| En
julio, en lugar de volver a Inglaterra con los Bray, anuncia su intención
de quedarse sola en Ginebra. Allí pasa ocho meses, cinco de ellos
en casa de François d’Albert-Durade, pintor con una deformidad física
que le hace un retrato y que ella recreará en el personaje de Philip
Wakem de The Mill on the Floss.
En 1850, a su regreso a Coventry, pasa
el resto del año con los Bray, planteándose cómo puede
vivir con las cien libras anuales que le dejó su padre. Mary Ann
no veía claro su futuro: se resistía a dedicarse a la enseñanza
y a volver a casa con su hermano Isaac. Por eso, cuando John Chapman, editor
de The Life of Jesus, le ofrece la oportunidad de reseñar
la obra de R. W. Mackay, The Progress of the Intellect para la Westminster
Review en enero de 1851. Mary Ann, con casi treinta años y ninguna
perspectiva de contraer matrimonio, no deja escapar la oportunidad y decide
establecerse en Londres para convertirse en escritora y comenzar una nueva
vida.
En Londres se instala en la casa de John
Chapman en el Strand, donde se convertirá en un miembro bastante
radical del grupo de autores que conoce allí. Sin embargo, a las
diez semanas de haberse instalado en la capital, Mary Ann se ve obligada
a regresar a Coventry envuelta en lágrimas debido a los celos de
la esposa de Chapman y la institutriz de los niños, Elisabeth Tilley,
que era también la amante del editor. Se dice que la futura George
Eliot se sintió fuertemente atraída por el seductor Chapman
y se sabe que pasaban mucho tiempo juntos pero no se tienen evidencias
de que entre ellos llegase a existir algo más.
Pocos meses después, Chapman compró
la Westminster Review y Mary Ann, arrepentida de los problemas domésticos
que pudiera haber provocado al editor, volvió a su casa de Londres
para convertirse en asistente editorial y subdirectora de esta revista,
una de las publicaciones más en acorde con su tiempo. La Westminster
Review había sido editada en un principio por Jeremy Bentham
y James Mill en el año 1824 con el propósito de rivalizar
con las revistas Edinburgh y Quarterly Review. Por medio de la publicación,
Mary Ann entra en contacto con los pensadores liberales más importantes
del momento: John Stuart Mill, Harriet Martineau, Herbert Spencer, Thomas
Huxley y George Henry Lewes. Durante sus tres años de editora demostró
ser competente y eficaz, así como una gran habilidad para adaptarse
a la vida profesional masculina y convirtiendose en el centro literario
de Londres. Es el momento en el que empieza a llamarse Marian Evans.
En octubre de 1851 Herbert Spencer le
presenta a G. H. Lewes, un hombre aparentemente carente de atractivos pero
apreciado por todos por su inteligencia y su carácter extrovertido.
Lewes se había casado con Agnes Jervis en 1841 y, ocho años
después de su matrimonio, su esposa había iniciado una relación
con Thornton Hunt, íntimo amigo de Lewes. Para ellos, los sentimientos
eran más importantes que los vínculos matrimoniales y sus
relaciones se mantuvieron amistosas. Por eso, cando Marian conoció
a Lewes, su matrimonio era sólo una unión legal. Lewes empezó
a visitarla en el Strand cada vez con mayor asiduidad hasta el punto de
que en abril de 1853 su intimidad había ido más allá
de una simple amistad. En septiembre de 1853 la autora, cansada de vivir
con los Chapman, abandonará su domicilio para instalarse en su propia
residencia, lo que le permitirá pasar más tiempo con Lewes.
En la Westminster Review publica
de manera anónima hasta que en julio del año 1852 vuelve
a traducir otra obra del alemán, en este caso, Das Wesen des
Christentums del filósofo alemán Ludwig Feuerbach que
apareció con el título inglés de The Essence of
Chistianity. La publica con el nombre de Marian Evans. En esta obra
nuestra autora encontró cierta paz para su relación con Lewes
puesto que Feuerbach, llevando sus estudios hacia la antropología,
señalaba que la religión era el resultado de una urgente
necesidad de la imaginación humana como es la de buscar un ser perfecto:
Dios. Además, para el filósofo alemán, la perfección
del compañerismo en los seres humanos se encuentra en el matrimonio,
puesto que el hombre y la mujer son el complemento del uno y del otro y,
esta unión, que la primera de todas las especies, resulta en el
perfecto ser humano.
