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2. La
realidad y el deseo: una biografía poética.
Como
ya hemos comentado, desde 1936 nuestro poeta recoge toda su producción lírica
bajo el título de La realidad y el
deseo. Siguiendo a Octavio Paz (1964) podríamos considerar su poesía
completa como una autobiografía poética donde aparecen todas la edades del
hombre que fue su autor. Todas excepto la infancia, porque la infancia no es
una edad, es un mundo. La infancia es sólo evocada como un mundo perdido y
cuyo secreto se ha olvidado. Será el espacio para su expresión poética en
prosa (Ocnos).
Sus
dos primeros libros vamos a considerarlos como ejercicios de estilo
adolescente. La publicación de Perfil
del aire (1927), que pasará a titularse Primeras
poesías a partir de la primera edición de La realidad y el deseo, no fue bien recibida por la crítica, como
ya hemos comentado. Las dos acusaciones principales que recayeron contra él
fueron la falta de modernidad y la de su imitación de Guillén. Cernuda se
defenderá mucho después de esa acusación en su diálogo "El crítico,
el amigo y el poeta" (1948), donde hará un minucioso recorrido por el
proceso de composición de Perfil del
aire y de Cántico (1928), para
demostrar que la producción publicada por Guillén antes de 1924, fecha del
inicio de su libro, era de escasa importancia para influir en él. En
realidad, es un debate artificial y farragoso, pues Cernuda no niega que ambos
libros tuvieran algo en común, ya que ambos participan de esa atmósfera que
flotaba en el ambiente literario europeo, que era la pureza literaria; lo que
sí niega es que la causa fuera el influjo de Guillén.
La
verdadera causa fue -según Cernuda en boca del amigo-
"la influencia de un tercer poeta, Mallarmé, que actuó sobre ambos,
indirectamente sobre Guillén y directamente sobre Cernuda" (Prosa
I). Mallarmé influyó en Guillén a través de Paul Valéry, por quien
Cernuda no mostraba ninguna simpatía, ya que lo asociaba con Juan Ramón Jiménez
y con su traductor al español, el propio Jorge Guillén. Cernuda reivindica
su parentesco con Pierre Reverdy; por tanto, quiere vincularse con otra
familia dentro de la tradición de la poesía pura para así justificar su
diferencia. Entiendo que Perfil del aire,
antes de convertirse en Primeras poesías,
más que ser un libro guilleniano, participa, como Cántico,
de los emblemas de la nueva poesía: Juan Ramón Jiménez, Mallarmé y Góngora,
fundamentalmente. Aunque ya se vislumbran mundos personales en poemas como
"El amor mueve el mundo", "Los muros, nada más", "La
noche a la ventana" y "La soledad. No se siente".
Su
segundo libro, Égloga, elegía, oda
(1927-1928) fue una de las secciones que menos satisficieron a Cernuda, como
demuestra su propia evaluación en Historial de un libro: "Tales ejercicios sobre formas poéticas
clásicas fueron sin duda provechosos para mi adiestramiento técnico; pero no
dejaba de darme cuenta cómo mucha parte viva y esencial en mí no hallaba
expresión en dichos poemas" (Prosa,
I). Lo más destacable para el futuro de la poesía cernudiana podría ser
la primera formulación de su deseo erótico en la figura del joven dios
protagonista de la oda, que será la imagen idealizada del actor de cine
George O'Brian.
Dentro
de esa biografía poética que es La realidad y el deseo, conviene detenerse en su ciclo de juventud,
"el gran momento en que descubre la pasión amorosa y se descubre a sí
mismo" (Paz, 1964). En este descubrimiento dos lecturas serán
fundamentales: la de André Gide y la del surrealismo francés. Ambas lecturas
le sirvieron fundamentalmente para resolver sus problemas de tradición
literaria en la expresión de su erotismo que en Cernuda fue siempre, sin ningún
tipo de máscaras, homoerótico. Este ciclo juvenil estará compuesto por Un
río, un amor, Los placeres prohibidos y
Donde habite el olvido.
