| El
diálogo ha sido un dispositivo literario bien utilizado por nuestro
autor. De él podemos obtener toda una serie de mensajes gestuales
y de formas de conducta y de protocolos que nos sumerge en el mundo del
ritual no verbal de la novela o el teatro.
En las conversaciones que nos transmite
el novelista y poeta inglés hay siempre una dignidad que resulta
apropiada para cada tema, sobre todo, si el asunto que se trata es serio.
En algunos casos, el diálogo en las obras de Hardy se magnifica
cayendo en lo poco natural o, si se quiere, en un tanto grandilocuente.
Aparece también cierto grado de artificialidad, sobre todo, cuando
desea que el personaje tratado aparente ser muy serio. Otras veces, el
sentimiento es tan intenso que el lenguaje se extrema estirándose
casi hasta romperse.
En general, el diálogo que emplea
Hardy es bastante teatral en cuanto a que utiliza de manera consciente
determinados momentos de tensión y de emoción que tienen
que ver con su narrativa realista o, aún, naturalista.
En su poesía nuestro autor busca
la antítesis en todo el poema. Las secuencias de tiempo y el contraste
entre el presente y el pasado son un factor importante en su preocupación
dramática. Su poesía es un continuo contraste de estructuras
y de contenidos. Hardy hace de sus poemas un trabajo completo.
Como poeta Hardy comenzó a escribir
a los veinte años, en la década de los años 1860,
y siguió escribiendo poesía hasta su muerte en 1928. Su primer
volumen fue Wessex Poems (1898), publicado a los 58 años de
edad y, en el que se recoge la poesía escrita a lo largo de
30 años.
Su obra poética rezuma vitalidad,
versatilidad, control sobre el lenguaje capaz de ser versificado y adaptación
de viejas formas poéticas a nuevas maneras de hacer poesía.
Así, sus poemas se adaptan a un sinfín de formas que tienen
que ver con el número de versos de cada estrofa o poema, con la
relación entre versos similares o de diferente longitud que sostienen
maneras diversas de expresarse poéticamente: desde la misma longitud
de los versos que producen la elegía hasta de diferente longitud
que crea gran tensión en el poema.
El vocabulario en su poesía se
encuentra muy relacionado con la gramática y la sintaxis. Utiliza
un léxico mezclado puesto que trata de hacer convivir al vocabulario
que proviene del mundo arcaico y dialectal con el léxico de su propia
invención o del inglés moderno. El vocabulario que emplea
está siempre en función de sorprender y evocar para lo cual
recurre a un léxico de su creación y a clichés que
realmente sorprenden al lector introducido en la poesía.
La sintaxis que emplea el poeta
resulta, algunas veces, complicada, lo que produce cierta confusión
y desazón en la lectura de los poemas. Hardy utiliza una especie
de “ gramática del dolor” sobre sus temas más literarios.
La gramática en su poesía
viene impulsada por la idea de que, para nuestro autor, la poesía
es emoción medida. La emoción proviene de la naturaleza y
las medidas pueden adquiriese a través del arte. Para nuestro poeta,
el ritmo en la poesía no debía ser demasiado regular aunque
la poesía es una música latente que puede ser plasmada en
frases.
Wessex Poems apareció
en el año 1898 como una nueva posibilidad artística de Hardy.
Su incursión en la poesía se hacía pública
y en sus poemas se notaba cierta estructura de diálogo y temática
de reminiscencia narrativa. Esto puede verse en algunos de sus poemas con
respecto, sobre todo, a su última novela, Jude the Obscure.
La colección de poemas recoge el
color local y la vida familiar desde una visión del mundo austera
y melancólica. Los poemas expresan armonía, rusticidad, ciertas
reminiscencias del pensamiento del pastor liberal isabelino, ironía,
superstición, soledad, pesimismo y aprehensión. Ha utilizado
ritmos prosaicos, irregulares, arbitrarios y poco gramaticales. El lenguaje
empleado va desde el dialectal hasta el científico o técnico.
A pesar de todo esto, Hardy generalmente empleará un léxico
convencional y bastante conversacional agrediendo, bastante menos de lo
que se piensa, a la gramática y a la sintaxis. En su poesía
los sonidos no son importantes por lo que, a veces, la musicalidad se encuentra
muy oculta o no existe. Sus poemas se hacen rudos si se leen en voz alta.
Simbología.
Thomas Hardy es el mismo autor en prosa
y en poesía puesto que va a recurrir a la misma estructura de pensamiento
creativo que asienta en la melancolía, la visión irónica,
la imaginación grotesca y macabra, la ternura, la compasión
o la nostalgia. Nuestro autor parece escribir como un medio de expiar sus
culpas que se encuentran entre un mundo de personas posibles y otro mundo
de sucesos poco comunes y extraños que hacen mezclarse a lo real
con lo fantástico.
Hardy nos introduce en el realismo rural
lleno de factores trágicos, vistos desde cierta ironía amarga,
algo que llena al lector de inquietud que no deja seguir una lectura tranquila.
Además, este desasosiego se plasma en una distorsión de los
personajes que trata y que conducen al lector a un naturalismo en el que
la individualidad del carácter que se nos presenta está por
encima del grupo al que pertenece.
