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El positivismo. El círculo de Viena. Karl Popper.2/3

Pablo López

ISBN- 84-9714-119-9

 

1.3.- Principios filosóficos del Círculo de Viena.

Una vez descrito los inicios y antecedentes del Círculo hay que ver cuales son los principios de esta nueva concepción, que no sólo parece ser científica sino que se convierte en una concepción del mundo. Y es ese su primer principio. Los miembros del círculo compartían una inquietud común: no querían sin más publicar, sino que querían dar a conocer cual es la verdadera concepción del mundo y, por tanto, una verdad concreta, el sentido de todo.

Apoyándose en esa pretensión y deseo está el segundo punto: la defensa del método científico como único camino para el conocimiento de la realidad. De ahí, nace la defensa de las ciencias experimentales como las únicas que pueden explicar la realidad. La experiencia y las proposiciones elementales de la ciencia son el único lenguaje verdadero.

De hecho, la aparición de una nueva lógica capaz de unir la ciencia y de dar consistencia lógica al método resulta fundamental para las pretensiones del círculo. Las explicaciones de Wittgenstein en el Tractatus sobre la validez de las diferentes proposiciones científicas y del lenguaje son el camino a través del cual desarrollar la concepción científica y hacer realidad la ciencia unificada.

¿Cómo explicar el método científico para dar con la concepción científica del mundo? Sólo a través de las proposiciones del lenguaje científico, es decir, las proposiciones científicas deben de resumir perfectamente la realidad y el modo de saber como la construyen es la verificación directa de cada una de las proposiciones. La verificación directa sólo es posible si las proposiciones miden, de hecho, los fenómenos, lo que realmente se da. El avance y la definición del método es encontrar cual es el criterio lógico que permite discernir las proposiciones elementales con los fenómenos.

De ahí, nace uno de los principios esenciales del pensamiento del círculo de Viena: el criterio empírico de significado. Con él se puede saber y verificar las proposiciones esenciales del saber filosófico y construir el conocimiento del mundo desde su concepción científica. Esta postura se conoce como empirismo lógico. En esta postura, el fundamento del conocimiento está en la experiencia sensible, como el resto de los empiristas. Ahora bien, cambia que este tipo de empirismo justifica su experiencia en el análisis lógico del lenguaje y en las proposiciones que realmente tienen sentido.

De esta teoría se desprende que cualquier concepción filosófica que mantenga una actitud metafísica no es más que la construcción de mitos y teorías filosóficas que no tienen razón de ser y que sucumben ante el avance de la ciencia. Las proposiciones de la metafísica, por ejemplo, no pueden ser verdaderas porque no pueden verificarse según el criterio anunciado. De esta manera, la filosofía se constituye en el análisis de las proposiciones lógicas verdaderas.

¿Qué sería, entonces, de las proposiciones metafísicas que no consiguiesen reducir sus proposiciones a proposiciones elementales? En palabras de Carnap “la metafísica posee un contenido lo que ocurre es que este no es teorético. Las (pseudo) proposiciones de la metafísica no sirven para la descripción de relaciones objetivas, ni existentes (caso en el cual serían proposiciones verdaderas), ni inexistentes (caso en el cual -por lo menos-serían proposiciones falsas); ellas sirven para la expresión de una actitud emotiva ante la vida”[1]. Tanto la ciencia como la filosofía se fundamentan en ese criterio empírico de significado.

La metafísica queda reducida a expresiones subjetivas de la vida, o, como bien ha dicho Artigas “podría calificarse como poesía intelectual útil para la expresión de sentimientos subjetivos pero incapaz de expresar verdaderamente situaciones objetivas”[2]. Sólo es verdadero la ciencia ya que sólo sus proposiciones pueden ser verdaderas porque pueden responder según el criterio de significado fijado.

1.4.- El criterio empírico de significado.

Este criterio puede ser definido de la siguiente forma: una afirmación acerca de los hechos sólo tendría significado si existiese un camino o procedimiento empírico para comprobarla. Schlick habla de este principio o criterio de la siguiente manera: “el principio de que el sentido de toda proposición se halla totalmente contenido en su verificación mediante lo dado. Una proposición posee un significado enunciable, sólo cuando muestra una diferencia comprobable entre la situación de que sea verdadera y de que sea falsa”[3].

