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HATSHEPSUT. REINA
DE EGIPTO.2Antonio Pérez Largacha
Doctor en Historia Antigua - Universidad Alcalá
Hatshepsut y Tutmosis III. El problema
de la corregencia
Durante cerca de veinte años, Tutmosis
III vio como su tía Hatshepsut gobernó Egipto, interpretándose
dicha situación como una usurpación del trono. Hatshepsut
legitimó su reinado diciendo que su padre, Tutmosis I, la había
designado como futuro rey y la había convertido en su corregente.
La institución de la corregencia,
o asociación al trono del príncipe heredero, era una práctica
conocida desde comienzos de la XII dinastía, surgiendo como una
respuesta a los problemas sucesorios y, especialmente, al asesinato del
fundador de la XII dinastía, Amenenhat I, momento histórico
en el que se enmarca la conocida historia de Sinuhe.
Lógicamente, esta transmisión
de los hechos corresponde a los deseos de Hatshepsut, encontrando en las
fuentes una situación muy diferente. Así, en textos del marido
de Hatshepsut, Tutmosis II, y de comienzos del reinado de Tutmosis III,
encontramos que Hatshepsut no lleva una titulatura real propia, sino aquella
que hace referencia a su papel como esposa real (Urk. IV. 144; 201-2),
siendo esta la que conserva hasta el año 7 de Tutmosis III, cuando
Hatshepsut adopta los cinco nombres reales, encontrando una intención
de gobierno o legitimación en uno de ellos: Maatkare.
Esta es la misma situación que nos
es descrita por Ineni, Inspector de los graneros de Amón desde Amenofis
I hasta Tutmosis III:
"Tutmosis II fue al cielo y se unió
a los dioses. Su hijo ocupó su lugar como rey de las Dos Tierras
y él comenzó a gobernar mientras su hermana, la esposa del
dios Hatshepsut, se ocupaba de los asuntos. Las Dos Tierras fueron gobernadas
de acuerdo a sus planes".
De este texto se deduce que Hatshepsut
actuó como regente, siendo significativo que en ningún momento
se mencione por su nombre a Tutmosis III.
El análisis de todos los textos
y escenas datables en los años de corregencia revelan un predominio
de Hatshepsut a la hora de enumerar las acciones aun cuando la mayoría
sean realizadas conjuntamente, como el acompañar a la barca sagrada
en el Festival Opet o la reconstrucción de algún templo.
Todo ello parece confirmar que durante esos años las relaciones
entre ambos personajes fueron "normales", aun cuando también es
cierto que los mecanismos de corregencia utilizados implicaban una novedad
en Egipto.
Un aspecto que revelan estos monumentos
conjuntos, tanto si los dos son representados o mencionados o si pertenecen
históricamente a los años de corregencia, es que Tutmosis
III es mencionado primero, y en dos ocasiones solo, en los textos hallados
en el Sinaí, lo que ha favorecido la idea de que mientras Hatshepsut
se dedicaba al gobierno de Egipto y su política pacifista y comercial,
Tutmosis III tendría a su cargo las acciones militares, idea que
como veremos no es cierta.
Lo cierto es que las relaciones establecidas
durante estos años siguen siendo objeto de polémica aun cuando
sí pueden establecerse dos premisas. La primera de ellas es que
con total seguridad no existió una corregencia entre Tutmosis I
y Hatshespsut, a pesar de lo que se dice en la Capilla Roja y, en segundo
lugar, que durante los años de corregencia entre Hatshespsut y Tutmosis
III sus relaciones fueron normales y que el mantenimiento de aquellos textos
y escenas conjuntos es una prueba en contra de la pretendida persecución
que Tutmosis III emprendió contra su tía nada más
acceder al trono de Egipto.
Política exterior
Una de las características e imágenes
asociadas al Reino Nuevo es la de unos faraones victoriosos que extienden
las fronteras de Egipto derrotando a sus enemigos, constituyendo la excepción
dos reinados, el de Hatshepsut y el de Ajenatón, considerados pacifistas,
carentes de una política exterior, provocando que las bases del
poder e influencia de Egipto en Siria-Palestina fueran minándose,
obligando a sus respectivos sucesores, Tutmosis III y Tutanjamón-Horemheb,
a reemprender una activa política exterior con el fin de restablecer
el poder de Egipto en esa región y frenar la expansión de
sus enemigos.