El mundo rural y el urbano chocan y se
hacen simbólicos en cuanto que Dorset se convierte en el mundo imaginario
de Wessex en donde casi todo resulta natural y, de alguna manera, afectado
por el arcaísmo. Este aparente retroceso o vuelta a los orígenes
hace que, en un sentido, nuestro autor sea considerado como un contador
de historias más que un verdadero novelista (D. Davidson, 1986:
14). Su mundo nos muestra a héroes y heroínas típicos
de baladas que pueden aparecer a través de una mitología
que los sostiene en la narración y dentro de un equilibrio que hace
pesar por igual a un argumento lleno de intriga y a unos personajes que
pueden compararse con una narrativa clásica.
Hardy recupera el sentido de la tragedia
de la literatura inglesa puesto que, en su obra, vamos a volver a encontrar
la relación simbólica entre el desarrollo trágico
que conduce a la muerte del héroe o la heroína y la Naturaleza
que va mudándose. Se crea así una relación alegórica
entre el héroe y la Naturaleza que recogerá de manera muy
nítida la novela Tess of the Dº Urbervilles (1891).
En la novela, Tess es una mujer pura pero
alienada por los sueños de irrealidad que la imbuyen de cierta sensación
de destrucción que esencialmente proviene de la dureza de la vida
rural. En la novela aparecerán las características más
claras de la tragedia que se concentran simbólicamente en el personaje
Tess: la piedad, el miedo, el determinismo, la soledad, el aislamiento
y un proceso ritual de sacrificio simbólico-verdadero en el que
el martirio de la mujer corre paralelo a la muerte de la naturaleza. Aquí
se van a unir las raíces más profundas de la vida: naturaleza
y mujer. Por ello, la tragedia cumple su más genuino sentido de
representación de la caída y sacrificio de la heroína.
Esta caída se relaciona con la sociedad que aísla y busca
su personaje para el altar del sacrificio y, sobre todo, con el sentimiento
supremo de la ley natural que parece hacer justicia. Un ejemplo sería,
salvando las distancias en el tiempo de un siglo y entre la novela del
siglo XIX y el periodismo de los últimos años del siglo XX,
demasiado agresivo y comercializado, con la sensación producida
en muchas personas al conocerse la muerte de otra heroína del siglo
XX, Lady Diana de Gales. Este personaje, de carne y hueso, y no fruto de
la imaginación artística, parece como Tess concentrar todo
el sentido trágico de una persona que debe recorrer un camino entre
lo humano y lo divino, en este caso, la Corona británica. En su
andadura, al igual que con Tess, se producirán una serie de incidentes
y circunstancias especiales que hacen que el público lector vaya,
poco a poco, simpatizando con la heroína. Ésta, con su vida,
nos provoca, nos hace cómplices de sus desvelos y nos conduce a
buscar la misma venganza, algo que funcionará como base del sacrificio
o de la tragedia final.
Esta singladura, este viaje, que en Tess
es claramente de venganza, forma la parte más profunda de la obra,
puesto que se va a corresponder con el movimiento real y simbólico,
de todo el desarrollo de la acción. parte primordial de todo el
ritual de sacrificio del que participan muchas heroínas de carne
y hueso del siglo XX que pueden considerarse reflejo literario de otro
momento de crisis después del esplendor que fueron las últimas
dos décadas del siglo XIX en Gran Bretaña.
El movimiento, ahora sería la
rapidez, se representa como un fantasma que recorre toda la obra y que
marca algunas situaciones: cuando Tess se encuentra con algún carruaje,
carromatos del mercado, máquinas de progreso y, algo, demoníacas
que ejemplarizan un futuro que va a contrastar con el miedo, el terror
y la violación de nuestra protagonista.
Los avances tecnológicos han creado
una nueva civilización que aún añora la libertad de
la Naturaleza y, por eso, habrá que buscar una víctima para
sacrificarla a los dioses del sol, de la lluvia, del frío
y, en concreto, de la Naturaleza que se han enfadado con el progreso incivilizado
que ha construido el ser humano. Aquí, el novelista está
mezclando realmente su sentido de tragedia con la novela gótica
puesto que en las dos la pasión es una realidad capaz de unir al
mundo del sentimiento con el mundo natural.
El principio de este viaje de alegoría
y muerte tendrá un sentido simbólico de primavera fácil
y confortable. Pero el proceso se irá convirtiendo en difícil
y pesado, lleno de cargas, que acaba con la heroína en la soledad
y el silencio. El viaje de Tess comienza temprano en el día para
llegar a la noche con la oscuridad amenazante que se cierne sobre la heroína.
Nos encontramos aquí con un rito de transición: día
y noche en la Naturaleza pero también en la vida en donde ya no
cabe el sentido de regreso que resultará fallido debido al propio
determinismo que marca las situaciones de Tess y, posiblemente, a nuestra
personaje contemporáneo.
La muerte es la culminación del
ritual de sacrificio que aparece a lo largo de la novela y que se
ha ido llenando de una simbología de oposición cuyos símbolos
han alimentado el destino final de la protagonista. Al mismo tiempo, la
muerte es vista como el alejamiento de la felicidad, de la luz, de la tradición,
de la consciencia y de la Naturaleza.
