- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus
 
 
Historia desconocida de la literatura latina en las letras del siglo XX.
Metodología de la Literatura Comparada 9/9
Francisco García Jurado
 (Departamento de Filología Latina, Universidad Complutense)
pacogj@eucmax.ucm.es
 

4.2. Erudición y fabulación: Plinio el Viejo (Italo Calvino y Jorge Luis Borges).

Gayo Plinio Segundo, más conocido como Plinio el Viejo, es el autor latino de carácter erudito al que más recurren los autores modernos interesados en la búsqueda de prodigios y maravillas. Para explicar la razón, son fundamentales las siguientes palabras de Borges acerca de Plinio el Viejo (50)

«Épocas hubo en que se leían las páginas de Plinio en busca de precisiones; hoy las leemos en busca de maravillas, y ese cambio no ha vulnerado la fortuna de Plinio». En este sentido, es muy significativo que Italo Calvino, uno de los mayores cultivadores del relato fantástico, lo haya elegido en calidad de clásico:

"El uso que siempre se ha hecho de Plinio, creo, es el de consulta, ya para saber qué sabían o creían saber los antiguos sobre una cuestión determinada, ya para escudriñar curiosidades y rarezas. (Bajo este último aspecto no se puede descuidar el libro I, es decir el sumario de la obra, cuyas sugestiones vienen de aproximaciones imprevistas; «Peces que tienen un guijarro en la cabeza; Peces que se esconden en invierno; Peces que sienten la influencia de los astros; Precios extraordinarios pagados por ciertos peces», o bien «Sobre la rosa: 12 variedades, 32 medicamentos; 3 variedades de lirios, 21 medicamentos; Planta que nace de una lágrima propia; 3 variedades de narcisos; 17 medicamentos; Planta cuya semilla se tiñe para que nazcan flores de colores; El azafrán: 20 medicamentos; Dónde da las mejores flores; Qué flores eran conocidas en tiempos de la guerra de Troya; Vestiduras que rivalizaban con las flores», y aún: «Naturaleza de los metales; Sobre el oro; Sobre la cantidad de oro que poseían los antiguos; Sobre el orden ecuestre y el derecho a llevar anillos de oro; ¿Cuántas veces cambió de nombre el orden ecuestre?».) Pero Plinio es también un autor que merece una lectura continuada, siguiendo el calmo movimiento de su prosa, animada por la admiración de todo lo que existe y por el respeto hacia la infinita diversidad de los fenómenos.

Podemos distinguir un Plinio poeta y filósofo, con su sentimiento del universo, su pathos del conocimiento y del misterio, y un Plinio coleccionista neurótico de datos, compilador obsesivo que sólo parece preocuparse de no desperdiciar ni una anotación de su mastodóntico fichero (...). Pero una vez admitida la existencia de estos dos aspectos, hay que reconocer sin más que Plinio es siempre uno, así como uno es el mundo que quiere describir en la variedad de sus formas." (Calvino, 1995, 44-45)

Italo Calvino se ha detenido precisamente a hablarnos del sumario de la obra, "cuyas sugestiones", como él mismo declara, "vienen de aproximaciones imprevistas". En verdad que a más de un lector no se le habrá escapado que los "Peces que tienen un guijarro en la cabeza", los "Peces que se esconden en invierno", y los "Peces que sienten la influencia de los astros" recuerdan bastante a un conocido texto de Borges, concretamente el titulado "El idioma analítico de John Wilkins":

"Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas (...)" (Jorge Luis Borges, Otras Inquisiciones, Obras Completas, tomo II, Barcelona, Emecé, 1989, 86)

En primer lugar, la obra de Plinio tiene el encanto de ser una enciclopedia que contiene su correspondiente clasificación de un mundo que puede ser real, pero que también incluye noticias fantásticas, seres imaginarios y prodigiosos como si fueran reales. Calvino no se olvida, sin embargo, de la otra faceta de Plinio, además de neurótico compilador de datos, el Plinio "poeta y filósofo", transmisor no sólo de noticias curiosas sino, además, de una visión del mundo, como cuando nos habla de la fragilidad del ser humano en el libro VII:

"De todo esto surge una idea dramática de la naturaleza humana como algo precario, inseguro: la forma y el destino del hombre penden de un hilo. Dedica varias páginas a lo imprevisible del parto, citando los casos excepcionales y las dificultades y los peligros. También ésta es una zona de límites: el que existe podría no existir o ser diferente, y todo lo que ha sido decidido está ahí.

