| Jude
lee para convertirse en un pastor protestante que, quizás, imite
la figura de William Barnes, maestro de escuela, poeta, filólogo,
arqueólogo, licenciado por Cambridge a los 46 años y modelo
literario de Hardy para varios personajes y aspectos. Jude no lee demasiado
y si lo hace se va a enfrentar, al menos en principio, con los Evangelios
y las Epístolas; con los padres de la Iglesia que encuentra en una
de las librerías locales. Sue es una figura más moderna que
la de Jude. Atiende a los servicios anglicanos pero, al mismo tiempo, lee
y conoce literatura: recita a Longfellow, Byron y Poe; lea a Swinburne,
Shelley, Scott, Wordsworth, Browning, quizás lo mismo que su propio
creador.
El contexto que nos presenta en su novela
es conocido para su autor y quizás indisoluble de Wessex. Nos dibuja
a sus gentes, a sus forma de hablar, a sus costumbres y a sus modos de
comportarse, en una especie de pastiche que tiene que ver con una visión
simbólica y conceptual bastante parecida a la que se ha sucedido
en las dos últimas décadas del siglo XX con el movimiento
postmodernista. Otra vez, la concomitancia con el final del siglo XX que
aparece en la figura de Jude, personaje artístico que surge
de su mundo utilitario para materializar su imagen estética.
En la poesía de Wessex
Poems (1898) percibimos su gran símbolo: la soledad que
se introduce en todos los poemas y en todas las sensaciones que de ellos
surgen. Los personajes de cualquier poema aparecen solitarios, como si
se tratase de un extraño hacia sus mismos versos, alienado por el
contexto y despegado de los otros seres. Esta soledad puede ser resultado
de la extendida idea de soledad que parece acompañar a toda la sociedad
victoriana, algo que nos recordaría a la sociedad actual. También
a la falta de luz o guía interior que parecían tener los
poetas románticos o anteriores y que, a finales del siglo XIX, con
Hopkins o el mismo Hardy parece haberse perdido. Las sensaciones de diferencia,
de exploración de los dilemas, la frustración o tragedia
humana, el pesimismo sobre la vida y sus hechos, la dramatización
de lo rústico, la nostalgia, la compleja humildad del poeta, la
ironía y la sensibilidad hacen que sus personajes poéticos,
casi siempre líricos, amantes y/o ancianos, dramaticen sus anhelos
en un monólogo intenso y lleno de soledad.
Podríamos decir aquí que.
simbólicamente, la soledad sería, dentro de la Historia de
la Cultura inglesa de finales del siglo XIX, la más elevada categoría
poética y, quizás la que se corresponda mejor con un cambio
tan intenso del mundo tradicional al científico y moderno. Entraríamos
aquí también en una de los arquetipos literarios más
importantes de la Literatura Inglesa como sería el de la poesía
metafísica, lo cual nos uniría con la tradición de
John Donne y del siglo XVII, algo que, estamos seguros, le hubiese gustado
a Thomas Hardy.
Mundo de las ideas.
La obra de Thomas Hardy se encuentra empapada
por la idea del destino al estilo de la tragedia griega y de las luchas
entre el destino y la libertad de elección que aparece en muchas
tragedias isabelinas y jacobeas. La inevitabilidad de un determinado carácter
y contexto como elementos justos e injustos que influyen en el destino
de un personaje será una de sus ideas generales para construir a
algunos de sus personajes.
En Tess of the D´Urbervilles
a su protagonista, Tess, hay que situarla dentro del ritual del sacrificio
que necesita la mala conciencia industrial británica para alejarse
del paganismo que trae consigo el esplendor de la Revolución Industrial.
Por otra parte, la evolución del
sector agrícola en Gran Bretaña constituye la primera etapa
del paso de una sociedad tradicional a una más avanzada tecnicamente.
La invasión de la tecnología industrial hace que los valores
tradicionales culturales campesinos se comiencen a resquebrajar al mismo
tiempo que los ritos más antiguos de la siembra y la cosecha se
rompen.
A partir de 1880 comienza el declive del
período victoriano debido a la competencia económica de las
otras naciones europeas, insuficiente productividad y decreciente inversión
industrial en el interior del país pues resultará más
productivo invertir en el exterior. Esto hace que se aplique una política
económica que privilegia la estabilidad de la moneda por encima
de la estabilidad de la industria. Son los finales del siglo XX que, como
se puede leer, claramente nos traen ecos conocidos de finales del siglo
XX.