En Tess se supera el mundo de lo visible,
al mundo de la lógica de los acontecimientos, al destino, para llegar,
siguiendo pautas culturales y baladas de origen celta, al mundo invisible
en el que las cualidades morales son diferentes puesto que se han alejado
de las normas culturales prefijadas. Aparece aquí un mundo de rituales
sensibles e inteligibles (Escobedo de Tapia, C. y J. L. Caramés
Lage, 1994) que tienen que ver con un nivel literario que comprende una
profundización psicológica y externa de un personaje como
Tess dentro de un mundo con un lugar y un tiempo establecidos que coincide
con la última década de los años 1890.
Tess se aleja del mundo visible pues la
lógica de su devenir parece que va siendo condicionada por los colores
que aparecen en las escenas de la obra; por medio de las estaciones de
la Naturaleza; por el bosque; por su vida y sus relaciones. El destino
surge como algo superior y externo a ella que la va condicionando de manera
fatal dentro de una evolución trágica de sucesos de los que
solamente se puede escapar liberándose en el mundo invisible de
los sentimientos y de la relación personal con la Naturaleza. Pero
ésta, también rechaza a Tess, obligándola a elevarse
en figura trágica que es capaz de estar por encima de la vida y
de la muerte. La comparación con Lady Diana resulta fácil,
sobre todo, después de ser nombrada como la Princesa del Pueblo
o la Princesa del Lago.
La elevación del héroe
trágico por encima del determinismo de la tragedia tiene ya antecedentes
que nos llevan hasta Aristóteles y su concepción de la proairesis
o la libertad para elegir un final siendo este diverso. En el final de
Tess y, quizás manteniendo el paralelismo con Diana, hay un sacrificio
que es el resultado de su destino pero, también y, sobre todo, del
acecho a que su pureza y su integridad, se ven sometidos. Con este sacrificio,
símbolo de lo que se ha perdido en la Inglaterra de Hardy, Tess
supera lo humano para convertirse en figura de redención, como la
Princesa del Pueblo, ya que, poéticamente, es inocente. Surge
aquí un sentimiento cristiano que Hardy recoge de la tradición
y de sus propias creencias y, por el cual, Tess pertenece a todos, a su
destino y al mundo.
En la novela Tess of the D´Urbervilles
no habrá resurrección puesto que el ritual de sacrificio
simbólico será sólo de muerte aunque en movimiento
y continuidad sobre las cosas, los hechos y los seres, algo que coloca
al alma de la heroína por encima de la lógica de los acontecimientos
y a los objetos y seres humanos llenos de serenidad que, al final de la
novela, nos producirá una calma producto de la desaparición
del clímax de la pasión y de la vuelta de la tranquilidad.
La figura de Tess pertenece literariamente
al grupo de tragedias en las que la mujer es calumniada al estilo de Griselda,
Octavia, Hermione o Alcestis y, como decimos, Diana. Estos personajes parece
que, desde el principio de su existencia, se están enfrentando con
la noche más antigua de la mitología y de las supersticiones.
Son almas que semejan encontrarse en un círculo mágico de
rituales y de muerte pero también capaces de, en su actividad, mover
la Historia entre un tiempo histórico y un tiempo cósmico
que serán redimidos por una muerte obligada por el sacrificio.
Jude the Obscure (1896) parece
germinar en el año 1888 cuando nuestro autor escribe unos apuntes
para una historia sobre un joven que se ha suicidado porque no ha podido
entrar a estudiar en la universidad de Oxford. Parece inspirarle la muerte
de Horace Moule, amigo de Dorset, que si bien había estudiado en
Oxford y en Cambridge, fallece muy joven y antes de obtener sus diplomas.
Jude no es el mismo joven puesto que éste estudia en los cursos
nocturnos, es huérfano, vive con su tía abuela y, no puede
ser comparado con su amigo, hijo del rector de Fordington.
La tragedia de Jude Fawley y de Sue Bridehead
quizás se deba a su falta de educación y de carácter,
algo que se puede recoger de alguno de los personajes de Shakespeare que
no parecen haber asimilado bien las ideas y conceptos que deben poseer
las personas para poder vivir de acuerdo con criterios mentales válidos.
Lo avanzado y lo conservador confunde
a los protagonistas de la novela. En ella se celebran varios temas que
van desde la presentación de alternativas paganas al cristianismo,
hasta la posible sustitución de algunas leyes del matrimonio que
deberían ser reemplazadas por otras menos convencionales. Aparecen
aquí, otra vez, preocupaciones sobre los viejos y los nuevos tiempos
dentro del contexto de la ciudad y de la vida provincial.
La vida limitada del campo y de sus gentes
que, viven fuera del movimiento del progreso, parece tener que ver con
la persona educada a si mismo en la provincia que busca valores tradicionales
en contra del ciudadano educado en la universidad que desea paganizar el
mundo que le rodea. Los mundos de los artesanos y comerciantes se lamentan
ante el mundo del científico que está apareciendo en el mundo
urbano.

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