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Literatura Española



 
 
MAX-AUB 2
BIOGRAFÍA
(c) Autor: Miguel Angel Sanchez
Fundación Max Aub - Segorbe (Castellón
 

2.2 FASE DE PROFESIONALIZACIÓN Y APERTURA CULTURAL: 1921-1928

1920: Es deseo y voluntad de su padre que Max, acabado el bachillerato, estudie Historia, pero éste se resiste y decide ayudarle y seguir sus pasos profesionales, viajando como representante por Levante, Aragón, Cataluña y Almería, durante cuatro años vendiendo toda clase de artículos, recorriendo todas las ciudades y pueblos de cierta importancia. Esta actividad itinerante, y su espíritu inquieto y ansioso por conocer y descubrir la realidad, le pusieron en las mejores condiciones para entrar en contacto con el mundo cultural y de vanguardia del momento.

En 1921 conoce en Gerona a Jules Romains, que además de entregarle una tarjeta de presentación que usaría dos años más tarde, influirá en su quehacer literario con su teoría del unanimismo. Inquieto lector de gran afán coleccionista, está suscrito desde 1918 a todas las revistas literarias francesas, entre ellas Nouvelle Revue Francaise, y también a algunas italianas y belgas.

A partir de 1922, y durante catorce años, recorre Cataluña con sus mercancías, viviendo en Barcelona cuatro meses al año, donde asiste a tertulias como la de López Picó, Salvat Papasseit, Esclasens, y la de Gasch.

Empieza a escribir teatro experimental: El desconfiado prodigioso, Una botella, El celoso y su enamorada, Espejo de avaricia, Narciso. Manuel Durán califica a este teatro de “Teatro experimental para un público hispánico sumamente hostil a lo experimental en las tablas. Teatro experimental en que fracasaron, o casi fracasaron, Jacinto Grau, Miguel Hernández, Alberti, y –a veces- el propio Lorca. (En vigor, el teatro experimental, en sus variadas formas derivado en parte del expresionismo alemán, que Aub debió conocer, no ha tenido éxito sino hasta época muy reciente...). Por mucho que  le desagrade a Aub el teatro de Jacinto Grau, hay que confesar que los dos dramaturgos tienen en común un rasgo negativo: los dos han escrito un tipo de teatro que se ha leído más que representado...”

1923: fue testigo en Zaragoza de cómo, en la plaza del Coso, un pelotón de soldados y un sargento proclamaba el estado de guerra: la sublevación de Primo de Rivera.

En diciembre, con la lotería que le tocó en Murcia, viaja a Madrid por primera vez con su amigo José Medina Echavarría, y se presenta a Enrique Díez-Canedo con la tarjeta que le dio Jules Romains. “...Max Aub llamó a mi casa de Madrid llevándome su primer libro, para que yo se lo apadrinase. Versos, naturalmente... Hizo, de muy joven..., todos los experimentos en las vías que el arte dramático abría o intentaba abrir en la Europa de aquellos días”. Introducido por aquél en el Ateneo el día 20, lo presenta Luis Fernández Ardavín, amigo del grupo que por entonces se reunía en el Regina, para que leyera sus primeros versos. Max diría de Enrique: “Su simpatía no me faltó nunca, hasta su muerte... Es de los pocos que tuvo desde esa fecha fe en mí. Nunca se lo podré pagar.” La admiración y estima que le tenía Max fue fiel más allá de la muerte. “Los de mi generación –las hay peores- le debemos gran parte de lo que aprendimos en nuestra juventud acerca del mundo. Si a alguien debimos llamar “maestro” fue a él, cosa que nunca hicimos porque jamás asomó en sus palabras un adarme de pedantería. Fue constante lección; en El Sol, en La Voz, en España. Si he tenido confianza en lo que hice y Dios sabe que nunca fui favorecido por el éxito... fue porque Canedo me dijo: “Está bien, esto está bien”, esto no está bien. Y tan seguro fiado en su criterio que aquí lo vengo a decir. Canedo fue el crítico literario más sagaz que ha tenido España este siglo, el que supo discernir con más claridad lo que fue y queda... Con Canedo todo me parece ayer. Estuvimos juntos en el mundo, conociéndonos, durante veinte años y hoy hace veinte años que ha muerto; para mí, estos últimos cuatro lustros no existen. Está vivo, a mi lado, oyéndome. No me sucede con nadie de su edad... Yo escribía, todavía escribo, para que Canedo me diga lo que le parece. La razón es sencilla: en nadie confié más. Jamás me desfalleció el corazón a su lado. Cuando llegué a México, en octubre de 1942, me lo encontré, esperándome a la puerta de su casa, sonrosado, sonriente –como siempre-, más cano, me dijo: “Estaba seguro de que le volvería a ver. Nunca lo dudé”. Había corrido la voz de mi muerte.