Sin embargo, ese pacifismo de estos faraones
no es cierto. Ambos emprendieron acciones militares y mantuvieron el poder
y la influencia de Egipto en el exterior. Por otra parte, una coincidencia
que existe entre ambos reinados, y que en gran medida explica su política
exterior y militar, es que los dos coinciden con períodos de cambio
y transformación en el Próximo Oriente, apareciendo sucesivamente
el reino de Mitanni y el de Hatti, provocando, lógicamente, una
readaptación de la situación internacional que, lógicamente,
afectó a Egipto y especialmente a los sucesores de Hatshepsut y
Ajenatón, cuyos reinados coincidieron con el período de expansión
de estas nuevas potencias.
Respecto a la política internacional
de Hatshepsut, en ciertos momentos subyace la interpretación de
que por el mero hecho de ser una mujer ésta fue muy limitada, centrándose
únicamente en aspectos comerciales, poniéndose como prueba
la expedición al país de Punt. Sin embargo, dicha expedición
pudo haber sido realizada por cualquier otro gobernante en el mismo contexto
histórico por las siguientes razones.
Desde el Reino Antiguo, y siempre coincidiendo
con los momentos históricos en que Egipto tenía unas relaciones
más fluídas con el exterior, la necesidad de disponer de
productos exóticos -especias, oro, marfil, pieles de animales, etc.-,
obligaba a incrementar la presencia en el sur. La razón para ello
es que de sus productos, Egipto solo podía exportar productos agrícolas
o papiros que, lógicamente, no deseaban sus vecinos que demandaban
aquello de lo que carecían o les resultaba exótico, los productos
africanos. Es por ello que desde comienzos de la XVIII dinastía,
si no antes, Egipto se ve obligado a incrementar su presencia en el Sur,
a controlar las vías de comunicación y acceder directamente
a las regiones africanas, al mismo tiempo que el agotamiento de los recursos
tras siglos de explotación obliga a buscar éstos cada vez
más en el interior de Africa. Es por ello que si enmarcamos el reinado
de Hatshepsut en la evolución de la XVIII dinastía, observamos
como durante su reinado existía un clima de paz en Siria-Palestina,
como ya hemos apuntado el reino de Mitanni todavía no había
desarrollado toda su capacidad, por lo que Egipto requiere de los productos
africanos para poder comerciar con el exterior, no solo con Siria-Palestina,
también con el mundo Egeo.
Ello no significa que sea la necesidad
de un comercio exterior la única explicación de la expedición
al país de Punt. El creciente número de templos que aparecen
en Egipto a partir de la XVIII dinastía, así como una nobleza
cada vez más involucrada en los asuntos oficiales, obliga a acceder
a unos productos que dedicar al culto y a recompensar a los funcionarios.
Es cierto que el hecho de que el desarrollo de dicha expedición
ocupe un lugar tan destacado hizo pensar en un principio que Hatshepsut
se dedicó principalmente al comercio relegando una política
exterior que, hasta hace pocos años se consideraba muy activa. Es
por ello que la comparación con reinados anteriores es significativa
y puede proporcionarnos información.
Tras la expulsión de los Hiksos,
la investigación señalaba una activa política militar
que permitió la creación por primera vez de un Imperio en
Siria-Palestina. Desde hace unos años dicha política ha sido
cuestionada y cada vez son más los egiptólogos que señalan
una expansión moderada y propiciada por una crisis interna del Levante
más que por el deseo de conquistas por parte de Egipto. Así,
hasta hace unos años no se conocía expedición militar
alguna de Amenofis II y de Tutmosis II solamente conocemos la realización
de una campaña punitiva contra los Shasu, un grupo étnico
que en ciertos aspectos anticipa los conflictos y relaciones que Egipto
tendrá con los Habiru del período amarniense. Estos Shasu,
al igual que los Habiru, son ampliamente conocidos en la documentación
próximo oriental, constituyendo grupos nómadas que prestan
su servicio al mejor postor y cuya principal "actividad" es entorpecer
el tránsito normal de caravanas comerciales.
Es en este contexto en el que adquiere
importancia un grafito descubierto en 1957 en la isla de Sehel donde se
describe una campaña militar de Makare -Hatshepsut-, contra
Nubia, completando así las expresiones aisladas presentes en Deir el-Bahari, en la tumba de Senmut o en la estela de
Djehuty.
