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El realismo y el existencialismo europeos.
Thesaurus:
El animismo, la metafísica, Bergson, Jungmann, Collar, Celakovsky,
Klicpera, Mickiewicz, Bakunin, Dostoevsky, Tolstoy, Gandhi, Dante, Petrarca,
Boccaccio, Foscolo, Leopardi, Literatura nacional, Literatura secular,
Pedro el Grande, Puskin, Gogol, el buen salvaje, Chateaubriand, Byron,
Espronceda, Ganivet, García Lorca, W. Carlos Williams, D. H. Lawrence.
Todas estas interpretaciones, idealistas
en sumo grado, chocarán con los realistas y estudiosos de las ciencias
humanas que, no creen en la actividad etérea de la subjetividad
y, si, en la que resulta mecánica, cuantificable y determinada.
Aquí deberíamos mencionar a Auguste Comte y al Positivismo.
También, podríamos hablar
de la tradición empírica y materialista británica
del siglo XIX en la que nombraríamos a J. S. Mill (1806-73). Mill
señala que el utilitarismo, que afectará a toda la Literatura
en inglés del siglo XIX y, aún, del XX, en Gran Bretaña
y en las antiguas colonias, introduce la idea de que algunos placeres son
cualitativamente superiores a otros, puesto que el placer no es igual siempre
(algo que creía Bentham). Para él, el placer se relacionaba
con el concepto de desarrollo personal, lo mismo que la libertad individual
se relacionaba con la educación. Jeremy Bentham (1748-1832) formula
el hedonismo del utilitarismo como una acción que es noble si maximiza
los placeres y minimiza los dolores. Hace hincapié en la necesidad
cuantitativa de la dicha individual y social, para lo cual se inclina por
un utilitarismo puro. También en este punto podemos hablar de la
mucha influencia que tuvo The Origen of Species (1859) de Charles
Darwin en toda la literatura realista y naturalista occidental. Su idea
principal fue la de la habilidad para adaptarse al entorno natural, algo
que podía aplicarse a los animales, pero también, al grupo
social humano.
Herbert Spencer (1820-1903) habla de la
educación y de la obligación de defenderla ante el Estado.
Señala que el conocimiento pertenece esencialmente al mundo fenomenológico
por lo que, es necesario sentar los principios de la biología, psicología,
sociología, etc. De todas maneras, detrás de lo conocido,
se encuentra lo Absoluto y No-Conocido, por lo que, la religión
se hace algo obligado, al menos para mostrarnos la sensación de
misterio que yace en el corazón de la persona y de la misma religión.
En este punto, se está hablando desde una posición agnóstica
que dice de sensaciones y misterios pero no de sistemas y creencias. Surge
así, el fatalismo evolucionista y el darvinismo social que fue rechazado
por autores como Harriet Martineau y su Poor Laws and Paupers Illustrated
(1833) o Friedrich Engels, The Condition of the Working-Class in England
(1845). A mi modo de ver, Spencer será ya un precursor de muchas
de las ideas modernistas y post-modernistas que se transfieren a través
de la Literatura durante el siglo XX.
Feuerbach (1804-72) fue el pionero de
la teoría de la proyección que sirvió como utensilio
para el análisis de la religión, la psicología individual
y social del momento. Perteneció al grupo de los “hegelianos de
izquierdas” de los que salió, entre otras personalidades, Marx.
Feuerbach lleva la contraria a Hegel al decir que la materia no es, bajo
ningún concepto, creación del Espíritu Absoluto, sino
que por el contrario, el espíritu surge del mundo material. Y, por
eso, si es necesario redefinir la humanidad y, esto ha de hacerse a través
de una ética humanística. Karl Marx (1818-83) nació
en Trieste aunque estuvo exiliado gran parte de su vida en Gran Bretaña.
Su mayor influencia puede ser la que le vino de Hegel y de su concepción
dialéctica de la historia, Además, asumió lo que él
consideró logros de Feuerbach, como la idea de que la crítica
de la religión es el comienzo de todas las críticas. El ingrediente
nuevo que añadió a los dos autores alemanes fue el del análisis
económico, lo que le hizo entender, desde la perspectiva dialéctica,
al proceso histórico asentado en la interpretación materialista
de la teoría económica. Esta idea y, las que pudieron surgir
de comentarios sobre la obra de Marx y Engels a través de Lenin
o, por ejemplo, la revolución de Mao, han influido en toda la literatura
social del siglo XX, tanto en la concepción de los personajes principales,
como en el desarrollo del argumento, sobre todo en el teatro y la novela
contemporánea. Para el marxismo, el novelista debería ser
capaz de vislumbrar y ordenar el mundo externo. Debería formar parte
de ese contexto, comprometerse con él y, ayudar a construirlo pero,
no fuera de sus apariencias, sino sumergido en su consciente e inconsciente
y así poder mostrarlo al público lector.
