- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
Publicar en Liceus
Literaturas extranjeras



 
 

 1.¿Por qué se puede hablar de Literaturas Extranjeras? 5/7

ISBN- 84-9714-002-8

 
 
 
5. El realismo y el existencialismo europeos.

Thesaurus: El animismo, la metafísica, Bergson, Jungmann, Collar, Celakovsky, Klicpera, Mickiewicz, Bakunin, Dostoevsky, Tolstoy, Gandhi, Dante, Petrarca, Boccaccio, Foscolo, Leopardi, Literatura nacional, Literatura secular, Pedro el Grande, Puskin, Gogol, el buen salvaje, Chateaubriand, Byron, Espronceda, Ganivet, García Lorca, W. Carlos Williams, D. H. Lawrence.
 

 Todas estas interpretaciones, idealistas en sumo grado, chocarán con los realistas y estudiosos de las ciencias humanas que, no creen en la actividad etérea de la subjetividad y, si, en la que resulta mecánica, cuantificable y determinada. Aquí deberíamos mencionar a Auguste Comte y al Positivismo.

También, podríamos hablar de la tradición empírica y materialista británica del siglo XIX en la que nombraríamos a J. S. Mill (1806-73). Mill señala que el utilitarismo, que afectará a toda la Literatura en inglés del siglo XIX y, aún, del XX, en Gran Bretaña y en las antiguas colonias, introduce la idea de que algunos placeres son cualitativamente superiores a otros, puesto que el placer no es igual siempre (algo que creía Bentham). Para él, el placer se relacionaba con el concepto de desarrollo personal, lo mismo que la libertad individual se relacionaba con la educación. Jeremy Bentham (1748-1832) formula el hedonismo del utilitarismo como una acción que es noble si maximiza los placeres y minimiza los dolores. Hace hincapié en la necesidad cuantitativa de la dicha individual y social, para lo cual se inclina por un utilitarismo puro. También en este punto podemos hablar de la mucha influencia que tuvo The Origen of Species  (1859) de Charles Darwin en toda la literatura realista y naturalista occidental. Su idea principal fue la de la habilidad para adaptarse al entorno natural, algo que podía aplicarse a los animales, pero también, al grupo social humano. 

Herbert Spencer (1820-1903) habla de la educación y de la obligación de defenderla ante el Estado. Señala que el conocimiento pertenece esencialmente al mundo fenomenológico por lo que, es necesario sentar los principios de la biología, psicología, sociología, etc. De todas maneras, detrás de lo conocido, se encuentra lo Absoluto y No-Conocido, por lo que, la religión se hace algo obligado, al menos para mostrarnos la sensación de misterio que yace en el corazón de la persona y de la misma religión. En este punto, se está hablando desde una posición agnóstica que dice de sensaciones y misterios pero no de sistemas y creencias. Surge así, el fatalismo evolucionista y el darvinismo social que fue rechazado por autores como Harriet Martineau y su Poor Laws and Paupers Illustrated  (1833) o Friedrich Engels, The Condition of the Working-Class in England   (1845). A mi modo de ver, Spencer será ya un precursor de muchas de las ideas modernistas y post-modernistas que se transfieren a través de la Literatura durante el siglo XX. 
Feuerbach (1804-72) fue el pionero de la teoría de la proyección que sirvió como utensilio para el análisis de la religión, la psicología individual y social del momento. Perteneció al grupo de los “hegelianos de izquierdas” de los que salió, entre otras personalidades, Marx. Feuerbach lleva la contraria a Hegel al decir que la materia no es, bajo ningún concepto, creación del Espíritu Absoluto, sino que por el contrario, el espíritu surge del mundo material. Y, por eso, si es necesario redefinir la humanidad y, esto ha de hacerse a través de una ética humanística. Karl Marx (1818-83) nació en Trieste aunque estuvo exiliado gran parte de su vida en Gran Bretaña. Su mayor influencia puede ser la que le vino de Hegel y de su concepción dialéctica de la historia, Además, asumió lo que él consideró logros de Feuerbach, como la idea de que la crítica de la religión es el comienzo de todas las críticas. El ingrediente nuevo que añadió a los dos autores alemanes fue el del análisis económico, lo que le hizo entender, desde la perspectiva dialéctica, al proceso histórico asentado en la interpretación materialista de la teoría económica. Esta idea y, las que pudieron surgir de comentarios sobre la obra de Marx y Engels a través de Lenin o, por ejemplo, la revolución de Mao, han influido en toda la literatura social del siglo XX, tanto en la concepción de los personajes principales, como en el desarrollo del argumento, sobre todo en el teatro y la novela contemporánea. Para el marxismo, el novelista debería ser capaz de vislumbrar y ordenar el mundo externo. Debería formar parte de ese contexto, comprometerse con él y, ayudar a construirlo pero, no fuera de sus apariencias, sino sumergido en su consciente e inconsciente y así poder mostrarlo al público lector.