Por otra parte, este período de
la historia de Egipto aparece dominado por la gran campaña de Tutmosis
III que culminó en la batalla de Megiddo y la victoria sobre la
coalición de 330 príncipes encabezada por el de Kadesh, campaña
interpretada tradicionalmente como consecuencia del pacifismo de Hatshepsut
que fue aprovechado por los enemigos de Egipto. Si ello fuera verdad, ¿no
parece más lógico que los príncipes actuaran cuando
Hatshepsut estaba todavía al frente de Egipto?. El contexto de dicha
rebelión y posterior campaña de Tutmosis III debe entenderse
en una dinámica próximo oriental que consideraba el período
de transición entre dos reinados como el momento oportuno para rebelarse
o minar la influencia del enemigo, algo que ha sido bastante frecuente
en la historia de la humanidad; todo nuevo gobierno se considera más
débil y menos preparado.
Tampoco hemos de olvidar que los textos
egipcios nos presentan la simple realización de una campaña
de inspección o de recogida de tributos como un gran acontecimiento
militar digno de ser recogido en los anales y estelas, aun cuando su importancia
fuera muy escasa o al menos relativa. En el caso de la gran campaña
de Tutmosis III, la lista de ciudades coaligadas en torno a Kadesh copia
en su totalidad las ciudades y centros que se encontraban en los itinerarios
comerciales existentes en Siria-Palestina, añadiéndose el
nombre de centros con una gran tradición histórica pero que
por entonces ya no existían, como es el caso de la ciudad de Ebla,
destruída en su totalidad por Mursilis I 150 años antes de
que Tutmosis III dijera que la capturó y destruyó.
Volviendo al problema de por qué
Hatshepsut hizo representar la expedición al país de Punt
como si ello hubiera sido la principal realización de su gobierno,
la explicación la encontramos en la dinámica de los estados
próximo orientales durante la segunda mitad del II milenio. La monarquía
ya no tenía aquellos aspectos "despóticos" y su poder ya
no era omnipresente, por lo que todo rey realiza durante su reinado una
acción que no había sido realizada con anterioridad, bien
extendiendo los limites del orden hasta donde no se había logrado
hasta entonces, lo que provoca que algunos Faraones digan llegar e integrar
territorios que nunca llegaron a conocer una influencia o presencia egipcia,
o cualquier otra acción que demuestre y justifique su gobierno.
Es por ello que Hatshepsut presenta su expedición al país
de Punt como algo jamás realizado, al mismo tiempo que su integración
en el orden es logrado gracias a la fama que la precede y su superioridad
sobre la reina de aquellas lejanas tierras, ello a pesar de que el país
o la tierra de Punt era ya conocida desde el Reino Antiguo.
Dicha integración del país
de Punt en el orden egipcio queda ejemplificada en el traslado de los árboles
a Egipto para ser plantados en el recinto de Amón; lo característico
de aquellas tierras queda en los dominios de la divinidad egipcia que,
por otra parte, ha puesto en aquellas lejanas tierras dichos recursos para
que sean obtenidos por los reyes egipcios. Es la misma ideología
y simbolismo que encontraremos en el llamado jardín botánico
de Tutmosis III en el templo de Amón; la representación de
todas las especies, animales o no, de todos los territorios conocidos implica
su integración en el orden y dependencia de Egipto y sus dioses
y, por extensión, del Faraón.
Política religiosa
Los paralelismos entre Hatshepsut y Ajenatón
no se limitan a su pretendido "pacifismo". Su política religiosa
también ha sido objeto de comparaciones.
Debido a la creencia de que las relaciones
entre Hatshepsut y Tutmosis III no debieron ser buenas, suele existir la
tendencia a diferenciar "partidos" o seguidores de cada uno, pensándose
que Hatshepsut encontró el apoyo del clero de Amón, que desarrolló
la Teogamia presentando a Hatshepsut como hija de Amón, mientras
que Tutmosis III tenía el apoyo del ejército. Por el contrario,
la política de Ajenatón es definida como revolucionaria y
monoteísta, actuando en detrimento de Amón y su clero, mientras
que sus sucesores, en especial Horemheb y la linea ramesida que a continuación
se inicia, representan el apoyo del ejército. Pero ¿cuál
fue la política religiosa de Hatshepsut?.
Desde comienzos del Reino Nuevo la figura
de Amón va adquiriendo más importancia, lo que se materializa
en las sucesivas ampliaciones que experimenta su templo en Tebas, al mismo
tiempo que su culto va adquiriendo aspectos universalistas, algo lógico
debido a la expansión de Egipto en el exterior.
Sin embargo, y a pesar de su creciente
poder e influencia, desde el reinado de Tutmosis I existen suficientes
elementos que permiten observar un desarrollo de nuevas concepciones religiosas,
cuando no la recuperación de antiguas tradiciones relacionadas con
los cultos solares, algunas de ellas alejadas del omnipresente Amón
y que, en opinión de un sector de la investigación, representan
un anticipo de la creciente importancia de los cultos solares que culminará
en tiempos de Ajenatón con el culto a Atón, el disco solar.