El novelista debe ser realista y, a lo
mejor, como segunda etapa, simbólico. Novelistas del siglo XIX tan
característicos como Dickens o Balzac son observadores y participantes
de/en su mundo. Son capaces de transformarlo a través de su praxis
literaria. Por ello, sentimos al autor y a sus caracteres en evolución
bajo el proceso de creación que, nos deja ver los contrastes
entre el mundo observado artísticamente y el real. Surge así
una interpenetración entre el mundo imaginario y el real que plasman
de manera tan exquisita y, en este punto, no nos queda más remedio
que ser universalistas, autores como Zola, Giovanni Verga, Benito Pérez
Galdós, Thomas Hardy, Mrs Gaskell, Vicente Blasco Ibáñez,
Emilia Pardo Bazán, Pereda, Kipling, Pushkin y otros.
Se podría hablar de una segunda
respuesta a la filosofía de Hegel a través de las obras,
muy influyentes también en la Literatura, de Schopenhauer (1788-1860)
y de Kierkegaard (1813-1855). Estos estudiosos ven el mundo como una representación
en el que las cosas, por si mismas, no dan lugar a los fenómenos.
El mundo que yace detrás de los fenómenos es el de la Voluntad
o Energía, algo que también tiene un matiz exótico
y ciertas semejanzas con la filosofía budista y la doctrina Vijñanavadin.
Para Schopenhauer, el entendimiento está subordinado a la voluntad;
la consciencia está en la superficie de nuestra mente, por lo que
se puede señalar (y él lo hace anticipándose a Freud)
que la voluntad puede detener ideas y cosas que desean llegar a la superficie
de nuestra mente, esto es, al mundo consciente. Además, cree que
muchas de las decisiones que tomamos pueden tener un aspecto irracional,
algo que inspira a un tipo de Literatura que podemos considerar muy psicológica,
gótica, novelada a la manera del romance sentimental y lleno de
energías no controladas, de la llamada Literatura, teatro sobre
todo, del absurdo o de la crueldad.
Kierkegard tiene su propia dialéctica
aunque no sea, como la de Hegel, de síntesis. Para él, hay
estadios en la vida que deben ser transcendidos. El primer estadio es el
estético y el poético. El segundo es el ético que
se debe llenar de heroísmo y buscar la perfección. El héroe
trágico se sacrifica por lo universal: esto puede verse cuando la
persona religiosa se planta sólo ante el Absoluto. Aquí,
la verdad es la subjetividad; la fe, por ejemplo, es una objetividad incierta.
La persona que guía su propio carro y lo dirige bien, existe. Este
tipo de existencia subjetiva es la que recogen los existencialistas a lo
largo de todo el siglo XX, momento en el que se descubre realmente a Kierkegard.
Filosóficamente continúa la tradición danesa que pone
su énfasis en la personalidad individual. Como verdadero existencialista
rechaza la filosofía hegeliana y la mediación entre las contradicciones
de la existencia. La elección de las posibilidades de vivir debe
pertenecer a cada ser, puesto que, ello concierne a la forma de la existencia
individual y aquí, ningún sistema científico o filosófico
tiene nada que decir. En El punto de vista de mi trabajo como autor (1859)
admite que, para él, no hay un punto medio que sea feliz.
Friedrich Nietzsche (1844-1900) fue un
intelectual en las universidades de Bonn, Leipzig y Basilea, en donde fue
nombrado catedrático de filosofía aún antes de acabar
su tesis doctoral. Su voluntad de poder y su rechazo de la idea de trascendencia
y de otro mundo se introdujo en mucha de la Literatura del siglo XX. La
noción de la muerte de Dios es un claro ejemplo. En la novela de
Ivan Turgenev, Padres e hijos (1862), el personaje que lleva
el nombre de Pavel Kirsanov dice, “antes eran hegelianos ahora son nihilistas”.