El sentido de las proposiciones sólo es posible si se da su verificación empírica. En este sentido, la filosofía tiene una función distinta de las que se podía entender y estará al servicio de ese criterio. Schlick define esta función de la siguiente manera: “la actividad mediante la cual se descubre o determina el sentido de los enunciados : esa es la filosofía. Por medio de la filosofía se aclaran las proposiciones, por medio de la ciencia se verifican”[4]. Es la actividad que sirve de apoyo a la verificación empírica.

Al mismo tiempo que sirve para explicar una nueva filosofía, eleva la ciencia experimental a el grado máximo del saber. La racionalidad humana solo es posible dentro de la racionalidad científica. Sólo hay objetividad en la ciencia, ya que es en el método de la ciencia donde cabe la verificación de sus proposiciones. El resto de disciplinas, incluida la metafísica no están encaminadas a la verdad, sino a expresar sentimientos, emociones y, a lo máximo ideas subjetivas.

La filosofía se salva porque se convierte en una actividad dedicada al análisis lógico del lenguaje. Es la herramienta que posibilita la verdad de la ciencia, ya que es la única disciplina que es capaz de discernir entre proposiciones con sentido (verdaderas) y proposiciones sin sentido (falsas). De tal modo, que la filosofía será la actividad que clarifique la realidad. Esa filosofía es la neopositivista, el empirismo lógico como camino para alcanzar la verdad.

***

Hasta aquí las consideraciones acerca de la filosofía del círculo de Viena. La herencia de su pensamiento llega hasta nuestros días, si bien no con la fuerza que tuvieron. El Círculo quedó formalmente disuelto en 1938. La razón fue el avance del nazismo y los problemas políticos del momento. Antes, en 1936, sufrió un duro golpe con la muerte de Schlick a manos de un alumno cuando salía de trabajar en la Universidad

Sin embargo, sus ideas perduraron, si bien no en las proposiciones concretas tal y como fueron realizadas en su momentos. De esas ideas, destaca su concepción antimetafísica de la realidad y del mundo y la difusión del cientificismo y empirismo lógico[5] como fundamento del conocimiento.

Ambas ideas han ido creciendo a lo largo del siglo XX convirtiéndose ya en lugar común y fundamento de una forma de pensar. Quizá sus proposiciones y afirmaciones filosóficas no calaron, pero su propósito último si que ha dejado su huella.

2. Karl Popper

Junto a la figura de los miembros del Círculo de Viena aparece un joven vienés que, con el tiempo, se convierte en uno de los principales artífices de la filosofía de la ciencia. Sin él no se podría comprender el desarrollo de esta disciplina. Buena parte de los filósofos posteriores de la ciencia se inspiraron en su teoría de la ciencia. Unos para criticarla y proponer nuevos caminos; otros para continuar en su misma línea filosófica y completar sus teorías.

Se estudiará su figura en cuatro grandes apartados. En primer lugar, se darán unos breves datos biográficos necesarios para comprender su obra; en segundo lugar, se realizará una exposición de sus ideas acerca del método de la ciencia; en tercer apartado, son las implicaciones que su método parece tener en el concepto de racionalidad y, por último comparar sus ideas con las expuestas anteriormente del Círculo de Viena.

2.1.- Un filósofo del siglo XX

Karl Popper nace en Viena en 1902 y muere en Inglaterra en 1994. Su vida y su obra abarcan casi todo el siglo XX. Espectador de excepción de las dos guerras mundiales, del triunfo del comunismo y de los avances científico-tecnológico, desde muy joven se sintió atraído por los problemas sociales y científicos de su tiempo. Puede decirse que su pensamiento crece alrededor y de la mano de problemas sociales y científicos concretos y en ellos se inspira su filosofía.

En su autobiografía, Búsqueda sin término, se puede encontrar algunos detalles que justifican que su filosofía se realiza alrededor de esas vivencias personales. Por ejemplo, cuenta que “tenía doce años cuando estalló la Primera Guerra Mundial; y los años de guerra y sus efectos, fueron en todo respecto decisivos para mi desarrollo intelectual. Hicieron surgir en mi una actitud crítica con respecto a las opiniones aceptadas, especialmente las opiniones políticas”[6]. Estas y otras reacciones eran comunes en él y no dejaba de preguntarse qué solución podrían ofrecerse ante tales problemas.

