1.2. Realidad y ficción: Ovidio se convierte en mariposa (Antonio Tabucchi).
La metamorfosis visionaria y fantástica del poeta Ovidio en mariposa que encontramos en un excelente relato del italiano Antonio Tabucchi tiene su antecedente en una vida imaginaria del poeta Lucrecio escrita por el simbolista francés Marcel Schwob. Schwob dedica al poeta del De rerum natura una de sus Vidas Imaginarias, publicadas en 1896 (15), de la que Borges nos habla en estos términos: "Sus Vidas Imaginarias datan de 1896. Para su escritura inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de este volumen está en ese vaivén. (...) Hacia 1935 escribí un libro candoroso que se llamaba Historia universal de la infamia. Una de sus muchas fuentes, no señalada aún por la crítica, fue ese libro de Schwob" (16). Siguiendo los pasos de Schwob (17), el destierro de Ovidio vuelve a ser motivo de inspiración para un reciente relato del novelista Antonio Tabucchi, uno de los maestros de la literatura italiana actual, donde el poeta sueña que se metamorfosea en mariposa. El "Sueño de Publio Ovidio Nasón, poeta y cortesano" nos presenta a un Ovidio convertido todo él en alegoría, dentro de un relato que nos recuerda ya desde la primera frase la metamorfosis por excelencia de la literatura del s.XX, que no es otra que la de Kafka, lo que nos devuelve otra vez a la tensión entre Antigüedad y Modernidad:
"En Tomi, a orillas del Mar Negro, una noche del 16 de enero del año 18 después de Cristo, una noche gélida y tempestuosa, Publio Ovidio Nasón, poeta y cortesano, soñó que se habían convertido en un poeta amado por el emperador. Y como tal, por milagro de los dioses, se había transformado en una inmensa mariposa.
Era una enorme mariposa, tan grande como un hombre, de majestuosas alas azules y amarillas. Y sus ojos, unos desmesurados ojos esféricos de mariposa, abarcaban todo el horizonte. (...)
Cuando llegaron a las puertas de Roma, Ovidio se levantó de los almohadones con gran esfuerzo, ayudándose con sus patas puntiagudas, rodeó su cabeza con una corona de laurel.
La multitud estaba extasiada y muchos se postraban porque creían que era una divinidad de Asia. Entonces Ovidio quiso advertirles que era Ovidio, y empezó a hablar. Pero de su boca salió un extraño zumbido, un zumbido agudísimo e insoportable que obligó a la multitud a taparse los oídos con las manos. (18)
¿No oís mi canto?, gritaba Ovidio, ¡éste es el canto del poeta Ovidio, aquel que os enseñó el arte de amar, que habló de cortesanas y de cosméticos, de milagros y de metamorfosis! (...)
El emperador lo esperaba sentado en su trono y bebía una jarra de vino. Escuchemos qué has compuesto para mí, dijo el César.
Ovidio había compuesto un breve poema de ágiles versos afectados y placenteros para que alegraran al César. Pero ¿cómo decirlos, pensó, si su voz era tan sólo el zumbido de un insecto? Y entonces pensó en comunicar sus versos al César mediante gestos y empezó a agitar suavemente sus majestuosas alas coloreadas en una danza maravillosa y exótica. Las cortinas del palacio se agitaron, un molesto viento barrió las habitaciones y el César, con irritación, estrelló la jarra contra el suelo. El César era un hombre rudo, al que le gustaba la frugalidad y la virilidad. No podía soportar que aquel insecto indecente ejecutara delante de él aquella danza afeminada. Llamó con unas palmadas a los pretorianos y éstos acudieron.
Soldados, dijo el César, cortadle las alas. Los pretorianos desenvainaron la espada y con pericia, como si podaran un árbol, cortaron las alas de Ovidio. Las alas cayeron al suelo como si fueran suaves plumas y Ovidio comprendió que su vida finalizaba en aquel momento. Movido por una fuerza que sentía era su destino, tomó impulso y balanceándose sobre sus atroces patas salió de nuevo a la balconada del palacio. A sus pies había una multitud enfurecida que reclamaba sus restos, una multitud ávida que lo aguardaba con las manos furiosas.
Y entonces Ovidio, tambaleándose, bajó la escalera de palacio." (Antonio Tabucchi, Sueños de sueños seguido de Los tres últimos días de Fernando Pessoa, trad. de Carlos Gumpert Melgosa y Xavier González Rovira, Barcelona, Anagrama, 1996, 19-21)
El mismo poeta ha sido partícipe en su sueño de la metamorfosis, tan cantada en sus versos, y esta vivencia de la ficción, aunque sea onírica, es una característica que hemos visto en el Lucrecio de Schwob. Concretamente, la metamorfosis de larva en crisálida es aludida en un texto de Ovidio (Met.15,372-374) que trata sobre Pitágoras (recordemos, por lo demás, que Ovidio era un poeta neopitagórico):
quaeque solent canis frondes intexere filis
agrestes tineae (res observata colonis)
ferali mutant cum papilione figuram (19)
Precisamente, se trata de la única metamorfosis, junto con la de renacuajo en rana, que viene a continuación, admitida por la ciencia moderna. Es posible que Tabucchi tuviera in mente este texto ovidiano al escribir su sueño, pero esto no nos parece tan pertinente como el hecho de que con la metamorfosis de Ovidio en mariposa esté refiriéndose a la metamorfosis por excelencia y, por lo demás, al mundo literario del poeta en todo su conjunto. Asimismo, en lo que a la representación del alma como una mariposa respecta, no es descartable la posible impronta que en este sueño haya podido dejar el conocido cuento de Amor y Psique que recoge Apuleyo (sobre todo porque también recrea Tabucchi un sueño del autor de Madaura (20), el principal transmisor de esta historia. Pero nos queda, aún, otra posible fuente para el relato, esta vez mucho más inesperada y venida de Oriente. Se trata de un breve cuento chino que aparece recogido en la ya citada Antología de la literatura fantástica que publicaran Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares:
"Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu."
