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EGIPTO Y LAS PIRÁMIDES.
Antonio Pérez Largacha
Doctor en Historia Antigua
Universidad Alcalá
1. Introducción
Los egipcios ya vieron en estas
construcciones una manifestación de su poder, de la estabilidad
de su civilización y, en ocasiones, la expresión de aquello
a lo que querían volver, bien como una reafirmación nacional
o tras un período de crisis. Igualmente, culturas próximas
a Egipto adoptaron esta construcción como una más de sus manifestaciones,
queriendo simbolizar con ello su relación y vinculación con
esta tierra y sus gentes, como fue el caso de la civilización
Meroítica. Es por ello que desde la misma Antigüedad puede
hablarse de una fascinación por unas construcciones cuya comprensión
y función en el seno de la cultura que las creo, la faraónica,
ha ido aumentando en los últimos años pero que, de forma inevitable,
siguen siendo objeto de muchas y variadas especulaciones creyendo
por ello necesario, en nuestra opinión, el presentar algunos
de los aspectos que consideramos básicos para entender las
pirámides, el origen de su mito y su verdadera función en
la cultura que las creo.
Para los griegos y los romanos,
que con sus relatos y descripciones de lo egipcio fueron poniendo
las bases de la "egiptomanía", las pirámides eran
uno más de los aspectos de la cultura egipcia que despertó
su curiosidad, señalando Arístoteles en su Política que su
verdadera intención fue la de mantener ocupada a la población
para que no pudiera conspirar contra el Faraón, mientras que
del relato de Heródoto sorprende su errónea descripción de
las mismas, algo que ha contribuido al debate sobre si en
verdad el padre de la historia estuvo en Egipto o si, por
el contrario, se baso en historias y leyendas que ya circulaban
en su tiempo, el siglo IV a.C. En época romana la atracción
por lo egipcio continuo, en especial durante el I. Romano,
representándose algunos de sus Emperadores como verdaderos
faraones, construyendo templos y, por supuesto, llevando a
la corte de Roma amuletos y objetos de una cultura de la que
también adoptaron algunas
divinidades, como Isis. Entre esas "importaciones"
estuvo la forma piramidal, adaptada por algunos miembros de
la aristocracia romana para señalar y destacar su tumba.
Pero debemos esperar al medievo,
cuando las pirámides son identificadas como los graneros construidos
por el patriarca José, y en especial al Renacimiento, con
la recuperación de los relatos clásicos, cuando fueron poniéndose
las bases de la llamada piramidología. Los debates sobre su
construcción, intencionalidad o los supuestos tesoros y salas
todavía ocultos van tomando forma, algo favorecido por la
incomunicación que existía entre Oriente y Occidente y, por
otra parte, por las propias leyendas sobre espíritus que habitaban
las pirámides o salas ocultas que el mundo árabe, que no se
consideraba heredero de aquellas construcciones, también iba
formulando.
Con el Romanticismo, y en especial
el orientalismo del siglo XIX, se abre la comunicación entre
Oriente y Occidente, al mismo tiempo que tras la expedición
de Napoleón se ponen las bases de la ciencía egiptológica,
período en el que terminaron por configurarse un conjunto
de ideas preconcebidas sobre unos monumentos cuya única función
se entendía como funeraria y su construcción reflejo de una
sociedad esclavizada bajo el poder absoluto de unos faraones
que, al igual que los Faraones bíblicos, eran despóticos.
Como consecuencia de todo ello,
Egipto se identifica con las pirámides aunque las mismas son
características únicamente del Reino Antiguo, período sobre
el que nuestra información es muy escasa, en parte debido
a que la investigación se ha centrado en estos monumentos
para satisfacer la curiosidad y mantener el mito de lo egipcio.
Con posterioridad. las pirámides del Reino Medio son muy pequeñas
y de escasa calidad, mientras que en el Reino Nuevo las mismas
aparecen como elementos exteriores en las tumbas de los artesanos
de Deir el-Medina.