De aquí que, el personaje Tess
posea una gran nostalgia y un aislamiento que tiene que ver con las fuerzas
del campo. En Tess aparecen ecos de la filosofía de Comte, sobre
todo en lo que se refiere al fetichismo ( F. B. Pinion, 1977: 114). Este
es un momento en el que Hardy se encuentra estudiando al Positivismo al
que llega a considerar como una nueva religión. En la novela y ya
desde los primeros pasajes, las situaciones humanas se relacionan con la
“Causa de las Cosas” que es algo universal en una semejanza clara con la
mitología cristiana que aparece en el Paradise Lost de Milton.
El Positivismo en Hardy contrasta con Tess, víctima de la mala suerte,
de la herencia física, del temperamento, factores determinantes
en su vida pese a la pureza de la mujer. Su posición como víctima
proviene de una idea tradicional geométrica y pre-copernicana que
creía que el universo se podía imaginar en esferas concéntricas.
Además, todo el universo había sido creado para el ser humano
y él era el centro. Aquí es en donde parece encontrarse Tess,
en el medio de todas las esferas, en donde es conducida, a su pesar, por
el primer móvil de su mundo.
Jude no posee nostalgia puesto que se
encuentra en el centro de toda la experiencia y, también, de la
suya propia. De aquí que su esfuerzo por materializar su visión
del mundo no está mitificado. Es la voz de una clase social que
puede igualarse a la del proletariado educado que no necesita elevar a
mito las ideas.
Jude parece negar la ley como base para
la existencia social puesto que se puede llegar a poseer todo. Lo que hace
es ideológico y su percepción va entrando en las verdades
contradictorias que surgen en la actividad mundana, esto es, del estado,
de la familia y de la educación.
El protagonista se va desplazando desde
la totalidad del mundo del poder hacia la necesidad de la propia reconstrucción
de su mundo que se nos aparece como un misterio que debe buscar en un viaje
lleno de confrontaciones y de implicaciones de, sobre todo, fracasos. Aquí,
se le están cerrando los mundos de privilegios para abrirse otros
llenos de imitación de los más poderosos. De aquí
que la imagen estética que parece contenerse en el protagonista
sea de negación puesto que no se puede lograr casi nada.
Jude va a resultar el joven que se enfrenta
a su mundo visible y que, de todas formas, deberá buscar alguna
armonía o interpretación para su mundo interno o para su
visión del mundo; la novela, un instrumento para dar forma y coherencia
a una serie de impresiones personales que debían ser contrastadas
para ver de su consistencia ideológica. Entre estas podríamos
mencionar el paganismo de Sue que compra estatuas de Apolo y Venus y declara
que no es moderna sino medieval y vieja; el sentido de clase social trabajadora
que posee la novela y que, por ello, ha sido considerada la primera novela
que articula las voces y protestas de la clase trabajadora escrita en ingles;
la obra que compara y confronta el mundo de los valores con el mundo de
la decadencia de fin de siglo. Podríamos señalar con Fletcher
(1979: 124) que Jude es un proletario de cuello blanco, algo así
como el trabajador de cuello blanco de finales del siglo XX, en una comparación
que, una vez más une los dos finales de siglo en los que la sensación
de dislocación no puede corresponderse con la de independencia,
puesto que la primera une vida y sentimiento, esto es, mundo interno y
externo, y la segunda, solamente mundo externo.
Jude the Obscure nos muestra la
situación del escritor de finales del siglo XIX que ya ha roto el
sentido de totalidad, es decir, de visión del mundo global y armónica,
como puede ser el imperialismo, el catolicismo o el misticismo, para entrar
en una nueva consciencia que relaciona formas y contenidos pero no desde
un sistema ideológico inamovible. Otra vez, surgirá el sentido
de movimiento que aparece en Tess y que llena toda la obra de Hardy escrita
en la última década del siglo XIX.
La continuidad parece resquebrajarse y
se nos habla, no ya de la revuelta de las ideas, sino de buscar antiguas
luces dada la oscuridad en la que nos encontramos. La decadencia son luces
que se apagan en una vela que se corresponde con el mundo transcendente
y que desaparece debido al viento de la ciencia positiva.
