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Literaturas extranjeras



 
 

 1.¿Por qué se puede hablar de Literaturas Extranjeras? 3/6

ISBN- 84-9714-002-8

 
 
 
3. Las Universidades de París y Oxford: los grandes centros europeos creadores de conocimiento.

Thesaurus: Averroes, Avicena, Guillermo de Ockham, empirismo, Renacimiento, nuevo humanismo, Helenismo, Neoplatonismo, Tomás Moro, George Orwell, Reforma Protestante, Escolástica, Copérnico, Bruno, Galileo, Bacon, Descartes, Espinosa, Hobbes, nominalismo, Locke, epistemología, Leibniz, las mónadas, Bach, Mozart, Beethoven, Berkeley, idealismo absoluto, Hume, Jane Austen, Diderot, Rousseau, la Enciclopedia francesa, Voltaire, Corneille, Racine.

Uno de los datos más importantes, a tener en cuenta en cualquier debate intelectual y, en este caso, centrado sobre lo que significan las Literaturas Extranjeras, es el de darse cuenta de la importancia que tuvo la fundación de las universidades de París y Oxford en el siglo XIII. Se entendieron como corporaciones independientes con licencias para otorgar licenciaturas y en cuyas aulas se podía hablar libremente. Fue un momento de regreso al conocimiento intercultural: se mezclaban los musulmanes, judíos y cristianos en España, basado, sobre todo, en la traducción de obras clásicas y de autores tan importantes como Averroes y Avicena. Se resucita a Aristóteles y a Santo Tomás de Aquino, así como, a Juan Escoto Erigena, Guillermo de Ockham, Anselmo de Canterbury o la Escuela de San Victor. 

Los intelectuales que surgen de estas dos universidades y, de alguna otra, van a ser los responsables de las principales teorías que separan y unen, a la vez, a las distintas culturas europeas que influyen, constituyen y extrañan sus formas artísticas que se van haciendo distintas con el paso del tiempo y según el país y la época. De aquí que, aún en movimientos literarios tan generalizados, como puede ser el Romanticismo, las formas expresivas que lo acompañan, reflejan este extrañamiento que produce las distintas maneras de pensar de los diferentes países europeos, occidentales, orientales, etc.

Podemos comenzar hablando de las influencias de Guillermo de Ockham (1285-1349), nacido en Surrey, cerca de Londres, que es el que comienza el proceso de separación ideológica de Roma. De hecho, es amonestado con cargos de hereje por la corte papal de Avignon, teniendo que emigrar a Babaría en donde llega a ser protegido por el rey Ludwig. Había estudiado en Oxford en donde obtuvo la licencia para ser catedrático. Para él, las generalizaciones científicas acerca del mundo debían asentarse en la observación empírica. Esta perspectiva empírica, le hace pensar que la teología no es una ciencia, puesto que no se basa en la evidencia conocida ni en la experiencia inmediata. Esta idea, de que el conocimiento debe surgir de la experiencia, separa, de alguna manera, el mundo de la imaginación y la historia intelectual europea, anglosajona y latina, haciéndolas, a mi modo de ver, extranjeras o extrañas en su visión más profunda del mundo, algo que, por supuesto, va a afectar a todo el discurso artístico y a sus plasmaciones, por ejemplo, literarias.

En el Renacimiento se puede ver la rotura de una concepción única del mundo en Occidente. Este resquebrajamiento se produce debido a la desintegración de las ideas de Aristóteles sobre la cosmología física. Con la Reforma, la demolición del mundo medieval se hace patente. Esto lo vemos con claridad en la desobediencia a la Iglesia y al Papa. Con la Reforma, la idea de Dios que recorre el mundo occidental se hace racional, afectando al mundo material que también se hace racional. Ello se manifiesta a través una nueva matematización de la ciencia, algo que ocurre en todos los procesos racionales que se están desarrollando en ese momento.