Un
río, un amor (1929), iniciado en Toulouse y finalizado en Madrid, alude
en su título a la tensión existente entre el tiempo que fluye y el objeto de
deseo que se escapa. El tema central del libro es el fracaso del ideal de amor
con que soñaba el adolescente y que se estrella contra el muro de la realidad
y contra un entorno urbano. En este sentido, especialmente memorable es el
poema "Estoy cansado", donde conexiones aparentemente azarosas entre
"cansancio" y "plumas" y entre poeta y "loro" le
van a permitir afirmaciones fuertes, tales como la conexión entre escritura y
cansancio vital (es decir: el cansancio vital se convierte en poesía) y la
relación de éste con todo lo que se escapa o lo que se vuelve de espaldas.
En el libro aparecerá el humor, registro infrecuente en la poesía de Cernuda
tras Donde habite el olvido, y se
prescinde de las formas fijas de versificación. Según comenta el propio
Cernuda, los poemas de esta y la siguiente colección fueron escritos "de
una vez y sin correcciones; la versión que años después publiqué de ellos
era la misma que me deparó el impulso primero" (Prosa
I).
De
tono mucho más exultante será su siguiente libro, Los
placeres prohibidos (1931), donde denunciará con voz rebelde y doliente
la causa del derrumbe de su sueño homoerótico: los límites sociales y los límites
del propio cuerpo que encarcelan el deseo tanto por represión como por
egocentrismo. Frente a estos límites nos propone la necesidad de inscribir el
sueño erótico en la esfera de lo elemental, adonde no lleguen las
"leyes hediondas". El primer hito en el desarrollo de la poesía
amorosa de Cernuda reside, pues, en la revelación de su diferencia: el amor
es un acto de violencia social y política (Silver, 1989). Cernuda proclama la
soberanía imperiosa de los placeres prohibidos contra las instituciones que
representan la negación de su libertad (matrimonio, familia, religión y
leyes): "Abajo, estatuas anónimas, /
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; /
Una chispa de aquellos placeres /
Brilla en la hora vengativa. / Su
fulgor puede destruir vuestro mundo" ("Diré cómo nacisteis", Poesía completa). Tal como señala Octavio Paz (1964), la poesía
de Cernuda es -y de modo especial en este libro- poesía moral, en cuanto crítica
de nuestros valores y creencias.
Además,
esta colección nos permite calibrar perfectamente qué supuso el surrealismo
para nuestro poeta: la posibilidad de encontrar un lenguaje que le permitiera
expresar, sin restricciones, la verdad de su amor, que en Cernuda equivale a
la verdad de sí mismo ("Si el hombre pudiera decir", Poesía
completa). Otra de las novedades del presente libro es la incorporación
de poemas en prosa, que será un anticipo de Ocnos.
En este caso, la expresión poética en prosa le permitirá un mayor cúmulo
de imaginería surrealista. Léase "En medio de la multitud", donde
nos presenta, al modo de "A une passante" de Baudelaire, la mirada
amorosa del transeúnte en medio de la multitud que jamás le será devuelta.
El penoso resultado del amor en la ciudad llevará al poeta a la invocación
de su edén perdido, con la esperanza de que el deseo nunca se corrompa.
Donde
habite el olvido (1932-1933) representa el término de su adhesión al
surrealismo y nos va a permitir contemplar el fondo de su cosmovisión romántica,
que ya era patente tras la imaginería surrealista en sus dos libros
anteriores. Admitimos la tesis de que Luis Cernuda es un ejemplo del
altorromanticismo europeo en la literatura española del siglo XX (Silver,
1989). El título del presente libro procede de la rima
LXVI de Bécquer y Cernuda coincide con el poeta posromántico en su concepción
del olvido como limbo o "regreso a una región remota de indiferencia e
ignorancia absolutas, un estado pretérito de inconsciencia" (Maristany,
1982). Este matiz prenatal del olvido lo va a convertir en la región utópica
donde sea posible la abolición del deseo. La base biográfica del presente
libro está en el fin de su relación con Serafín F. Ferro, que Cernuda
rememorará en el poema de Ocnos
"Aprendiendo olvido". La introducción en prosa que abre este título
nos introduce en el lirismo elegíaco de la colección y, sobre todo, en su
concepción del trato humano y, en particular, en la evaluación de la
experiencia amorosa. La paradoja final "el recuerdo de un olvido" se
despeja si pensamos que para Cernuda el recuerdo pertenece siempre al amante
(al sujeto, es decir: al yo) y el
olvido corresponde al amado (al otro; es decir, al tú):
Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y
quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis,
como en los erizos.