A finales de junio de 1854 sale a la luz
la traducción de Feuerbach y en julio emprende un viaje a Weimar
y Berlín con el que ya considera su marido, G. H. Lewes. Desde allí
escribe cartas a sus amigos diciéndoles que es feliz y allí
escribió algunos de sus mejores artículos para la Westminster.
En noviembre de ese año comienza a traducir la Ética de
Espinosa, que concluirá el 19 de febrero de 1856 mientras Lewes
se dedica a estudiar la vida de Goethe.
A la vuelta de Alemania, Marian se instala
en Dover y George se traslada a Londres para resolver sus asuntos. No se
vieron en cinco semanas, durante las cuales Mary Anne se aseguró
que no existiese posibilidad alguna de reconciliación entre Lewes
y su esposa, dada la imposibilidad de un divorcio. Viendo que la separación
era irrevocable, Marian regresó a Londres en abril de 1859.
Deciden entonces vivir juntos como marido
y mujer y asumir las consecuencias. Al principio la pareja recibió
pocas visitas, pero tanto Rufa Brabant como Bessie Parkes arriesgaron su
reputación y fueron a cumplimentar a los Lewes. Asimismo, Chapman
le encarga que se ocupe de la sección literaria de la Westminster
Review, ofrecimiento que acepta de buen grado, puesto que le supone
unos ingresos extra de cincuenta libras al año. A partir de entonces,
escribirá numerosas reseñas que le proporcionan una amplia
visión de lo que es la buena literatura.
En junio de 1856 la pareja pasa unos meses
en Tenby, en la costa del sur de Gales. Allí reciben la visita de
Barbara Leigh Smith, que comenta que los Lewes viven muy felices. En Tenby
se planteó seriamente cumplir su sueño y escribir novelas,
pero temía carecer del talento necesario. En septiembre, de vuelta
a Londres y animada por Lewes, empieza a escribir un relato sobre un episodio
inspirado en su infancia en Chilvers Coton. Este relato ve la luz en Blackwood’s
Magazine en día de año nuevo de 1857, con el título
“The Sad Fortunes of Rev. Amos Barton”, que alcanzó un éxito
instantáneo y que será una de las historias de su primera
novela. Es el nacimiento de George Eliot.
Primeras obras.
La primera obra de George Eliot, aparece
ya con el seudónimo, es Scenes of Clerical Life, que se comenzó
a publicar en 1857, cuando la autora tenía treinta y siete años,
en Blackwoods Magazine y que Blackwood lanzará al año
siguiente en dos volúmenes. En ella aparecen tres historias: “The
Sad Fortunes of the Rev. Amos Barton”, “Mr Gilfil´s Love-Story” y
“Janet´s Repentance”. En los tres relatos se hace referencia a la
vida diaria de personajes normales, a la presencia de la mujer sacrificada
y a la muerte de un hombre tiránico como aparece el personaje del
marido de Janet.
Tras la aparición de su primera
novela no cesaron los rumores sobre la identidad de George Eliot pero Marian
guardó celosamente el secreto ocultándoselo incluso al editor
Blackwood, a quien Lewes, que era su agente, había ofrecido la novela
como obra de un amigo que quería guardar el anonimato. Años
después, la autora confesó al que sería su marido,
John Cross, por qué había elegido ese seudónimo: George
porque era el nombre de pila de Lewes y Eliot porque era un apellido sonoro
y fácil de pronunciar.
En mayo de 1857 Mary Ann decide confesar
a sus familiares que está viviendo con George. Esto significa su
exclusión total de la familia: su hermano Isaac interrumpió
toda comunicación con la hermana que tanto había querido,
algo que la hirió profundamente, y convence a sus hermanas Fanny
y Chrissey para que le escriban cartas de repudio. A pesar de su firme
decisión de vivir con Lewes, Mary Ann sintió amargamente
el rechazo de su familia en Warwickshire y de sus amigos los Bray.
En octubre de 1857 comienza a trabajar
en la que sería su segunda novela, Adam Bede, coincidiendo
con un viaje por Centro Europa. En el otoño del año siguiente,
poco después de su regreso a Inglaterra, concluye la novela que
será un éxito sensacional aunque nadie conocía la
identidad de su autor.