Yo también estaba seguro de volver a verle, de poder leerle o que leyera lo que escribí desde la última vez que nos vimos en París...

Y está a mi lado como si fuese ayer. Está y ésta es la verdad....”

A partir de 1924 conoce en París a Joan Miró y a escritores de su generación, amistades que mantendrá epistolarmente sobre todo después de la guerra civil: Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Bergamín, Francisco Ayala, Gerardo Diego, Juan Gil-Albert, Esteban Salazar Chapela, Alejandro Casona, Paulino Masip, Juan Larrea, Guillermo de Torre, Juan Chabás, Emilio Prados, José María Quiroga Pla, Vicente Gaos, Juan Rejano, Pascual Pla y Beltrán. Publica versos en el último número de la revista semanal España. De ella diría Max que estaba en la base de su formación e información. Otros medios de influencia serían la “Colección Universal” de Calpe, el infujo del filósofo José Gaos recomendándole a Taine y filósofos del siglo XIX, el entusiasmo por Baroja, Unamuno, Quevedo, Cervantes, Larra...

Al cumplir la mayoría de edad y estar en disposición de realizar el servicio militar sirviendo a la patria, se nacionaliza y, al tener la oportunidad de elegir el país de su padre o de su madre, opta libremente por España. Pero por razones de miopía se le exime de cumplirlo, siendo su reacción: “... aunque con ello quedé definitivamente como español”.

En 1925 publica Los poemas cotidianos, edición privada de cincuenta ejemplares con prólogo de Enrique Díez-Canedo: “Max Aub me da la sensación de un hombre múltiple. Llega a verme, viniendo de Alemania  o de Francia, de Levante o del Noroeste... Activo, inquieto, lleva una vida errante y atareada... Es su “poema cotidiano”, su quehacer vital, cuya rudeza él sabe convertir en poesía. Viajante de poesía se le pudiera llamar a Max Aub... En ese eterno vagar, en esa perpetua mudanza, en ese cambio sin reposo, late un sueño de molicie y quietud, un sueño de hogar, confinado entre las cuatro paredes de una estancia en el que sólo viven el amor en los corazones y la llama en la chimenea, y de la cual se evaden los ojos siguiendo por la ventana las revueltas el camino que corta los campos del invierno... He aquí al invierno rehabilitado.

Oíd cómo suena la canción de este poeta que, corriendo mundo, sueña con un pequeñísimo rincón en todo el mundo”

Publica extractos de Geografía en la Revista de Occidente. “Geografía, que viene a ser la más poética de sus narraciones, nos muestra hoy como ayer a un escritor de cuerpo entero, dueño de los recursos de su arte, que en cada página ha logrado transfigurar estéticamente la realidad española de este siglo.”

“Amable, graciosa, esta narración es un híbrido del ensayo y el cuento; el autor toma la palabra, pero no para narrarnos un suceso, sino para deleitarnos con su cultura, con su ingenio, con su “esprit” ... “Geografía tiene la virtud de presentar un Max Aub amable, de antes de la guerra, todavía no atormentado por la política, ni desolado por los bombardeos o por las acciones sangrientas; no se trata de los horrores de la contienda, ni de la cárcel, ni del hambre, ni de la injusticia social ni de nada de eso que luego por muchos años y por muchos libros obsesionó a Max Aub, hasta hacerlo un escritor amargo de leer, aunque siempre admirable”.

En 1926 publica Caja, cuento vanguardista en la línea y estilo de Geografía.

El 3 de noviembre contrae matrimonio con la valenciana Perpetua Barjau Martín, que sería hasta el final de su compañera inseparable, familiarmente conocida como Peua.

El 8 de abril de 1927 nace su primera hija, María Luisa.

Su presencia en Madrid fue frecuente durante trece años, con visita obligada al café Regina donde conocería a Domenchina, Azaña, Vayo, Araquistáin, Negrín, Marañón y Valle-Inclán.