Esta presencia e influencia de los cultos
solares comienza ya en tiempos de Tutmosis I, una de cuyas principales
acciones de gobierno fue el traslado de la capital de Egipto a Menfis,
siguiendo una pauta ya conocida en la por entonces milenaria historia faraónica;
tras un período de crisis o inestabilidad, la capital debía
estar en un lugar equidistante entre el Alto y el Bajo Egipto y, especialmente,
cerca de los límites del Delta oriental, la vía de comunicación
natural de Egipto con el exterior. Al respecto, no podemos olvidar la importancia
de los cultos solares en la región de Menfis desde el período
predinástico y que en la sociedad egipcia va plasmándose
en los llamados himnos solares, que aparecen con Tutmosis I, y en los que
Amón y Atum van mezclando sus atributos y personalidades, cristalizando
en la conocida forma divina de Amón-Re.
Este desarrollo de los cultos solares está
presente también en una de las manifestaciones artísticas
mejor conocidas del reinado de Hatshepsut, los obeliscos, símbolos
solares que representan a la piedra ben-ben y que comienzan a erigirse
delante de los pilonos de los templos, simbolizándose así
la tierra de Egipto y el signo jeroglífico del horizonte.
Pero es posiblemente en el ámbito
funerario donde encontramos las principales pruebas de esta creciente importancia
de los cultos solares.
Dejando a un lado el debate, en muchas
ocasiones bizantino, sobre la adscripción y constructor de la KV
20, tradicionalmente adscrita a Hatshepsut, lo que realmente nos interesa
resaltar son dos aspectos. A) La estrecha relación existente entre
el templo funerario de Deir el-Bahari y la KV 20, B) La forma que adopta
la cámara funeraria durante los tutmosidas hasta época ramesida.
A) La localización del templo funerario,
como cualquier otro acto constructivo en el antiguo Egipto, no era algo
aleatorio, sino realizado según una intencionalidad. Así,
la orilla oeste de Tebas, vista desde el templo de Amón o la antigua
ciudad de Tebas, no es más que la plasmación del signo jeroglífico
horizonte,
el mismo que está presente en los templos gracias a los pilonos
y obeliscos. Pero lo realmente significativo es que el templo de Deir el-Bahari
se localiza justo en el centro, como queriendo establecer una relación
con el sol en su cenit y el templo, al mismo tiempo que del eje del templo
parte una imaginaria línea recta que termina en la KV 20.
B) Una de las características frecuentemente
señaladas de la tumba de Tutmosis III es la forma en cartucho de
su cámara funeraria, la misma que, posiblemente, hubiera tenido
la cámara funeraria de la KV 20 de haber podido dar la forma completa
a la tumba y no encontrarse los obreros con dificultades en el terreno
que obligaron al abandono de la intención original, ya que la antecámara,
sin terminar, comienza a esbozar el comienzo del cartucho.
Como es sabido, las pirámides tenían
un evidente significado solar que, aparentemente, se pierde con el triunfo
de la concepción osiriaca. Sin embargo, observamos como las tumbas
del Reino Nuevo recuperan los componentes solares y su propia forma parece
asemejarse al viaje diario del sol, siendo significativo que sea Tutmosis
I el iniciador del Valle de los Reyes.
Este desarrollo de las concepciones solares,
perfectamente estudiado por J. Assman, no implica un "desamparo" de Amón.
Lo que se produce es el inicio de una tendencia característica del
Reino Nuevo; mientras que el centro administrativo, comercial y cultural
residía en Menfis, el Alto Egipto con Tebas como representante permanecía
como centro espiritual al que todos los años acudían los
faraones para constatar los progresos en su tumba o participar en el Festival
Opet. Esta fue precisamente otra de las acciones mejor conocidas de Hatshepsut,
su participación, junto a Tutmosis III, en dicho festival, tal y
como quedó plasmado en los relieves de su capilla roja.
Mientras que lo tradicional ha sido considerar
el culto a Amón como dominante, lo cierto es que ésta es
una visión que emana principalmente del templo de Karnak, pero todos
y cada uno de los faraones del Reino Nuevo también emprendieron
obras en honor de otras divinidades, como demuestra la propia política
constructora de Hatshepsut.