Por lo tanto, pirámides se
construyeron a lo largo de toda la civilización faraónica,
pero son las presentes en la llanura de Ghizah, la única de
las siete maravillas que se conserva, las que centran la curiosidad,
pero las
mismas no son más que la culminación de una evolución, científica
y filosófica, que tiene sus orígenes en los albores neolíticos
de la cultura Faraónica.
Es por ello que consideramos importante acercar al conjunto
de la sociedad una serie de ideas, como cual fue su origen,
por qué se adoptó la pirámide como forma de enterramiento
y, especialmente, hacer ver que las
mismas no deben interpretarse únicamente como monumentos funerarios,
sino como un elemento más de un conjunto arquitectónico. Por
otra parte, en ningún momento debemos olvidar que las pirámides
no solamente
deben ser admiradas por su tamaño o la perfección de su orientación,
sino también por el esfuerzo administrativo y de organización
que conlleva su construcción.
2.
Origen y significado
La realización de una construcción
conlleva un simbolismo, desde el acercamiento al cielo de
las catedrales góticas a la imagen del desarrollo económico
que transmiten los rascacielos. Así, en toda sociedad las
construcciones religiosas no están concebidas solo para la
realización de unos ritos, sino también para actuar como centros
aglutinadores, bien del urbanismo, de la vida comunitaria...
De esta forma las pirámides tuvieron
una función no solo funeraria, sino también de culto, de templo
dedicado a la memoria de un Faraón que, durante el Reino Antiguo
es considerado como una divinidad y desde donde seguirá protegiendo
al conjunto de la sociedad frente al caos, los peligros que
acechan la vida en el valle del Nilo.
Para comprender el simbolismo
de las pirámides debemos referirnos, obligatoriamente, a la
concepción que del mundo tenían los egipcios, para quienes
el universo se creó desde la llamada colina primogenia, desde
donde el dios creador, diferente según cada cosmogonía, procede
al establecimiento del orden, del mundo egipcio. La razón
de esta idea es que cuando las aguas del Nilo comienzan a
retirarse de los campos
inundados lo primero que comienza a observarse son las lomas
de la tierra que ha sido fecundada y que posibilitarán el
bienestar económico. Las pirámides son, por tanto, una estilización
de dicha colina primogenía, símbolo de la vida eterna y de
la regeneración continua, siendo las tumbas desde el periodo
neolítico identificadas por un montículo exterior, desde donde
se irá generando la forma piramidal. Igualmente, en jeroglífico
el término para referirse a las pirámides es mer, escalera,
posiblemente haciendo referencia al deseo de que sirviera
de acceso al cielo.
El carácter ideológico de las
pirámides queda patente desde la primera pirámide, la famosa
pirámide escalonada de Djoser, donde se utiliza por primera
vez la piedra como material constructivo en una tumba real,
integrándose la misma en un recinto donde se celebró el Festival
Sed, destinado en el mundo egipcio al rejuvenecimiento y reafirmación
del rey en el trono de Egipto. Es por ello que, desde sus
comienzos, la pirámide no debe entenderse como un monumento
aislado, sino como uno más dentro de un complejo.
Ya desde el neolítico existe
una intención de identificar la tumba desde el exterior para
poder realizar los ritos funerarios que permitieran la vida
eterna del Ka. Con el surgimiento del Estado y la aparición
de una realeza, esta última desarrolla toda una serie de símbolos
que permitan establecer su relación con la divinidad así como
su prestigio e importancia en el orden que los dioses habían
establecido en la creación, razón por la que sus tumbas van
haciéndose más grandes y complejas, al mismo tiempo que se
observan ya los primeros intentos de dotar al conjunto funerario
de una elevación que simbolice la colina primigenia, todavía
sin alcanzar la forma piramidal, pero la transición y los
experimentos técnicos habían comenzado.
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