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Literaturas extranjeras



 
 
18. Realismo y determinismo en la novela y la poesía de Thomas Hardy (1840-1928).5/5
José Luis Caramés Lage, Universidad de Oviedo.
ISBN- 84-9714-031-1
 

Jude lee para convertirse en un pastor protestante que, quizás, imite la figura de William Barnes, maestro de escuela, poeta, filólogo, arqueólogo, licenciado por Cambridge a los 46 años y modelo literario de Hardy para varios personajes y aspectos. Jude no lee demasiado y si lo hace se va a enfrentar, al menos en principio, con los Evangelios y las Epístolas; con los padres de la Iglesia que encuentra en una de las librerías locales. Sue es una figura más moderna que la de Jude. Atiende a los servicios anglicanos pero, al mismo tiempo, lee y conoce literatura: recita a Longfellow, Byron y Poe; lea a Swinburne, Shelley, Scott, Wordsworth, Browning, quizás lo mismo que su propio creador.

El contexto que nos presenta en su novela es conocido para su autor y quizás indisoluble de Wessex. Nos dibuja a sus gentes, a sus forma de hablar, a sus costumbres y a sus modos de comportarse, en una especie de pastiche que tiene que ver con una visión simbólica y conceptual bastante parecida a la que se ha sucedido en las dos últimas décadas del siglo XX con el movimiento postmodernista. Otra vez, la concomitancia con el final del siglo XX que aparece en  la figura de Jude, personaje artístico que surge de su mundo utilitario para materializar su imagen estética.

 En la poesía de Wessex Poems  (1898) percibimos su gran símbolo: la soledad que se introduce en todos los poemas y en todas las sensaciones que de ellos surgen. Los personajes de cualquier poema aparecen solitarios, como si se tratase de un extraño hacia sus mismos versos, alienado por el contexto y despegado de los otros seres. Esta soledad puede ser resultado de la extendida idea de soledad que parece acompañar a toda la sociedad victoriana, algo que nos recordaría a la sociedad actual. También a la falta de luz o guía interior que parecían tener los poetas románticos o anteriores y que, a finales del siglo XIX, con Hopkins o el mismo Hardy parece haberse perdido. Las sensaciones de diferencia, de exploración de los dilemas, la frustración o tragedia humana, el pesimismo sobre la vida y sus hechos, la dramatización de lo rústico, la nostalgia, la compleja humildad del poeta, la ironía y la sensibilidad hacen que sus personajes poéticos, casi siempre líricos, amantes y/o ancianos, dramaticen sus anhelos en un monólogo intenso y lleno de soledad.
Podríamos decir aquí que. simbólicamente, la soledad sería, dentro de la Historia de la Cultura inglesa de finales del siglo XIX, la más elevada categoría poética y, quizás la que se corresponda mejor con un cambio tan intenso del mundo tradicional al científico y moderno. Entraríamos aquí también en una de los arquetipos literarios más importantes de la Literatura Inglesa como sería el de la poesía metafísica, lo cual nos uniría con la tradición de John Donne y del siglo XVII, algo que, estamos seguros, le hubiese gustado a Thomas Hardy.

Mundo de las ideas. 

La obra de Thomas Hardy se encuentra empapada por la idea del destino al estilo de la tragedia griega y de las luchas entre el destino y la libertad de elección que aparece en muchas tragedias isabelinas y jacobeas. La inevitabilidad de un determinado carácter y contexto como elementos justos e injustos que influyen en el destino de un personaje será una de sus ideas generales para construir a algunos de sus personajes. 

En Tess of the D´Urbervilles  a su protagonista, Tess, hay que situarla  dentro del ritual del sacrificio que necesita la mala conciencia industrial británica para alejarse del paganismo que trae consigo el esplendor de la Revolución Industrial. 

Por otra parte, la evolución del sector agrícola en Gran Bretaña constituye la primera etapa del paso de una sociedad tradicional a una más avanzada tecnicamente. La invasión de la tecnología industrial hace que los valores tradicionales culturales campesinos se comiencen a resquebrajar al mismo tiempo que los ritos más antiguos de la siembra y la cosecha se rompen. 

