| I.
LOS RASGOS GENERALES DE LA CRISIS BAJOMEDIEVAL EN NAVARRA
La crisis de la red de relaciones económico
sociales dominantes en el reino de Navarra supone el debilitamiento de
las estructuras del sistema feudal. Veamos de forma esquemática
sus manifestaciones más destacadas.
I.1. La difícil coyuntura
económica.
Sus rasgos fundamentales pueden concretarse
en cuatro.
1. Períodos alternantes de
fuertes crisis, dominadas por las malas cosechas, las hambres y las epidemias,
y lapsos en los que se experimenta una mejoría de la coyuntura,
pero que no permiten una recuperación duradera al ser demasiado
cortos y no remitir otros factores, como la presión fiscal. M. Berthe
estableció una detallada periodización de las crisis en la
Navarra bajomedieval [1].
2. Agotamiento de las tierras y
baja productividad, con lo que suben los precios, especialmente del grano[2].
3. Fuerte aumento de la presión
fiscal, debido a un buen número de causas confluyentes: descenso
de las rentas señoriales[3]; desarrollo de la administración,
con el siguiente aumento de las necesidades económicas de la corona[4];
depreciación
monetaria, tratando de obtener más ingresos, lo que produce un enorme
desfase entre salarios y precios, elevándose la inflación
[5].
4. Inexistencia de una política
planificada de remisión de impuestos que alivie la situación
del campesinado. Los perdones serán concedidos en circunstancias
extremas, sin llegar a promover una recuperación duradera.
I.2. El debilitamiento de los lazos
serviles.
Existe un proceso de liberación
jurídica de las capas bajas de la sociedad que obedece a un interés
de los grupos dominantes en mantenerse. Es una actitud forzada por la difícil
coyuntura, adoptada para prolongar el domino económico y la preponderancia
social.
Este proceso cristaliza mediante las siguientes
decisiones:
1. La concesión a comunidades
enteras de estatutos de franquía e hidalguía, buscando fijar
a la población ofreciéndole atractivas condiciones de habitabilidad.
2. Eliminación progresiva
de las prestaciones de trabajo en la reserva señorial[6].
3. Transformación de las
pechas, impuesto capital, en censos perpetuos, que no mejoran sustancialmente
la situación económica pero sí la condición
social, al eliminarse el término "pecha", de fuertes connotaciones
serviles.
II. EL CAMPESINADO NAVARRO
BAJO MEDIEVAL
II.1. Características fundamentales.
Tres son las notas que lo definen.
1. Constituye una "clase social"
que produce bienes primarios, practicando la agricultura y la ganadería.
Posee el dominio útil de la tierra que trabaja a cambio de la entrega
a la clase no-productora (la nobleza, laica o eclesiástica) de parte
del excedente.
2. Es la base de la sociedad, por
dos razones:
a. Su importancia
numérica. Según los libros de fuegos de 1427-1428, el sector
primario ocupaba a un 88,12% de la población
en la merindad de Pamplona, a un 94,59%
en la de Estella y al 93,92% en la de Sangüesa[7].
b. Su importancia
económica, derivada de su condición de clase productora.
Con su trabajo se obtienen los bienes de primera necesidad de los que se
nutre el conjunto de la sociedad y, al mismo tiempo, satisface las cargas
de todo tipo que ha de entregar a los señores.
3. No es una clase homogénea.
Había en ella diferencias jurídicas y económicas fundamentales
que fueron la razón de la existencia de estratos. Vamos a estudiar
esta jerarquización, pues fue la clave de los enfrentamientos surgidos
en el seno del campesinado.
Esta jerarquía se establece conforme
a dos baremos no coincidentes: la situación jurídica y la
posición económica[8].
La situación jurídica.
Atendiendo al "status" jurídico
de la población rural, podemos encontrar tres grupos: collazos,
pecheros y francos.
