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Literaturas extranjeras



 
 
18. Realismo y determinismo en la novela y la poesía de Thomas Hardy (1840-1928).4/5
José Luis Caramés Lage, Universidad de Oviedo.
ISBN- 84-9714-031-1
 

El diálogo ha sido un dispositivo literario bien utilizado por nuestro autor. De él podemos obtener toda una serie de mensajes gestuales y de formas de conducta y de protocolos que nos sumerge en el mundo del ritual no verbal de la novela o el teatro.

En las conversaciones que nos transmite el novelista y poeta inglés hay siempre una dignidad que resulta apropiada para cada tema, sobre todo, si el asunto que se trata es serio. En algunos casos, el diálogo en las obras de Hardy se magnifica cayendo en lo poco natural o, si se quiere, en un tanto grandilocuente. Aparece también cierto grado de artificialidad, sobre todo, cuando desea que el personaje tratado aparente ser muy serio. Otras veces, el sentimiento es tan intenso que el lenguaje se extrema estirándose casi hasta romperse.

En general, el diálogo que emplea Hardy es bastante teatral en cuanto a que utiliza de manera consciente determinados momentos de tensión y de emoción que tienen que ver con su narrativa realista o, aún, naturalista. 

En su poesía nuestro autor busca la antítesis en todo el poema. Las secuencias de tiempo y el contraste entre el presente y el pasado son un factor importante en su preocupación dramática. Su poesía es un continuo contraste de estructuras y de contenidos. Hardy hace de sus poemas un trabajo completo.

Como poeta Hardy comenzó a escribir a los veinte años, en la década de los años 1860, y siguió escribiendo poesía hasta su muerte en 1928. Su primer volumen fue Wessex Poems  (1898), publicado a los 58 años de edad y, en el que  se recoge la poesía escrita a lo largo de 30 años. 
Su obra poética rezuma vitalidad, versatilidad, control sobre el lenguaje capaz de ser versificado y adaptación de viejas formas poéticas a nuevas maneras de hacer poesía. Así, sus poemas se adaptan a un sinfín de formas que tienen que ver con el número de versos de cada estrofa o poema, con la relación entre versos similares o de diferente longitud que sostienen maneras diversas de expresarse poéticamente: desde la misma longitud de los versos que producen la elegía hasta de diferente longitud que crea gran tensión en el poema.

El vocabulario en su poesía se encuentra muy relacionado con la gramática y la sintaxis. Utiliza un léxico mezclado puesto que trata de hacer convivir al vocabulario que proviene del mundo arcaico y dialectal con el léxico de su propia invención o del inglés moderno. El vocabulario que emplea está siempre en función de sorprender y evocar para lo cual recurre a un léxico de su creación y a clichés que realmente sorprenden al lector introducido en la poesía.

 La sintaxis que emplea el poeta resulta, algunas veces, complicada, lo que produce cierta confusión y desazón en la lectura de los poemas. Hardy utiliza una especie de “ gramática del dolor” sobre sus temas más literarios.

La gramática en su poesía viene impulsada por la idea de que, para nuestro autor, la poesía es emoción medida. La emoción proviene de la naturaleza y las medidas pueden adquiriese a través del arte. Para nuestro poeta, el ritmo en la poesía no debía ser demasiado regular aunque la poesía es una música latente que puede ser plasmada en frases. 

Wessex Poems  apareció en el año 1898 como una nueva posibilidad artística de Hardy. Su incursión en la poesía se hacía pública y en sus poemas se notaba cierta estructura de diálogo y temática de reminiscencia narrativa. Esto puede verse en algunos de sus poemas con respecto, sobre todo, a su última novela, Jude the Obscure.   

La colección de poemas recoge el color local y la vida familiar desde una visión del mundo austera y melancólica. Los poemas expresan armonía, rusticidad, ciertas reminiscencias del pensamiento del pastor liberal isabelino, ironía, superstición, soledad, pesimismo y aprehensión. Ha utilizado ritmos prosaicos, irregulares, arbitrarios y poco gramaticales. El lenguaje empleado va desde el dialectal hasta el científico o técnico. A pesar de todo esto, Hardy generalmente empleará un léxico convencional y bastante conversacional agrediendo, bastante menos de lo que se piensa, a la gramática y a la sintaxis. En su poesía los sonidos no son importantes por lo que, a veces, la musicalidad se encuentra muy oculta o no existe. Sus poemas se hacen rudos si se leen en voz alta.  

Simbología.

Thomas Hardy es el mismo autor en prosa y en poesía puesto que va a recurrir a la misma estructura de pensamiento creativo que asienta en la melancolía, la visión irónica, la imaginación grotesca y macabra, la ternura, la compasión o la nostalgia. Nuestro autor parece escribir como un medio de expiar sus culpas que se encuentran entre un mundo de personas posibles y otro mundo de sucesos poco comunes y extraños que hacen mezclarse a lo real con lo fantástico.
Hardy nos introduce en el realismo rural lleno de factores trágicos, vistos desde cierta ironía amarga, algo que llena al lector de inquietud que no deja seguir una lectura tranquila. Además, este desasosiego se plasma en una distorsión de los personajes que trata y que conducen al lector a un naturalismo en el que la individualidad del carácter que se nos presenta está por encima del grupo al que pertenece.