También resulta interesante que
el término egipcio Shr, que implica una intervención
divina directa en los acontecimientos, y que aparece por primera vez en
la Historia de Sinuhe en referencia a un dios desconocido que le
hace llegar a unas tierras lejanas, reaparece en tiempos de Hatshepsut
y se convierte en una constante de futuros faraones, siendo a su vez la
intervención divina en los asuntos nacionales, o personales, una
de las características en las sociedades del Bronce Reciente.
Por último, y como anticipo de su
política constructora, debemos señalar que es con Hatshepsut
cuando tenemos las primeras referencias a la celebración del Festival
Opet, el más importante que se desarrollaba en honor de Amón
y que se convirtió en un signo de identidad de la propia cultura
egipcia, así como el Festival del Valle, celebrado en la orilla
Oeste de Tebas y, aunque ya celebrado con anterioridad, es en estos momentos
históricos cuando adquiere notoriedad.
Arte y política constructiva
A lo largo de la historia de Egipto existen
momentos históricos que son interpretados como revolucionarios o
de cambio, plasmándose ello en todo tipo de manifestaciones, como
el arte.
En el caso de Hatshepsut, el mero hecho
de ser una mujer ya planteaba problemas a los artistas a la hora de representarla
como Faraón, debiendo hacerlo con la barba postiza y demás
atributos reales. Sin embargo, éste es un hecho que se ha magnificado
en demasía, máxime cuando los artistas egipcios estaban acostumbrados
a conjuntar y representar a dos formas extrañas; cuerpo animal y
cabeza humana por ejemplo. Es por ello que desde un principio los dioses
o formas extrañas, son representadas con collares o pelucas para
lograr que esa zona de transición resulte lo menos grotesca posible
y más natural.
De la política constructora de Hatshepsut
tenemos abundante información gracias a que en el templo de Beni
Hasan, conocido por su nombre griego de Speos Artemidos, hizo grabar
todas las obras que realizó en el país, política motivada,
según lo expresado por la reina, por el lamentable estado de conservación
en que se hallaban numerosos monumentos. Es precisamente esta lista de
obras realizadas, y que aparecen con el nombre de Tutmosis I o III en lugar
del de Hatshepsut, lo que ha favorecido la hipótesis de una persecución
contra su memoria por parte de Tutmosis III, pero en realidad no podemos
asegurar si en verdad Hatshepsut llegó a realizar todas las reconstrucciones
que dice haber emprendido, especialmente cuando de Tutmosis III tenemos
menos información y restos de su política constructora, algo
que en apariencia resulta ilógico debido al poder y longitud de
su reinado. Por otra parte, esa pretendida persecución no se entiende
si tenemos en cuenta que respetó el templo de Deir el-Bahari, haciendo
construir el suyo encima, también en tres pisos.
En los últimos años, las
excavaciones del Instituto Arqueológico alemán de El Cairo
en la ciudad de Elefantina han revelado una importante actividad constructora
de Hatshepsut en el templo de la diosa Satet, cuyos primeros niveles se
remontan al período predinástico y que gozó de gran
importancia a lo largo de la historia de Egipto. Pero la actividad en Elefantina
no se limitó a este centro tradicional de culto, realizándose
también ampliaciones en el templo de Knum.
Pero si hay una actividad artística
que experimenta un avance importante es la escultura que, por otra parte,
irá adquiriendo a lo largo del Reino Nuevo tintes colosalistas hasta
entonces desconocidos. Así, de Hatshepsut conservamos estatuas de
3 metros de altura, un tamaño "pequeño" para las estatuas
conservadas de otros faraones, pero que quizás revelan lo que a
lo largo de del Reino Nuevo va a constituir una de las preocupaciones reales;
la representación a gran escala, posiblemente en un intento de recuperar
su papel como intermediarios ante la divinidad, papel que había
ido diluyéndose de la función real desde la V dinastía.
Junto a este comienzo del colosalismo,
lo que destaca es el naturalismo, algo que siempre se ha señalado
de las estatuas de Tutmosis III pero que también encontramos en
las de Hatshepsut, donde por otra parte podemos intuir formas y líneas
femeninas enmarcadas en un canon artístico existente en Egipto desde
hacía siglos y que era muy difícil quebrantar, tanto por
la tradición, ya milenaria por entonces, como por la formación
y técnicas en que habían sido formados los artistas.
Una de las formas escultóricas asociadas
al reinado de Hatshepsut son las estatuas-cubo, especialmente las pertenecientes
a Senmut junto a Nefereru. Sin embargo, estas estatuas eran conocidas desde
el Reino Medio, aunque será en la segunda mitad de la XVIII dinastía
cuando sean más frecuentes, lo que no solo debe relacionarse con
una tendencia artística, sino también con cuestiones prácticas,
al ser más económico representar a la persona en un bloque
que al mismo tiempo sirve de soporte para los textos.
