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Las Universidades de París y Oxford: los grandes centros europeos
creadores de conocimiento.
Thesaurus:
Averroes, Avicena, Guillermo de Ockham, empirismo, Renacimiento, nuevo
humanismo, Helenismo, Neoplatonismo, Tomás Moro, George Orwell,
Reforma Protestante, Escolástica, Copérnico, Bruno, Galileo,
Bacon, Descartes, Espinosa, Hobbes, nominalismo, Locke, epistemología,
Leibniz, las mónadas, Bach, Mozart, Beethoven, Berkeley, idealismo
absoluto, Hume, Jane Austen, Diderot, Rousseau, la Enciclopedia francesa,
Voltaire, Corneille, Racine.
Uno de los datos más importantes,
a tener en cuenta en cualquier debate intelectual y, en este caso, centrado
sobre lo que significan las Literaturas Extranjeras, es el de darse cuenta
de la importancia que tuvo la fundación de las universidades de
París y Oxford en el siglo XIII. Se entendieron como corporaciones
independientes con licencias para otorgar licenciaturas y en cuyas aulas
se podía hablar libremente. Fue un momento de regreso al conocimiento
intercultural: se mezclaban los musulmanes, judíos y cristianos
en España, basado, sobre todo, en la traducción de obras
clásicas y de autores tan importantes como Averroes y Avicena. Se
resucita a Aristóteles y a Santo Tomás de Aquino, así
como, a Juan Escoto Erigena, Guillermo de Ockham, Anselmo de Canterbury
o la Escuela de San Victor.
Los intelectuales que surgen de estas
dos universidades y, de alguna otra, van a ser los responsables de las
principales teorías que separan y unen, a la vez, a las distintas
culturas europeas que influyen, constituyen y extrañan sus formas
artísticas que se van haciendo distintas con el paso del tiempo
y según el país y la época. De aquí que, aún
en movimientos literarios tan generalizados, como puede ser el Romanticismo,
las formas expresivas que lo acompañan, reflejan este extrañamiento
que produce las distintas maneras de pensar de los diferentes países
europeos, occidentales, orientales, etc.
Podemos comenzar hablando de las influencias
de Guillermo de Ockham (1285-1349), nacido en Surrey, cerca de Londres,
que es el que comienza el proceso de separación ideológica
de Roma. De hecho, es amonestado con cargos de hereje por la corte papal
de Avignon, teniendo que emigrar a Babaría en donde llega a ser
protegido por el rey Ludwig. Había estudiado en Oxford en donde
obtuvo la licencia para ser catedrático. Para él, las generalizaciones
científicas acerca del mundo debían asentarse en la observación
empírica. Esta perspectiva empírica, le hace pensar que la
teología no es una ciencia, puesto que no se basa en la evidencia
conocida ni en la experiencia inmediata. Esta idea, de que el conocimiento
debe surgir de la experiencia, separa, de alguna manera, el mundo de la
imaginación y la historia intelectual europea, anglosajona y latina,
haciéndolas, a mi modo de ver, extranjeras o extrañas en
su visión más profunda del mundo, algo que, por supuesto,
va a afectar a todo el discurso artístico y a sus plasmaciones,
por ejemplo, literarias.
En el Renacimiento se puede ver la rotura
de una concepción única del mundo en Occidente. Este resquebrajamiento
se produce debido a la desintegración de las ideas de Aristóteles
sobre la cosmología física. Con la Reforma, la demolición
del mundo medieval se hace patente. Esto lo vemos con claridad en la desobediencia
a la Iglesia y al Papa. Con la Reforma, la idea de Dios que recorre el
mundo occidental se hace racional, afectando al mundo material que también
se hace racional. Ello se manifiesta a través una nueva matematización
de la ciencia, algo que ocurre en todos los procesos racionales que se
están desarrollando en ese momento.