El mundo rural y el urbano chocan y se hacen simbólicos en cuanto que Dorset se convierte en el mundo imaginario de Wessex en donde casi todo resulta natural y, de alguna manera, afectado por el arcaísmo. Este aparente retroceso o vuelta a los orígenes hace que, en un sentido, nuestro autor sea considerado como un contador de historias más que un verdadero novelista (D. Davidson, 1986: 14). Su mundo nos muestra a héroes y heroínas típicos de baladas que pueden aparecer a través de una mitología que los sostiene en la narración y dentro de un equilibrio que hace pesar por igual a un argumento lleno de intriga y a unos personajes que pueden compararse con una narrativa clásica. 

Hardy recupera el sentido de la tragedia de la literatura inglesa puesto que, en su obra, vamos a volver a encontrar la relación simbólica entre el desarrollo trágico que conduce a la muerte del héroe o la heroína y la Naturaleza que va mudándose. Se crea así una relación alegórica entre el héroe y la Naturaleza que recogerá de manera muy nítida la novela Tess of the Dº Urbervilles  (1891). 

En la novela, Tess es una mujer pura pero alienada por los sueños de irrealidad que la imbuyen de cierta sensación de destrucción que esencialmente proviene de la dureza de la vida rural. En la novela aparecerán las características más claras de la tragedia que se concentran simbólicamente en el personaje Tess: la piedad, el miedo, el determinismo, la soledad, el aislamiento y un proceso ritual de sacrificio simbólico-verdadero en el que el martirio de la mujer corre paralelo a la muerte de la naturaleza. Aquí se van a unir las raíces más profundas de la vida: naturaleza y mujer. Por ello, la tragedia cumple su más genuino sentido de representación de la caída y sacrificio de la heroína. Esta caída se relaciona con la sociedad que aísla y busca su personaje para el altar del sacrificio y, sobre todo, con el sentimiento supremo de la ley natural que parece hacer justicia. Un ejemplo sería, salvando las distancias en el tiempo de un siglo y entre la novela del siglo XIX y el periodismo de los últimos años del siglo XX, demasiado agresivo y comercializado, con la sensación producida en muchas personas al conocerse la muerte de otra heroína del siglo XX, Lady Diana de Gales. Este personaje, de carne y hueso, y no fruto de la imaginación artística, parece como Tess concentrar todo el sentido trágico de una persona que debe recorrer un camino entre lo humano y lo divino, en este caso, la Corona británica. En su andadura, al igual que con Tess, se producirán una serie de incidentes y circunstancias especiales que hacen que el público lector vaya, poco a poco, simpatizando con la heroína. Ésta, con su vida, nos provoca, nos hace cómplices de sus desvelos y nos conduce a buscar la misma venganza, algo que funcionará como base del sacrificio o de la tragedia final.

Esta singladura, este viaje, que en Tess es claramente de venganza, forma la parte más profunda de la obra, puesto que se va a corresponder con el movimiento real y simbólico, de todo el desarrollo de la acción. parte primordial de todo el ritual de sacrificio del que participan muchas heroínas de carne y hueso del siglo XX que pueden considerarse reflejo literario de otro momento de crisis después del esplendor que fueron las últimas dos décadas del siglo XIX en Gran Bretaña. 
El movimiento, ahora sería la rapidez, se representa como un fantasma que recorre toda la obra y que marca algunas situaciones: cuando Tess se encuentra con algún carruaje, carromatos del mercado, máquinas de progreso y, algo, demoníacas que ejemplarizan un futuro que va a contrastar con el miedo, el terror y la violación de nuestra protagonista.

Los avances tecnológicos han creado una nueva civilización que aún añora la libertad de la Naturaleza y, por eso, habrá que buscar una víctima para sacrificarla a los dioses del sol, de la lluvia, del frío  y, en concreto, de la Naturaleza que se han enfadado con el progreso incivilizado que ha construido el ser humano. Aquí, el novelista está mezclando realmente su sentido de tragedia con la novela gótica puesto que en las dos la pasión es una realidad capaz de unir al mundo del sentimiento con el mundo natural.

El principio de este viaje de alegoría y muerte tendrá un sentido simbólico de primavera fácil y confortable. Pero el proceso se irá convirtiendo en difícil y pesado, lleno de cargas, que acaba con la heroína en la soledad y el silencio. El viaje de Tess comienza temprano en el día para llegar a la noche con la oscuridad amenazante que se cierne sobre la heroína. Nos encontramos aquí con un rito de transición: día y noche en la Naturaleza pero también en la vida en donde ya no cabe el sentido de regreso que resultará fallido debido al propio determinismo que marca las situaciones de Tess y, posiblemente, a nuestra personaje contemporáneo.