«En las mujeres embarazadas todo, por ejemplo la manera de caminar, influye en el parto: si toman alimentos demasiado salados echan al mundo un niño sin uñas; si no saben contener la respiración, tienen más dificultades para parir; hasta un bostezo, durante el parto, puede ser mortal, así como un estornudo durante el coito puede provocar el aborto. Compasión y vergüenza asaltan a quien considera cuán precario es el origen del más soberbio de los seres vivientes: muchas veces basta el olor de una lámpara apenas apagada para abortar. ¡Y decir que de un comienzo tan frágil puede nacer un tirano o un verdugo! ¡Tú que confías en tu fuerza física, que estrechas entre tus brazos los dones de la fortuna y te consideras no pupilo sino hijo de ella, piensa qué poco hubiera bastado para destruirte!» (VII,42-44)." (Italo Calvino, 1995, 50-51) 

De entre los 37 libros que componen la Historia Natural, este libro VII de Plinio, cuyo asunto central es el hombre (51), sirve también a Jorge Luis Borges para extraer de él el motivo de uno de sus más conocidos cuentos, el de Funes y su prodigiosa memoria. Debe hacerse notar que la literatura que encierra en su trama algún aspecto erudito no tiene por qué ser una trama estática o contemplativa, sino que suele gustar de historias de acción e intriga, y no de manera muy diferente procede Borges con la Naturalis Historia de Plinio en su relato "Funes el memorioso". 

Borges, en este caso, se centra en el capítulo vigésimocuarto del libro séptimo de Plinio, dedicado a la memoria. El narrador ha comenzado el aprendizaje del latín, motivo por el cual lleva consigo libros que le ayuden a tal iniciación: 

"No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latín. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos". (Jorge Luis Borges, "Funes el memorioso", en Ficciones, en Obras Completas, tomo I, Barcelona, Emecé, 1989, 487)

Ireneo Funes, el protagonista de la historia cuya memoria puede recoger cualquier detalle, por mínimo que sea, pide al narrador alguno de estos libros, "acompañado de un diccionario «para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín»"; éste le presta, no sin reserva y justificado escepticismo, el diccionario de Quicherat y el mencionado volumen de Plinio. Sorprendentemente, al cabo de siete días, cuando el narrador acude a reclamarle sus libros por tener que partir inesperadamente, encuentra a Ireneo hablando en latín:

"Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo patio. Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del vigésimocuarto capítulo del libro séptimo de la Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut nihil non iisdem verbis redderetur auditum (...)

Ireneo empezó por enumerar, en latín y en español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis Historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles (...)" (Jorge Luis Borges, "Funes el memorioso")

En definitiva, lo que bien podría haber sido un ensayo acerca de los prodigios de la memoria ha quedado convertido en una emotiva ficción con características de mito. Funes el Memorioso recita ya de memoria el pasaje latino, tal y como lo haría el bibliotecario griego del relato de Plinio y, más aún, si bien Plinio aduce como motivo de una pérdida de memoria el hecho de recibir un golpe, en el caso de Funes va a ser precisamente ese golpe el que va a conferirle su prodigiosa capacidad, a pesar de quedar tullido. De esta forma, no sólo utiliza Borges la información erudita del texto clásico como poso erudito de su relato, sino que, además, la noticia acerca del golpe llega incluso a conformar la ficción (unido a posibles retazos autobiográficos). Es reseñable, asimismo, que Borges utilice para este relato los volúmenes de Plinio en latín, sabiendo que también conoce la traducción inglesa, como vemos en uno de los pasajes cruciales de su relato "El Aleph": 

  "(...) vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche) (...)" (Jorge Luis Borges, "El Aleph", en El Aleph en Obras Completas, tomo I, 625)

Saber latín no era para Borges una cuestión baladí. Su aprendizaje de la lengua de Virgilio en Ginebra, y la posibilidad de acceder a sus textos marcó al autor para toda la vida como uno de los aspectos más característicos de su erudición. Conviene hacer ver que este amor por la erudición les viene a autores como Borges de su admiración por las literaturas francesa, inglesa y alemana, y que tal amor no está desconectado de cierto desdén por la literatura castellana, en especial por su prosa (53).

