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Literatura Española



 
 

LUIS CERNUDA 1/4

José Teruel

Universidad Autónoma de Madrid

ISBN-84-9714-127-X

 

1. Datos biográficos.

1.1. Sevilla (1902-1928).

Luis Cernuda Bidón nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902, en el número 6 de la calle de Tójar, hoy conocida como Acetres. Fue el tercer hijo del Comandante de Ingenieros don Bernardo Cernuda y Bauzá, y de Amparo Bidón Cuéllar. La formación militar del padre pudo influir en el ambiente familiar en que se educó, austero y castrense, evocado por nuestro autor en su poema "La familia". En 1915, con trece años de edad, se traslada con toda su familia al cuartel del Tercer Regimiento de Zapadores, debido al ascenso de su padre a Teniente Coronel. Cursó el bachillerato con los padres escolapios, primero en el colegio San Román y después en el Calasancio Hispalense. De este período decisivo en su formación nos ha dejado el retrato de su profesor de Retórica, el padre escolapio don Antonio López, en un poema en prosa de Ocnos: "Fue él quien intentó hacerme recitar alguna vez, aunque un pudor más fuerte que mi complacencia enfriaba mi elocución; él quien me hizo escribir mis primeros versos, corrigiéndolos luego y dándome como precepto estético el que en mis temas literarios hubiera siempre un asidero plástico" (Poesía completa).

En otoño de 1919, Luis Cernuda comienza su carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla. Tuvo entonces la oportunidad de oír como profesor en un curso de Literatura española al joven Catedrático Pedro Salinas. Dada la timidez de Cernuda, su encuentro con Salinas no fue inmediato, pero sí decisivo en el futuro de su carrera literaria. Cernuda reconoce desde "Historial de un libro": "No sabría decir cuánto debo a Salinas, a sus indicaciones, a su estímulo primero; apenas hubiera podido yo, en cuanto poeta, sin su ayuda, haber encontrado mi camino" (Prosa I). Unos años más tarde, mientras hacía su servicio militar (1923-24), se producirá su encuentro con la poesía, descrito por el propio escritor como una epifanía: "Todas las tardes salía a caballo con los otros reclutas, como parte de la instrucción, por los alrededores de Sevilla; una de aquellas tardes, sin transición previa, las cosas se me aparecieron como si las viera por primera vez, como si por primera vez entrara yo en comunicación con ellas, y esa visión inusitada, al mismo tiempo, provocaba en mí la urgencia expresiva, la urgencia de decir dicha experiencia. Así nació entonces toda una serie de versos, de los cuales ninguno sobrevive" (Prosa I). En 1925 se licencia en Derecho. La situación familiar era cada día más precaria, tras la muerte de su padre en 1920, y la madre espera que su hijo colabore en la maltrecha economía familiar. Durante algunos meses prepara, sin ningún entusiasmo, la oposición para Secretario de Ayuntamiento, pues su gran vocación era ya la poesía.

Sus primeros versos conservados datan de 1924. Los publicará en Revista de Occidente  y después fueron a formar parte de su primer libro, Perfil del aire (1927). Este libro supondrá para Cernuda una decepcionante incorporación a la república de las letras. Salvo las reseñas de José Bergamín y Lluís Montanyà (el crítico de L'Amic de les Arts) el libro fue negativamente recibido. En diciembre de ese mismo año, Luis Cernuda tampoco fue invitado al homenaje a don Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla y "tuvo que contentarse con asistir entre el público, mientras otro invitado leía algunos breves versos suyos" (Valender, 2002). Es el momento en que deja de mirar al pacato ambiente literario español y se sumerge en la lectura de los cubistas y surrealistas franceses.

La muerte de su madre, en julio de 1928, fue un hecho decisivo en la mayoría de edad de nuestro poeta. Paradójicamente vivirá tan doloroso suceso como una liberación, ya que supuso la posibilidad de abandonar Sevilla, de la que partirá el 4 de septiembre de 1928 con los escasos bienes que le correspondieron tras el reparto del patrimonio familiar entre los tres hermanos.

1. 2. Málaga, Madrid, Toulouse (1928-1931).

