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LAS JARCHAS
Tradicionalmente se ha considerado que
las jarchas (por comodidad, utilizaremos este término, de uso común,
frente a transcripciones más complejas como kharja, harya
o haraGa) son el primer testimonio conservado de la lírica
tradicional peninsular. Se trata de unos breves poemas de dos a cuatro
versos (aunque a veces pueden ser más) situados al final de una
moaxaja (muwaŠŠaha, del árabe wiŠah, ‘cinturón
adornado’), en los que una joven canta su amor o expone sus cuitas amorosas
a su madre, sus amigas o su amado. La voz femenina, los temas aludidos,
los personajes, son, como vemos, los típicos de la poesía
tradicional europea.
Las moaxajas son una modalidad
poética muy cultivada entre los autores
cultos hispano-árabes e hispano-hebreos de al-Andalus desde
el siglo X para los panegíricos o las composiciones amorosas. Más
adelante, las moaxajas se extendieron por todos los dominios del Islam.
Están compuestas por varias estrofas (de tres a siete) que incluyen
de cinco a siete versos cada una. Los primeros versos de cada estrofa (bayt
oþuz) riman entre sí, mientras los últimos (qufl,
o simt) mantienen una rima idéntica para todo el poema (el
último qufl, pues, llamado también markaz,
constituye la haraGa, que significa precisamente ‘salida’). De esta
manera se consigue un doble juego de rimas que proporciona unidad a la
estrofa y al poema.
A pesar de esta forma sencilla, la moaxaja
supuso una completa innovación en el campo de la poesía árabe
clásica, dominada por las qasidas y las gazalas (composiciones
de tiradas monorrimas en que los versos no se medían por su número
de sílabas sino por su cantidad silábica). Al ser tan extraña
para los usos árabes, se han discutido diferentes orígenes
para la moaxaja. Se sabe que los poetas musulmanes hicieron diferentes
experimentos con la poesía estrófica y con el número
de sílabas, y también se han señalado algunos himnos
hebreos que podrían haber servido de precedente, pero la utilización
de dos juegos de rimas, el primero independiente para cada estrofa y el
segundo igual para todo el poema, ha hecho muy atractiva la idea de que
puede derivar de esquemas propios de la poesía tradicional occidental,
ligada en esta técnica muy frecuentemente a melodías bailables
y conocida por su pervivencia posterior en toda Europa (basta pensar en
los villancicos y las cantigas de amigo, aunque también es el esquema
de la chanson de toile francesa, del virolai provenzal, las
laudes
italianas y los goigs catalanes). Posiblemente, todos estos tanteos
e influencias debieron complementarse a la hora de crear la moaxaja como
tal.
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