| 1.Introducción
La muerte de Carlos II (1700) es el origen
de la Guerra de Sucesión al trono librada hasta 1714 entre los partidarios
del Archiduque de Austria y los del Duque de Anjou, a la postre triunfante
como rey de España, con el nombre de Felipe V. La adhesión
a uno u otro pretendiente (Castilla como defensora de la dinastía
borbónica, y Aragón de la austriaca) es el primer signo de
enfrentamiento entre españoles que habrá de conocer el siglo
XVIII, y que hallará dramática prolongación a lo largo
del XIX y el XX. Con la llegada a España (1701) de nuestro primer
rey Borbón se inicia una nueva etapa histórica, que recibirá
la denominación de Siglo de las Luces, si optamos por la terminología
preferida en Francia, o Siglo Ilustrado, si preferimos la más habitual
en España desde finales de los años setenta de aquella centuria
(Álvarez de Miranda, 1993). La cultura ilustrada, que a principios
del siglo XVIII se encontraba aún lejos de su germinación,
habría de esperar un tiempo, al igual que la literatura del mismo
signo, para registrar su nacimiento
Ciertamente, ya durante el reinado de
Carlos II se habían advertido intentos de renovación como
los representados por los novatores, que desde 1680 se esforzaban
por difundir en España nuevos métodos científicos
y un pensamiento distinto del tradicional. En un principio, la denominación
de novatores fue utilizada en sentido peyorativo por quienes censuraban
su alejamiento de las posturas oficiales, enraizadas en la ortodoxia religiosa.
Conscientes de la situación de decadencia en que se hallaba sumida
la España del último cuarto del siglo XVII, los novatores
dirigieron sus críticas a las filosofías escolástica
y aristotélica, que aspiraban a sustituir por la metodología
experimental. Su postulado era que la metafísica y la teología,
de carácter básicamente especulativo, debían ser reemplazadas
como materias preferentes de estudio por la ciencia. Ello suponía
un ataque implícito al principio de autoridad, cuestionado en ámbitos
más privados que públicos, como las academias y tertulias
que aparecieron en diferentes lugares de España. Los nombres de
novatores como Luis Rodríguez de Pedrosa o Isaac Cardosa son todavía
hoy muy insuficientemente conocidos, entre otros motivos porque la segunda
mitad del siglo XVII sigue siendo un período oscuro y deficientemente
explorado por la crítica, pese a que sus efectos son visibles durante
toda la mitad del XVIII, especialmente en el ámbito de la literatura.
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