1) En el estrato inferior de la
pirámide social tenemos a los "collazos", cuya libertad se hallaba
restringida por los vínculos de dependencia señorial, al
estar adscritos a la tierra que trabajan. Representan los restos de la
antigua servidumbre feudal.
Si bien originariamente podían ser
donados, vendidos o cambiados con la tierra, siendo su condición
hereditaria, la inalienabilidad de las personas experimentó un avance
a lo largo del siglo XIII. Además, estaban obligados a más
cargas que el resto de los dependientes.
M. Berthe llega a afirmar que la servidumbre
navarra desapareció tras la Peste Negra, en 1348-1350[9],
mas no podemos confirmar sus palabras. Existen menciones a collazos en
la documentación posteriores a esas fechas. La pérdida de
contenido jurídico y la progresiva equiparación de esta condición
a la del simple pechero no nos autorizan a hablar de su desaparición.
El término pervivió de forma aislada y mantuvo unas connotaciones
sociales negativas que designaban a individuos situados en el más
bajo escalafón, condición a la que pudieron haber accedido
por diversas vías: herencia, endeudamiento, etc.
2) El grupo numéricamente
más importante lo componen los "pecheros", sujetos al régimen
de pago de pechas, cantidad que debía ser entregada anualmente al
señor en especie, en dinero o de forma mixta. La pecha podía
ser "capital", cuando la cantidad que debía abonar cada vecino venía
ya señalada, o "tasada", cuando el pueblo paga una cantidad fija
y es el concejo el encargado de repartirla entre los vecinos. La pecha
no fue el único derecho señorial que tuvieron que satisfacer.
Hubo otros muchos, que comprendían diferentes conceptos: sobre los
bosques, caza, aguas, minas, etc.
Numéricamente, los pecheros constituyen
el grupo más importante del reino. Poseen el domino útil
de la tierra que trabajan. Su condición es vitalicia y hereditaria,
salvo que medie expreso privilegio real. Reúnen otras condiciones
que les identifican como "libres", entre las que destacan la posibilidad
de transmitir en herencia los bienes muebles a sus hijos y la de emigrar.
3) El tercer y último grupo
que encuadramos en la clase del campesinado son los "francos". Si bien
originariamente con este nombre se designaba a los habitantes de ciertos
núcleos urbanos, pronto podremos encontrarlos en pequeños
núcleos rurales, desempeñando trabajos agrícolas y
ganaderos. Son hombres libres y propietarios, cuyas tierras, concedidas
por el rey, se hallan exentas del pago de pechas. Sin embargo, al adquirir
tierras pecheras debían contribuir por ellas. Pagan, además,
otros derechos señoriales: lezdas, ayudas, derechos del sello y
caloñas.
Los fueros de francos conllevan otros privilegios
que les sitúan en un nivel social superior: pueden ser juzgados
dentro de su comunidad y por sus magistrados, dictan reglamentos económicos
internos, tienen una mayor autonomía municipal, etc.
Las tres categorías que hemos visto,
derivadas de las diferentes situaciones jurídicas, no reflejan más
que parcialmente la diversidad interna del campesinado. Esta no puede ser
comprendida en su integridad sin referirnos a la notable variedad de las
situaciones económicas.
La posición económica. Ha
de ser estudiada mediante la observación de las cantidades con que
son tasados los individuos en los diversos impuestos. Entre éstos,
las ayudas extraordinarias y la pecha ofrecen la información más
interesante. Mientras que las primeras comprenden al campesinado en un
sentido amplio, incluidos los hidalgos, la segunda se refiere exclusivamente
al estamento de los labradores pecheros.
Básicamente, a través de
las ayudas se muestra dividida la población en tres grupos: los
que pagan, los que no lo hacen y una categoría intermedia, la de
aquellos que abonan una cantidad menor a la tasa fijada. Según las
épocas y los ámbitos geográficos, varían los
nombres que reciben cada uno de estos grupos. Así, en el "Libro
del monedaje de Estella de 1330" se denomina "podientes" a los que pagan
la totalidad, "no podientes" a los que lo hacen en parte, y "nichil" a
los pobres de solemnidad.