Desde su adolescencia parece que vive preocupado por los acontecimientos políticos de su tiempo. En la autobiografía pueden leerse otros pasajes donde relata algunos acontecimientos que le llevaron a tomar parte activa en ellos, ante la creciente situación de decadencia de la sociedad de su tiempo[7]. En concreto, el joven Popper pidió su entrada en las juventudes socialistas cuando cursaba la secundaria, comprometiéndose con las soluciones aportadas por dicho sistema de pensamiento. Durante algún tiempo fue seducido por su propaganda.

Sin embargo, fue esta relación de juventud con el marxismo la que marcaría con el tiempo su forma de pensar. Tras relatar su pertenencia al partido, cuenta como uno de esos hechos le desmarcó de las tesis marxistas y le motivo e influyó a tomar críticamente esas tesis: “Pronto iba a quedar desencantado. El incidente que me enfrentó con el comunismo, y que pronto había de alejarme enteramente del marxismo, fue uno de los más importantes en mi vida. Ocurrió muy poco antes de mi decimoséptimo cumpleaños. En Viena se desencadenó un tiroteo durante una manifestación de jóvenes socialistas no armados, que, instigados por los comunistas, trataban de ayudar a escapar a varios comunistas que estaban arrestados en al Estación central de Policía. Varios jóvenes y obreros comunistas fueron muertos. Yo estaba horrorizado y espantado de la brutalidad de la policía, pero también de mi mismo. Porque sentía que, como marxista compartía parte de la responsabilidad por la tragedia”[8].

Estos fueron los hechos que Popper nunca olvidó. Su sentimiento de culpa no se identificaba con el que tenían los responsables del partido. La teoría marxista “demanda que la lucha de clases sea intensificada, con vistas a acelerar la llegada del socialismo. Su tesis es que aunque la revolución pueda reclamar algunas víctimas, el capitalismo está reclamando muchas más víctimas que toda la revolución socialista.”[9]

La consecuencia de esta forma de pensar hizo mella en él y le acompañó para siempre: “Yo esperaba un mundo mejor, un mundo menos violento y más justo, pero me preguntaba si realmente conocía -si lo que yo había pensado ser conocimiento no era quizá más que mera pretensión (...)¿lo había examinado críticamente como debería hacer cualquiera antes de aceptar un credo que justifica sus medios por un fin un tanto distante?”[10] Esa es la conclusión: la necesidad de la crítica. Había caído en las redes de la propaganda sin haberse planteado de modo crítico la veracidad o no de las tesis y las pretensiones últimas de la teoría marxista.

Junto a estos hechos políticos y en la misma fecha que lo anterior otro acontecimiento de juventud marcó su vida. Desde joven, estuvo preocupado por problemas de física y matemáticas. Encaminó sus primeros estudios por estas disciplinas. En mayo del mismo año de los acontecimientos relatados, Einstein dio una conferencia en Viena, a la que Popper asistió. Lo que más le impresiono de las palabras de Einstein fue “la clara afirmación del propio Einstein de que consideraría su teoría como insostenible si no resistía ciertos test”[11].Era justo lo contrario de la pretensión científica del marxismo. Einstein sería capaz de cambiar su teoría si los datos no la corroborasen; los otros seguirían a pesar de que los datos no le dieran la razón.

Estos hechos marcan su vida y su pensamiento. De tal modo que podemos dividir en dos grandes apartado sus obras. Por un lado, las obras donde pretende justificar el método de la ciencia partiendo de la crítica de las teorías, es decir, ampliando las tesis oídas a Einstein. Entre otras destacan su primera obra La Lógica de la investigación científica; Conjeturas y refutaciones; Conocimiento objetivo. Y, por otro lado, las obras de carácter social, donde destacan La miseria del historicismo y La Sociedad abierta y sus enemigos, donde se pretende desmontar las tesis historicistas de, entre otras, las doctrina marxista. Las dos siguientes epígrafes se procederá a explicar ambas partes.

2.2.- Conjeturas y refutaciones: el método científico.