La muerte es la culminación del ritual de sacrificio  que aparece a lo largo de la novela y que se ha ido llenando de una simbología de oposición cuyos símbolos han alimentado el destino final de la protagonista. Al mismo tiempo, la muerte es vista como el alejamiento de la felicidad, de la luz, de la tradición, de la consciencia y de la Naturaleza. 

En Tess se supera el mundo de lo visible, al mundo de la lógica de los acontecimientos, al destino, para llegar, siguiendo pautas culturales y baladas de origen celta, al mundo invisible en el que las cualidades morales son diferentes puesto que se han alejado de las normas culturales prefijadas. Aparece aquí un mundo de rituales sensibles e inteligibles (Escobedo de Tapia, C. y J. L. Caramés Lage, 1994) que tienen que ver con un nivel literario que comprende una profundización psicológica y externa de un personaje como Tess dentro de un mundo con un lugar y un tiempo establecidos que coincide con la última década de los años 1890. 

Tess se aleja del mundo visible pues la lógica de su devenir parece que va siendo condicionada por los colores que aparecen en las escenas de la obra; por medio de las estaciones de la Naturaleza; por el bosque; por su vida y sus relaciones. El destino surge como algo superior y externo a ella que la va condicionando de manera fatal dentro de una evolución trágica de sucesos de los que solamente se puede escapar liberándose en el mundo invisible de los sentimientos y de la relación personal con la Naturaleza. Pero ésta, también rechaza a Tess, obligándola a elevarse en figura trágica que es capaz de estar por encima de la vida y de la muerte. La comparación con Lady Diana resulta fácil, sobre todo, después de ser nombrada como la Princesa del Pueblo   o la Princesa del Lago. 

  La elevación del héroe trágico por encima del determinismo de la tragedia tiene ya antecedentes que nos llevan hasta Aristóteles y su concepción de la proairesis  o la libertad para elegir un final siendo este diverso. En el final de Tess y, quizás manteniendo el paralelismo con Diana, hay un sacrificio que es el resultado de su destino pero, también y, sobre todo, del acecho a que su pureza y su integridad, se ven sometidos. Con este sacrificio, símbolo de lo que se ha perdido en la Inglaterra de Hardy, Tess supera lo humano para convertirse en figura de redención, como la Princesa del Pueblo,  ya que, poéticamente, es inocente. Surge aquí un sentimiento cristiano que Hardy recoge de la tradición y de sus propias creencias y, por el cual, Tess pertenece a todos, a su destino y al mundo.

En la novela Tess of the D´Urbervilles  no habrá resurrección puesto que el ritual de sacrificio simbólico será sólo de muerte aunque en movimiento y continuidad sobre las cosas, los hechos y los seres, algo que coloca al alma de la heroína por encima de la lógica de los acontecimientos y a los objetos y seres humanos llenos de serenidad que, al final de la novela, nos producirá una calma producto de la desaparición del clímax de la pasión y de la vuelta de la tranquilidad.
La figura de Tess pertenece literariamente al grupo de tragedias en las que la mujer es calumniada al estilo de Griselda, Octavia, Hermione o Alcestis y, como decimos, Diana. Estos personajes parece que, desde el principio de su existencia, se están enfrentando con la noche más antigua de la mitología y de las supersticiones. Son almas que semejan encontrarse en un círculo mágico de rituales y de muerte pero también capaces de, en su actividad, mover la Historia entre un tiempo histórico y un tiempo cósmico que serán redimidos por una muerte obligada por el sacrificio.
Jude the Obscure  (1896)  parece germinar en el año 1888 cuando nuestro autor escribe unos apuntes para una historia sobre un joven que se ha suicidado porque no ha podido entrar a estudiar en la universidad de Oxford. Parece inspirarle la muerte de Horace Moule, amigo de Dorset, que si bien había estudiado en Oxford y en Cambridge, fallece muy joven y antes de obtener sus diplomas. Jude no es el mismo joven puesto que éste estudia en los cursos nocturnos, es huérfano, vive con su tía abuela y, no puede ser comparado con su amigo, hijo del rector de Fordington.

La tragedia de Jude Fawley y de Sue Bridehead quizás se deba a su falta de educación y de carácter, algo que se puede recoger de alguno de los personajes de Shakespeare que no parecen haber asimilado bien las ideas y conceptos que deben poseer las personas para poder vivir de acuerdo con criterios mentales válidos.

Lo avanzado y lo conservador confunde a los protagonistas de la novela. En ella se celebran varios temas que van desde la presentación de alternativas paganas al cristianismo, hasta la posible sustitución de algunas leyes del matrimonio que deberían ser reemplazadas por otras menos convencionales. Aparecen aquí, otra vez, preocupaciones sobre los viejos y los nuevos tiempos dentro del contexto de la ciudad y de la vida provincial. 

La vida limitada del campo y de sus gentes que, viven fuera del movimiento del progreso, parece tener que ver con la persona educada a si mismo en la provincia que busca valores tradicionales en contra del ciudadano educado en la universidad que desea paganizar el mundo que le rodea. Los mundos de los artesanos y comerciantes se lamentan ante el mundo del científico que está apareciendo en el mundo urbano.