El novelista debe ser realista y, a lo mejor, como segunda etapa, simbólico. Novelistas del siglo XIX tan característicos como Dickens o Balzac son observadores y participantes de/en su mundo. Son capaces de transformarlo a través de su praxis literaria. Por ello, sentimos al autor y a sus caracteres en evolución  bajo el proceso de creación  que, nos deja ver los contrastes entre el mundo observado artísticamente y el real. Surge así una interpenetración entre el mundo imaginario y el real que plasman de manera tan exquisita y, en este punto, no nos queda más remedio que ser universalistas, autores como Zola, Giovanni Verga, Benito Pérez Galdós, Thomas Hardy, Mrs Gaskell, Vicente Blasco Ibáñez, Emilia Pardo Bazán, Pereda, Kipling, Pushkin  y otros.
Se podría hablar de una segunda respuesta a la filosofía de Hegel a través de las obras, muy influyentes también en la Literatura, de Schopenhauer (1788-1860) y de Kierkegaard (1813-1855). Estos estudiosos ven el mundo como una representación en el que las cosas, por si mismas, no dan lugar a los fenómenos. El mundo que yace detrás de los fenómenos es el de la Voluntad o Energía, algo que también tiene un matiz exótico y ciertas semejanzas con la filosofía budista y la doctrina Vijñanavadin. Para Schopenhauer, el entendimiento está subordinado a la voluntad; la consciencia está en la superficie de nuestra mente, por lo que se puede señalar (y él lo hace anticipándose a Freud) que la voluntad puede detener ideas y cosas que desean llegar a la superficie de nuestra mente, esto es, al mundo consciente. Además, cree que muchas de las decisiones que tomamos pueden tener un aspecto irracional, algo que inspira a un tipo de Literatura que podemos considerar muy psicológica, gótica, novelada a la manera del romance sentimental y lleno de energías no controladas, de la llamada Literatura, teatro sobre todo, del absurdo o de la crueldad. 

Kierkegard tiene su propia dialéctica aunque no sea, como la de Hegel, de síntesis. Para él, hay estadios en la vida que deben ser transcendidos. El primer estadio es el estético y el poético. El segundo es el ético que se debe llenar de heroísmo y buscar la perfección. El héroe trágico se sacrifica por lo universal: esto puede verse cuando la persona religiosa se planta sólo ante el Absoluto. Aquí, la verdad es la subjetividad; la fe, por ejemplo, es una objetividad incierta. La persona que guía su propio carro y lo dirige bien, existe. Este tipo de existencia subjetiva es la que recogen los existencialistas a lo largo de todo el siglo XX, momento en el que se descubre realmente a Kierkegard. Filosóficamente continúa la tradición danesa que pone su énfasis en la personalidad individual. Como verdadero existencialista rechaza la filosofía hegeliana y la mediación entre las contradicciones de la existencia. La elección de las posibilidades de vivir debe pertenecer a cada ser, puesto que, ello concierne a la forma de la existencia individual y aquí, ningún sistema científico o filosófico tiene nada que decir. En El punto de vista de mi trabajo como autor (1859) admite que, para él, no hay un punto medio que sea feliz.