Por otra parte, la rigidez de la perspectiva
religiosa, centrada en una Iglesia fuerte y única, va chocando dialécticamente
con el nuevo pensamiento científico renacentista, alcanzándose
nuevas cotas de libertad de creencias en todo el mundo occidental. Así,
podemos hablar de la aparición del nuevo humanismo basado en la
civilización clásica y el helenismo, en las influencias del
mundo árabe y en las traducciones del latín. Este humanismo
parece revivir la civilización pagana y centrarse en una síntesis
entre la filosofía clásica y la cristiana, dando lugar a
lo que se llamó neoplatonismo. Esta nueva aproximación a
las cosas materiales y espirituales del mundo influye, como no, en el discurso
artístico y en obras literarias que hoy poseen la consideración
de utópicas y que han recorrido la historia literaria desde la Utopía
de Tomás Moro a 1984 de George Orwell.
En este momento histórico surge
la imprenta y, con ella, la circulación de las nuevas ideas. Se
habla del hombre cultivado y urbano; de la educación como algo aristocrático
y del comienzo de la expansión europea por Asia y el nuevo mundo
americano. Las nuevas culturas impactan también al europeo, lo hacen
más rico, creándose la clase burguesa, capaz de alcanzar
niveles intelectuales que mezclan el neoplatonismo con el esoterismo de
los viejos textos herméticos.
La Reforma Protestante, que podemos fechar
en el año 1517, produjo varios efectos en la concepción del
mundo del artista. Así, se puede hablar del derrumbamiento del efecto
de la Escolástica, basada en una filosofía centrada en las
doctrinas de la Iglesia. Ello ocurre debido a que el individuo vuelve a
la lectura de la Biblia y de los Padres de la Iglesia, rompiéndose
con ello la estandarización de la filosofía y de sus interpretaciones.
Por otro lado y, como un factor muy importante del desarrollo de la Literatura,
aparece la utilización de las lenguas vernáculas en la escritura
y, por tanto, el estudio y la evolución de distintas culturas. Se
puede hablar ya de cultura inglesa, francesa, alemana o española.
A esto hay que añadir una reforma radical en cuanto a la concepción
del grupo social, quizás basada hasta entonces en la Comunión
de los Santos, que se quiebra para aparecer el individuo y, como consecuencia,
el individualismo y las interpretaciones intelectuales personales. La idea
de que el adulto puede elegir su futuro va a implicar nociones de separación
entre la religión y el estado.
Nicolás Copérnico, Giordano
Bruno, Galileo y Francis Bacon creen que una nueva época científica
está apareciendo, como se está demostrando a través
de los descubrimientos y los trabajos, alguno de ellos, por ejemplo, de
Copérnico y Galileo. Se tratará de hacer una clasificación
en las ciencias, una nueva lógica inductiva, una nueva filosofía
de la naturaleza. Se anhela separar a la ciencia de la filosofía
y de la religión. Al mismo tiempo, la geografía, los viajes
y la astronomía inspiran a los artistas europeos y, por descontado,
a la Literatura.
Descartes de origen francés, con
veinte años de retiro en Holanda, fundador de un círculo
de sabios en Estocolmo y, en la corte de la reina Cristina de Suecia, nos
va a ofrecer cimientos muy importantes para entender a la Literatura Francesa
y, aún, la europea. Para el filósofo, el cosmos físico
es un cuerpo infinito y continuo que posee tres dimensiones. Su método
es analítico: lo primero que surge es el pensamiento y por ello
se comprende la idea de entender y reflexionar.
Pero esto sólo no sirve, pues es
necesaria tener voluntad, imaginar y sentir, algo que afecta a la concepción
del Arte de una manera directa. En este momento, se está hablando
de una revolución epistemológica y de una renovación
bastante radical de las categorías cognitivas y perceptuales que
Descartes ha ayudado a generar y que afectarán a todo el pensamiento
europeo posterior.
Otra gran influencia en la concepción
del mundo literario europeo la ejerció Baruch de Espinosa. Vivió
en Ámsterdam en la comunidad judía portuguesa de la que fue
expulsado por su visión heterodoxa de las escrituras. Espinosa fue
un racionalista en el medio entre Descartes y Leibniz. La creación
del mundo fue para él un acto arbitrario de la voluntad de Dios.
