| 4.2.
Erudición y fabulación: Plinio el Viejo (Italo Calvino y
Jorge Luis Borges).
Gayo Plinio Segundo, más conocido
como Plinio el Viejo, es el autor latino de carácter erudito al
que más recurren los autores modernos interesados en la búsqueda
de prodigios y maravillas. Para explicar la razón, son fundamentales
las siguientes palabras de Borges acerca de Plinio el Viejo (50):
«Épocas hubo en que se leían
las páginas de Plinio en busca de precisiones; hoy las leemos en
busca de maravillas, y ese cambio no ha vulnerado la fortuna de Plinio».
En este sentido, es muy significativo que Italo Calvino, uno de los mayores
cultivadores del relato fantástico, lo haya elegido en calidad de
clásico:
"El uso que siempre se ha hecho de Plinio,
creo, es el de consulta, ya para saber qué sabían o creían
saber los antiguos sobre una cuestión determinada, ya para escudriñar
curiosidades y rarezas. (Bajo este último aspecto no se puede descuidar
el libro I, es decir el sumario de la obra, cuyas sugestiones vienen de
aproximaciones imprevistas; «Peces que tienen un guijarro en la cabeza;
Peces que se esconden en invierno; Peces que sienten la influencia de los
astros; Precios extraordinarios pagados por ciertos peces», o bien
«Sobre la rosa: 12 variedades, 32 medicamentos; 3 variedades de lirios,
21 medicamentos; Planta que nace de una lágrima propia; 3 variedades
de narcisos; 17 medicamentos; Planta cuya semilla se tiñe para que
nazcan flores de colores; El azafrán: 20 medicamentos; Dónde
da las mejores flores; Qué flores eran conocidas en tiempos de la
guerra de Troya; Vestiduras que rivalizaban con las flores», y aún:
«Naturaleza de los metales; Sobre el oro; Sobre la cantidad de oro
que poseían los antiguos; Sobre el orden ecuestre y el derecho a
llevar anillos de oro; ¿Cuántas veces cambió de nombre
el orden ecuestre?».) Pero Plinio es también un autor que
merece una lectura continuada, siguiendo el calmo movimiento de su prosa,
animada por la admiración de todo lo que existe y por el respeto
hacia la infinita diversidad de los fenómenos.
Podemos distinguir un Plinio poeta y filósofo,
con su sentimiento del universo, su pathos del conocimiento y del misterio,
y un Plinio coleccionista neurótico de datos, compilador obsesivo
que sólo parece preocuparse de no desperdiciar ni una anotación
de su mastodóntico fichero (...). Pero una vez admitida la existencia
de estos dos aspectos, hay que reconocer sin más que Plinio es siempre
uno, así como uno es el mundo que quiere describir en la variedad
de sus formas." (Calvino, 1995, 44-45)
Italo Calvino se ha detenido precisamente
a hablarnos del sumario de la obra, "cuyas sugestiones", como él
mismo declara, "vienen de aproximaciones imprevistas". En verdad que a
más de un lector no se le habrá escapado que los "Peces que
tienen un guijarro en la cabeza", los "Peces que se esconden en invierno",
y los "Peces que sienten la influencia de los astros" recuerdan bastante
a un conocido texto de Borges, concretamente el titulado "El idioma analítico
de John Wilkins":
"Esas ambigüedades, redundancias
y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta
enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos
benévolos. En sus remotas páginas está escrito
que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados,
(c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos,
(h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos,
(j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de
camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón,
(n) que de lejos parecen moscas (...)" (Jorge Luis Borges, Otras Inquisiciones,
Obras Completas, tomo II, Barcelona, Emecé, 1989, 86)
En primer lugar, la obra de Plinio tiene
el encanto de ser una enciclopedia que contiene su correspondiente clasificación
de un mundo que puede ser real, pero que también incluye noticias
fantásticas, seres imaginarios y prodigiosos como si fueran reales.
Calvino no se olvida, sin embargo, de la otra faceta de Plinio, además
de neurótico compilador de datos, el Plinio "poeta y filósofo",
transmisor no sólo de noticias curiosas sino, además, de
una visión del mundo, como cuando nos habla de la fragilidad del
ser humano en el libro VII:
"De todo esto surge una idea dramática
de la naturaleza humana como algo precario, inseguro: la forma y el destino
del hombre penden de un hilo. Dedica varias páginas a lo imprevisible
del parto, citando los casos excepcionales y las dificultades y los peligros.
También ésta es una zona de límites: el que existe
podría no existir o ser diferente, y todo lo que ha sido decidido
está ahí.