Friedrich Nietzsche (1844-1900) fue un intelectual en las universidades de Bonn, Leipzig y Basilea, en donde fue nombrado catedrático de filosofía aún antes de acabar su tesis doctoral. Su voluntad de poder y su rechazo de la idea de trascendencia y de otro mundo se introdujo en mucha de la Literatura del siglo XX. La noción de la muerte de Dios es un claro ejemplo. En la novela de Ivan Turgenev, Padres e hijos   (1862), el personaje que lleva el nombre de Pavel Kirsanov dice, “antes eran hegelianos ahora son nihilistas”. El personaje cree en los principios que se sustentan en la fe y ataca, por ello, a los que piensan que todo debe ser criticado. Hegel ha propuesto el idealismo en el contexto alemán y algo lo está cambiando hacia un nihilismo que va a empapar toda la Literatura europea. Nietzsche  va a marcar la tendencia europea hacia el irracionalismo. En estos momentos, Europa es pensada como un lugar civilizado que tiende a lo racional y lo científico, a pesar de ciertas lagunas de las que surge, por ejemplo, el romanticismo. Pero, algo se ha introducido en este estadio del sentimiento controlado, quizás la idea de la muerte como algo accidental y sin sentido, como señalarán Bazarov o Turgenev. Los finales con muerte en las novelas aparecen como débiles psicológica y simbólicamente. Esta idea de debilidad se introducirá en la de la vida, el amor, la amistad, la familia, la sociedad desapareciendo los significados y llevando al artista al no-sentido poético. El delirio aparece en la Literatura, ha invadido la mente del autor y, el mundo de lo irracional surge con una gran claridad. 

Lo irracional en la Literatura posee unas connotaciones especiales que podemos nombrar. La principal de ellas es que todo lo humano deja de tener significación: el amor, por ejemplo, se convierte en compulsión o impulso sensual con un futuro sin sentido. Literariamente, la mujer es incapaz de amar pese a su gran inteligencia. Encuentra en su corazón el vacío o el miedo de la angustia. La imagen de la existencia humana aparece como precaria, suspendida sobre un abismo del que forma parte la comprensión racional y el comportamiento de una civilización que se esconde. Schopenhauer, con su idea del ser humano flotando en el océano del ser; Kierkegaard, con el sentido de yacer sobre 70.000 fantasmas de agua y, algo más tarde, con la noción de Joseph Conrad sobre el corazón de la oscuridad y las ideas de T. S. Eliot que poetiza en los Four Quartets, hacen que se aprecie esta tendencia hacia la irracionalidad en toda Europa.
Palabras clave cuarta parte: 
Quinta parte: El escrutinio del interior de los personajes.
Thesaurus:La cultura del siglo XIX en Francia dibuja al individuo como un ser basado en el escrutinio de su propio interior. La consciencia continua de una voluntad activa en contra de la resistencia a esta voluntad, hizo posible hablar de un yo global y no fragmentado. Podemos señalar a Auguste Comte (1798-1857), estudiante en París, y a su teoría de los estadios del desarrollo del ser humano; a su etapa teológica con el animismo o fetichismo, el politeísmo y el teísmo o monoteísmo; a su metafísica, en la que los dioses o Dios es transformado en abstracciones y, a su etapa positiva, que es cuando, una vez que la persona deja de buscar lo real, trata de confinarse en los fenómenos y a las leyes descriptivas que lo inhabilitan para poder predecir el futuro. Esto todo dentro de una sociedad científica e industrial que tanto se refleja en la narrativa europea del siglo XIX. 
Henri Bergson (1859-1941) se educó también en París llegando a ser profesor de la Ecole Normale y del College de France. En 1928 le concedieron el Premio Nobel de Literatura. Sus teorías difieren del empirismo británico cuando señala que la consciencia tiene algo de continuo y no es una serie de impresiones breves. Además, el tiempo es algo dinámico y no una serie de acontecimientos discretos. De aquí que, un modelo determinista de la mente, tan empleado por los narradores británicos del siglo XIX, es inapropiado, puesto que somos conscientes de manera inmediata e intuitiva de nuestra libertad en el devenir de los acontecimientos y decisiones. Surge así el élan vital  o impulso vital que moverá a muchos literatos del siglo XX.

Bastante abandonada por la parte más occidental de Europa se encuentra la Literatura checa, polaca y rusa, por señalar tres grandes ejemplos. El nacionalismo checo resurge en el año 1806 con la publicación de la primera revista en checo con aspiraciones literarias. Se llamó Hlasatel cesky  y a través de ella se da a conocer el inspirador de este nuevo período, Josef Jungmann (1773-1847). Estudia filosofía y derecho en la Universidad de Praga. Su función como intelectual fue la de hacer de mediador entre una ilustración cosmopolita y un nacionalismo romántico. Clama por una cultura madura, no sólo en su espíritu sino también en su lengua, pues ve al idioma como espejo e intérprete del alma de la nación. A este autor podríamos añadirle, dentro de su propia cultura, a otros como Jan Kollár (1793-1852), Frantisek Ladislav Celakovsky (1799-1852) o Václav Kliment Klicpera (1792-1859). 