El personaje cree en los principios que se sustentan en la fe y ataca,
por ello, a los que piensan que todo debe ser criticado. Hegel ha propuesto
el idealismo en el contexto alemán y algo lo está cambiando
hacia un nihilismo que va a empapar toda la Literatura europea. Nietzsche
va a marcar la tendencia europea hacia el irracionalismo. En estos momentos,
Europa es pensada como un lugar civilizado que tiende a lo racional y lo
científico, a pesar de ciertas lagunas de las que surge, por ejemplo,
el romanticismo. Pero, algo se ha introducido en este estadio del sentimiento
controlado, quizás la idea de la muerte como algo accidental y sin
sentido, como señalarán Bazarov o Turgenev. Los finales con
muerte en las novelas aparecen como débiles psicológica y
simbólicamente. Esta idea de debilidad se introducirá en
la de la vida, el amor, la amistad, la familia, la sociedad desapareciendo
los significados y llevando al artista al no-sentido poético. El
delirio aparece en la Literatura, ha invadido la mente del autor y, el
mundo de lo irracional surge con una gran claridad.
Lo irracional en la Literatura posee unas
connotaciones especiales que podemos nombrar. La principal de ellas es
que todo lo humano deja de tener significación: el amor, por ejemplo,
se convierte en compulsión o impulso sensual con un futuro sin sentido.
Literariamente, la mujer es incapaz de amar pese a su gran inteligencia.
Encuentra en su corazón el vacío o el miedo de la angustia.
La imagen de la existencia humana aparece como precaria, suspendida sobre
un abismo del que forma parte la comprensión racional y el comportamiento
de una civilización que se esconde. Schopenhauer, con su idea del
ser humano flotando en el océano del ser; Kierkegaard, con el sentido
de yacer sobre 70.000 fantasmas de agua y, algo más tarde, con la
noción de Joseph Conrad sobre el corazón de la oscuridad
y las ideas de T. S. Eliot que poetiza en los Four Quartets, hacen que
se aprecie esta tendencia hacia la irracionalidad en toda Europa.
Palabras clave cuarta parte:
Quinta parte: El escrutinio del interior
de los personajes.
Thesaurus:La cultura del siglo XIX en
Francia dibuja al individuo como un ser basado en el escrutinio de su propio
interior. La consciencia continua de una voluntad activa en contra de la
resistencia a esta voluntad, hizo posible hablar de un yo global y no fragmentado.
Podemos señalar a Auguste Comte (1798-1857), estudiante en París,
y a su teoría de los estadios del desarrollo del ser humano; a su
etapa teológica con el animismo o fetichismo, el politeísmo
y el teísmo o monoteísmo; a su metafísica, en la que
los dioses o Dios es transformado en abstracciones y, a su etapa positiva,
que es cuando, una vez que la persona deja de buscar lo real, trata de
confinarse en los fenómenos y a las leyes descriptivas que lo inhabilitan
para poder predecir el futuro. Esto todo dentro de una sociedad científica
e industrial que tanto se refleja en la narrativa europea del siglo XIX.
Henri Bergson (1859-1941) se educó
también en París llegando a ser profesor de la Ecole Normale
y del College de France. En 1928 le concedieron el Premio Nobel de Literatura.
Sus teorías difieren del empirismo británico cuando señala
que la consciencia tiene algo de continuo y no es una serie de impresiones
breves. Además, el tiempo es algo dinámico y no una serie
de acontecimientos discretos. De aquí que, un modelo determinista
de la mente, tan empleado por los narradores británicos del siglo
XIX, es inapropiado, puesto que somos conscientes de manera inmediata e
intuitiva de nuestra libertad en el devenir de los acontecimientos y decisiones.
Surge así el élan vital o impulso vital que moverá
a muchos literatos del siglo XX.
Bastante abandonada por la parte más
occidental de Europa se encuentra la Literatura checa, polaca y rusa, por
señalar tres grandes ejemplos. El nacionalismo checo resurge en
el año 1806 con la publicación de la primera revista en checo
con aspiraciones literarias. Se llamó Hlasatel cesky y a través
de ella se da a conocer el inspirador de este nuevo período, Josef
Jungmann (1773-1847). Estudia filosofía y derecho en la Universidad
de Praga. Su función como intelectual fue la de hacer de mediador
entre una ilustración cosmopolita y un nacionalismo romántico.
Clama por una cultura madura, no sólo en su espíritu sino
también en su lengua, pues ve al idioma como espejo e intérprete
del alma de la nación. A este autor podríamos añadirle,
dentro de su propia cultura, a otros como Jan Kollár (1793-1852),
Frantisek Ladislav Celakovsky (1799-1852) o Václav Kliment Klicpera
(1792-1859).