Desconocemos cuáles eran los parámetros
empleados para llevar a cabo dicha tasación. Esta laguna viene a
ser parcialmente cubierta si recurrimos a la pecha. Según la cuantía
que ha de ser abonada, y salvando las variedades locales, los fuegos de
labradores pecheros
se dividen en tres categorías:
a. "Entegros". Pagan la totalidad
de la pecha. Disponen de una yunta de animales para trabajar y de un hombre
útil.
b. "Axaderos". Quienes poseen una
"axada", o azada, con la que cultivan la tierra. Pagan la mitad de la pecha.
En ciertas zonas, como la Améscoa Alta, se denomina pechero "meyo"
a quien contribuye con la mitad; tiene un solo animal para arar su tierra.
Tanto los fuegos "axaderos" como los "meyos" disponen de un hombre útil
para el trabajo.
c. "De muger". Designa la explotación
encabezada por una mujer, viuda o soltera, o por huérfanos menores.
No importa si poseen animales de tiro. Aunque depende de las áreas
geográficas, pechan la cuarta parte que los varones en su misma
situación económica.
Conforme a esta clasificación podemos
extraer dos conclusiones sobre los fuegos de labradores pecheros:
1. Es fundamental la existencia
al frente de los mismos de un varón, a quien se adjudica "a priori"
una mayor capacidad organizativa y productiva.
2. La importancia de la posesión
de animales de tiro con los que efectuar las labores agrícolas.
Resulta lógico deducir una estrecha relación entre este factor
y la extensión de la tierra: a más animales correspondería
una mayor superficie de terreno cultivable, mejores cosechas, más
excedente e incremento de los beneficios.
Los diferentes grupos que conforman la
sociedad navarra bajo medieval no permanecieron inmutables. Tanto en cuanto
al número de integrantes como en lo relativo a sus privilegios y
obligaciones existió una transformación permanente.
La movilidad social en el campesinado puede
ser de doble signo, ascendente y descendente. Respecto a la primera, son
sus principales beneficiarios los campesinos ricos, quienes saldrán
favorecidos de las crisis. Varias son las razones que lo explican. Los
labradores acomodados pueden mejorar sus niveles de productividad al tomar
en arriendo a corto plazo las rentas reales y los medios de producción,
como molinos y hornos. Por otro lado, el abandono de tierras, frecuente
tras las crisis del siglo XIV, favorece la concentración de propiedades
en manos de aquellos que se hallen en condiciones de comprarlas.
A través de los textos documentales
podemos constatar que los sectores acomodados del campesinado hicieron
coincidir sus objetivos con los de la monarquía. Al rey le interesaba
la mejora de la productividad en sus territorios y encontró en aquellos
unos aliados de primera magnitud.
La obtención de "vecindades foranas",
es decir, conseguir el título de vecino en dos o más villas,
fue un elemento más de enriquecimiento y diferenciación.
Poseer tierras y contribuir en los repartimientos en varios pueblos distintos
del de la residencia, concedía la oportunidad de gozar en todos
ellos de los mismos derechos que los vecinos residentes, entre los que
destaca la plena participación en los aprovechamientos de las tierras
comunes.
El ascenso vino también provocado
por el acercamiento jurídico de grupos sociales diferenciados. Si
bien a nivel teórico existe una clara separación, se dio
una creciente confusión que contribuyó a borrar las distancias
entre los grupos.
La movilidad social descendente en el campesinado
viene provocada por su extrema vulnerabilidad. El equilibrio era muy precario
y bastaba la pérdida del jefe de familia o la de las bestias, fenómenos
frecuentes en los tiempos de crisis alimentarais y sobremortalidad,
para caer en el rango de los "pobres".
El endeudamiento fue un gravoso paliativo
a los meses de penuria, trampa fatal que lleva a la ruina absoluta cuando
los años difíciles perduran.
