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LOS ORÍGENES
DE ROMA:
LOS
ETRUSCOS.
Por Antonio
Pérez Largacha- Universidad de Alcalá
Afrodita armada
Introducción
La admiración por esta cultura
está presente ya en el Renacimiento, destacando el trabajo de
Th. Dempster (1579-1625), De Etruria regali que tenía como
principal objetivo el exaltar las raíces etruscas de los
Medicis exponiendo todo lo que hasta entonces se sabía del
pueblo etrusco, cultura que marca el inicio de la historia
antigua en la Península Itálica si utilizamos el baremo de
la escritura como manifestación cultural que sirve de
separación entre Prehistoria e Historia.
Como sucede a la hora de
analizar los orígenes de una civilización que marca el
comienzo de la historia en un territorio como es el caso de la
Península Itálica, debemos de tener en cuenta, desmontar y
valorar la existencia de unas ideas preconcebidas, de unos
estereotipos. En el caso de los Etruscos, encontramos la idea
de que la religión, junto a las técnicas adivinatorias, tenían
un peso específico muy importante. Por otra parte, y como
sucede en otros ámbitos geográficos y culturales, debemos
tener en consideración que el mundo, la geografía y características
donde se manifiestan las civilizaciones antiguas está lejos
de ser homogéneo. En el caso de los Etruscos, existen
importantes diferencias geográficas que ayudan a entender el
diferente desarrollo de las distintas regiones, teniendo en
algunas importancia el comercio, en otras la metalurgia o la
agricultura, como la Etruria interior, que carece de metales y
de salidas al mar, las dos características más
frecuentemente asociadas a este mundo, por lo que desarrollan
importantes técnicas hidráulicas con el papel destacado de
los arquilices, encargados de buscar y aflorar el agua subterránea,
y de explotación agrícola, como lo confirma el manual de
Saserna, citado posteriormente por los grandes tratadistas
romanos como Varrón, Columela o Plinio.
Otra característica de este
mundo es su relación, conflictos y dependencias con otros ámbitos
culturales como los Fenicios o los Griegos, introduciendo a
los Etruscos, y con ellos a Italia, en la dinámica comercial
y política del Mediterréno central y occidental, ya que
objetos y presencia etrusca se atestigua también en la Península
Ibérica y en la colonia de Massalia (Marsella). Pero no es
solamente ese contacto con e mundo exterior, en el interior de
Italia existen otras formaciones políticas y culturales, como
las comunidades latinas, entre las que se encuentra Roma,
ciudad que según la tradición llegó a ser gobernada por
tres reyes Etruscos justo antes de iniciarse el período
Republicano en el 506 a.C.
Desarrollo.
La aparición de todo pueblo y
cultura conlleva unos problemas metodológicos que además
encontramos ya en las fuentes escritas antiguas disponibles;
¿de donde proceden?, ¿cómo llegaron a florecer?, ¿cuál
fue su relación con los pueblos y culturas existentes por
entonces?... Es por ello que el primer problema a analizar, y
que nos permite adelantar las dificultades para reconstruir su
historia, es el de los orígenes de los Etruscos, existiendo
al respecto tres teorías.
1.-
La tesis autóctona, presente en Dionisio de Halicarnaso
(I.25-30), historiador augusteo que contradice la tradición
de Herodoto (I, 94), Polibio (IX. 2,1) o Virgilio respecto a
la segunda tesis.
2.-
La tesis oriental, quizás la más debatida y defendida
durante años debido a la existencia de un período
orientalizante que se inicia a finales del siglo VIII, pero
que es general en toda la cuenca mediterránea, la importancia
de la adivinación, la relación que se ha querido establecer
con los tursha, uno de los Pueblos del Mar mencionados y
representados en los relieves del templo egipcio de
Medinet Habu (Ramses III), así como la posible relación de
la escritura etrusca con la estela hallada en la isla de
Lemnos y datada a finales del siglo VI a.C., y que según
algunos estaría emparentada con la lengua etrusca.
3.-
La tercera hipótesis sitúa sus orígenes en el Norte de
Italia y los relaciona con los italos y los raetii que
penetraron en Italia hacia finales del II milenio, encontrando
la única referencia al respecto en Livio (V, 33, 11).
Actualmente, la tesis más
defendida es la de la autoctonía, sin que ello implique una
negación sobre la existencia de influencias orientales
aportadas tanto por los fenicios como las transmitidas a través
del mundo griego, en especial de Corinto, que a lo largo del
siglo VII experimenta una importante fase orientalizante.
Tesis en gran parte suscitada por Pallotino, para quien la
cultura etrusca no tiene que ser identificada necesariamente
con un "pueblo" etrusco, que posiblemente estuvo
formado por un gran substrato indígena sobre el que
influyeron agentes externos que terminaron por configurar lo
que llamamos y conocemos como cultura del pueblo etrusco.
