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HATSHEPSUT. REINA DE EGIPTO.1

Antonio Pérez Largacha.
Universidad Alcalá de Henares
 

1.- Introducción

El reinado y la figura de Hatshepsut ha sido ampliamente discutida en la investigación traspasando en diversas ocasiones los límites de la historia para alcanzar los de la fábula o el mito, aunque siempre en una proporción menor que la última de las reinas que tuvo el Egipto faraónico, Cleopatra VII. A ello han contribuido diferentes factores, desde el simple hecho de que una mujer gobernara la tierra de los Faraones, hasta su problemática relación con Tutmosis III, uno de los faraones más famosos y conocidos de la historia de Egipto junto a Ramses II.

Sin embargo, Hatshepsut no fue la primera mujer en desempeñar labores de gobierno en Egipto, con anterioridad lo habían hecho otras dos mujeres, aunque en el caso de Hatshepsut nos encontramos ante una diferencia cualitativa: es la primera mujer que gobierna en un período de gloria y esplendor y no coincidiendo con el final de una dinastía o de un período histórico, como es el caso de Tauser (tránsito de la XIX a la XX dinastía) o la misma Cleopatra VII, siendo por ello que su figura y la política por ella desempeñada adquiere mayor relevancia e interés.

Nuestra intención en las siguientes páginas no será centrarnos en los aspectos relacionados con la realeza femenina, en la adopción de una titulatura y de unos símbolos reales concebidos para el Horus-Faraón desde finales del IV milenio, o en realizar una mera descripción de sus acciones de gobierno o política de construcción. Muy al contrario, pretendemos presentar sus acciones de gobierno dentro de la evolución y de los cambios que estaban teniendo lugar en Egipto desde comienzos de la XVIII dinastía, si no antes, y demostrar, en la medida de lo posible, que sus actos de gobierno no varían mucho de los que podía haber llevado a cabo cualquier otro faraón.

Su política exterior, las expediciones comerciales, su política constructiva o la organización de la administración no representan una novedad, a pesar de que durante décadas han sido presentadas como "nuevas", en muchas ocasiones por el mero hecho de ser Hatshepsut una mujer.
 

2. Fuentes

Para analizar su figura y acciones de gobierno, al igual que debe hacerse con todos los faraones, lo primero que debe tenerse en consideración son las fuentes de que disponemos, tanto de su reinado como aquellas transmitidas por sus sucesores.

Entre las primeras encontramos los textos y relieves presentes en los templos, capillas y relieves erigidos durante su gobierno, encontrando dos elementos dominantes que, por otra parte, han determinado la interpretación del reinado de Hatshepsut; la Teogamía y la famosa expedición al país de Punt.


Hatshepsut siendo amamantada por la Diosa Hathor





La Teogamía, o nacimiento divino de Hatshepsut, nos relata cómo Hatshepsut fue concebida por Amón, principal dios de Egipto por entonces. El hecho de que un Faraón tuviera un origen divino, no por el hecho de ser Horus y presentarse como sucesor de Osiris, era algo ya conocido en el antiguo Egipto. A comienzos de la V dinastía encontramos la historia, redactada con posterioridad, de que los tres primeros reyes de esta dinastía fueron concebidos por Re, interpretándose ello como una prueba de la creciente influencia de los cultos solares que se plasmaría en los conocidos templos solares de Abusir.

El desarrollo de estas historias o leyendas no debe extrañarnos. Todo parece indicarnos que, a partir de la V dinastía, el Faraón ya no era considerado un dios en la tierra, introduciéndose la idea de que lo divino era el cargo, no la persona. Ello obliga a los futuros faraones a justificar su acceso al trono y defender con sus acciones la justicia de su gobierno, desarrollándose las conocidas Instrucciones, anticipo de un genero literario que florecerá a partir del helenismo, el speculum regum. Esta tendencia aumenta durante el Reino Nuevo y todos los reyes se presentan como elegidos por la divinidad y como las personas "ideales" para gobernar sobre el país del Nilo, surgiendo la Könignovellen, que desarrolla el valor y la figura del rey a partir de modelos como el de Sesostris III en la XII dinastía, o los conocidos Consejos militares, que presentan a Kamose, Tutmosis III y Rameses II como unos gobernantes capaces de defender y extender el orden según los deseos divinos.

Al respecto, tampoco debemos olvidar que Hatshepsut procede de una línea familiar que no estaba en la línea de sucesión directa al trono, como sucederá después con Horemheb y la extinción de la línea Tutmosida. Ello refuerza la necesidad de desantamente. Es por esta raz&oac;n y legitimación, lo que en el caso de Hatshepsut se plasma en el nacimiento divino o, en el de Tutmosis IV, en la conocida estela del sueño. Igualmente, no debemos olvidar que en la Capilla Roja de Hatshepsut encontramos referencias a la actuación de un oráculo de Amón que la confirmó como gobernante, práctica que encontramos con posterioridad en el caso de diferentes faraones.

