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Medieval  --- Historia De España
 
 

Clara Martínez Tomás
 

Este artículo complementa las Guías Didácticas acerca de los judíos que hemos preparado para Liceus y  la Guía sobre el siglo XIII.

El siglo XIII, en especial desde la celebración del IV Concilio de Letrán en 1215, ofrece unos elementos muy interesantes de análisis para el estudio la actitud adoptada hacia las comunidades hebreas en todo el Occidente europeo. Si bien no encontramos las acciones violentas del XIV, sí se establecen unas bases ideológicas hacia los judíos,  fruto de la coyuntura política social y económica que conforma la centuria, durante este siglo las comunidades hebreas en España se habían consolidado tanto en el número de individuos que conformaban las aljamas, como el desarrollo de diferentes actividades profesionales.
Estas bases se materializan en Europa como disposiciones y medidas legislativas de diferente naturaleza.

Analizaremos algunas de estas disposiciones y las repercusiones que tuvieron en los reinos que nos atañen en este estudio: Portugal y Castilla.

Centrándonos en un primer momento en la situación de las comunidades de Portugal, analizaremos el estado de la Castilla contemporánea y englobaremos a ambas en el marco europeo y las corrientes antijudías que comienzan a tener fuerza en el siglo XIII.

Las comunidades judías surgen con la reconquista de los centros urbanos, aunque los vestigios arqueológicos aportan datos que atestiguan la presencia de judíos en Portugal desde el siglo VI. Ya constituidas encontramos en el siglo XIII un importante número de comunidades como Bragança, Chaves, Rio Livre, Castelo Rodrigo y Coimbra que irá ampliándose en el transcurso de los siglos XIV y XV tal como menciona la documentación regia. 

Aunque no hay datos certeros sobre el número de judíos establecidos en Portugal en el siglo XIII, durante el XIV se aprecia un aumento de la población hebrea en todo el territorio portugués tanto en individuos prevenientes del territorio peninsular como por un aumento demográfico de las comunidades establecidas anterior a esta inmigración. Para el siglo XV tenemos datos a partir de los impuestos pagados por los judíos, en particular el conocido como sisón pagado por los adultos casados, según datos de 1496, nos da un cálculo aproximado de la existencia de no más de 30.000 hebreos que formarían un 3% de la población.

 Constituidas ya como principales aljamas de Portugal encontramos las aljamas de Coimbra, Lisboa y Évora. Vemos a los judíos en Portugal integrados en la vida económica no sólo desempeñando cargos desde la corte sino llevando a cabo importantes trabajos de comercio, tanto a  escala reducida en pequeños comercios de productos agrícolas como en proyectos de mayor repercusión en el comercio internacional.

Los judíos tenían permiso para adquirir bienes raíces, circular y residir libremente, entre otros derechos ortogados por los monarcas en las cartas de privilegio, que no han llegado hasta nosotros, pero cuyo contenido fue revalidado por los sucesivos monarcas, el contenido de estas cartas se puede extraer y recrear por los privliegios conocidos que se mantuvieron vigentes.

 Los judíos fueron repobladores de los territorios que se ganaban a los musulmanes .Es interesante señalar a este efecto la actitud de muchos judíos castellanos, que desde finales del siglo XIII, emigran hacia el vecino reino, como lo atestiguan algunos de sus apellidos, tales como León, Castellano, Valladolid. En este sentido cabe formular la siguiente reflexión:
Podríamos enmarcar en el mismo contexto, la aparición de estos judíos castellanos, quizá como elementos del proceso repoblador, llegados con los conquistadores a comienzos de la centuria, que estaba teniendo lugar en la vecina Castilla por parte de Fernando III y posteriormente con Alfonso X sobre todo desde la conquista de tierras andaluzas. 

Otra explicación al respecto puede verse en las relaciones de parentesco o económico-sociales que tenían judíos al uno y otro lado de la frontera castellano-portuguesa.
Veamos ahora la situación y los acontecimientos acaecidos durante el reinado de los monarcas Alfonso III y Don Dionís.

Alfonso III, cuyo reinado se extiende desde 1248 hasta 1279, fue elegido por los obispos portugueses, mantuvo en los primeros años de su reinado una buena relación con la Iglesia, pero su negativa a acpetar las presiones de la Iglesia en contra de los judíos hizo peligrar su proyecto político y con él la situación de los hebreos portugueses.

Es necesario revisar la situación a la que se enfrentaba el monarca y las medidas que tomó, en muchas ocasiones comparables a las que en Castilla se estaban estableciendo.
Los principales objetivos de la política de Alfonso III estarían encaminados a un fortalecimiento del comercio y de los concejos, los impuestos por lo tanto eran una fuente de ingresos, necesaria para llevar a cabo los planes que se había trazado.

Las dificultades económicas por las que atravesaba el monarca se ponían de manifiesto en las primeras Cortes portuguesas conocidas, las de Leiria de 1254. Las modificaciones del monedaje que se efectuaron en posteriores acuerdos no permitieron al monarca obtener ingresos muy elevados.

Acerca de este tema de los impuestos viene referido uno de los aspectos políticos compartidos por los monarcas castellano y portugués.

Es casi un mito la idea de protección a los judíos por parte de Alfonso X  pero tanto en este caso, como en el del monarca portugués esta protección nunca fue gratuita, y  tampoco en el caso de ningún otro monarca, y responde a intereses de diferente naturaleza.

Los judíos eran una fuente de ingresos, tanto en su faceta de agentes tributarios, banqueros, prestamistas, o bien gravándoles con impuestos ordinarios y extraordinarios.

Podemos apuntar algunos de estos impuestos, como la  capitación, que variaba en función de la edad y del sexo.

Otros impuestos eran la sisa judenga o sisón, referente a mercancía en mataderos, las tasas sobre el salario del trabajador judío correspondían al fisco real. También era gravado el permiso para hacer contratos con cristianos.

Las autoridades municipales y comunales también gravaban a la comunidad hebrea con varias imposiciones, y por supuesto obligatorios eran los impuestos de pechos, servicios, pedidos y encargos.

En definitiva el grupo hebreo en Portugal era el más perjudicado en las medidas tributarias.