Jude the Obscure se encuentra
lleno de mitología cristiana. En la novela se puede ver que, las
trágicas consecuencias de las leyes naturales, pueden ser heredadas
o pueden surgir de las incompatibilidades con las costumbres de una sociedad
concreta. De aquí, podemos deducir la gran importancia que el novelista
otorga al contexto que el ha creado desde el verdadero Dorset.
La idea del matrimonio con la idealización
de los personajes femeninos y el rechazo, por parte de alguno de ellos,
a buscar la independencia y la emancipación de los rituales
e implicaciones del ritual eclesiástico, hacen que algún
personaje femenino caiga en la superstición más conservadora.
Sue, a través del desastre, deja de emanciparse del ritual de la
Iglesia; por el contrario, Jude quema sus libros de iglesia y se coloca
en una posición racionalista contemporánea, algo que hace
de la novela una construcción geométrica inspirada en la
profesión de arquitecto de Hardy.
El nombre propio Jude esta ligado a los
de Judá y Jerusalén que sirven en varias ocasiones para ser
contrastados con el mundo helénico. El ascetismo cristiano se contrasta
con el helenismo y Jude llega a rechazar a la teología cristiana,
puesto que se encuentra más feliz con Sue cuando ellos dos se hayan
en el mundo de las ideas clásico y dentro de su paganismo sensual
que no mortifica la vida con la enfermedad o el dolor. De todas formas,
la crucifixión se cierne sobre los dos personajes que no escaparan
a su destino. Aquí podemos ver cierto recuerdo de Adán, su
pecado y el sentido de Redención cristiano.
En Jude aparecen secuelas de un hebraísmo
que conquista, poco a poco, al helenismo. Para ello, la propia Sue escogerá
la abnegación y la mortificación, así como un cierto
sacerdotismo que vuelve a empapar toda la novela.
En su poesía podemos ver
sus posiciones filosóficas y teológicas, es decir, sus creencias,
que tienen que ver con la perspectiva cristiana sobre el concepto y el
papel de la Naturaleza en la vida, así como con la observación
de la misma, sobre todo, cuando se es capaz de tomar partido por una faceta,
un detalle o una particularidad de la misma. Sus sentimientos, su tono
al poetizar sobre tal o cual cosa, su energía al hacerlo infieren
al poema en general de una energía fundamental que opera sin un
orden determinado y a través de todo el universo.
El poeta Hardy cree en una energía
sin consciencia que produce el movimiento de las estrellas y el desarrollo
de las formas de vida que actualmente tenemos ante nosotros. Nos señala
que un Ser omnipotente e inteligente regula el universo con cierta oposición
a la energía descontrolada o energía fundamental. Aquí
parece que Dios y el hombre/mujer estarían en oposición,
algo que puede verse en muchos estadios de la mente, sobre todo, cuando
se opone el mundo rural/ tradicional al mundo moderno/científico.
Este contraste, se nos aparece siempre en movimiento y en lo que se podría
denominar una tensión dialéctica que va a afectar toda la
obra de Hardy. Tess sería un claro ejemplo de ello, como ya hemos
visto anteriormente.
Hardy opera con las vidas de sus personajes
con cierta ambigüedad que le lleva a otorgar perdón a algunos
de sus caracteres y en cambio, a otros, a aislarlos en circunstancias arbitrarias
que hacen de ellos veletas del destino. Por eso, podemos señalar
que Hardy emplea la Voluntad del Ser Inmanente como un poder activo que
se inclina hacia la maldad puesto que es capaz de enredar a los personajes
en una madeja de accidentes poco afortunados que lo/la conducen a un determinado
fin. La suerte y la coincidencia funcionarán como bases o energías
de ese movimiento del universo.
La ambigüedad poética tienen
una clara explicación en nuestro poeta puesto que al mismo tiempo
que es partidario de la tradición plasmada en el mundo rural que
se ve destruido, racionalmente no puede dejar de pensar que el avance científico
tendrá un efecto positivo en la vida y en el mundo futuro de las
personas. Este gran contraste entre el mundo tradicional y el mundo científico
se encuentra en la misma raíz de la cultura de finales del siglo
XIX y principios del XX. Pertenecería a la Historia de la Cultura
europea que ha afectado desde la obra del dramaturgo irlandés Bernard
Shaw hasta Bertrand Russell o I. A. Richards.
BIBLIOGRAFÍA
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