¿Qué queda de las
alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que nada;
queda el recuerdo de un olvido. Y menos mal cuando no lo punza la sombra de
aquellas espinas; de aquellas espinas, ya sabéis.
Las siguientes páginas
son el recuerdo de un olvido.
Su
etapa juvenil culmina con Invocaciones
(1934-1935) donde el poeta desengañado del amor humano vuelve los ojos
al mundo de los dioses. Este libro nos presenta su espacio mítico, donde
estarán no sólo el muchacho andaluz y el joven marino (seres casi siempre
confundidos o desposados con el mar) sino también su soledad. Léase el espléndido
"Soliloquio del farero", donde Cernuda exalta la soledad activa, a
la que el desprecio de los hombres lo ha empujado y que es concebida como una
especie de atalaya desde la que luchar por un mundo mejor. Estamos ante el
viejo mito romántico, tan exacto en la relación de su vida con su obra, de
que todo lo que perjudica al hombre beneficia al artista. Además Cernuda
construyó, en este poema, un monólogo dramático sin haber leído aún a
Robert Browning, ya que a través de la voz del farero nos presenta su propia
concepción del poeta que es la posibilidad de dar luz en el naufragio de la
existencia, desde el apartamiento y la marginación. Sin esta distancia el
poeta-farero no puede funcionar como tal. Para Cernuda el aislamiento no es
una torre de marfil sino un trampolín desde el que mirar y entender al mundo.
En Invocaciones nuestro poeta supo renegar de la exclusiva del pasado
literario español. Gracias a él se incorporan a nuestra tradición poética,
normalmente cerrada al exterior y abierta sólo a través de Francia, otras
tradiciones de la poesía occidental, como será -en este caso- el
romanticismo alemán (después vendrán Leopardi y la poesía moderna
inglesa). A través de la lectura de Hölderlin, Cernuda pudo evocar su propio
edén perdido: Grecia, Andalucía y el espíritu pagano. Finalmente, debemos
destacar que con Invocaciones el poema lírico-narrativo hace su entrada en su
singladura poética.
Tal
como sugirió T. S. Eliot al traspasar los límites de cierta edad a un poeta
se le ofrecen tres salidas: la autorrepetición (acompañada normalmente con
un sucesivo incremento del virtuosismo), el silencio o la tentativa de
readaptar su poesía a un nuevo estado de conciencia. Las
nubes (1937-1940) corresponde a ese nuevo estado de conciencia,
determinado por dos hechos: el exilio y la entrada en la madurez vital, tal
como podemos leer en los versos iniciales de "Elegía española II"
("Ya la distancia entre los dos abierta") y de "La visita de
Dios" ("Pasada se halla ahora la mitad de mi vida"). Aunque los
primeros ocho poemas fueron escritos en España, entre ellos el ya comentado
"A un poeta muerto (F.G.L.)", el resto del nuevo libro se escribirá
entre Londres, París, Cranleigh y Glasgow. El contacto con la poesía
anglosajona será fundamental en su nueva comprensión de lo poético y en su
nuevo sentido de la composición, para los que ya estaba predispuesto. Sus
lecturas estuvieron centradas en poetas románticos y victorianos del siglo
XIX, tales como Wordsworth, Coleridge, Keats, Browning y un heredero de dicha
tradición en el siglo XX: Eliot. Más tarde se añadirían otras áreas de
atracción, como la de los poetas isabelinos, y ya mucho más avanzada su carrera, Yeats.