«En las mujeres embarazadas todo,
por ejemplo la manera de caminar, influye en el parto: si toman alimentos
demasiado salados echan al mundo un niño sin uñas; si no
saben contener la respiración, tienen más dificultades para
parir; hasta un bostezo, durante el parto, puede ser mortal, así
como un estornudo durante el coito puede provocar el aborto. Compasión
y vergüenza asaltan a quien considera cuán precario es el origen
del más soberbio de los seres vivientes: muchas veces basta el olor
de una lámpara apenas apagada para abortar. ¡Y decir que de
un comienzo tan frágil puede nacer un tirano o un verdugo! ¡Tú
que confías en tu fuerza física, que estrechas entre tus
brazos los dones de la fortuna y te consideras no pupilo sino hijo de ella,
piensa qué poco hubiera bastado para destruirte!» (VII,42-44)."
(Italo Calvino, 1995, 50-51)
De entre los 37 libros que componen la
Historia Natural, este libro VII de Plinio, cuyo asunto central
es el hombre (51), sirve también a Jorge Luis Borges para
extraer de él el motivo de uno de sus más conocidos cuentos,
el de Funes y su prodigiosa memoria. Debe hacerse notar que la literatura
que encierra en su trama algún aspecto erudito no tiene por qué
ser una trama estática o contemplativa, sino que suele gustar de
historias de acción e intriga, y no de manera muy diferente procede
Borges con la Naturalis Historia de Plinio en su relato "Funes el
memorioso".
Borges, en este caso, se centra en el
capítulo vigésimocuarto del libro séptimo de Plinio,
dedicado a la memoria. El narrador ha comenzado el aprendizaje del latín,
motivo por el cual lleva consigo libros que le ayuden a tal iniciación:
"No sin alguna vanagloria yo había
iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latín. Mi
valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus
de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen impar
de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue
excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en
un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en
enterarse del arribo de esos libros anómalos". (Jorge Luis Borges,
"Funes el memorioso", en Ficciones, en Obras Completas, tomo I,
Barcelona, Emecé, 1989, 487)
Ireneo Funes, el protagonista de la historia
cuya memoria puede recoger cualquier detalle, por mínimo que sea,
pide al narrador alguno de estos libros, "acompañado de un diccionario
«para la buena inteligencia del texto original, porque todavía
ignoro el latín»"; éste le presta, no sin reserva y
justificado escepticismo, el diccionario de Quicherat y el mencionado volumen
de Plinio. Sorprendentemente, al cabo de siete días, cuando el narrador
acude a reclamarle sus libros por tener que partir inesperadamente, encuentra
a Ireneo hablando en latín:
"Atravesé el patio de baldosa,
el corredorcito; llegué al segundo patio. Había una parra;
la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona
voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía
de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o
incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de
tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después,
en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo
del vigésimocuarto capítulo del libro séptimo de la
Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria;
las palabras últimas fueron ut nihil non iisdem verbis redderetur
auditum (...)
Ireneo empezó por enumerar, en
latín y en español, los casos de memoria prodigiosa registrados
por la Naturalis Historia: Ciro, rey de los persas, que sabía
llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates
Eupator, que administraba la justicia en 22 idiomas de su imperio; Simónides,
inventor de la mnemotecnia; Metodoro, que profesaba el arte de repetir
con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló
de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa
en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que
todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado.
(Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su
memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había
vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír,
se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento;
cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico
y nítido, y también las memorias más antiguas y más
triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho
apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad
era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran
infalibles (...)" (Jorge Luis Borges, "Funes el memorioso")
En definitiva, lo que bien podría
haber sido un ensayo acerca de los prodigios de la memoria ha quedado convertido
en una emotiva ficción con características de mito. Funes
el Memorioso recita ya de memoria el pasaje latino, tal y como lo haría
el bibliotecario griego del relato de Plinio y, más aún,
si bien Plinio aduce como motivo de una pérdida de memoria el hecho
de recibir un golpe, en el caso de Funes va a ser precisamente ese golpe
el que va a conferirle su prodigiosa capacidad, a pesar de quedar tullido.
De esta forma, no sólo utiliza Borges la información erudita
del texto clásico como poso erudito de su relato, sino que, además,
la noticia acerca del golpe llega incluso a conformar la ficción
(unido a posibles retazos autobiográficos). Es reseñable,
asimismo, que Borges utilice para este relato los volúmenes de Plinio
en latín, sabiendo que también conoce la traducción
inglesa, como vemos en uno de los pasajes cruciales de su relato "El Aleph":
"(...) vi una quinta de Adrogué,
un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon
Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo
solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se
mezclaran y perdieran en el decurso de la noche) (...)" (Jorge Luis Borges,
"El Aleph", en El Aleph en Obras Completas, tomo I, 625)
Saber latín no era para Borges
una cuestión baladí. Su aprendizaje de la lengua de Virgilio
en Ginebra, y la posibilidad de acceder a sus textos marcó al autor
para toda la vida como uno de los aspectos más característicos
de su erudición. Conviene hacer ver que este amor por la erudición
les viene a autores como Borges de su admiración por las literaturas
francesa, inglesa y alemana, y que tal amor no está desconectado
de cierto desdén por la literatura castellana, en especial por su
prosa (53).