1928. Para Max, el gusto y la delicadeza por la preparación y presentación de sus propios libros eran una obsesión, siendo la faceta de tipógrafo una cualidad fundamental en su trabajo cotidiano: “En el fondo lo que soy es un tipógrafo. La tipografía es una síntesis de la pintura y de la literatura. No hay nada mejor que el tacto de un buen papel entre las manos: es como poder abrazar a una mujer a quien se ama... Una esbelta joven nunca lo será tanto como una letra bodoni”. Siempre recordará “mi imprenta” de la calle de las Avellanas en Valencia: la imprenta Moderna de los Soler, donde imprimió su primera versión de Álvarez Petreña, Fábula verde, Espejo de avaricia, Proyecto de un teatro nacional. Juan Renau, amigo y paisano, escribe: “Max Aub, que pulula solitario por viejas imprentas en busca de tipografía exquisita para editar sus multiplicados librillos y libros, se nos presenta una tarde con un bien alimentado ensayo bajo el brazo... Es su maravilloso gusto editorial lo que me atrae. Se apasiona por el bello editar, como un alquimista en trance de descubrir la piedra filosofal. Es una especie de Aldo Manuzio, mitad valenciano, mitad no sé de dónde. Un día le acompañamos Gil-Albert y yo por toda la calle de las Avellanas y contornos. Entra y sale de minúsculas imprentas. No encuentra lo que busca. Necesita, como oxígeno, unas letras capitulares para el titulillo de un libro diminuto escrito por él. No comprendo esa tesonería, ese recorrer por toda la ciudad para lograr algo tan insignificante. Sin embargo, al contemplar el volumen ya editado me doy cuenta de su razón y de su arte incomparable”.

Publica Narciso. El mismo Max decía que no estaba El mismo Max decía que no estaba pensada ni escrita para ser leída, sino que estaba hecha para la escena y viene a ahogarse en el libro. 

Teatro incompleto se le podría llamar. Las circunstancias del teatro en España, quiero suponer que sólo actuales, no permiten lograr su representación. Fue estrenada por el T.E.U. de Derecho en el teatro Valle- Inclán, en Madrid, el 6 de mayo de 1963. “ Narciso, conceptual, literaria, cubista, poética y posiblemente pretenciosa, nos parece a los componentes del T.E.U. de Derecho un experimento apasionante, y es ello lo que nos ha movido a montarla. En todo caso, creemos ante el triste panorama del teatro español contemporáneo que no podemos permitirnos el lujo de desconocerla”.

Se trata de una pieza difícil, marcada por un aliento vanguardista muy de la fecha en que se escribió- 1828- , dato que hay que tener muy en cuenta, ya que su mayor interés no reside tanto en su posible logro, sino en la prodigiosa anticipación respecto a un teatro que había de venir treinta años después.

Aub tiene la oportunidad de estrechar la mano de su paisano Vicente Blasco Ibáñez y de saludarlo, cuando éste vuelve a Valencia del destierro en 1928: “Iba en un simón abierto, por la calle de San Vicente, con esa camisa sport, abierta también ,que había hecho célebre. Ya estaba usted muy enfermo y tenía bolsas en los ojos. Me subí en el estribo y le estreché la mano, fofa. Me sonrió. La gente le aclamaba. Estaban contentos de que hubiera vuelto, de que estuviese en Valencia...Usted no se figuraba, y mucho menos su familia, que la república vendría tan pronto... ¿Ay, don Visent, quien conociera la Valencia de usted, la de la calle de san Vicente de afuera, donde yo vivía! No es que parezca mal que hayan tirado todo. Esta bien. Pero, ¡cojones!, ya está bien. Tanto no hacer nada y tanta misa y tanto cura y tanta democracia cristiana.¡Y tanto Plan Sur!

¿Se acuerda de la Casa de la Democracia? ¿Y del pueblo y de Azzati?. Ahora Valencia está mucho mejor y dan ganas de llorar al verle a usted enterrado ahí, cerca del suelo como si nada. Como si nada hubiera pasado de 1928 a 1968”. Esto lo rememorará Max  cuando vuelve a España, en 1969. Viaja a Valencia y, en una visita al cementerio, delante de las tumbas de sus padres y abuelos, que estaban enfrente de la de Vicente Blasco Ibáñez, entabla un monólogo, que posteriormente recogería en su diario de la Gallina Ciega.

2.3.FASE DEL COMPROMISO HUMANO Y POLÍTICO: 1929- 1939

Ambas fechas limitan esta fase, cuyas características más importantes serían: a) Un compromiso personal e ideológico con una actuación coherente y fiel al mismo. B) La derrota individual y colectiva por alcanzar los objetivos que dicho compromiso tenía  con su país. “Estábamos dispuestos a jugarnos la vida por muchas razones” diría Max.

Es una fase de gran actividad y de afianzamiento en todos los órdenes: profesionalmente se hace cargo del negocio de su padre, ampliándolo y viajando por casi toda España; culturalmente es un vanguardista de primera línea; humanamente entra en relación con nuevas e importantes amistades: Gerardo Diego, Antonio Machado, Jorge guillén, Pedro Flores, Ramón Gaya, Juan Guerrero Zamora políticamente actuará al servicio de la República cuando su partido lo reclame.
 
 

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 Actividad política: 1929-1936