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Fig.
1. Mapa de Anatolia en la antigüedad.
Frigia y Los
Frigios I
Antes
de su incorporación al mundo grecorromano, Kybéle1
fue la gran diosa de Frigia (Fruvgia), una extensa región de Anatolia que, con centro en el valle del
Sangario (Gallo o Sakariya), se extendió desde la frontera del Urartu2,
allende el río Halys, hasta la llanura de Konya, por el sur, y región del
Alto Meandro, por occidente (fig.1).
La
sede de su santuario principal se encontraba en Pesinunte (o Pesino), donde
era venerada bajo la forma de un ídolo anicónico: la sagrada "Piedra
Negra" y donde, cada primavera, se celebraban con una gran solemnidad las
fiestas en su honor y en el de Atis, su joven amante. Desde allí, en época
helenística, comenzó su etapa de mudanzas, cambiando dos veces de domicilio:
de Pesinunte a Pérgamo y de Pérgamo a Roma, pero como, hasta entonces,
fueron muchos los acontecimientos que afectaron a Frigia y, en consecuencia, a
la difusión de la religión y culto de su diosa nacional, debe hacerse de
ellos un breve resumen, a partir de finales del II milenio a.C.
En
torno a 1200 a.C. se sitúa la invasión del pueblo de estirpe indoeuropea que
iba a dar nombre a la región: los frígios. Emparentados con tracios e
ilirios y procedentes todos ellos de la zona de los Balcanes, atravesaron el
Estrecho de los Dardanelos e irrumpieron, violentamente, en Asia Menor. En
los anales asirios se mencionan con el nombre de muskhi
ya desde la época de Tiglat-Pileser I (1117–1077 a.C.), es decir, después
de haberse producido las primeras invasiones. Tales muskhi, hoy englobados con el denominador común de "pueblos
del mar", fueron los causantes de la terrible conmoción que afectó, no
sólo a toda el área asiática, sino también a la cuenca del Mediterráneo.
A ellos se atribuye la total destrucción de las fortalezas micénicas, la caída
del imperio hitita y la seria sacudida de castigo que sufrió el Egipto de
Ramsés III (1184–1153 a.C.).
En
el Mediterráneo central, la civilización micénica, debilitada después de
la inútil y larga guerra de Troya, emitía su canto de cisne. Incapaz de
remontar las consecuencias de las duras embestidas traco-frigias, dejaba el
campo libre a una nueva estirpe aria, la de los dorios, ya dominante en las
capas bajas de la sociedad. Comenzaba así la denominada "edad oscura de
Grecia" que se prolongó hasta finales del siglo IX a.C. En cuanto a Asia
Menor, las consecuencias no fueron mejores. Las invasiones arruinaron el ya
decadente imperio hitita que se fragmentó en toda una serie de estados-ciudades
muy florecientes durante un par de siglos, pero que acabaron cayendo en poder
de Asiria en el siglo VIII a.C.
Dentro
de este mosaico de pueblos itinerantes que buscaban nuevas zonas de
asentamiento, los frigios jugaron un destacado papel. Se establecieron, en un
principio, en el noroeste de Asia Menor, pero más tarde, presionados por la
expansión de las ciudades costeras, se fueron adentrando en tierras del
interior hasta acabar instalándose en la zona central de Anatolia. En una
segunda etapa, ya a finales del siglo IX o comienzos del siglo VIII a.C., se
inició su proceso de crecimiento y expansión hacia Occidente, lo que supuso
el establecimiento de estrechas y cordiales relaciones con las colonias
griegas de las costas asiáticas. Bajo su influjo cultural, su proceso de
helenización fue muy rápido, sobre todo a partir de la adopción del
alfabeto griego3. Frigia era,
por entonces, un próspero reino, del que era capital la ciudad de Gordión4,
a orillas del Sangario. Sus reyes se hacían inhumar en espaciosas cámaras
funerarias, revestidas de madera y cubiertas por un gran túmulo. De ellas, aún
quedan vestigios en torno a lo que fue la capital.
De
las buenas relaciones existentes entre Frigia y el mundo griego tenemos
constancia a través de diversas fuentes. Valga como ejemplo la noticia de que
su gran rey Midas5 estaba casado con una dama
griega de nombre Hermódice (o Demódice), y que además fue el primer
soberano extranjero que envió ofrendas al santuario de Apolo en Delfos6;
y todo ello en el siglo VIII, la época coincidente con el máximo esplendor
del reino frigio y el despertar marinero de Grecia que iniciaba sus empresas
colonizadoras y de expansión hacia Occidente.