Otro de los conjuntos escultóricos
asociados a este período histórico son las esfinges, pero
al igual que las estatuas-cubo no pueden considerarse como una innovación
por parte de Hatshepsut, ya que lo que se produce en ambos casos es una
recuperación de modelos del Reino Medio, del mismo modo que la representación
del Faraón como una esfinge también denota una intencionalidad
política e ideológica, composición artística
muy utilizada por Amenofis III, y que denota la idea de dominio entre lo
que se considera el orden y el caos. Es en este contexto en el que debe
recordarse el episodio de Tutmosis IV quedándose dormido a los pies
de la esfinge y como la misma experimenta un culto cada vez mayor en época
tutmosida.
Lo que sí resulta importante valorar,
y no siempre se ha hecho, es que fue Tutmosis I el fundador de Deir el-Medina
y con ella el inicio de toda una política de construcción
en la orilla oeste de Tebas que no solo incluía las tumbas reales,
sino también los templos funerarios y las tumbas de cortesanos.
Pero fue Hatshespsut la que realizó las primeras grandes construcciones
en esta orilla asociada con la muerte, poniendo las bases de algo que iba
a continuar hasta el final del Reino Nuevo. Así, sería interesante
estudiar los relieves y pinturas de Deir el-Bahari y establecer una secuencia
directa con las pinturas y relieves de las necrópolis tebanas, observándose
el inicio de unos temas y unas técnicas que poco cambiaron desde
entonces. Los peces, los árboles, el detalle con que son representados
los habitantes del país de Punt..., no son más que los primeros
modelos de unos temas e iconografías dominantes en las tumbas privadas
tebanas y que hasta entonces no existían.
Funcionarios y administración
Una de las ideas que más frecuentemente
encontramos asociada al reinado de Hatshepsut es la de su estrecha relación
con Semnut, un alto funcionario descrito en varias ocasiones como amante
de la reina y encargado de la educación de la hija de Hatshepsut,
Neferure, elementos todos ellos que han contribuido a la hipótesis
de que la intención de Hatshepsut era la de crear una línea
dinástica propia, quizás casando a su hija con Tutmosis III.
Pero esta hipótesis no plantearía ninguna novedad ya que
el casamiento del futuro faraón con un familiar cercano para legitimar
su acceso al trono del Doble país era una práctica habitual.
Pero posiblemente lo más significativo
sea la imagen de Semnut, interpretada en la mayoría de las ocasiones
por su cercanía a la reina y no por la dinámica que ya por
entonces era normal en la administración egipcia y que continuará
hasta el final del Egipto faraónico.
Ya con Ahmosis, fundador de la XVIII dinastía,
encontramos a altos funcionarios muy cercanos al Faraón, lo cual
no debe extrañar debido a la complejidad administrativa de Egipto
en comparación con períodos anteriores. Ya no es solo la
administración interna del país. La política exterior,
la propaganda real, la política constructora, las relaciones diplomáticas
resultantes en matrimonios interdinásticos, no solo con princesas
asiáticas sino también con hijas de altos funcionarios, obligan
al Faraón a rodearse de funcionarios fieles,que en ocasiones llegan
a constituir verdaderas familias que van transmitiéndose el cargo
de generación en generación.
Durante el Reino Medio, y debido a las
nuevas necesidades de la administración, no sorprende encontrar
una serie de composiciones literarias destinadas a fomentar el cargo de
escriba y de funcionario en general, pero son composiciones dirigidas a
una clase funcionarial intermedia, posiblemente por el miedo que los faraones
tenían al poder e influencia que habían adquirido los grandes
nomarcas y visires en tiempos no muy lejanos. Sin embargo, desde comienzos
del Reino Nuevo observamos un salto cualitativo, nuevas composiciones surgen
ensalzando el trabajo de los visires y altos funcionarios, siendo el mejor
ejemplo de ello las conocidas Instrucciones del Visir, un texto
que posiblemente se remonta a la XIII dinastía pero que es con el
Reino Nuevo cuando adquiere toda su vigencia.
Es por ello que junto a todo faraón
encontramos a un alto funcionario, en ocasiones a varios, que parecen reunir
en su persona la confianza del rey, funcionarios que, en la mayoría
de las ocasiones, son seguidores del rey desde su infancia, habiendo sido
educados y entrenados en las artes militares y administrativas conjuntamente.