En 1934, bajo la promoción directa del Círculo de Viena, Popper publica su primera obra, La Lógica de la investigación científica. En ella realiza un análisis del método científico. La amistad con alguno de los miembros del círculo hace posible que se pueda publicar esta obra. En concreto, el contacto con Herbert Feigl fue de suma importancia como el mismo Popper reconoce[12] y fue él quien le animó a que publicase sus ideas

Parece, por tanto, que hay una continuidad en los inicios de la Filosofía de la ciencia. Popper afirma “el Círculo de Viena era una institución admirable. Fue en verdad un seminario único de filósofos, trabajando en estrecha unión con matemáticos y científicos de primera clase”[13]. Sin embargo, las alabanzas no se corresponden con la continuidad de las ideas positivistas. La amistad y las palabras de Popper hacen que se confunda en seguida sus ideas y que éstas quedasen enmarcadas dentro del positivismo[14]. La filosofía popperiana mantiene postulados totalmente opuestos al neopositivismo y sólo se trata de un malentendido debido a su amistad con alguno de los componentes del Círculo. Pero ese malentendido ha dado lugar a lo que luego el mismo Popper llamó su leyenda.

Veinticinco años después de la primera edición, en el año 1959, se publicó la primera edición inglesa. En esa nueva edición se añaden nuevos apéndices y se revisa la anterior edición introduciendo nuevas notas a pie de página. Es la obra principal para el estudio de la concepción popperiana del conocimiento científico y del método de la ciencia.

En el prefacio a esta edición señala algunas de sus principales preocupaciones filosóficas en relación a la ciencia y al saber filosófico, en cuanto científico. Comienza diciendo cual es, a su juicio, el principal problema filosófico: “Creo, sin embargo, que, al menos, existe un problema filosófico por el que se interesan todos los que reflexionan: es el de la cosmología, el problema de entender el mundo - incluidos nosotros y nuestro conocimiento como parte de él.”[15]

Los problemas principales del saber filosófico son la cosmología y el conocimiento. Para él, en esos dos aspectos se resume la búsqueda del conocimiento. Respecto al primero, completa lo dicho anteriormente, diciendo: “Creo que toda la ciencia es cosmología, y, en mi caso, el único interés de la filosofía, no menos que el de la ciencia, reside en las aportaciones que ha hecho aquella.”[16]

Por tanto, la cosmología, en cuanto que ésta se puede definir como la capacidad del hombre por responder y conocer la naturaleza, es una de las preocupaciones filosóficas que han estado presentes a lo largo de la historia. Al mismo tiempo, se sitúa en el horizonte del pensamiento popperiano. De hecho, de su preocupación por la cosmología nace su interés por la filosofía y por la ciencia. En ese sentido, parece que la preocupación por los aspectos teóricos del saber científico es anterior a su interés por problemas de filosofía social. Popper muestra, por tanto, su predilección por la cosmología y el conocimiento que de ella se adquiere desde la ciencia y la filosofía.

Por otro lado, su interés por la cosmología se completa con el estudio de problemas relacionados con la teoría del conocimiento y, de modo especial, con el progreso del conocimiento científico. Este segundo problema de su filosofía, el del conocimiento, conecta con el problema de la racionalidad que más adelante se estudiará. Define este problema epistemológico con las siguientes palabras: “Quiero proponer ahora también la segunda tesis: el problema central de la epistemología ha sido siempre y sigue siéndolo el del aumento del conocimiento. Y el mejor modo de estudiar el aumento del conocimiento es estudiar el del conocimiento científico.”[17]

Por tanto, la ciencia y su progreso cognoscitivo se convierten en la otra cara del conjunto de problemas que conforman el pensamiento popperiano. Este interés, se concreta en dos problemas: el problema de la inducción y el problema de la demarcación. La forma de solucionar ambos problemas, como se apuntó anteriormente difiere de las pretensiones neopositivistas. ¿Cuál es el punto de partida y en qué difiere de las pretensiones neopositivistas? Tras estudiar el marxismo y las ideas novedosas de Einstein, Popper pretende encontrar las claves del método científico. Por ello recurre a los miembros del Círculo, para que le proporcionen un camino adecuado. Ahora bien, entiende que el criterio empírico de significado propuesto por los neopositivista no se sostiene, ya que según ese criterio la ciencia tampoco tendría significado. Sin embargo, si considera importante que el método pueda distinguir entre la ciencia y la metafísica. Coincide por tanto en la definición de un mismo problema: el problema de la demarcación.