El
hundimiento de este próspero reino se produjo como consecuencia de las
sucesivas oleadas de pillaje con que los cimerios saquearon sus territorios, a
partir del año 696 a.C., en que tuvo lugar la primera invasión, y a lo largo
del siglo VII a.C.7
Un
nuevo reino asiático, el de Lidia8, se erigió
entonces paladín de la lucha contra los invasores y, efectivamente, consiguió
expulsarlos de Asia Menor. Sin embargo, como consecuencia de su supremacía
militar, se adueñó de toda Frigia e, incluso, en el 627 a.C., de una buena
parte de las ciudades griegas de la costa. Las guerras contra los lidios
arruinaron a numerosas ciudades y tuvieron una considerable repercusión en el
ámbito comercial. No obstante, su desarrollo posterior, siempre floreciente,
pone de manifiesto que el yugo de los lidios, dado su alto grado de helenización,
no supuso una dura carga para las ciudades sometidas. Pronto aparecieron en
esta zona los primeros sistemas de gobierno democráticos, como sustitución
de las tradicionales monarquías y más tarde, también, las primeras tiranías9,
bajo las cuales la mayoría de las ciudades costeras de Asia Menor conocieron
sus mayores días de esplendor, tanto en el plano económico, como en el
social y cultural.
Sin
embargo, poco después, la situación cambió totalmente, ya que a raíz de la
batalla del río Halys, en el 547 a.C., se produjo la conquista de estos
territorios por los persas. La coalición formada por Egipto, Babilonia y
Lidia, sufrió una total derrota y, poco después, la capital del imperio
lidio, Sardes, y su célebre rey Creso10 cayeron
en poder del monarca Ciro11.
Como
es bien sabido, la dominación persa se hizo insoportable a las ciudades
griegas de Asia Menor a cuya llamada de auxilio acudió toda Grecia. Con esta
respuesta de unidad de raza y cultura frente al enemigo asiático, se daba
inicio a una de las más célebres conflagraciones de la Edad Antigua: las
Guerras Médicas.
Dentro
de este panorama político y cultural, la religión de Kybéle había
comenzado su expansión. Primero conquistó el reino de Lidia, hasta el punto
de que el propio Creso le consagró, en Sardes, un gran templo, del corte y
estilo del Artemision de Éfeso, ciudad que estaba bajo su dominio desde el
560 a.C. Después continuó su rápida difusión por la zona centro-occidental,
dando lugar a la fundación de nuevos lugares de culto, para saltar al
Mediterráneo y llegar incluso a Grecia, donde fue identificada con Rea, la
madre de los dioses, y donde siguió un proceso de clara helenización.
En
la propagación de su culto jugaron papel decisivo los frigios que, al perder
su independencia política, ya en el siglo VII a.C., comenzaron su diáspora
hacia occidente, recorriendo todo el Mediterráneo y llevando consigo, como símbolo
de su unidad nacional, el culto de la gran madre Kybéle, que seguía siendo
alimentado desde su santuario central, en Pesinunte. Gracias a la habilidad
diplomática de sus sacerdotes, que supieron sacar partido del prestigio y
veneración de que gozaba la sagrada "Piedra Negra", el santuario se
mantuvo independiente, llegando, incluso, a gozar de autonomía política.
Dicha independencia actuó siempre como chispa de esperanza entre todos los
emigrantes frigios, conscientes de su triste destino, tras la pérdida de la
libertad de su reino. Un reino que, desgraciadamente, dados los
acontecimientos, no había sido más que un efímero episodio dentro del
complejo devenir histórico del Asia Anterior.
NOTAS
1. Para la
etimología del nombre de la diosa C¦. el
capítulo siguiente: "La Génesis de la Kybéle Frigia".
2.
Reino cuyo centro se situaba en torno al lago Van en Armenia. El nombre
de Urartu es de origen asirio y aparece por primera vez en la época de
Assurnasirpal II y citado, como reino, en tiempos de Salmanasar III. Sus
habitantes llamaban a su estado Biainili.
3.
La escritura frigia, que aún no ha sido descifrada, era de carácter
alfabético. Su origen, muy discutido, puede ser fenicio o griego.
4.