Antes de dirigirse a Madrid Luis Cernuda pasa unos días por Málaga. Allí se encontrará por primera vez con el mar y entablará estrecho contacto con los poetas de Litoral y editores de su primer libro: Emilio Prados, José María Hinojosa y Manuel Altolaguirre, con los que proyectará una antología de la nueva poesía española, que, en caso de nacer, hubiera sido, debido al entusiasmo surrealista de Prados, Hinojosa y Cernuda en estos años, un panorama de su generación muy distinto del que presentó Gerardo Diego en 1932. Tras su breve pero intensa estancia en Málaga, se establece en Madrid, para partir el 10 de noviembre de 1928 a Toulouse como lector de español en la École Normale, puesto que le había gestionado Salinas.

Además de sus obligaciones docentes, Cernuda continúa viendo cine, una pasión que lo acompañará toda su vida y que lo influirá incluso en su propio atuendo personal. Así, por estos años se pone sombrero a lo Gilbert Roland en Margarita Gautier y se deja bigote a lo John Gilbert (Capote Benot, 1976). Lo más significativo de su estancia en Francia fue su primer viaje a París en Semana Santa. La ciudad lo deslumbró y de regreso a Toulouse comenzó a escribir una serie de nuevos poemas ("Remordimiento en traje de noche", "Quisiera estar solo en el sur" y "Sombras blancas") en los que Cernuda experimenta con el automatismo de los surrealistas.

Regresa a Madrid en junio de 1929, donde termina la redacción de Un río, un amor y su relato "El indolente". A principios de 1930, trabaja a tiempo completo en la librería de León Sánchez Cuesta, donde llevó la contabilidad y se encargó de los envíos de libros. Fue uno más de los múltiples trabajos rutinarios con los que Cernuda se ganó la vida. Durante este año de escasez creadora se afianza su relación con algunos de sus contemporáneos, especialmente con Aleixandre y con Federico García Lorca, que acababa de regresar de su periplo americano por Nueva York y la Habana. Esta especial afinidad con los poetas andaluces (añádase Moreno Villa, además de los ya mencionados) tiene un contexto estético y vital: los intentos por promover un surrealismo español (Valender, 2002). Contexto que explicaría el inicial rechazo de Cernuda, junto a Aleixandre y Prados, por el canon que estaba diseñando Gerardo Diego en su famosa antología.

Entre abril y junio de 1931, Luis Cernuda escribe Los placeres prohibidos, donde celebra su amor homosexual sin ningún tipo de ocultamientos. Conoce por estas fechas a Serafín Fernández Ferro, un joven gallego de extracción humilde que vagabundeaba por Madrid y que le fue presentado por Lorca y Aleixandre. Fue una relación venal, que durará aproximadamente un año y que permanecerá en la memoria de nuestro poeta durante toda su vida. Es importante relacionar esta emancipación expresiva de Cernuda con las libertades públicas que supuso la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Por tanto, en un contexto de entusiasmo estético (surrealismo), vital (expresión de su homoerotismo) e ideológico (Segunda República) se gesta uno de los libros más rabiosamente juveniles de toda la poesía española del siglo XX.

1.3. República y guerra civil (1931-1938).

En noviembre de 1931 dejó su trabajo en la librería de Sánchez Cuesta para incorporarse a las Misiones Pedagógicas, recién creadas por la República. En principio su labor consistió en proveer a todas las escuelas nacionales de una biblioteca mínima para que los alumnos pudieran leer a los clásicos. Después se encargó de explicar, de pueblo en pueblo, algunos de los cuadros recogidos en un itinerante Museo del Pueblo, compuesto por copias de algunas de las obras más famosos del Prado hechas por jóvenes pintores españoles. Es una época de efervescencia ideológica. Cernuda colabora en la revista Octubre que dirige Rafael Alberti, pero no hay ningún indicio de que militara en el Partido Comunista: el compromiso que defendió siempre nuestro poeta era mucho más integrador y no se limitaba sólo a la ideología. Durante los años 1932-1933 participó en la revista Héroe editada en Madrid por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez. En esta colección publicará una breve antología de sus primeros versos, La invitación a la poesía (1933), y el becqueriano título Donde habite el olvido (1934), una elegía inspirada en la ruptura de su relación con Serafín Fernández Ferro.