La literatura polaca romántica es mesiánica. Se busca el significado de la poca fortuna nacional y cómo encontrar el destino histórico como nación. La cultura polaca se opuso al sentido demoníaco mercantilista occidental, apostando por el mundo rural y todos sus valores. Un ejemplo es la obra de Mickiewicz escrita en prosa bíblica y titulada El libro de la nación polaca y del peregrinaje polaco  (1832). El anarquismo de Mikhail Aleksandrovich Bakunin (1814-1876) influyó en España durante la Guerra Civil; la obra de Fyodor Mikhailovich Dostoevsky (1828-1881) con su visión del mundo occidental tan materialista y su compromiso con la libertad; Leo Tolstoy (1828-1910) con su inclinación al pacifismo, influyó hasta en Mahatma Gandhi, y su rechazo de la idea de patrones y determinismos en el proceso histórico, - asunto que él entiende como un conjunto de acontecimientos, sentimientos y procesos individuales, -nos conducen, desde Rusia, a una noción general de libertad personal que influye en la literatura del siglo XX. Por otro lado, el marxismo entra claramente en la Literatura europea en general, así como la síntesis que se va a producir entre la tradición rusa filosófica y el idealismo absoluto occidental.

Escribir en italiano significó, hasta hace bastante poco, hacerlo en una forma refinada de dialecto que va adquiriendo gran prestigio a través de las obras de Dante, Petrarca y Boccaccio. Las rivalidades regionales y el parroquianismo estaban extendidos por toda la península. Todas las clases sociales, incluida la alta, rechazaban la idea nacional. El artista no podía vivir de su pluma, lo demuestran la vida de, por ejemplo, Foscolo  y Leopardi en el siglo XVIII y XIX. Foscolo (1778-1827) utiliza a la metáfora para buscar la verdad en el mundo clásico y en las imágenes que de él surgen. Desea lograr la fusión de la metáfora y la mente racional de los padres de la civilización occidental. Es la idea de la ilustración que mezcla lo ideal y lo real para producir la tensión que se celebra en mucha de la Literatura europea del siglo XVIII.

El período romántico nos va a traer un dinamismo y una tensión que logra momentos de gran contradicción pero, entendida como mágica, lo que hace brotar la noción dialéctica de que imaginación y la razón deben chocar y avanzar con su roce. Foscolo introduce la idea de la experiencia histórica en relación con el estilo poético. Para ello, desarrolla también la imaginería clásica en distintas formas poéticas, sobre todo, en odas y sonetos. Su estilo se encuentra determinado por un acto de voluntad y puede ser modificado en el uso que se haga de la imaginería neoclásica que, este poeta, utiliza de una forma arbitraria. Ejemplo es una oda escrita en 1800 que se tituló A Luiga Pallavicino caída del caballo y, en la que, no nombra a Luigia Pallavicini, joven convaleciente de una caída del caballo, sino a Venus y a toda su corte y parafernalia de altares, cascos y musas. El Canto de Leopardi nos reconcilia con la poesía, pero también con la filosofía a través de su obra Opereta moral  (1824-1826), diálogos filosóficos. Para él, la poesía lírica es la expresión de un sentimiento necesariamente breve y fragmentado, lo que hace que sea casi imposible concretarlo en una estructura poética determinada. El mundo objetivo ha desaparecido para nuestro poeta y sólo lo subjetivo permanece.

Durante todo el siglo XVIII y XIX se puede decir que la novela es el género literario europeo en donde se refleja más el extrañamiento cultural que se produce entre los diferentes tipos y asuntos que trata el género narrativo. Como ejemplo, podemos referirnos a tres ejemplos: la novela inglesa, francesa y la rusa. La novela inglesa y francesa surgen en su esplendor a partir de la mitad del siglo XVIII en Inglaterra y Francia. En estos momentos, lo que parece envolver a estas sociedades es una esfera de individualismos, tanto en la economía como en la política y la cultura. Las formas literarias principales que, posiblemente tengan que ver con los antiguos romances, son la autobiografía y la biografía y, sobre todo, las historias de aventuras y grandes sentimientos contadas en primera persona del singular.