Govrdion, en honor de su mítico rey Gordio (Govrdio"), quién de simple labriego llegó a ser rey. Su
celebridad se debe, principalmente, al famoso nudo que ataba al yugo la lanza
de su carro y que estaba hecho con tal artificio que no se podían descubrir
los dos cabos. Alejandro Magno lo cortó, en vista de la imposibilidad de
deshacerlo, cumpliéndose, así, el oráculo que prometía el imperio de Asia
a quién lo desatara.
5.
Los reyes frigios se llamaron alternativamente Gordio y Midas, pero con
el nombre de Midas (Mivda") se conoce a un rey legendario célebre por su avaricia y falta de gusto
musical. De Sileno, agradecido por el buen trato recibido un día que se perdió,
estando borracho, en la rosaleda de Bermós, recibió el poder solicitado de
convertir en oro todo cuanto sus manos tocasen. A punto de morir de hambre y
de sed, rodeado de manjares, consiguió que Dioniso le liberara de tan nefasta
facultad, bañándose en el río Pactolo que, desde entonces, arrastró
pepitas de oro. Como juez, entre Apolo que tañía la lira y Pan (Marsias) que
tocaba la flauta, no fue más afortunado. Su fallo se inclinó a favor de Pan
y Apolo le castigó con dos enormes orejas de burro que se vio obligado a
disimular con un alto tocado, el llamado "gorro frigio". El único
que sabía que
el rey tenía orejas de burro era su barbero, amenazado con la pena de muerte
si revelaba tan vergonzante desgracia. Agobiado por la presión del silencio y
el miedo, hizo un agujero en la tierra, cerca de la ribera del río y se
desahogó murmurando en su interior repetidas veces: ¡Midas tiene orejas de
burro!. Luego tapó el agujero, pero los cañaverales hicieron pública su
confesión, lo que demuestra que todo secreto pesa en el corazón del
hombre, y que deja de serlo en cuanto sale de uno mismo. Este tipo de tocado
en la iconografía del mundo antiguo, caracterizaba a los personajes de origen
oriental.
6.
La importancia de Delfos no sólo como centro oracular, sino sapiencial
y de consulta en el siglo VIII, queda constatada por esta noticia.
7.
Los cimerios fueron un pueblo de origen iranio que procedente de la
región de Rusia meridional y a través del Cáucaso, llegaron al Irán
occidental y al Asia Menor en el siglo VIII a.C., presionados a su vez por los
escitas (también indoeuropeos procedentes de la región del Volga). El primer
ataque a Gordión en el año 709 fue salvado por Midas con la ayuda de Sargón
II, a cambio de reconocer la supremacía de Asiria, pero en el año 696 el
reino frigio fue prácticamente destruido. En el año 652 atacaron Sardes y
algunas ciudades jónicas, llegando a incendiar el Artemision de Efeso. Después
fueron aniquilados por asirios y lidios. Su lengua nos es completamente
desconocida.
8.
Lidia fue un antiguo reino de Asia Menor, situado entre Misia, Frigia,
Caria y el mar Egeo. Su capital fue Sardes, a orillas del Pactolo. Su momento
de mayor esplendor tuvo lugar bajo la dinastía de los Mermnadas, fundada por
Gyges, el último de cuyos reyes fue Creso. Los lidios fueron, probablemente,
de origen indoeuropeo y su penetración en Anatolia fue consecuencia de las
invasiones del siglo XII a.C. de los llamados "pueblos del mar".
9.
Es opinión generalizada considerar que fue en Lidia donde aparecieron
las primeras Tiranías; al menos, la palabra tirano (tuvranno"), dueño
o señor, parece ser de origen lidio. Mileto, Lesbos, Efeso, Samos, fueron,
entre otras, las primeras ciudades jónicas gobernadas por tiranos. Poco después
siguieron el mismo ejemplo las grandes ciudades comerciales griegas: Corinto,
Sicione, Atenas, etc.
10.
Creso (KroiÖso";
561–546 a.C.) fue el último rey de Lidia. Famoso por sus riquezas, el 559
a.C. subió al trono tras la caída de Sardes, capital del reino, y condenado
a muerte. Según la leyenda, cuando iba a ser ejecutado, recordó las palabras
que Solón le dijera un día sobre lo efímero e inestable de la felicidad en
la tierra. Al pronunciarlas en voz alta impresionó al rey persa, quien no sólo
le perdonó la vida, sino que le hizo consejero suyo.
11.
Ciro (KuÖro",
el sol) llamado el Grande (579–529 a.C.) fue el fundador del imperio persa y
gran conquistador. En el año 538 se apoderó de Babilonia y puso fin a la
cautividad de los judíos.

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