La literatura polaca romántica
es mesiánica. Se busca el significado de la poca fortuna nacional
y cómo encontrar el destino histórico como nación.
La cultura polaca se opuso al sentido demoníaco mercantilista occidental,
apostando por el mundo rural y todos sus valores. Un ejemplo es la obra
de Mickiewicz escrita en prosa bíblica y titulada El libro de la
nación polaca y del peregrinaje polaco (1832). El anarquismo
de Mikhail Aleksandrovich Bakunin (1814-1876) influyó en España
durante la Guerra Civil; la obra de Fyodor Mikhailovich Dostoevsky (1828-1881)
con su visión del mundo occidental tan materialista y su compromiso
con la libertad; Leo Tolstoy (1828-1910) con su inclinación al pacifismo,
influyó hasta en Mahatma Gandhi, y su rechazo de la idea de patrones
y determinismos en el proceso histórico, - asunto que él
entiende como un conjunto de acontecimientos, sentimientos y procesos individuales,
-nos conducen, desde Rusia, a una noción general de libertad personal
que influye en la literatura del siglo XX. Por otro lado, el marxismo entra
claramente en la Literatura europea en general, así como la síntesis
que se va a producir entre la tradición rusa filosófica y
el idealismo absoluto occidental.
Escribir en italiano significó,
hasta hace bastante poco, hacerlo en una forma refinada de dialecto que
va adquiriendo gran prestigio a través de las obras de Dante, Petrarca
y Boccaccio. Las rivalidades regionales y el parroquianismo estaban extendidos
por toda la península. Todas las clases sociales, incluida la alta,
rechazaban la idea nacional. El artista no podía vivir de su pluma,
lo demuestran la vida de, por ejemplo, Foscolo y Leopardi en el siglo
XVIII y XIX. Foscolo (1778-1827) utiliza a la metáfora para buscar
la verdad en el mundo clásico y en las imágenes que de él
surgen. Desea lograr la fusión de la metáfora y la mente
racional de los padres de la civilización occidental. Es la idea
de la ilustración que mezcla lo ideal y lo real para producir la
tensión que se celebra en mucha de la Literatura europea del siglo
XVIII.
El período romántico nos
va a traer un dinamismo y una tensión que logra momentos de gran
contradicción pero, entendida como mágica, lo que hace brotar
la noción dialéctica de que imaginación y la razón
deben chocar y avanzar con su roce. Foscolo introduce la idea de la experiencia
histórica en relación con el estilo poético. Para
ello, desarrolla también la imaginería clásica en
distintas formas poéticas, sobre todo, en odas y sonetos. Su estilo
se encuentra determinado por un acto de voluntad y puede ser modificado
en el uso que se haga de la imaginería neoclásica que, este
poeta, utiliza de una forma arbitraria. Ejemplo es una oda escrita en 1800
que se tituló A Luiga Pallavicino caída del caballo y, en
la que, no nombra a Luigia Pallavicini, joven convaleciente de una caída
del caballo, sino a Venus y a toda su corte y parafernalia de altares,
cascos y musas. El Canto de Leopardi nos reconcilia con la poesía,
pero también con la filosofía a través de su obra
Opereta moral (1824-1826), diálogos filosóficos. Para
él, la poesía lírica es la expresión de un
sentimiento necesariamente breve y fragmentado, lo que hace que sea casi
imposible concretarlo en una estructura poética determinada. El
mundo objetivo ha desaparecido para nuestro poeta y sólo lo subjetivo
permanece.
Durante todo el siglo XVIII y XIX se puede
decir que la novela es el género literario europeo en donde se refleja
más el extrañamiento cultural que se produce entre los diferentes
tipos y asuntos que trata el género narrativo. Como ejemplo, podemos
referirnos a tres ejemplos: la novela inglesa, francesa y la rusa. La novela
inglesa y francesa surgen en su esplendor a partir de la mitad del siglo
XVIII en Inglaterra y Francia. En estos momentos, lo que parece envolver
a estas sociedades es una esfera de individualismos, tanto en la economía
como en la política y la cultura. Las formas literarias principales
que, posiblemente tengan que ver con los antiguos romances, son la autobiografía
y la biografía y, sobre todo, las historias de aventuras y grandes
sentimientos contadas en primera persona del singular.