A partir de 1880 comienza el declive del período victoriano debido a la competencia económica de las otras naciones europeas, insuficiente productividad y decreciente inversión industrial en el interior del país pues resultará más productivo invertir en el exterior. Esto hace que se aplique una política económica que privilegia la estabilidad de la moneda por encima de la estabilidad de la industria. Son los finales del siglo XX que, como se puede leer, claramente nos traen ecos conocidos de finales del siglo XX. 

De aquí que, el personaje Tess posea una gran nostalgia y un aislamiento que tiene que ver con las fuerzas del campo. En Tess aparecen ecos de la filosofía de Comte, sobre todo en lo que se refiere al fetichismo ( F. B. Pinion, 1977: 114). Este es un momento en el que Hardy se encuentra estudiando al Positivismo al que llega a considerar como una nueva religión. En la novela y ya desde los primeros pasajes, las situaciones humanas se relacionan con la “Causa de las Cosas” que es algo universal en una semejanza clara con la mitología cristiana que aparece en el Paradise Lost  de Milton. El Positivismo en Hardy contrasta con Tess, víctima de la mala suerte, de la herencia física, del temperamento, factores determinantes en su vida pese a la pureza de la mujer. Su posición como víctima proviene de una idea tradicional geométrica y pre-copernicana que creía que el universo se podía imaginar en esferas concéntricas. Además, todo el universo había sido creado para el ser humano y él era el centro. Aquí es en donde parece encontrarse Tess, en el medio de todas las esferas, en donde es conducida, a su pesar, por el primer móvil de su mundo.
Jude no posee nostalgia puesto que se encuentra en el centro de toda la experiencia y, también, de la suya propia. De aquí que su esfuerzo por materializar su visión del mundo no está mitificado. Es la voz de una clase social que puede igualarse a la del proletariado educado que no necesita elevar a mito las ideas. 

Jude parece negar la ley como base para la existencia social puesto que se puede llegar a poseer todo. Lo que hace es ideológico y su percepción va entrando en las verdades contradictorias que surgen en la actividad mundana, esto es, del estado, de la familia y de la educación. 
El protagonista se va desplazando desde la totalidad del mundo del poder hacia la necesidad de la propia reconstrucción de su mundo que se nos aparece como un misterio que debe buscar en un viaje lleno de confrontaciones y de implicaciones de, sobre todo, fracasos. Aquí, se le están cerrando los mundos de privilegios para abrirse otros llenos de imitación de los más poderosos. De aquí que la imagen estética que parece contenerse en el protagonista sea de negación puesto que no se puede lograr casi nada.

Jude va a resultar el joven que se enfrenta a su mundo visible y que, de todas formas, deberá buscar alguna armonía o interpretación para su mundo interno o para su visión del mundo; la novela, un instrumento para dar forma y coherencia a una serie de impresiones personales que debían ser contrastadas para ver de su consistencia ideológica. Entre estas podríamos mencionar el paganismo de Sue que compra estatuas de Apolo y Venus y declara que no es moderna sino medieval y vieja; el sentido de clase social trabajadora que posee la novela y que, por ello, ha sido considerada la primera novela que articula las voces y protestas de la clase trabajadora escrita en ingles; la obra que compara y confronta el mundo de los valores con el mundo de la decadencia de fin de siglo. Podríamos señalar con Fletcher (1979: 124) que Jude es un proletario de cuello blanco, algo así como el trabajador de cuello blanco de finales del siglo XX, en una comparación que, una vez más une los dos finales de siglo en los que la sensación de dislocación no puede corresponderse con la de independencia, puesto que la primera une vida y sentimiento, esto es, mundo interno y externo,  y la segunda, solamente mundo externo.

Jude the Obscure  nos muestra la situación del escritor de finales del siglo XIX que ya ha roto el sentido de totalidad, es decir, de visión del mundo global y armónica, como puede ser el imperialismo, el catolicismo o el misticismo, para entrar en una nueva consciencia que relaciona formas y contenidos pero no desde un sistema ideológico inamovible. Otra vez, surgirá el sentido de movimiento que aparece en Tess y que llena toda la obra de Hardy escrita en la última década del siglo XIX. 

La continuidad parece resquebrajarse y se nos habla, no ya de la revuelta de las ideas, sino de buscar antiguas luces dada la oscuridad en la que nos encontramos. La decadencia son luces que se apagan en una vela que se corresponde con el mundo transcendente y que desaparece debido al viento de la ciencia positiva.