A este respecto, Marcos-Ricardo Barnatán
transcribe oportunamente la impresión que a Borges le causó
un encuentro con unos "ultraístas" sevillanos:
"En Sevilla me vinculé al grupo
formado alrededor de Grecia. Los integrantes de ese grupo, que se llamaban
a sí mismos Ultraístas, tenían el propósito
de renovar la literatura, rama de las artes de la cual no sabían
nada. Uno de ellos me dijo cierta vez que todas sus lecturas se reducían
a la Biblia, Cervantes, Darío y un par de libros del "Maestro",
Rafael Cansinos-Asséns. Sorprendió a mi cerebro argentino
descubrir que no conocían lo francés y que para ellos no
existía esa cosa denominada "literatura inglesa". Llegaron a presentarme
un "valor local" conocido como "el Humanista", y no demoré en comprobar
que su latín era más exiguo que el mío." (Barnatán
1995, 133)
III. Características generales
de la historia no académica de la literatura clásica en las
letras del siglo XX: las tensiones.
Recorridos, pues, estos cuatro itinerarios
propuestos, podemos sugerir que si hubiera un lector capaz de leer todas
o buena parte de las mejores obras literarias de nuestro siglo podría
llegar a conocer por medio de ellas muchos aspectos de la literatura antigua.
Con ello, además, no nos referimos tan sólo a los autores
universales, sino también a otros menos conocidos que la pátina
del tiempo ha ido arrinconando a la categoría de "raros". Así
las cosas, la propuesta del estudio de la intertextualidad explícita
dada entre la literatura latina y las modernas nos parece prometedora por
la diversidad de aspectos literarios e históricos que se ven implicados.
Haremos un sucinto recuento de lo visto hasta aquí a partir de los
distintos aspectos que hemos utilizado como criterio de estudio, como son
a) la intertextualidad, b) los polisistemas y las tensiones, y c) el horizonte
de expectativas:
a) El estudio de las diferentes relaciones
posibles entre los antiguos textos latinos y los textos modernos nos ha
brindado el mecanismo básico para plantear nuestra investigación
en cuatro itinerarios: autores, textos, crítica y géneros.
Este juego diverso de relaciones entre textos nos permite afrontar el estudio
de la herencia clásica en la literatura moderna desde una perspectiva
diferente a la tradicional de influencia o imitación.
b) No deja de ser singular la circunstancia
de que cualquier autor de la literatura latina pueda aparecer en un texto
literario moderno, sin menoscabo de su universalidad o de su rareza. Este
particular planteamiento metaliterario que hemos establecido nos permite
articular una ESTRUCTURA histórica y supranacional que agrupa, a
partir de la aparición explícita de la literatura latina,
textos modernos muy diversos y sin necesaria relación genética
entre ellos. Nos encontramos ante un rico POLISISTEMA que desde algunas
tensiones básicas, tales como Filología frente a Literatura,
o Autor frente a Lector, nos muestra la compleja relación de lectura
y asimilación por parte de los autores modernos de una literatura
del pasado que constituye uno de los fundamentos de su cultura, en torno
a las diversas "tensiones" que hemos ido señalando:
-Cosmopolitismo frente a localismo (Séneca)
-Realidad histórica frente a ficción
(Ovidio)
-Babelismo frente a clasicismo (Gelio)
-Pasado frente a presente (Tácito
y Plinio el Joven)
-Clasicismo frente a modernidad (Virgilio)
-Clasicismo frente a barbarie (Virgilio)
-Concisión frente a extensión
(Fedro)
-Fabulación frente a erudición
(Plinio el Viejo)
Dado que no hay límites ni de género
ni de tiempo, pues entre las referencias explícitas cabe la erudición,
la técnica, o las letras medievales, la cuestión afecta al
propio concepto de literatura latina, más cercano a lo que se entendía
por "literatura" en el siglo XVIII que a lo que se entiende hoy día.