El interés del argumento se centra en la idea del hombre y mujer reconocibles en la realidad que no se glorifica o mitologiza. La realidad surge como algo normal, natural, secular y opuesta a la que es entendida como excepcional o sobrenatural. Con la novela se comienzan a establecer opuestos entre lo histórico y lo legendario; lo mítico y lo histórico; lo fantástico y el mundo real del hombre y de la mujer. Este tipo de realismo exige un estilo exhaustivo en su descripción más que uno de concentración simbólica. Si el novelista francés o inglés se inclina por un estilo rebuscado será acusado de poco auténtico. Pero, este realismo no será sólo aplicable al contexto más inmediato, sino que va a requerir varios ingredientes: la habilidad racional del personaje para establecer una correcta relación con el contexto; la percepción sobre este contexto en términos de su propia vida, esto es, necesidades personales, aspiraciones y sentimientos; la consciencia de que la existencia humana se ha convertido más en un llegar a ser que en un ser. Se comienza a adentrar al personaje en el mundo psicológico tan lleno de connotaciones culturales propias, por ejemplo, de Inglaterra y producto de una filosofía británica que ve la individualidad de una manera única. 

En mitad del siglo XIX va a sobresalir el experimento en la novela rusa a través de ejemplos como Los hermanos Karamazov  (1879--80). La novela surge en el último tercio del siglo XVIII como un objeto estético y de ataque moral y apologético. La prosa dieciochesca rusa es fuente de estudios históricos y textuales. El sentido histórico de Rusia, cuya atención se concentra en Pedro el Grande, en sus reformas y cambios radicales que se separa de una Rusia moscovita, es fuente principal de inspiración para la poesía y la prosa rusas. Se tratará de crear una Literatura nacional en un país al que le falta la tradición de una Literatura secular. De aquí que, el estatus y prestigio de la Literatura secular debe ser elevado, lo mismo que el del hombre de letras. Para lograrlo, hay que crear un lenguaje literario que deberá pasar de los monasterios al mundo de los artistas. Puskin, Gogol, Dostoyevsky, deben hacer el trabajo de levantar y elevar una Literatura en prosa que no se va a hacer psicológica, sino histórica, urbana, política y reflejo de la vida en la ciudad, es decir, bastante diferente a las corrientes que van a seguir la literatura inglesa o francesa antes mencionada.

Reconocidas las diferencias substanciales de dos tipos de narrativas, inglesa y rusa, por ejemplo, que ven la luz en un mismo período de tiempo, también podemos señalar que han existido temas que se han manifestado en distintas zonas geográficas y culturales de una forma bastante similar. Un ejemplo es la idea del buen salvaje  que aparece en las Literaturas europeas. En principio el tema del buen salvaje surge en las literaturas inglesa y francesa como una preocupación que no posee, por ejemplo, Alemania, alejada, en principio, del Nuevo Mundo. España y Portugal si estuvieron interesados en tal tema, debido a sus colonias americanas y a la utilización de sus habitantes para el trabajo, casi siempre poco libre y romántico. De todas formas, sólo en La Araucana  aparece la idea del buen salvaje de una manera bastante pura.

Chateaubriand o Byron, inspiraron algunas obras sobre el mismo tema en el período romántico. De todas formas, en El diablo mundo  de José Espronceda (1808-1842) se hace una alusión al niño aunque proviene de la naturaleza más que al noble salvaje. El héroe es una especie de figura fáustica que recobra la juventud, la inocencia y la bondad y que se aventura en un mundo de corrupción y maldad. Angel Gavinet (1865-1898) escribió La conquista del reino de Maya  (1897) en la que se critica la explotación de África que hacen las naciones europeas. La idea del buen salvaje aparece más en Inglaterra y en Francia debido a su implicación imperialista. El personaje va a significar simbólicamente, no sólo la nostalgia por el retorno a los orígenes, sino la pregunta sobre la supuesta superioridad europea sobre los llamados pueblos primitivos. Quizás, la idea nos conduzca a algunas corrientes ideológicas que, ya en el siglo XX, nos llevan al anarquismo utópico y a obras como Poeta en Nueva York de García Lorca; a la colección de ensayos del poeta William Carlos Williams titulada In the American Grain  (1925) o en The Plumed Serpent  (1926) de D. H. Lawrence.