A partir de 1933 son frecuentes sus viajes a Andalucía, factor decisivo para su nuevo libro Invocaciones a las gracias del mundo. Así, en el verano del 1934 conocerá en Málaga a Gerardo Cardona, con el que mantendrá una breve pero intensa relación amorosa. Málaga supondrá una nueva posibilidad de mitificar lo andaluz, visible en los poemas de su nueva colección, tales como "A un muchacho andaluz" y "El joven marino". Esta vaga conexión entre andalucismo y neorromanticismo coincide con su lectura y traducción de Hölderlin, con la ayuda del poeta alemán Hans Gebser. Cernuda sólo había publicado hasta la fecha dos libros de poemas (Perfil del aire y Donde habite el olvido, más la breve antología ya comentada) y tenía aún inéditos Un río, un amor, Los placeres prohibidos e Invocaciones.

En abril de 1936  publicará toda su obra, bajo el título de La realidad y el deseo, en la colección Cruz y Raya que dirigía José Bergamín. La primera edición de La realidad y el deseo  fue saludada con unánime entusiasmo: sirvan de ejemplo las reseñas que le dedicaron Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Arturo Serrano Plaja, Altolaguirre y Federico García Lorca. De gran interés histórico será el homenaje que se le tributó, el 21 de abril, en el Restaurante Rojo de la calle Botoneras, homenaje cuya fotografía  permanece en nuestra memoria como la última instantánea de lo que se ha venido en llamar Generación del 27, antes de que nuestra guerra civil provocara la trágica desaparición de alguno (García Lorca) o la diáspora general.           

Al estallar la guerra civil Luis Cernuda se trasladó a París como "agregado de prensa" - según leemos en un currículum vitae presentado en Mount Holyoke College- del embajador de la República, don Álvaro de Albornoz, y junto a la hija de éste, Concha de Albornoz, que actuó como secretaria. Es necesario recordar que Concha de Albornoz fue una de las mujeres que mejor conocieron y descifraron el carácter de Luis Cernuda. De vuelta a Madrid, en octubre del 36, colaboró en distintos periódicos que van surgiendo en el Madrid republicano, tales como Ahora y El Luchador. Participa en emisiones radiofónicas con Arturo Serrano Plaja, "destinadas a mantener el ánimo de la ciudad sitiada" (Valender, 2002) y llega a alistarse como voluntario en las milicias del Batallón Alpino de la Sierra de Guadarrama, durante un breve período de tiempo. Tras este episodio, en enero de 1937, se instala nuevamente en Madrid, en la sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, sita en el palacio de los Heredia-Spínola, y colabora en El Mono Azul, boletín dirigido por Rafael Alberti y M.ª Teresa León. En abril de 1937, se traslada a Valencia, donde el gobierno de la República tenía su sede desde noviembre de 1936, y allí permanecerá hasta principios de octubre del mismo año. Al llegar a Valencia nuestro poeta se relaciona con el grupo Hora de España y colaborará con dicha revista, cuya idea mater se debió a los jóvenes Antonio Sánchez Barbudo y Rafael Dieste.

Entre sus colaboraciones en Hora de España, merece la pena detenerse brevemente en la elegía que le dedicó a Federico García Lorca ("Elegía a un poeta muerto"), texto que incluye la siguiente nota a pie de página: "Por desearlo así el autor, la versión aquí publicada del anterior poema es incompleta. Si algún día se reunieran en volumen las Elegías españolas, entre las cuales figura, allí se restablecería el texto original" (Poesía completa). En primer lugar, esta nota nos da noticia de cómo Cernuda estaba gestando un nuevo libro, que el exilio convertirá indefectiblemente en Las nubes. Por otro lado, nos revela las dificultades que tuvo que soportar para acoplarse como escritor a las exigencias y concesiones que exigía el momento. El deseo del autor de no publicar la versión íntegra responde a los reproches que provocó su poema y que le obligaron a suprimir la sexta estrofa por sus alusiones homosexuales. Se sabe que a un alto funcionario del Ministerio de Cultura o al propio ministro (Wenceslao Roces) los escandalizó el poema. Estamos ante un nuevo ejemplo, en nuestra historia reciente, de cómo la mezquindad y la represión sexual son los únicos puntos coincidentes de las derechas y las izquierdas nacionales. Sospechamos que si no fue, para Cernuda, el primer aviso, sí fue una señal importante de que la causa, a la que siempre fue leal, no representaba ninguna utopía. En los artículos que Cernuda redacta entre junio y septiembre de 1937, así como en los poemas que por aquellos meses escribió ("A Larra con unas violetas" y "Lamento y esperanza"), no es difícil rastrear su incomodidad para adaptarse a las consignas del populismo y el compromiso.