El substrato indígena lo
encontramos en la cultura villanoviana, conocida
principalmente por su mundo funerario, con las urnas de
cremación, que experimenta un auge demográfico en el siglo
VIII a.C., coincidente con el desarrollo de una aristocracia y
el comienzo de las tumbas "principescas", cambios
que también se manifiestan en el abandono de la choza
villanoviana y el paso a la casa.
En ese período también se
constata una recuperación de la presencia griega, -¿quizás
siguiendo pautas previamente establecidas durante el mundo micénico?-,
con la fundación de Pitecusa y después de Cumas por los
eubeos a mediados del siglo VIII a.C., así como la irrupción
del mundo fenicio en Cerdeña, estableciéndose los primeros
contactos comerciales y de ideas con el mundo villanoviano
que, posiblemente por estar más estructurado no asiste a la
creación de asentamientos o centros "extranjeros".
Contactos que fortalecen a la aristocracia, no la crean, y
permiten ir poniendo las bases para un futuro desarrollo
urbano, una mayor explotación de los recursos mineros y la
completa desaparición de la sociedad villanoviana y, en opinión
de muchos, su carácter "igualitario". Aristocracia
que fue limitando el papel del rey, alcanzó su mayor apogeo
en los siglos VII-VI y vivió en importantes centros urbanos.

Cuchara de bronce
Es en el siglo VII, con el
comienzo de la fase "orientalizante", cuando se
detectan cambios importantes que deben entenderse como algo
general en el mundo mediterráneo, sin poder olvidar que
Corinto y Jonia, los centros griegos en contacto con los
Etruscos, son importantes transmisores de esa cultura y mundo
oriental. Un aumento del trafico comercial consolidó aun más
ese mundo aristocrático que adopta costumbres como el
banquete, al tiempo que hace su aparición la escritura y la
guerra hoplítica, aristocracia que hace sentir su pujanza en
unas construcciones, civiles y funerarias, que reflejen su
importancia y dónde poder desarrollar los ideales de una vida
aristocrática.
Comercio, urbanización, ideas
y costumbres religiosas, escritura... son reflejo de unos
cambios que se producen en un espacio de tiempo relativamente
corto y que tienden a explicarse por la riqueza minera de
Etruria, su floreciente agricultura y los contactos con el
exterior, lo que no debe hacernos olvidar la originalidad del
mundo Etrusco, capaz de asumir e integrar ideas, avances y
personas del exterior, pero también de infundir sus propias
convicciones a sus creencias, manifestaciones artísticas y
sistema político, todo ello dentro de un ámbito urbano, lo
que llevará a griegos y romanos a decir que los Etruscos eran
un pueblo muy diferente.
Quizás el fenómeno que mejor
caracterice estos cambios sea la aparición de ciudades que,
como toda manifestación del mundo etrusco, no se produce de
forma homogénea y simultánea, siendo más rápida en el Sur
de Etruria y en Campania, los centros que estaban más próximos
a griegos y fenicios, prevaleciendo en su ubicación
condiciones como la seguridad y la proximidad a vías de
comunicación. Diferente evolución regional que queda patente
en la pervivencia de costumbres villanovianas como la
incineración como práctica funeraria en el Norte.
Estas ciudades actuarían como
centros receptores de ideas y de personas, como la historia
del corintio Demarato puede estar reflejando, con un
desarrollo del artesanado que debe satisfacer las demandas de
la aristocracia con construcciones civiles y funerarias,
apareciendo los edificios con bases en piedra y abandonándose
la planta villanoviana, desarrollándose en torno a las
ciudades unos ritos de fundación, que en gran medida
permanecerán en Roma, y que fijan un centro político y
religioso diferenciado del campo. Ciudades que presentan un
trazado regular, con una calle norte-sur, cardo, y una calle
este-oeste, decumanus, que formaban los ejes del urbanismo,
siendo frecuente que la ciudad tuviera tres puertas y que el
cardus terminara en un santuario triple adosado a la muralla,
aunque esta última parece ser una manifestación tardía.
Templos que nos ponen delante de un universo religioso en el
que los dioses comienzan a ser adorados en templos y no en
lugares naturales.
En las fuentes encontramos
referencias a doce ciudades que formarían una confederación
que tenía su sede en el Fanum Voltumnae, santuario dedicado
al Dios Vertumno y donde podía elegirse a alguna persona como
defensora de los intereses comunes, confederación que no debe
hacernos pensar en la ausencia de una libertad de acción de
las ciudades, pudiendo algunas no formar parte de dicha liga,
ser independientes o estar dentro del ámbito de influencia de
otras.
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