Es por esta razón por lo que sorprende aun más el hecho de
haber querido interpretar a Semnut como algo novedoso en la administración
egipcia. Es cierto que sus representaciones con Neferure en las conocidas
estatuas-cubo revelan una relación muy estrecha, pero Amenhotep
hijo de Hapu, alto funcionario con Amenofis III, llega a construirse un
templo funerario en Tebas oeste y su nombre lo encontramos en el interior
del templo de Amón en Karnak, algo que no ha sido interpretado de
la misma manera que en el caso de Semnut, quien hizo grabar su nombre,
título y representación, oculto, en el templo de Deir el-Bahari,
sino como prueba de su habilidad como gestor y reconocimiento por su labor.
Por otra parte, no debemos olvidar que
una de las características del Bronce Reciente en todas las cortes
es la educación de los príncipes, que son educados junto
a otros jóvenes, estableciéndose lazos de amistad que pervivirán
con el tiempo. Igualmente, la figura del instructor o maestro adquiere
una consideración especial y en la prosopografía egipcia
observamos que es un cargo detentado por aquellas personas más cercanas
al rey o joven príncipe, siendo éste el caso de Semnut o
el de Ay, cuyo título "padre del dios" debe entenderse no como una
filiación, como se hizo en un primer momento, sino como educador
del futuro faraón.
Finalmente, la relación de Hatshepsut
con Senmut ha sido interpretada desde la idea de que la memoria de este
cortesano también fue objeto de persecución por parte de
Tutmosis III. Lo cierto es que su tumba tebana (TT 71) confirma que su
nombre fue borrado, así como sus esculturas dañadas, pero
también lo es que no de una forma sistemática, conservándose
incluso en la parte pública de la tumba estatuas con su nombre,
del mismo modo que la persecución de esta tumba tambien ha sido
explicada en los últimos años por la presencia en el nombre
de Senmut de la particula mwt, Mut, esposa de Amón que también
fue objeto de persecución durante el período amarniense.
Por lo tanto observamos como el funcionamiento
de la administración no se vio afectado por el hecho de que una
mujer reinara en Egipto, al contrario, de la política constructora
de Hatshepsut por todo el país, del envío de expediciones
comerciales al país de Punt, al Sinaí o a la recogida de
tributos en Siria-Palestina, parece desprenderse que la prosperidad reinaba
en el país permitiendo ello a Hatshespsut el embarcarse en un ambicioso
programa constructivo.
Conclusión
Uno de los grandes problemas a los que se
enfrenta la investigación egiptológica es el tipo de documentación
conservada, perteneciente al ámbito oficial y presentándonos
unos reinados y unos acontecimientos realizados bajo los auspicios de Maat
y tendentes a mantener el orden en Egipto. Posiblemente sea el ámbito
religioso el que mejor refleje esta problemática, ya que de los
textos y relieves disponibles se desprende una religión ideal, unos
ritos perfectamente establecidos, un panteón estructurado y sin
problemas internos, una humanidad bendecida por los dioses..., pero ¿hasta
que punto ese era el verdadero sentimiento religioso egipcio?. Cuando se
analizan textos como el Dialogo de un desesperado con su alma o
algunos de los Cantos del arpista, nos encontramos ante una incredulidad
religiosa que no se refleja en los monumentos conservados. Esta misma impresión
la tenemos cuando nos enfrentamos a los textos, relieves o construcciones
de los faraones e intentamos a través de ellos no solo reconstruir
su pasado sino entenderlo y explicarlo.
Es por ello que si por un momento nos pudiéramos
abstraer de que Hatshepsut era una mujer y analizáramos su reinado
solamente desde lo que se nos ha preservado, seguramente la visión
global del mismo no sería la misma que ha dominado la investigación
desde finales del siglo XIX. Unos textos que nos informan de una actividad
militar en Nubia, una gran expedición que proporcionó a Egipto
recursos suficientes para embellecer sus templos y disponer de productos
con los que comerciar, un templo funerario de una belleza e innovación
arquitectónica sin precedentes en la historia del país, una
estatuaría en la que las proporciones humanas van siendo dominantes
- a pesar del emergente colosalismo-, unos funcionarios eficaces que procuran
a la administración los recursos necesarios... son todos ellos elementos
más que suficientes para considerar ese reinado como próspero
y no como un freno a las apetencias imperialistas de Egipto, con una administración
y un gobierno preocupado más por crear una línea dinástica
propia y dominado por el clero, una política exterior pacifista
y comercial, entendiendo esta no como algo beneficioso sino como una marcha
atrás en la tendencia iniciada con la XVIII dinastía... Igualmente,
si se acepta que Tutmosis III emprendió una persecución contra
su tía nada más acceder al trono en solitario, ¿cuantos
más textos, relieves, construcciones... se nos han perdido para
siempre de este reinado?. Respecto a la persecución, esta no comenzó
nada más llegar al trono Tutmosis III, sino al final de su reinado,
terminando incluso la inacabada Capilla roja de Karnak.
