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Períodos literarios
Secuenciar la literatura del siglo XVIII
no debiera ser, en teoría, difícil. Sin embargo, las posturas
críticas de los investigadores no se muestran tan cercanas como
cabría esperar. Con todos los matices que se quieran introducir
dentro de cada bloque cronológico, parece posible hablar de las
siguientes etapas, excluido el período de los novatores, ya comentado
anteriormente, y que abarcaría los años 1680 a 1725, etapa
de transición que, pese a abarcar un cuarto del siglo XVIII, está
más ligada ideológica y estéticamente a la anterior:
1) Preilustración, desde
1726 hasta 1759. Coincide con los reinados de Felipe V, el fugaz Luis I
(un niño que a sus 16 años alcanzó un trono que disfrutaría
apenas unos meses del año 1724), y Fernando VI.
La época del primero, que tuvo
que afrontar durante muchos años la Guerra de Sucesión, apenas
permitió dar los primeros pasos en los proyectos reformistas. En
los años iniciales de su reinado hubo de hacer frente a la hostilidad
de Aragón, Cataluña y Valencia, y también a la de
un buen número de los nobles. El resultado del Tratado de Utrecht
que puso fin a la guerra fue negativo para España, que perdió
sus posesiones europeas. De aquella contienda ha quedado como recuerdo
perdurable la ocupación de Gibraltar por los ingleses. Poco interesado
en las cuestiones de gobierno, Felipe V se plegó a la influencia
francesa y delegó en un privado italiano, Julio Alberoni, más
dado a gobernar en función de los intereses de su país de
origen que en beneficio de los de su patria de adopción.
El reinado de Felipe V tuvo una segunda
etapa, que se inició con la prematura muerte de su hijo Luis I.
De nuevo los asuntos de estado quedaron en manos de un extranjero (en este
caso, el holandés barón de Riperdá), y de nuevo los
intereses personales (los de la esposa de Felipe V, la ambiciosa Isabel
de Farnesio) se impusieron sobre los de España, conduciendo al país
a más de una guerra fuera de nuestras fronteras.
Esta herencia tan poco apetecible era
la que dejaba a su muerte, en 1746, el inestable y melancólico Felipe
V. Su hijo y sucesor, Fernando VI, sirvió de puente entre esos primeros
pasos y el decidido impulso reformista. Una de sus primeras medidas fue
firmar la Paz de Aquisgrán (1748), inicio de un período de
estabilidad económica y política confiado a ministros españoles.
La reforma del ejército y la modernización de la economía
fueron los puntales de su política. Su gran acierto fue rodearse
de buenos colaboradores, como José Carvajal y Láncaster,
para las relaciones exteriores, y el Marqués de la Ensenada, para
los asuntos internos.
A este último son atribuibles las
mejores decisiones del reinado de Fernando VI: formación del catastro,
construcción de caminos, canales de riego y arsenales, formación
de una flota digna de respeto internacional, reforma de la Hacienda, atracción
de personalidades culturales extranjeras y envío de jóvenes
fuera de nuestras fronteras. Los vaivenes de la política lo condujeron,
sin embargo, a la destitución y el destierro (1754). La inestabilidad
psicológica de Felipe V se hizo ver en los últimos tiempos
de la vida de su hijo, un monarca que, ante todo, se preocupó de
no embarcar a España en guerras inútiles y de sacar adelante
medidas reformistas que sacaran a España de su marasmo.
En lo cultural, este período está
dominado por el fraile Benito Jerónimo Feijoo, cuyo primer tomo
de su Teatro crítico, aldabonazo preilustrado que permitía
intuir el proceso posterior, se publicó en 1726. Por este motivo,
es habitual fijar este año como punto de partida si no de la Ilustración,
sí de lo que podríamos llamar (simplificando quizá,
pero al mismo tiempo aceptando la validez de una denominación útil)
Preilustración.
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