En relación con este incidente, no es difícil pensar que Luis Cernuda tuviera presente el ejemplo de su admirado André Gide, que en su intervención en el I Congreso Internacional de Escritores, celebrado en París dos años antes, había planteado, entre otras cuestiones: "Mi tesis ha sido siempre ésta: siendo lo más personal es como cada ser sirve mejor a la comunidad" (Teruel, 2002a). André Gide, que acababa de publicar sus Retouches à mon retour de l´URSS, será excluido del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (celebrado en Valencia, el 7 y 8 de julio de 1937), pero no condenado, gracias al apoyo de los redactores de Hora de España. De este Congreso, a nosotros nos interesa mencionar, con respecto a Cernuda, su primer encuentro con Octavio Paz y la edición del volumen Poetas en la España leal, que él mismo reseñó para Hora de España.

Pero queremos detenernos en la representación de Mariana Pineda que Manuel Altolaguirre montó como actividad complementaria y en homenaje al recientemente asesinado García Lorca. Luis Cernuda desempeñó la principal figura masculina de la obra, el conspirador don Pedro de Sotomayor. La compañía se formó con jóvenes actores de La Barraca y Vitín Cortezo se encargó de los decorados y figurines. De dicha representación, el mismo Vitín Cortezo nos da el siguiente testimonio:  "El refinamiento del montaje y la actuación un poco dilettante de los actores fueron ferozmente criticados. Cierta pluma incipiente vio un estilo 'a la Federica' en el vestuario..., que era mío" (1974). Por tanto, el desagrado con que algunos círculos oficiales habían recibido la representación de Mariana Pineda con comentarios de esta última índole, más los ya señalados reproches que provocó su elegía sobre Lorca, no hicieron sino aumentar su malestar contra la fiscalización de los "sacripantes" del Partido (véase, de Desolación de la Quimera, "Amigos: Víctor Cortezo").

Además, debemos agregar la detención de  Cortezo por sospechas que recaían contra algunos miembros de su familia que acababan de pasar por Valencia bajo pabellón inglés. Su evaluación no ofrece margen a la duda. Si al principio de la guerra vio en ella la esperanzada respuesta a injusticias antiguas que exigían reparación, luego sólo pudo expresar su desencanto: "Ninguna otra vez en mi vida he sentido como entonces el deseo de ser útil [...]. Afortunadamente mi deseo de servir no sirvió y para nada me utilizaron. La marcha de los sucesos me hizo ver poco a poco que no había allí posibilidad de vida para aquella España con que me había engañado" (Prosa I). En el original mecanografiado de unas conversaciones de Cernuda con el crítico mexicano Emmanuel Caballero se halla tachado, después de lo anteriormente transcrito, este pasaje de gran interés: "La marcha de los sucesos me hizo ver, poco a poco, cómo en lugar de aquella posibilidad de vida para una España joven, no había allí sino el juego criminal de un partido al que muchos secundaban pensando en su ventaja personal" (Prosa I).

Por tanto, este debate entre la adhesión inquebrantable, pero no incondicional, de Cernuda a la causa popular y, por otro lado, la convicción de la hostilidad hacia el poeta en cualquier régimen político, será su estado de conciencia durante la guerra civil, especialmente en su penúltimo periplo, el valenciano. El 13 de octubre de 1937 fecha la última versión de "Lamento y esperanza", cuyo título y contenido inciden en dicho debate interno. Este texto sobre las revoluciones (primero soñadas, después pensadas y fatalmente vividas) será el colofón de sus días valencianos y, sintomáticamente, el último poema de Luis Cernuda escrito en España. A principios de octubre de 1937 regresa a Madrid, y manifiesta entonces un vivo interés por el teatro. Sirvan de ejemplo sus colaboraciones en El Mono Azul  ("Sobre la situación de nuestro teatro" y "Un posible repertorio teatral") y la composición de la única pieza teatral que conservamos de Cernuda, El relojero o la familia interrumpida, que durante años se consideró una obra perdida hasta su rescate por Octavio Paz en los años ochenta.