A este respecto, Marcos-Ricardo Barnatán transcribe oportunamente la impresión que a Borges le causó un encuentro con unos "ultraístas" sevillanos: 

"En Sevilla me vinculé al grupo formado alrededor de Grecia. Los integrantes de ese grupo, que se llamaban a sí mismos Ultraístas, tenían el propósito de renovar la literatura, rama de las artes de la cual no sabían nada. Uno de ellos me dijo cierta vez que todas sus lecturas se reducían a la Biblia, Cervantes, Darío y un par de libros del "Maestro", Rafael Cansinos-Asséns. Sorprendió a mi cerebro argentino descubrir que no conocían lo francés y que para ellos no existía esa cosa denominada "literatura inglesa". Llegaron a presentarme un "valor local" conocido como "el Humanista", y no demoré en comprobar que su latín era más exiguo que el mío." (Barnatán 1995, 133)

III. Características generales de la historia no académica de la literatura clásica en las letras del siglo XX: las tensiones.

Recorridos, pues, estos cuatro itinerarios propuestos, podemos sugerir que si hubiera un lector capaz de leer todas o buena parte de las mejores obras literarias de nuestro siglo podría llegar a conocer por medio de ellas muchos aspectos de la literatura antigua. Con ello, además, no nos referimos tan sólo a los autores universales, sino también a otros menos conocidos que la pátina del tiempo ha ido arrinconando a la categoría de "raros". Así las cosas, la propuesta del estudio de la intertextualidad explícita dada entre la literatura latina y las modernas nos parece prometedora por la diversidad de aspectos literarios e históricos que se ven implicados. Haremos un sucinto recuento de lo visto hasta aquí a partir de los distintos aspectos que hemos utilizado como criterio de estudio, como son a) la intertextualidad, b) los polisistemas y las tensiones, y c) el horizonte de expectativas:

a) El estudio de las diferentes relaciones posibles entre los antiguos textos latinos y los textos modernos nos ha brindado el mecanismo básico para plantear nuestra investigación en cuatro itinerarios: autores, textos, crítica y géneros. Este juego diverso de relaciones entre textos nos permite afrontar el estudio de la herencia clásica en la literatura moderna desde una perspectiva diferente a la tradicional de influencia o imitación.

b) No deja de ser singular la circunstancia de que cualquier autor de la literatura latina pueda aparecer en un texto literario moderno, sin menoscabo de su universalidad o de su rareza. Este particular planteamiento metaliterario que hemos establecido nos permite articular una ESTRUCTURA histórica y supranacional que agrupa, a partir de la aparición explícita de la literatura latina, textos modernos muy diversos y sin necesaria relación genética entre ellos. Nos encontramos ante un rico POLISISTEMA que desde algunas tensiones básicas, tales como Filología frente a Literatura, o Autor frente a Lector, nos muestra la compleja relación de lectura y asimilación por parte de los autores modernos de una literatura del pasado que constituye uno de los fundamentos de su cultura, en torno a las diversas "tensiones" que hemos ido señalando:

-Cosmopolitismo frente a localismo (Séneca)
-Realidad histórica frente a ficción (Ovidio)
-Babelismo frente a clasicismo (Gelio)
-Pasado frente a presente (Tácito y Plinio el Joven)
-Clasicismo frente a modernidad (Virgilio)
-Clasicismo frente a barbarie (Virgilio)
-Concisión frente a extensión (Fedro)
-Fabulación frente a erudición (Plinio el Viejo) 

Dado que no hay límites ni de género ni de tiempo, pues entre las referencias explícitas cabe la erudición, la técnica, o las letras medievales, la cuestión afecta al propio concepto de literatura latina, más cercano a lo que se entendía por "literatura" en el siglo XVIII que a lo que se entiende hoy día. Por otra parte, la cuestión de cómo se percibe la "literariedad" de los textos antiguos por parte de los nuevos lectores queda pendiente, en especial cuando son los viejos textos de ciencia los que acaban convirtiéndose en inesperada materia poética.