Según
su propia autoevaluación desde Historial de un libro, la poesía anglosajona lo ayudó a evitar la
"pathetic fallacy" y el "purple patch". Con la primera se
refería Cernuda a su necesidad de evitar lo sentimental y de objetivar en el
poema el proceso de su experiencia, para ello va a ser fundamental la técnica
del monólogo dramático de Robert Browning, que le permitió proyectar su
experiencia emotiva sobre una situación dramática o sobre un personaje histórico
o legendario. En manos de Cernuda, el monólogo dramático no fue un mero
recurso literario, sino que acaba siendo un utilísimo instrumento de
conocimiento de sí mismo y del mundo. Léanse en este sentido "Lázaro"
y "La adoración de los Magos". Con respecto al "purple patch"
se refería a la posibilidad de renunciar a la "bonitura" o lo
preconcebidamente poético en la expresión, teniendo en cuenta que la unidad
en poesía no es el verso sino el poema.
Cernuda
vio en los oropeles del verso, junto con la falta de concisión, uno de los
defectos más constantes de nuestra poesía y, en este sentido, intentará
aproximar el lenguaje poético al lenguaje coloquial. Un objetivo no pocas
veces incumplido, tal como afirmó Octavio Paz: "Si Cernuda escribe como
habla, habla como un libro" (1964). El encabalgamiento será uno de los
recursos más usados, con el fin de atenuar el ritmo métrico y aproximarlo al
ritmo de la frase. De todas formas, la consecuencia más visible de este
encuentro con la poesía inglesa para el que ya estaba preparado (léase
"Soliloquio del farero", de su anterior colección) fue la tendencia
a ensanchar la base del poema dando cabida en él a nuevos materiales de
experiencia y de reflexión (Maristany, 1982). Entre esos nuevos materiales
está la introducción en La realidad y
el deseo del tiempo histórico (véanse las dos "Elegías españolas"
y "Un español habla de su tierra"), así como el religioso
("La visita de Dios" y "Lázaro"). A partir de Las nubes Cernuda vuelve a las formas regulares de base clásica
(heptasílabo, endecasílabo y eneasílabo) y al uso frecuente del
encabalgamiento.
Como
quien espera el alba (1941-1944) fue escrito en plena Segunda Guerra
Mundial, y el título alude a la escéptica esperanza en la llegada de la paz.
Cernuda llevaba ya encima el peso de dos guerras. La principal preocupación
del libro será la contemplación de la obra propia y la reflexión sobre el
servicio y utilidad de la poesía en la sociedad contemporánea, dominada por
el afán de lucro. Esta reflexión queda insertada en un afán constante de su
obra, la sed de eternidad (Silver, 1965), y es también un modo de refrendar
su propia identidad (véanse "Magia de la obra viva" y "Aplauso
humano"). Luis Cernuda subordina, especialmente a partir del exilio, su
experiencia empírica o su identidad social a la verdadera clave de su mito y
de su personaje: él era fundamentalmente el poeta.
Como
certeramente comenta Gil de Biedma (1980), Cernuda, en tanto que homosexual y
en tanto que poeta, asumió su filiación vecinal de uno entre tantos, como
quien asume su propia sombra, sin reconocerse en ella. Él se reconoció en su
dimensión unigénita de hijo de Dios o en esa concepción sacral del poeta
"al que una razón fatal y anterior a la propia existencia le mueve a
escribir versos" (Gil de Biedma). Y el destierro agravó su soledad de
siempre: "su soledad de unigénito, que no consiste en el mero estar
solo, ni en el sentirse solo entre los demás, sino en sentirse solo en uno
mismo" (Gil de Biedma). Léase "Noche del hombre y su demonio",
donde el poeta encontrará como único interlocutor a su propio doble, una
especie de daimon que le reprochará
el culto a la palabra: "Ha sido la palabra tu enemigo. /
Por ella de estar vivo te olvidaste". Tal como afirma Luis
Maristany, "en la medida en que Cernuda ve su vida desprovista de objeto
se centra con tanto más ahínco en la obra" (1982).
En la misma línea habría que mencionar su llamada "A un poeta
futuro" que dé sentido y justificación a su labor y, como consecuencia,
a su vida. Luis Cernuda era cada vez más consciente de que su público estaba
por nacer, siendo el rechazo a la supuesta indiferencia de sus contemporáneos
uno de los pilares de su mito sobre la figura del poeta. |