Por otra parte, la rigidez de la perspectiva religiosa, centrada en una Iglesia fuerte y única, va chocando dialécticamente con el nuevo pensamiento científico renacentista, alcanzándose nuevas cotas de libertad de creencias en todo el mundo occidental. Así, podemos hablar de la aparición del nuevo humanismo basado en la civilización clásica y el helenismo, en las influencias del mundo árabe y en las traducciones del latín. Este humanismo parece revivir la civilización pagana y centrarse en una síntesis entre la filosofía clásica y la cristiana, dando lugar a lo que se llamó neoplatonismo. Esta nueva aproximación a las cosas materiales y espirituales del mundo influye, como no, en el discurso artístico y en obras literarias que hoy poseen la consideración de utópicas y que han recorrido la historia literaria desde la Utopía  de Tomás Moro a 1984  de George Orwell.

En este momento histórico surge la imprenta y, con ella, la circulación de las nuevas ideas. Se habla del hombre cultivado y urbano; de la educación como algo aristocrático y del comienzo de la expansión europea por Asia y el nuevo mundo americano. Las nuevas culturas impactan también al europeo, lo hacen más rico, creándose la clase burguesa, capaz de alcanzar niveles intelectuales que mezclan el neoplatonismo con el esoterismo de los viejos textos herméticos.
La Reforma Protestante, que podemos fechar en el año 1517, produjo varios efectos en la concepción del mundo del artista. Así, se puede hablar del derrumbamiento del efecto de la Escolástica, basada en una filosofía centrada en las doctrinas de la Iglesia. Ello ocurre debido a que el individuo vuelve a la lectura de la Biblia y de los Padres de la Iglesia, rompiéndose con ello la estandarización de la filosofía y de sus interpretaciones. Por otro lado y, como un factor muy importante del desarrollo de la Literatura, aparece la utilización de las lenguas vernáculas en la escritura y, por tanto, el estudio y la evolución de distintas culturas. Se puede hablar ya de cultura inglesa, francesa, alemana o española. A esto hay que añadir una reforma radical en cuanto a la concepción del grupo social, quizás basada hasta entonces en la Comunión de los Santos, que se quiebra para aparecer el individuo y, como consecuencia, el individualismo y las interpretaciones intelectuales personales. La idea de que el adulto puede elegir su futuro va a implicar nociones de separación entre la religión y el estado.

Nicolás Copérnico, Giordano Bruno, Galileo y Francis Bacon creen que una nueva época científica está apareciendo, como se está demostrando a través de los descubrimientos y los trabajos, alguno de ellos, por ejemplo, de Copérnico y Galileo. Se tratará de hacer una clasificación en las ciencias, una nueva lógica inductiva, una nueva filosofía de la naturaleza. Se anhela separar a la ciencia de la filosofía y de la religión. Al mismo tiempo, la geografía, los viajes y la astronomía inspiran a los artistas europeos y, por descontado, a la Literatura.

Descartes de origen francés, con veinte años de retiro en Holanda, fundador de un círculo de sabios en Estocolmo y, en la corte de la reina Cristina de Suecia, nos va a ofrecer cimientos muy importantes para entender a la Literatura Francesa y, aún, la europea. Para el filósofo, el cosmos físico  es un cuerpo infinito y continuo que posee tres dimensiones. Su método es analítico: lo primero que surge es el pensamiento y por ello se comprende la idea de entender y reflexionar. 

