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Literatura Española



 
 

Tema 28. El teatro de Lope de Vega (1/5)

Jesús Gómez
Universidad Autónoma de Madrid
ISBN: 84-9714-053-2

 

INTRODUCCIÓN

Dentro de la historia del teatro durante los siglos XVI y XVII, es fundamental el papel desempeñado por Lope de Vega (1562-1635), hasta el punto de que se le ha llegado a considerar como el auténtico creador de la denominada “comedia nueva”. Es obvio que no hablamos de creación en un sentido absoluto, como se entiende la originalidad literaria después del Romanticismo, sino de creación en un sentido clásico, entendida como imitatio de obras y de tradiciones literarias diversas.

Con respecto a la comedia nueva, se ha discutido la posible influencia en la creación lopesca de una serie de dramaturgos, desde Juan del Encina cuyas primeras églogas teatrales se editan en su Cancionero (1496), las comedias de Torres Naharro incluidas en su Propalladia, las farsas y églogas de Lucas Fernández, la obras dramáticas del portugués Gil Vicente, los pasos y las comedias de Lope de Rueda, hasta llegar, dentro de la tradición teatral española o castellana, a las comedias y tragedias del sevillano Juan de la Cueva. En especial, la crítica ha destacado el papel que juegan en la génesis del teatro barroco los dramaturgos valencianos [Froldi 1968]. Precisamente, cuando Lope es desterrado de Madrid en 1588, a consecuencia de un proceso por difamar a la familia de su antigua amante, llega a Valencia, a sus veintiséis años, ciudad en la que habría podido establecer contacto directo, durante los años de su primera estancia (1589-1590), con las obras dramáticas de autores como el canónigo Tárrega, Cristóbal de Virués, Rey de Artieda o Ricardo del Turia.

Al lado de la faceta estrictamente literaria, conviene tener presente también, como factor que condiciona de manera inevitable la historia del teatro, la aparición que se produce de los primeros teatros que podríamos denominar “comerciales” durante las tres últimas décadas del siglo XVI en las grandes ciudades españolas, como ocurre en Valencia, Sevilla y, sobre todo, por lo que se refiere a la biografía de Lope, en Madrid. Nuestro autor había nacido en la Corte filipina en 1562 y su trayectoria tanto literaria como personal permanece vinculada a esta ciudad durante toda su vida. Desde 1610 hasta su muerte, acaecida en 1635, su domicilio estable se sitúa en la calle Francos, hoy llamada de Cervantes, donde se encuentra la Casa Museo Lope de Vega restaurada por iniciativa de la Academia Española. 

La adolescencia de Lope de Vega en Madrid coincide con la aparición de los dos corrales que se establecen en la ciudad, como es bien sabido, el de la Cruz (1579) y el corral del Príncipe (1582). La actividad teatral madrileña condiciona sin duda la dedicación de Lope al teatro, para el que comienza a escribir en la década de los ochenta. La incesante renovación de la cartelera en los corrales, ya que cada comedia nueva se representa apenas durante varios días, supone una considerable fuente de ingresos para nuestro autor [Díez Borque 1978].

Entre las numerosas comedias de Lope conservadas en la actualidad, la primera de ellas es Los hechos de Garcilaso de la Vega y el moro Tarfe (¿1579-1583?), dividida todavía en cuatro jornadas y no en tres, como sería norma habitual en el resto de las comedias lopescas. Se ha especulado con el número de comedias que habría escrito Lope de Vega, quien al final de su vida, en la Égloga a Claudio (de 1631), dice haber compuesto “mil y quinientas fábulas” cómicas (v. 343). Lo cierto es que, según la famosa Cronología establecida por Morley y Bruerton [1968], que es la base fundamental de todos los estudios modernos sobre el teatro de Lope, conservamos en la actualidad exactamente 315 comedias cuya autoría nadie pone en duda. A esta cantidad, ya de por sí considerable, cabría añadir siempre según la mencionada Cronología otras 27 comedias de autoría probable y otras 74 de autoría dudosa.

Conviene advertir que, en principio, Lope de Vega concibe sus comedias para ser representadas y no para su publicación. Como escritor polifacético que cultiva prácticamente todos los géneros de escritura habituales en su época, excepto la novela picaresca, el Lope todavía joven confía en que la fama y el reconocimiento de sus méritos literarios le llegarán no tanto por su teatro como por otras obras suyas cuya publicación supervisa al inicio de su carrera. Publica una extensa y erudita narración en prosa con versos intercalados, La Arcadia (1598), que pertenece al género de los libros de pastores entonces en boga. Asimismo edita dos poemas épicos, el primero sobre sir Francis Drake, titulado La Dragontea (1598),  y el segundo sobre un labrador madrileño luego convertido en santo, que publica al año siguiente, Isidro (1599). Publica también una recopilación de sonetos, las Rimas (1602), en la que también incluye su poema La hermosura de Angélica, suprimido luego en sucesivas ediciones del poemario. El inicio de la edición de sus obras no dramáticas coincide, además, con el cierre de los teatros decretado en 1598, como era norma habitual cuando algún suceso luctuoso conmovía el reinado de los Austrias.