Respecto a la expedición al país de Punt, se nos relatan los productos exóticos obtenidos en el transcurso de la misma así como la integración de aquellas lejanas tierras en el orden egipcio, idealizando su figura y política. Al respecto, no hemos de olvidar que la mayoría de los textos conservados sobre los distintos faraones proceden del interior de templos, por lo que lo que los textos expresan ha de estar en consonancia con los deseos y necesidades de las divinidades y lo que estas esperaban de los gobernantes, es decir, el «decoro» presente en todo lugar sacro. Por otra parte, y como veremos más adelante, el hecho de que Hatshepsut escogiera la expedición al país de Punt como lo más relevante de su reinado y por ello representarlo, no debe interpretarse como una prueba del pacifismo de su reinado o de su preocupación únicamente por los aspectos comerciales, sino como algo que no había sido realizado con anterioridad, preocupación que encontramos en la práctica totalidad de los gobernantes próximo orientales del Bronce Reciente.


Representación de la Reina del país de Punt

Como puede deducirse, los métodos escogidos por Hatshepsut para justificar su gobierno no son muy diferentes a los llevados a cabo por otros faraones, del mismo modo que tampoco debe extrañar la información que obtenemos de su conocido templo de Deir el-Bahari, del Speos Artemidon, templo excavado en la roca en la que la propia reina describe todas las obras iniciadas y emprendidas durante su gobierno, o en la capilla Roja que construyo en el interior del templo de Karnak.

En lo que se refiere a las fuentes posteriores a su reinado, éstas son prácticamente inexistentes, lo que se ha solido interpretar como una prueba de la posterior persecución llevada a cabo contra su memoria por Tutmosis III. Sin embargo, deben tenerse en consideración otros hechos, como es la política de todos los faraones de reutilizar monumentos, estelas y relieves de sus predecesores para presentar sus acciones de gobierno. Quizás el ejemplo más claro sea el de Rameses II y su sistemática utilización de monumentos anteriores, desde el Reino Nuevo hasta de época de Tutanjamón, sin poder olvidar que del templo funerario de Amenofis III no perviven más que sus conocidos colosos, ya que dicho conjunto fue utilizado poco después de su construcción como cantera.

Pero lo cierto es que sorprende su desaparición de las posteriores listas reales, como el canon de Turín o la lista real de Abidos de Seti I, no siendo nombrada siquiera en la villa de Deir el-Medina, donde vivían los trabajadores encargados de construir y decorar las tumbas del Valle de los Reyes y donde encontramos continuas referencias a los distintos faraones para los que trabajaron los obreros de esta comunidad. En cierto sentido, esta ausencia de fuentes posteriores, junto a la pretendida persecución de su memoria encuentra, puntos de similitud con lo ocurrido con el reinado de Ajenatón que, incluso, va más allá de estos olvidos y persecuciones como iremos viendo a lo largo de este trabajo. Sin embargo, el recuerdo de que una mujer gobernó Egipto en la XVIII dinastía permaneció, como lo confirma el hecho de que en Manetón, sacerdote que en tiempos de Ptolomeo II (s. II a.C.) redactó una historia de Egipto, encontremos a una mujer, Amense o Amensis, como quinta gobernante de dicha dinastía, confirmándonos que su "persecución" no fue total, permaneciendo documentos oficiales donde Hatshepsut fue considerada como legitima gobernante de Egipto.

Uno de los problemas con que nos enfrentamos para enmarcar y comprender los gobiernos de los faraones es la imposibilidad de conocer lo que pensaban sus contemporáneos. Es cierto que disponemos de las biografías de los nobles que sirvieron a las órdenes de los faraones, pero sus declaraciones no hacen más que resaltar su cercanía al Faraón y sus acciones que, en algunas ocasiones, sirven para ensalzar aun más la vida de dicho noble o funcionario al ser el principal ejecutor de dicha política. En el caso concreto de Hatshepsut no disponemos de leyendas posteriores como las desarrolladas en torno a los constructores de las pirámides o Sesostris III, pero sí de un grafito que puede considerarse único en la documentación.

En concreto se localiza en las cercanías de su templo funerario de Deir el-Bahari y nos presenta en una actitud burlesca a Hatshepsut, representada de una forma muy similar a como lo es la reina enana del país de Punt, lo que revela que dicho grafito fue realizado por un artesano que conocía o había participado en la realización de los relieves conmemorativos de dicha expedición, satirizando así a Hatshepsut. ¿Debe entenderse este grafito como la existencia de una línea de oposición a su reinado o al hecho de que fuera una mujer la que gobernara Egipto?. Lógicamente, según sea la interpretación global de su reinado, si fue una usurpadora o no, será la interpretación de dicho grafito, aunque no debemos olvidar que en Deir el-Medina se han encontrado otras "sátiras" realizadas en reinados considerados gloriosos.

Plano de Deir el-Bahari

Finalmente, y dentro del deseo de legitimación que todo Faraón tenía y desarrollaba, debemos entender la famosa frase de Hatshepsut esculpida en el Speos Artemidos haciendo referencia al lamentable estado en que se encontraban los templos del Egipto medio debido al abandono sufrido durante el periodo de dominación Hiksa, presentándose como restauradora de los mismos. Es cierto que los templos debían encontrarse en un estado lamentable de conservación, aun cuando ello no fuera debido al dominio hikso, siendo por ello que estas reconstrucciones no deben entenderse como una prueba de las destrucciones que los Hiksos llevaron a cabo en Egipto, ni tampoco como que Hatshesput se presentaba como restauradora de un orden perdido, hipótesis ambas que ocasionalmente han sido emitidas.