Pero esto sólo no sirve, pues es necesaria tener voluntad, imaginar y sentir, algo que afecta a la concepción del Arte de una manera directa. En este momento, se está hablando de una revolución epistemológica y de una renovación bastante radical de las categorías cognitivas y perceptuales que Descartes ha ayudado a generar y que afectarán a todo el pensamiento europeo posterior.
Otra gran influencia en la concepción del mundo literario europeo la ejerció Baruch de Espinosa. Vivió en Ámsterdam en la comunidad judía portuguesa de la que fue expulsado por su visión heterodoxa de las escrituras. Espinosa fue un racionalista en el medio entre Descartes y Leibniz. La creación del mundo fue para él un acto arbitrario de la voluntad de Dios. Su teoría del conocimiento es relevante para el artista que trata de mostrar los lados buenos de la vida. De aquí que, para el filósofo, el ser humano se encuentre sujeto a varios procesos causales que, fisiológicamente, lo afectan en relación con el punto esencial de la preservación individual. Los procesos causales producen ideas confusas en la persona. Pero, con la interacción entre los individuos, los seres humanos conforman más ideas que aparecen como adecuadas, necesarias y claras, como las que surgen de la geometría. Por eso, la persona inteligente es la que reemplaza las ideas confusas, psicológicas, por las que no lo son, por las adecuadas. Si uno posee las ideas adecuadas posee el control, algo que significa mayor libertad individual.

Con Espinosa habría que mencionar a Thomas Hobbes que marca una de las bases más claras de la concepción del mundo de muchos autores literarios británicos del siglo XVIII y XIX. Educado en Oxford, viaja a París y sirve como tutor de Carlos II. Como filósofo fue un nominalista, es decir, no ve demasiado mérito en la idea de un concepto universal puesto que se inclina por la deducción y el sistema deductivo. La ciencia debe basarse en la experiencia que tiene que aplicarse aún a asuntos poco claros: el placer, por ejemplo, es algo que se encuentra en relación con el movimiento del corazón; una concepción intelectual tendrá que ver con el movimiento de la cabeza. Hobbes nos hablará de concepciones utilizadas de varias formas en la literatura inglesa: el estado, la voluntad, el lenguaje, la naturaleza de la ciencia, la religión oficial, etc.

Otro filósofo inglés que va a influir en todo el pensamiento occidental es John Locke. Educado en Oxford, estudia medicina y filosofía. Quiere establecer una epistemología empirista atacando la idea de una doctrina de las ideas innatas que se encuentra implícita en Descartes. Se producirá así otra diferencia cultural entre países del área occidental, diferencia que influirá en la creación artística. Para Locke, todas las ideas provienen de la experiencia. Las ideas o principios innatos son resultado de: la falta de entendimiento sobre lo que existe entre las personas y, de la gran variedad de perspectivas morales en la historia de la raza humana. El conocimiento debe provenir de las sensaciones y de la reflexión. Hay ideas simples como los colores; ideas que provienen de dos o más sensaciones como, por ejemplo, los números y las formas; otras ideas son producto de la reflexión, como la noción de pensamiento; otras provienen de las sensaciones y de la reflexión, como la existencia o el poder de las que tanto se habla en la Literatura.

Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) nació en Leipzig, vivió un tiempo en París y llegó a ser el presidente fundador de la Academia Prusiana de las Ciencias en el año 1700. Fue un pluralista radical que dijo que todas las verdades son necesarias. Distingue, sin embargo, entre verdades necesarias o de la razón y verdades de hecho. Además, sigue viendo diferencias entre los juicios analíticos y los sintéticos que formarán un gradualismo en su cosmología que resulta bastante extravagante. De todas formas, se puede decir que algunas de sus observaciones formaron parte del subconsciente metafísico de la época, algo que puede verse plasmado en Alexander Pope y su Essay on Man, 1733. Las ideas de Leibniz sobre el universo material como un gran sistema de unicidades, de uno consigo mismo o monadas, en donde el ser humano podía sentirse feliz y en casa, invadió la Literatura de la época. 

La doctrina monadológica se asoció con la armonía preestablecida, esto es, con la cooperación y coexistencia entre los humanos a través de la simpatía y el amor. Esta filosofía, en su concepción última, es claramente artística. Tanto es así que, parece claro, que esta posición polifónica de Leibniz fue aprovechada por compositores como Bach en sus fugas, Mozart en su Eine kleine Nachtmusik  o por  Beethoven en sus cuarta, sexta, séptima y octava sinfonías. 

