por la noche lo pone al fuego para quemar su parte mortal. El propósito es convertirlo en dios. Pero su madre la espía y al ver cómo mete al niño en el fuego, grita, angustiada. Deméter deja al niño y renuncia a convertirlo en dios (en la versión más antigua, lo deja que se queme). Pide entonces a los humanos que se le erija un templo y confiere una peculiar dignidad a  Demofonte. Una vez construido el templo, Deméter se refugia en él, irritada, y deja de propiciar que crezca la vegetación, lo que rompe completamente el orden de las cosas. Los hombres mueren de hambre y los dioses no reciben ofrendas. Zeus se decide a ensayar una conciliación. Por fin, se llega a un acuerdo. Perséfone volverá una parte del año con su madre, pero pasará otra con su marido, Hades, en los infiernos. Y es por eso por lo que, año tras año, cuando Perséfone regresa, Deméter vuelve a cubrir la tierra de flores y frutos. Una vez conseguida la reconciliación, Deméter instaura los misterios y vuelve al Olimpo.