Este problema consiste en saber distinguir el conocimiento científico, propio de la ciencia experimental del resto de conocimientos, y, en especial, del llamado conocimiento metafísico. El avance de la ciencia del siglo XVII en adelante planteó, como se ha visto, nuevas polémicas filosóficas. En este punto, la filosofía popperiana pretende terciar, medir y dar una respuesta positiva a esas teorías. Para ello, define la metafísica como el conjunto de enunciados que pueden tener sentido pero que no pueden someterse a pruebas experimentales. Así, es más realista que los miembros del Círculo y se desmarca de ellos en ese punto. Ahora bien, al no poder someterse a pruebas experimentales los enunciados metafísicos y su valor quedan fuera del alcance de la ciencia. Admite un valor a la metafísica[18], pero que ésta no reúne las garantías necesarias para la ciencia.

Al mismo tiempo, el criterio de demarcación debe de servir para distinguir las teorías científicas de las teorías pseudocientíficas. Estas teorías son aquellas que se presentan con el grado de aceptación de la ciencia pero que no reúnen, según Popper, la misma capacidad y criterio de la ciencia. Y, sin tener el mismo criterio que la ciencia, se presentan como si lo tuvieran y provocan el engaño en la sociedad.

En este sentido, hay que buscar el criterio propio del método científico que pueda dar con la clave del avance de la ciencia. ¿Cuál es el camino que garantiza el avance de la ciencia? Popper entiende que el camino es la comprobación empírica de los enunciados científicos. Ahora bien, no siempre es posible realizar la comprobación. ¿Por qué? Popper da tres motivos por los cuales no se puede llegar a la verdad de una teoría. En primero de ellos, es que no es posible inducir de unos pocos casos la ley general. Toda inducción es falsa. De ahí, que el rechazo de la inducción haga que las comprobaciones no sean verdaderas. No se puede inferir de datos singulares, una ley universal. Habría que comprobar cada uno de los casos para saber si nuestra inducción es verdadera.



[1]Carnap, R., “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje” en A.J Ayer, El positivismo lógico, Fondo de cultura económica, Madrid, 1978., pág 85. Este artículo se publicó por primera vez en el volumen II de Erkenntnis en 1932.

[2]Artigas, M., op. Cit., pág. 31.

[3]Schlick, M., “Positivismo y realismo” en Ayer A.J., op cit., pág 113. Publicado por primera vez en el volumen III de Erkenntnis (1932-1933).

[4]Schlick, M., “El viraje de la filosofía” en Ayer A.J., op cit., pág   62. Una de las peculiaridades de este artículo es que fue uno de los que compuso el primer volumen de la revista del Círculo de Viena que citamos antes. Se ve que junto al empirismo lógico, se proponían revolucionar la filosofía.

[5]Artigas dice respecto a la vigencia de estas tesis que “siguen manteniéndose en buena parte de la filosofía moderna que recibió un impulso gracias a la obra del Círculo de Viena”. Artigas, M., Op. Cit., pág. 43.

[6]Popper, K., Búsqueda sin término, Tecnos, Madrid, 3ª de. 1994. Pág. 19. (BST)

[7] Cf., BST, pág. 43-44.

[8] BST, pág. 34

[9]BST, pág. 45.

[10]BST, pág. 46.

[11]BST, pág. 52. A Popper le causaron gran impresión estas palabras ya que justo en mayo de ese año las predicciones de Einstein acerca de un eclipse fueron contrastadas con éxito, es decir, porque Einstein estaba en la cumbre y su teoría estaba siendo contrastada frente a la mecánica clásica.

[12] “Este encuentro (...) llegó a ser decisivo para toda mi vida” BST, pág. 109.

[13]BST, pág. 118.

[14] Popper en las respuestas a los artículos que se publicaron en la obra de The Philosophy of Karl Popper habla de una cierta leyenda positivista y dice explícitamente que nunca perteneció a ese grupo. Cf. Popper, Karl. “Replics to my Critics” en Schilpp, P. A. The philosophy of Karl Popper, Open Court, La Salle Illinois 1974, vol. II, pp 961-1197.

[15]Popper, K., La lógica de la investigación científica, Editorial. Tecnos, Madrid, 1977. Prefacio a la edición. inglesa 1959, pág. 16.

[16]LIC, Prefacio a la edición. inglesa 1959, pág. 16.

[17]LIC., Prefacio a la edición. inglesa   de 1959, pág. 16.

[18]En la Lógica de la investigación científica dice que, “No puede negarse que así como ha habido ideas metafísicas que han puesto una barrera al avance de la ciencia, han existido otras que la han ayudado. Y si miramos el asunto desde un punto de vista psicológico, me siento inclinado a pensar que la investigación científica es imposible