Jude the Obscure  se encuentra lleno de mitología cristiana. En la novela se puede ver que, las trágicas consecuencias de las leyes naturales, pueden ser heredadas o pueden surgir de las incompatibilidades con las costumbres de una sociedad concreta. De aquí, podemos deducir la gran importancia que el novelista otorga al contexto que el ha creado desde el verdadero Dorset.
La idea del matrimonio con la idealización de los personajes femeninos y el rechazo, por parte de alguno de ellos, a buscar la independencia y la emancipación  de los rituales e implicaciones del ritual eclesiástico, hacen que algún personaje femenino caiga en la superstición más conservadora. Sue, a través del desastre, deja de emanciparse del ritual de la Iglesia; por el contrario, Jude quema sus libros de iglesia y se coloca en una posición racionalista contemporánea, algo que hace de la novela una construcción geométrica inspirada en la profesión de arquitecto de Hardy.
El nombre propio Jude esta ligado a los de Judá y Jerusalén que sirven en varias ocasiones para ser contrastados con el mundo helénico. El ascetismo cristiano se contrasta con el helenismo y Jude llega a rechazar a la teología cristiana, puesto que se encuentra más feliz con Sue cuando ellos dos se hayan en el mundo de las ideas clásico y dentro de su paganismo sensual que no mortifica la vida con la enfermedad o el dolor. De todas formas, la crucifixión se cierne sobre los dos personajes que no escaparan a su destino. Aquí podemos ver cierto recuerdo de Adán, su pecado y el sentido de Redención cristiano.

En Jude aparecen secuelas de un hebraísmo que conquista, poco a poco, al helenismo. Para ello, la propia Sue escogerá la abnegación y la mortificación, así como un cierto sacerdotismo que vuelve a empapar toda la novela.   

 En su poesía podemos ver sus posiciones filosóficas y teológicas, es decir, sus creencias, que tienen que ver con la perspectiva cristiana sobre el concepto y el papel de la Naturaleza en la vida, así como con la observación de la misma, sobre todo, cuando se es capaz de tomar partido por una faceta, un detalle o una particularidad de la misma. Sus sentimientos, su tono al poetizar sobre tal o cual cosa, su energía al hacerlo infieren al poema en general de una energía fundamental que opera sin un orden determinado y a través de todo el universo.

El poeta Hardy cree en una energía sin consciencia que produce el movimiento de las estrellas y el desarrollo de las formas de vida que actualmente tenemos ante nosotros. Nos señala que un Ser omnipotente e inteligente regula el universo con cierta oposición a la energía descontrolada o energía fundamental. Aquí parece que Dios y el hombre/mujer estarían en oposición, algo que puede verse en muchos estadios de la mente, sobre todo, cuando se opone el mundo rural/ tradicional al mundo moderno/científico. Este contraste, se nos aparece siempre en movimiento y en lo que se podría denominar una tensión dialéctica que va a afectar toda la obra de Hardy. Tess sería un claro ejemplo de ello, como ya hemos visto anteriormente.

Hardy opera con las vidas de sus personajes con cierta ambigüedad que le lleva a otorgar perdón a algunos de sus caracteres y en cambio, a otros, a aislarlos en circunstancias arbitrarias que hacen de ellos veletas del destino. Por eso, podemos señalar que Hardy emplea la Voluntad del Ser Inmanente como un poder activo que se inclina hacia la maldad puesto que es capaz de enredar a los personajes en una madeja de accidentes poco afortunados que lo/la conducen a un determinado fin. La suerte y la coincidencia funcionarán como bases o energías de ese movimiento del universo.

La ambigüedad poética tienen una clara explicación en nuestro poeta puesto que al mismo tiempo que es partidario de la tradición plasmada en el mundo rural que se ve destruido, racionalmente no puede dejar de pensar que el avance científico tendrá un efecto positivo en la vida y en el mundo futuro de las personas. Este gran contraste entre el mundo tradicional y el mundo científico se encuentra en la misma raíz de la cultura de finales del siglo XIX y principios del XX. Pertenecería a la Historia de la Cultura europea que ha afectado desde la obra del dramaturgo irlandés Bernard Shaw hasta Bertrand Russell o I. A. Richards.  

BIBLIOGRAFÍA