Obras de éxito.
El 1 de febrero de 1859 la autora publica,
también con el seudónimo de George Eliot, Adam Bede,
su primer relato extenso y una de las mejores novelas rurales de la literatura
inglesa en la que las escenas de la vida provinciana del siglo XVIII inglés
se muestran en todo su esplendor. En esta novela se lleva al lector desde
el detalle de la descripción del taller del carpintero Adam hasta
el desarrollo del concepto de estabilidad social que se centra en una sociedad
vertical plasmada en el caballero Arthur Donnithorne y en el reverendo
Irwine. La novela, lanzada en tres volúmenes por el editor Blackwood,
alcanzó un gran éxito de ventas y de crítica y sería
rápidamente reeditada. En ese mismo año fallece Chrissey,
la hermana querida de nuestra autora.
Poco después de la aparición
de Adam Bede se descubre que la verdadera identidad que se esconde tras
el seudónimo de George Eliot es Marian “Lewes” –Herbert Spencer
y John Chapman habían revelado el secreto en los círculos
literarios londinenses. Aunque esto no frenó su brillante carrera,
la autora tuvo que enfrentarse a las críticas hacia su persona a
medida que la fama de George Eliot aumentaba.
Mientras, su vida privada transcurría
feliz junto a Lewes, que la protegía evitando que las críticas
llegasen a oídos de su esposa, dada su extrema susceptibilidad y
tendencia depresiva así como la influencia negativa que ejercían
sobre su trabajo. En 1859 la pareja compró Holly Lodge en Southfields,
el que sería su primer hogar.
En abril de 1860 el editor Blackwood,
a pesar de las reticencias iniciales al conocer la identidad de su autora,
accedió a publicar en tres volúmenes The Mill on the Floss,
que también alcanza varias ediciones. Esta novela puede considerarse
un estudio de la vida rural pero ya con un contenido epifánico claro,
puesto que en ella podemos ver como la protagonista evoluciona desde la
infancia hasta la juventud. En esta obra vemos plasmada una de las preocupaciones
más ciertas de todo el siglo XIX y que es el interés por
la infancia que nos viene ya de, por ejemplo, William Blake en sus Songs
of Innocence y de mucha de la obra de William Wordsworth.
Los Lewes, encontrándose demasiado
lejos de la vida en Londres, deciden volver a la capital a finales de 1860
y Marian sufre entonces una depresión de la que ni siquiera George
logra sacar.
Ella atribuía las causas de su
enfermedad al ridículo social que sentía. Desde que era famosa,
su vida con Lewes se había convertido en un asunto publico y, aunque
los lectores adoraban sus novelas, se la criticaba por su abierto desafío
a las convenciones y se la culpaba injustamente de la ruptura del matrimonio
Lewes, apareciendo Agnes como la víctima. Ante esta situación,
el círculo de los Lewes era fundamentalmente masculino; a pesar
de la fama de la autora y a excepción de Rufa Hennell, la primera
mujer que los visitó y también la primera que los invitó
a cenar, pocas mujeres querían relacionarse con ella.
El 30 de septiembre de 1860 comienza a
escribir la que será su próxima novela, Silas Maner: the
Weaver of Raveloe, que concluye el 19 de marzo de 1861. Silas Marner
sale a la luz en abril de ese mismo año también bajo el patrocinio
de Blackwood. Es una obra también dentro de la tradición
rural sobre la Inglaterra campesina que es tratada de manera esquemática
y que vuelve a adentrar al lector en la idea de que la vida puede cambiar
si volvemos a la inocencia del niño. Otra vez, pero quizás
al contrario, de la experiencia podemos volver a la inocencia cuando de
la inocencia sabemos que siempre nos encaminaremos a la experiencia. Por
eso, Silas, el hombre con experiencia de la vida, podrá volver a
la inocencia a través de Godfrey Cass, el hijo mayor del terrateniente
del lugar.
En abril de 1861 la autora viaja a Italia
con el fin de recopilar material para su siguiente novela, Romola,
su única novela ambientada en el pasado y en un país extranjero,
la Florencia del siglo XV. Allí sufre bastantes altibajos acechada
por las dudas sobre sus capacidades y abrumada por la enorme tarea que
tiene ante sí.

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