George Berkeley fue un irlandés que, en el año 1728, viaja a Estados Unidos para, algo más tarde, recabar en Oxford. Su acercamiento filosófico es idealista: la noción de una mente divina que garantiza la existencia objetiva del mundo fue una idea generalizada en todo el siglo XIX por medio del idealismo absoluto. Para él, ser es percibir, aunque no se pueda entender lo que es la continuidad que deja a un acto de Dios que es El que deberá salvaguardarla. 

David Hume, nacido en Edimburgo, pasa casi toda su vida en Francia. Intenta crear una psicología científica desde el modelo empírico: las ideas son copias vívidas pero menores de las impresiones o sensaciones. Todas las ideas simples provienen de las impresiones. De aquí que, cuando nos buscamos a nosotros en nuestro interior, sólo nos topemos con nuestras percepciones y solamente con ellas. Por eso, los humanos nunca serán entidades separadas de la percepción. Esto va a influir también en modelos literarios empleados, sobre todo, en el siglo XVIII en Gran Bretaña, en los que las costumbres suplantan a la razón, como se puede ver en algunas novelas de, por ejemplo, Jane Austen.

La creación de la Enciclopedia francesa en la mitad del siglo XVIII fue un motivo para que un numeroso grupo de intelectuales, a la cabeza de los cuales se puso Denis Diderot (1713-84) y más tarde Rousseau (1712-78) y Voltaire (1694-1778), hablasen del pensamiento en libertad. Diderot fue un materialista que vio al universo como materia en movimiento. Este universo se asienta en los átomos de su estructura que, además, es sensitiva, asunto que tiene relación con la idea de que el pensamiento es una propiedad del cerebro. Además, señala que la soberanía se encuentra en el pueblo y que hay que alejarse del antiguo régimen, asentando principios utilizados, más tarde, por la Revolución Francesa.

Voltaire fue un crítico de la intolerancia y de las instituciones caducas del ancien régime. Realizó campañas para cambiar las leyes, la abolición de la tortura, etc. ideas que inspiraron la Declaración de los Derechos del Hombre en 1789, algo que va a influir en las concepciones literarias y el tratamiento de muchos personajes a lo largo de la literatura europea del siglo XIX. A Voltaire se le ha considerado el arquetipo del hombre literario de mediados del siglo XVIII. Su Edipo, 1717, se encuentra modelado por la obra de Corneille al que admiró profundamente. De todas formas, al ir progresando en sus ideas, su modelo será Racine, al que elige como ejemplo de perfección, pues Voltaire entendía la creación teatral y sus tres reglas de la unidad del tiempo, lugar y acción; sus cinco actos y, su texto en verso inmaculado y rítmico, como algo sacrosanto.
Rousseau idealizó a la Naturaleza, algo que los románticos también hicieron influidos por su obra, en parte para criticar a la propia sociedad. El hombre salvaje sabe como vivir con sus necesidades y es espontáneo en sus expresiones sobre sí mismo y los demás. Esto está en contra del amor propio de la sociedad de su época. Es necesario que se progrese en la sociedad moderna teniendo en cuenta la vida moral de los seres humanos. Sus opiniones tienen una gran influencia de Leibniz, sobre todo, en cuanto a su concepción de la Naturaleza, la obra de Dios que consideraba perfecta y que contraponía con el mundo del hombre como constructor de una sociedad urbana, el mundo de Versalles, que había nacido corrupto y no natural.

Las ideas de los enciclopedistas influyeron, no sólo en la Revolución Francesa, sino también a lo largo del mundo occidental, en la Constitución de los Estados Unidos y, en Alemania, con la creación, en el año 1737, de la Universidad de Göttingen, como centro más importante de la Ilustración alemana y, con la refundación de la Academia de Berlín que realizó Federico el Grande en el año 1750.