c) Frente a esta posibilidad abierta e ilimitada de ocurrencia de los autores latinos, desde la perspectiva de los autores modernos particulares, por el contrario, no todos son capaces de citar a cualquier autor latino, sino que esto dependerá de los gustos que su formación y lecturas les hayan proporcionado, o de su HORIZONTE DE EXPECTATIVAS, tanto más interesante cuanto más inesperado sea el autor latino que aparezca. Cuando los autores modernos tienen algo más que unos conocimientos básicos de literatura latina, juegan, asimismo, con el propio "horizonte de expectativas" de su lector, deleitándole o incluso ilustrándole. Manuel Mujica Láinez es, con su Bomarzo, un excelente ejemplo de lo que decimos. Desde el punto de vista del "doble proceso de decodificación" (Assís de Rojo y Flawiá de Fernández 1998, 35-45) que plantea la explicación que de la cultura clásica hace un hombre del Renacimiento a los lectores modernos, tenemos preciosos ejemplos de lecturas de obras que el autor sabe perfectamente que no comparte con su lector implícito, tales como la del Orlando Furioso, o el Cortesano. Entre esas lecturas está la Historia natural, de Plinio el Viejo:

"El maestro Pierio Valeriano había dispuesto que estudiáramos la Historia Natural de Plinio, que enseña que no hay nadie más desgraciado ni más orgulloso que el hombre, y que enseña también que ningún ser posee una vida tan frágil ni pasión tan ardiente. Y su texto anotado iluminó mi imaginación con más y más figuras quiméricas: el basilisco, cuya mirada quema la hierba y destroza los peñascos; el fénix, que vive tanto tiempo como el que requieren el sol, la luna y los cinco planetas para recuperar su posición inicial, el hipocentauro, el dragón, el unicornio, el grifo de largas orejas y pico curvo; la esfinge de pelaje rojizo; el catoblepas cuya cabeza es tan pesada que la arrastra y cuyos ojos dan la muerte, las yeguas que fecunda el viento..." (Manuel Mujica Láinez, Bomarzo, Barcelona, Seix Barral, 1985, 109)

Singularmente, estos prodigios y monstruos fantásticos que nos relata un autor latino completamente desconocido para el lector moderno son los que, en parte, inspirarán los monstruos del jardín de Bomarzo y las zoologías fantásticas de Jorge Luis Borges.

El estudio, naturalmente, no se agota aquí. Quedan por desbrozar asuntos tan capitales como el del papel de la traducción de los textos latinos como vehículo de recepción, o el del propio valor semiótico del texto cuando se cita en latín, aún a sabiendas de que el lector no pueda entenderlo. Restan muchas literaturas modernas por leer, como las eslavas, donde el papel de la educación clásica ha tenido un peso significativo. Es importante, por último, hacer notar que el interés de este estudio no concierne tan sólo a la literatura latina como tal, sino a la visión que de sus autores se tiene en un contexto cultural bien distinto del suyo propio, pero creemos que esto es, precisamente, la esencia de su modernidad.


BIBLIOGRAFÍA


50. Jorge Luis Borges: «Edward Gibbon: páginas de historia y de autobiografía», en Prólogos con un prólogo de prólogos (citado por Obras Completas, tomo IV, Barcelona, Emecé, 1996, 71).

51. "Meraviglia il lettore moderno che in una Storia naturale vengano trattate cosí in dettaglio le attività artistiche e scientifiche dell'uomo. In generale Plinio cerca ad ogni passo di stabilire un nesso tra uomo e natura" (Von Albrecht 1995, 1267).

52. "Pero no pasó lo mismo con la prosa. Algunos como Arozín, Valle Inclán y Unamuno fueron muy leídos, pero nunca con esa admiración entregada que supieron despertar los poetas. En realidad la cultura literaria de América Latina, desde las guerras de la independencia, se rebela contra España y se embebe de las literaturas de Francia, Inglaterra y Alemania. Entramos en el siglo XX mucho más cerca de la Europa transpirenaica que de España. La aparición de escritores como Borges o Lezama Lima, con una erudición tan universal, se relaciona con cierta antihispanidad literaria" (Posse 1995).

53. Pero no pasó lo mismo con la prosa. Algunos como Azorín, Valle Inclán y Unamuno fueron muy leídos, pero nunca con esa admiración entregada que supieron despertar los poetas. En realidad la cultura literaria de América Latina, desde las guerras de la independencia, se rebela contra España y se embebe de las literaturas de Francia, Inglaterra y Alemania. Entramos en el Siglo XX mucho más cerca de la Europa Transpirenaica que de España. La aparición de escritores como Borges o Lezama Lima, con una erudición tan universal, se relaciona con cierta antihispanidad literaria". (Posse 1.995)