En definitiva, varias son las tensiones que podrían verse en esta singular ocurrencia de Ovidio en Tabucchi: de una lado la tensión entre realidad y ficción histórica (21), que Tabucchi toma de Schwob y Borges; asimismo, la tensión entre Antigüedad y Modernidad, dados los ecos de literatura moderna (Schwob, Kafka y Borges) que pueden encontrarse en la evocación del poeta antiguo.
2. Los textos. Citas inesperadas y "materiales crudos".
Las citas que se hacen de los textos latinos en las obras modernas podrían constituir, por sí mismas, un interesante objeto de estudio. Podríamos distinguir entre las citas de textos en lengua original, donde casi siempre hay una intención determinada de hacer notar al lector que el texto está en latín (recuérdese El nombre de la rosa, de Umberto Eco), o bien citas traducidas. Por otra parte, unas veces la cita trae consigo la referencia al pasaje de la obra de donde se ha extraído, como si el autor moderno invitase al lector a acudir a la obra antigua, mientras que en otros casos la vaguedad de la cita invita a pensar en la memoria del autor, que a veces llega a ser desmemoria. Un pasaje de Aulo Gelio inserto entre los "Capítulos prescindibles" de Rayuela, la genial novela miscelánea de Julio Cortázar, y los pasajes de Tácito y de Plinio el Joven que encontramos en Francisco Ayala ilustran esa modalidad de encuentros entre textos antiguos y modernos. En el primer caso, la tensión que lleva a Gelio a aflorar entre los textos del novelista argentino es una profunda reflexión sobre el lenguaje que oscila entre el babelismo fatal de los juegos de palabras y el clasicismo, o el orden que armoniza las palabras y las cosas. En el segundo caso, tenemos una tensión muy significativa: la que se genera entre la antigüedad y el presente.
15. Las vidas imaginarias que Schwob nos propone son diversas, he aquí su relación: "Meur. Renatus Descartes", "Empédocles. Dios supuesto", "Eróstrato. Incendiario", "Séptima, encantadora", "Lucrecio, poeta", "Clodia. Matrona impúdica", "Petronio. Novelista", "Sufah. Geomántico", "Fratre Dolcino. Hereje", "Ceco Angiolieri. Poeta rencoroso", "Paolo Uccello. Pintor", "Nicolás Loyseleur. Juez", "Katherine la Encajera. Muchacha de la vida", Alain el Gentil. Soldado", "Gabriel Spenser. Actor", "Pocahontas. Princesa", "Cyril Tourneur. Poeta trágico", "William Phips. Pescador de tesoros", "El capitán Kid. Pirata", "Walter Kennedy. Pirata iletrado", "El Mayor Stede Bonnet. Pirata del alma", y "Los señores Burke y Hare. Asesinos".
16. Prólogo de Borges dedicado a la novela de Schwob (Vidas imaginarias, trad. de Julio Pérez Millán, Barcelona, Orbis, 1987), y que forma parte de la "Biblioteca Personal J.L.Borges", publicada en España y Argentina a finales de los años 80'.
17. En lo que concierne al peso significativo de las vidas imaginarias de autores griegos y latinos en Schwob, Borges y Tabucchi, cf. Hualde Pascual (en prensa) y García Jurado (1999a).
18. El eco de Kafka es evidente: "Gregorio se horrorizó al oír en cambio la suya propia (sc. la voz), que era la de siempre, pero mezclada con un penoso y estridente silbido, en el cual las palabras, al principio claras, se confundían luego y sonaban de forma tal que uno no estaba seguro de haberlas oído." (Franz Kafka, La metamorfosis, trad. de Julio Izquierdo, Barcelona, Orbis, 1982, 14).
19. En traducción de Antonio Ruiz de Elvira (Ovidio, Metamorfosis, tomo III, texto, notas e índices de nombres por Bartolomé Segura Ramos, Madrid, CSIC (Colección Alma Mater), 1994, 4ª edición, 181-182):
..."y las larvas de los campos que suelen entretejer las hojas con sus blancos hilos (cosa familiar para los labradores) canjean su figura por la de la fúnebre mariposa".
El sugerente adjetivo "fúnebre" (feralis) que aparece en el verso 374 tiene su origen en la figuración como mariposa que a veces se hacía del alma al morir el cuerpo.
20. No se nos escapa el intencionado paralelismo que encontramos entre las vidas de Lucrecio y Petronio, de Schwob, con los sueños de Ovidio y Apuleyo, de Tabucchi (García Jurado 1999a, 39).
21.Aunque hay que señalar que la propia vida de Ovidio sigue marcada por algun
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