Su teoría del conocimiento es relevante para el artista que trata
de mostrar los lados buenos de la vida. De aquí que, para el filósofo,
el ser humano se encuentre sujeto a varios procesos causales que, fisiológicamente,
lo afectan en relación con el punto esencial de la preservación
individual. Los procesos causales producen ideas confusas en la persona.
Pero, con la interacción entre los individuos, los seres humanos
conforman más ideas que aparecen como adecuadas, necesarias y claras,
como las que surgen de la geometría. Por eso, la persona inteligente
es la que reemplaza las ideas confusas, psicológicas, por las que
no lo son, por las adecuadas. Si uno posee las ideas adecuadas posee el
control, algo que significa mayor libertad individual.
Con Espinosa habría que mencionar
a Thomas Hobbes que marca una de las bases más claras de la concepción
del mundo de muchos autores literarios británicos del siglo XVIII
y XIX. Educado en Oxford, viaja a París y sirve como tutor de Carlos
II. Como filósofo fue un nominalista, es decir, no ve demasiado
mérito en la idea de un concepto universal puesto que se inclina
por la deducción y el sistema deductivo. La ciencia debe basarse
en la experiencia que tiene que aplicarse aún a asuntos poco claros:
el placer, por ejemplo, es algo que se encuentra en relación con
el movimiento del corazón; una concepción intelectual tendrá
que ver con el movimiento de la cabeza. Hobbes nos hablará de concepciones
utilizadas de varias formas en la literatura inglesa: el estado, la voluntad,
el lenguaje, la naturaleza de la ciencia, la religión oficial, etc.
Otro filósofo inglés que
va a influir en todo el pensamiento occidental es John Locke. Educado en
Oxford, estudia medicina y filosofía. Quiere establecer una epistemología
empirista atacando la idea de una doctrina de las ideas innatas que se
encuentra implícita en Descartes. Se producirá así
otra diferencia cultural entre países del área occidental,
diferencia que influirá en la creación artística.
Para Locke, todas las ideas provienen de la experiencia. Las ideas o principios
innatos son resultado de: la falta de entendimiento sobre lo que existe
entre las personas y, de la gran variedad de perspectivas morales en la
historia de la raza humana. El conocimiento debe provenir de las sensaciones
y de la reflexión. Hay ideas simples como los colores; ideas que
provienen de dos o más sensaciones como, por ejemplo, los números
y las formas; otras ideas son producto de la reflexión, como la
noción de pensamiento; otras provienen de las sensaciones y de la
reflexión, como la existencia o el poder de las que tanto se habla
en la Literatura.
Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716)
nació en Leipzig, vivió un tiempo en París y llegó
a ser el presidente fundador de la Academia Prusiana de las Ciencias en
el año 1700. Fue un pluralista radical que dijo que todas las verdades
son necesarias. Distingue, sin embargo, entre verdades necesarias o de
la razón y verdades de hecho. Además, sigue viendo diferencias
entre los juicios analíticos y los sintéticos que formarán
un gradualismo en su cosmología que resulta bastante extravagante.
De todas formas, se puede decir que algunas de sus observaciones formaron
parte del subconsciente metafísico de la época, algo que
puede verse plasmado en Alexander Pope y su Essay on Man, 1733. Las ideas
de Leibniz sobre el universo material como un gran sistema de unicidades,
de uno consigo mismo o monadas, en donde el ser humano podía sentirse
feliz y en casa, invadió la Literatura de la época.
La doctrina monadológica se asoció
con la armonía preestablecida, esto es, con la cooperación
y coexistencia entre los humanos a través de la simpatía
y el amor. Esta filosofía, en su concepción última,
es claramente artística. Tanto es así que, parece claro,
que esta posición polifónica de Leibniz fue aprovechada por
compositores como Bach en sus fugas, Mozart en su Eine kleine Nachtmusik
o por Beethoven en sus cuarta, sexta, séptima y octava sinfonías.