Junto al endeudamiento, la formación
de lazos de dependencia contribuye a crear estratos inferiores en el seno
campesino: la desigual disponibilidad de medios de trabajo obliga a los
pobres a recurrir a los recursos de los ricos, utilizando sus aperos y
comprando víveres y simientes.
II.2. Algunas palabras sobre los
hidalgos.
La hidalguía es el más bajo
escalafón de la nobleza y equivale en primer lugar a detentación
de privilegios, entre los que destaca la exención fiscal (excepto
de las "ayudas", desde la segunda mitad del siglo XIV), y a prestigio social
derivado de dicha condición exenta.
Son los hidalgos propietarios, en mayor
o menor cuantía, que viven de la explotación de sus tierras.
De ahí se deriva la enorme variedad de sus fortunas: por lo general,
no poseen la potencia económica de la alta nobleza, oscilando su
posición entre la del rico propietario pechero y, en ocasiones,
la del labrador depauperado. En este sentido los hidalgos presentan una
proximidad evidente al campesino pechero.

[1] Cf. Berthe, M.:
"Famines et épidémies dans les campaignes navarraises a la
fin du Moyen Age". París, 1984.
[2] Recordemos, a
modo de ejemplo, las órdenes dadas por Carlos II prohibiendo la
salida de trigo del reino y poniendo a mano real las pechas y rentas de
pan, incluídos los donos a particulares.
[3] Demostrado para
Navarra en los trabajos de buen número de autores. Así, cf.
Berthe, M.: "Taux et evolution du prelevement seigneurial en Navarre aux
XIV
et XV siècles: le cas du domaine royal", en Les Espagnes Médiévales.
Aspects Ëconomiques et Sociaux, Niza, 1983, p. 67-80; Fernández
de Larrea, J.A.:
"Guerra y sociedad en Navarra
durante la Edad Media", Bilbao, 1992; García, E.: "Santa María
de Irache. Expansión y crisis de un señorío monástico
en la Edad Media (958-1537)", Bilbao, 1989; Munita, J.A.: "El dominio monástico
de Santa María de La Oliva durante la Edad Media", Bilbao, 199.
[4] Cf. Zabalo, J.:
"La administración del reino de Navarra en el siglo XIV", Pamplona,
1973.
[5] Cf. Zabalo, J.:
"Tesoreros y procuradores de Navarra (s. XIV-XV). Estudio sobre los altos
funcionarios de la administración navarra en la Baja Edad Media",
en I. Jornadas de Metodología Aplicada a la Historia, vol. V, Santiago,
1975, p. 267-281; y Hamilton, E.J.: "Money, prices and wages in Valencia,
Aragon and Navarre, 1351-1500", Filadelfia, 1975.
[6] Cf. García,
E.: "Contribución al estudio de las prestaciones de trabajo en Navarra
durante la Edad Media: el ejemplo del monasterio de Santa María
de Irache". II. Congreso Mundial Vasco, sec. I, vol. II, Bilbao, 1987,
p. 605-624; y Munita, J.A.: "Notas para el estudio de las reducciones pecheras
durante la crisis bajomedieval navarra (siglos XIV y XV". II. Congreso
General de Historia de Navarra, vol. II, Pamplona, 1992, p. 439-448.
[7] C. García
Zúñiga, M.: "La estructura profesional navarra a comienzos
del siglo XV. Una aproximación". Symbolae Ludovico Mitxelena, vol.
II, Vitoria, 1985, p. 1183-1201.
[8] Es abundantísima
la bibliografía acerca del campesinado navarro, abordado desde diversos
puntos de vista historiográficos: J.M. Lacarra, A.J. Martín
Duque, J. Zabalo, M. Berthe, E. García... son algunos de los autores
que han dedicado numerosas páginas al respecto.
[9] Berthe, M.: "Famines
et épidémies...", p. 129.
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