El interés del argumento se centra
en la idea del hombre y mujer reconocibles en la realidad que no se glorifica
o mitologiza. La realidad surge como algo normal, natural, secular y opuesta
a la que es entendida como excepcional o sobrenatural. Con la novela se
comienzan a establecer opuestos entre lo histórico y lo legendario;
lo mítico y lo histórico; lo fantástico y el mundo
real del hombre y de la mujer. Este tipo de realismo exige un estilo exhaustivo
en su descripción más que uno de concentración simbólica.
Si el novelista francés o inglés se inclina por un estilo
rebuscado será acusado de poco auténtico. Pero, este realismo
no será sólo aplicable al contexto más inmediato,
sino que va a requerir varios ingredientes: la habilidad racional del personaje
para establecer una correcta relación con el contexto; la percepción
sobre este contexto en términos de su propia vida, esto es, necesidades
personales, aspiraciones y sentimientos; la consciencia de que la existencia
humana se ha convertido más en un llegar a ser que en un ser. Se
comienza a adentrar al personaje en el mundo psicológico tan lleno
de connotaciones culturales propias, por ejemplo, de Inglaterra y producto
de una filosofía británica que ve la individualidad de una
manera única.
En mitad del siglo XIX va a sobresalir
el experimento en la novela rusa a través de ejemplos como Los hermanos
Karamazov (1879--80). La novela surge en el último tercio
del siglo XVIII como un objeto estético y de ataque moral y apologético.
La prosa dieciochesca rusa es fuente de estudios históricos y textuales.
El sentido histórico de Rusia, cuya atención se concentra
en Pedro el Grande, en sus reformas y cambios radicales que se separa de
una Rusia moscovita, es fuente principal de inspiración para la
poesía y la prosa rusas. Se tratará de crear una Literatura
nacional en un país al que le falta la tradición de una Literatura
secular. De aquí que, el estatus y prestigio de la Literatura secular
debe ser elevado, lo mismo que el del hombre de letras. Para lograrlo,
hay que crear un lenguaje literario que deberá pasar de los monasterios
al mundo de los artistas. Puskin, Gogol, Dostoyevsky, deben hacer el trabajo
de levantar y elevar una Literatura en prosa que no se va a hacer psicológica,
sino histórica, urbana, política y reflejo de la vida en
la ciudad, es decir, bastante diferente a las corrientes que van a seguir
la literatura inglesa o francesa antes mencionada.
Reconocidas las diferencias substanciales
de dos tipos de narrativas, inglesa y rusa, por ejemplo, que ven la luz
en un mismo período de tiempo, también podemos señalar
que han existido temas que se han manifestado en distintas zonas geográficas
y culturales de una forma bastante similar. Un ejemplo es la idea del buen
salvaje que aparece en las Literaturas europeas. En principio el
tema del buen salvaje surge en las literaturas inglesa y francesa como
una preocupación que no posee, por ejemplo, Alemania, alejada, en
principio, del Nuevo Mundo. España y Portugal si estuvieron interesados
en tal tema, debido a sus colonias americanas y a la utilización
de sus habitantes para el trabajo, casi siempre poco libre y romántico.
De todas formas, sólo en La Araucana aparece la idea del buen
salvaje de una manera bastante pura.
Chateaubriand o Byron, inspiraron algunas
obras sobre el mismo tema en el período romántico. De todas
formas, en El diablo mundo de José Espronceda (1808-1842)
se hace una alusión al niño aunque proviene de la naturaleza
más que al noble salvaje. El héroe es una especie de figura
fáustica que recobra la juventud, la inocencia y la bondad y que
se aventura en un mundo de corrupción y maldad. Angel Gavinet (1865-1898)
escribió La conquista del reino de Maya (1897) en la que se
critica la explotación de África que hacen las naciones europeas.
La idea del buen salvaje aparece más en Inglaterra y en Francia
debido a su implicación imperialista. El personaje va a significar
simbólicamente, no sólo la nostalgia por el retorno a los
orígenes, sino la pregunta sobre la supuesta superioridad europea
sobre los llamados pueblos primitivos. Quizás, la idea nos conduzca
a algunas corrientes ideológicas que, ya en el siglo XX, nos llevan
al anarquismo utópico y a obras como Poeta en Nueva York de García
Lorca; a la colección de ensayos del poeta William Carlos Williams
titulada In the American Grain (1925) o en The Plumed Serpent
(1926) de D. H. Lawrence.

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