George Berkeley fue un irlandés
que, en el año 1728, viaja a Estados Unidos para, algo más
tarde, recabar en Oxford. Su acercamiento filosófico es idealista:
la noción de una mente divina que garantiza la existencia objetiva
del mundo fue una idea generalizada en todo el siglo XIX por medio del
idealismo absoluto. Para él, ser es percibir, aunque no se pueda
entender lo que es la continuidad que deja a un acto de Dios que es El
que deberá salvaguardarla.
David Hume, nacido en Edimburgo, pasa
casi toda su vida en Francia. Intenta crear una psicología científica
desde el modelo empírico: las ideas son copias vívidas pero
menores de las impresiones o sensaciones. Todas las ideas simples provienen
de las impresiones. De aquí que, cuando nos buscamos a nosotros
en nuestro interior, sólo nos topemos con nuestras percepciones
y solamente con ellas. Por eso, los humanos nunca serán entidades
separadas de la percepción. Esto va a influir también en
modelos literarios empleados, sobre todo, en el siglo XVIII en Gran Bretaña,
en los que las costumbres suplantan a la razón, como se puede ver
en algunas novelas de, por ejemplo, Jane Austen.
La creación de la Enciclopedia
francesa en la mitad del siglo XVIII fue un motivo para que un numeroso
grupo de intelectuales, a la cabeza de los cuales se puso Denis Diderot
(1713-84) y más tarde Rousseau (1712-78) y Voltaire (1694-1778),
hablasen del pensamiento en libertad. Diderot fue un materialista que vio
al universo como materia en movimiento. Este universo se asienta en los
átomos de su estructura que, además, es sensitiva, asunto
que tiene relación con la idea de que el pensamiento es una propiedad
del cerebro. Además, señala que la soberanía se encuentra
en el pueblo y que hay que alejarse del antiguo régimen, asentando
principios utilizados, más tarde, por la Revolución Francesa.
Voltaire fue un crítico de la intolerancia
y de las instituciones caducas del ancien régime. Realizó
campañas para cambiar las leyes, la abolición de la tortura,
etc. ideas que inspiraron la Declaración de los Derechos del Hombre
en 1789, algo que va a influir en las concepciones literarias y el tratamiento
de muchos personajes a lo largo de la literatura europea del siglo XIX.
A Voltaire se le ha considerado el arquetipo del hombre literario de mediados
del siglo XVIII. Su Edipo, 1717, se encuentra modelado por la obra de Corneille
al que admiró profundamente. De todas formas, al ir progresando
en sus ideas, su modelo será Racine, al que elige como ejemplo de
perfección, pues Voltaire entendía la creación teatral
y sus tres reglas de la unidad del tiempo, lugar y acción; sus cinco
actos y, su texto en verso inmaculado y rítmico, como algo sacrosanto.
Rousseau idealizó a la Naturaleza,
algo que los románticos también hicieron influidos por su
obra, en parte para criticar a la propia sociedad. El hombre salvaje sabe
como vivir con sus necesidades y es espontáneo en sus expresiones
sobre sí mismo y los demás. Esto está en contra del
amor propio de la sociedad de su época. Es necesario que se progrese
en la sociedad moderna teniendo en cuenta la vida moral de los seres humanos.
Sus opiniones tienen una gran influencia de Leibniz, sobre todo, en cuanto
a su concepción de la Naturaleza, la obra de Dios que consideraba
perfecta y que contraponía con el mundo del hombre como constructor
de una sociedad urbana, el mundo de Versalles, que había nacido
corrupto y no natural.
Las ideas de los enciclopedistas influyeron,
no sólo en la Revolución Francesa, sino también a
lo largo del mundo occidental, en la Constitución de los Estados
Unidos y, en Alemania, con la creación, en el año 1737, de
la Universidad de Göttingen, como centro más importante de
la Ilustración alemana y, con la refundación de la Academia
de Berlín que realizó Federico el Grande en el año
1750.
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