Por otra parte, la cuestión de cómo se percibe la "literariedad"
de los textos antiguos por parte de los nuevos lectores queda pendiente,
en especial cuando son los viejos textos de ciencia los que acaban convirtiéndose
en inesperada materia poética.
c) Frente a esta posibilidad abierta e
ilimitada de ocurrencia de los autores latinos, desde la perspectiva de
los autores modernos particulares, por el contrario, no todos son capaces
de citar a cualquier autor latino, sino que esto dependerá de los
gustos que su formación y lecturas les hayan proporcionado, o de
su HORIZONTE DE EXPECTATIVAS, tanto más interesante cuanto más
inesperado sea el autor latino que aparezca. Cuando los autores modernos
tienen algo más que unos conocimientos básicos de literatura
latina, juegan, asimismo, con el propio "horizonte de expectativas" de
su lector, deleitándole o incluso ilustrándole. Manuel Mujica
Láinez es, con su Bomarzo, un excelente ejemplo de lo que
decimos. Desde el punto de vista del "doble proceso de decodificación"
(Assís de Rojo y Flawiá de Fernández 1998, 35-45)
que plantea la explicación que de la cultura clásica hace
un hombre del Renacimiento a los lectores modernos, tenemos preciosos ejemplos
de lecturas de obras que el autor sabe perfectamente que no comparte con
su lector implícito, tales como la del Orlando Furioso, o el
Cortesano. Entre esas lecturas está la Historia natural,
de Plinio el Viejo:
"El maestro Pierio Valeriano había
dispuesto que estudiáramos la Historia Natural de Plinio,
que enseña que no hay nadie más desgraciado ni más
orgulloso que el hombre, y que enseña también que ningún
ser posee una vida tan frágil ni pasión tan ardiente. Y su
texto anotado iluminó mi imaginación con más y más
figuras quiméricas: el basilisco, cuya mirada quema la hierba y
destroza los peñascos; el fénix, que vive tanto tiempo como
el que requieren el sol, la luna y los cinco planetas para recuperar su
posición inicial, el hipocentauro, el dragón, el unicornio,
el grifo de largas orejas y pico curvo; la esfinge de pelaje rojizo; el
catoblepas cuya cabeza es tan pesada que la arrastra y cuyos ojos dan la
muerte, las yeguas que fecunda el viento..." (Manuel Mujica Láinez,
Bomarzo, Barcelona, Seix Barral, 1985, 109)
Singularmente, estos prodigios y monstruos
fantásticos que nos relata un autor latino completamente desconocido
para el lector moderno son los que, en parte, inspirarán los monstruos
del jardín de Bomarzo y las zoologías fantásticas
de Jorge Luis Borges.
El estudio, naturalmente, no se agota
aquí. Quedan por desbrozar asuntos tan capitales como el del papel
de la traducción de los textos latinos como vehículo de recepción,
o el del propio valor semiótico del texto cuando se cita en latín,
aún a sabiendas de que el lector no pueda entenderlo. Restan muchas
literaturas modernas por leer, como las eslavas, donde el papel de la educación
clásica ha tenido un peso significativo. Es importante, por último,
hacer notar que el interés de este estudio no concierne tan sólo
a la literatura latina como tal, sino a la visión que de sus autores
se tiene en un contexto cultural bien distinto del suyo propio, pero creemos
que esto es, precisamente, la esencia de su modernidad.
BIBLIOGRAFÍA
50. Jorge Luis Borges: «Edward
Gibbon: páginas de historia y de autobiografía», en
Prólogos con un prólogo de prólogos (citado por Obras
Completas, tomo IV, Barcelona, Emecé, 1996, 71).
51. "Meraviglia il lettore moderno
che in una Storia naturale vengano trattate cosí in dettaglio le
attività artistiche e scientifiche dell'uomo. In generale Plinio
cerca ad ogni passo di stabilire un nesso tra uomo e natura" (Von Albrecht
1995, 1267).
52. "Pero no pasó lo mismo
con la prosa. Algunos como Arozín, Valle Inclán y Unamuno
fueron muy leídos, pero nunca con esa admiración entregada
que supieron despertar los poetas. En realidad la cultura literaria de
América Latina, desde las guerras de la independencia, se rebela
contra España y se embebe de las literaturas de Francia, Inglaterra
y Alemania. Entramos en el siglo XX mucho más cerca de la Europa
transpirenaica que de España. La aparición de escritores
como Borges o Lezama Lima, con una erudición tan universal, se relaciona
con cierta antihispanidad literaria" (Posse 1995).
53. Pero no pasó lo mismo
con la prosa. Algunos como Azorín, Valle Inclán y Unamuno
fueron muy leídos, pero nunca con esa admiración entregada
que supieron despertar los poetas. En realidad la cultura literaria de
América Latina, desde las guerras de la independencia, se rebela
contra España y se embebe de las literaturas de Francia, Inglaterra
y Alemania. Entramos en el Siglo XX mucho más cerca de la Europa
Transpirenaica que de España. La aparición de escritores
como Borges o Lezama Lima, con una erudición tan universal, se relaciona
con cierta antihispanidad literaria". (Posse 1.995) |