Observado fríamente, desde la óptica
del historiador, el reinado de Hatshepsut fue largo en el tiempo al mismo
tiempo que prospero, tanto en el aspecto constructivo como económico,
proporcionando una imagen muy diferente a la de una mujer obsesionada por
el poder y un reinado caracterizado por una lucha interna entre esta reina
y Tutmosis III. Al contrario, las representaciones conjuntas de ambos,
el propio entrenamiento militar de Tutmosis III, algo inconcebible si en
verdad sus relaciones eran malas, ya que el ejército podía
ser un elemento desestabilizador en sus relaciones, nos parece reflejar
que sus relaciones no fueron malas y que Hapshepsut no vio en Tutmosis
III una oposición, un problema para llevar a cabo su política.
Posiblemente la causa de todo ello radique
en la propia tradición historiográfica de la egiptología,
más preocupada por el hallazgo espectacular o la descripción
de una obra de arte que por englobar la política exterior dentro
de un contexto próximo oriental cambiante y sin el que no puede
entenderse lo que a Egipto preocupó en sus relaciones con Siria-Palestina
o Nubia. Nuestra intención en las páginas precedentes ha
sido precisamente intentar enmarcar lo conocido del reinado de Hatshepsut
dentro de unas tendencias y evoluciones, comprobando como lo que ella realizó
pudo haber sido realizado por cualquier otro Faraón.
Es cierto que el simple hecho de tratarse
de una mujer implica unos cambios, siquiera en las actitudes y formas de
representación, pero lejos de causar un rechazo observamos que la
actitud Faraónica de Hatshepsut encuentra poco después continuidad
en mujeres como Tiye o Nefertiti, representadas también venciendo
a los enemigos de Egipto y que, si bien no llegaron a gobernar directamente
sobre Egipto, sí ejercieron una gran influencia en sus respectivos
maridos y en la política llevada a cabo por Egipto, como lo demuestra
el simple hecho de que Tusratta, rey de Mitanni, se dirija directamente
a Tiye como conocedora de la situación internacional para que aleccione
al nuevo Faraón de Egipto, Amenofis IV.
Aspectos de su reinado como la Teogamia
también encontraron continuidad, tanto en época Tolemaica
con los mammisis, o en el templo de Luxor, donde se estableció
el culto al Ka del Faraón que nacía con el.
Es por todo ello que posiblemente el reinado
de Hatshepsut deba ser explicado y entendido desde la excepcionalidad de
que una mujer llegara a gobernar en una sociedad antigua, pero no por la
política que desarrolló, aun cuando solamente fuera por el
hecho de que una política diferente desarrollada por una mujer causaría
aun mayor rechazo en la sociedad. Sin embargo, seguramente esa excepcionalidad,
el que Egipto fuera gobernado por una mujer a pesar de sus intentos por
enmascarar su feminidad en las esculturas, relieves o titulatura, es lo
que puede explicar la "persecución" que sufrieron sus monumentos
y su memoria en los anales posteriores. Es significativo que sus representaciones,
títulos y acciones se nos hayan preservado en aquellos lugares no
públicos, desapareciendo por el contrario en todos aquellos monumentos
donde su figura y memoria podía ser observada. Si en verdad Tutmosis
III persiguió en su totalidad la figura de su tía, que le
apartó del trono de Egipto durante 20 años, no se entiende
que Tutmosis III respetara todas aquellas escenas y textos en los que aparecen
los dos en un marco sacro o intimista. Al fin y al cabo la legitimidad
de Tutmosis III también le venía por su relación con
Hatshepsut. Desde Semiramis a Cleopatra, la historia nos ha legado las
imágenes de unas mujeres que llegaron a desempeñar labores
de gobierno en la Antigüedad, algo que incluso extrañó
a los griegos, acostumbrados a que la mujer desempeñara sus funciones
en el interior del gineceo, pero en el mundo oriental la mujer disfruto
de unas libertades y posibilidades mayores, no debiendo olvidar la importancia
de la reina madre en la familia real de Judea, siendo referida como Gebirah
o el papel de la tawananna en el mundo Hitita.
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