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Literaturas extranjeras



 
 

21. La novela social de D. H. Lawrence (1885-1930). Estudio de Sons and Lovers.


Jose L. Caramés Lage
Universidad de Oviedo
ISBN-84-9714-031-1

 

Ficha índice.

Contenido teórico.

Lección virtual: video conferencia.

Práctica resuelta.

Resumen práctica.

Glosario.

Biografía.

Cuestiones prácticas.

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Ficha índice.

Vamos a seguir, a partir de ahora, un mismo esquema en cada tema. Tendrá una breve introducción y la ficha índice. Seguido estará el contenido teórico, es decir, la parte fundamental de la lección; la práctica resuelta, el resumen de la práctica el glosario de preguntas sobre términos que no se han podido encontrar en la actividad del estudio y la biografía con las cuestiones prácticas, si es que hay alguna.

Aquí tendremos una introducción, la biografía del autor, el contexto, el estudio del estilo, de su simbología y del mundo de las ideas, pensados siempre para la obra que se trata de analizar.

Contenido teórico.

Tanto Thomas Hardy nos ha hecho de mediación entre el siglo XIX y el XX sentando las bases para la nueva literatura en inglés que se va a escribir en la primera mitad del siglo XX. Para explicarla lo mejor posible necesitamos hablar del contexto en el que va a surgir recordando siempre que el autor señalado es también eduardiano por vida y, nos parece, por convicción.

La reina Victoria muere el 22 de enero de 1901. En el año de su fallecimiento Gran Bretaña sigue siendo la nación más exportadora de productos manufacturados del mundo y el país más comerciante con un 25% del comercio del mundo. Invierte en el extranjero en zonas como China, Oriente Medio, Norteamérica y Sudamérica, unificando el comercio exterior y su sistema a través del oro convertible en libras esterlinas, algo que se controla desde la City de Londres.

La sociedad británica se encuentra en un momento bastante álgido y optimista, llena de futuro y de orgullo ante lo conseguido y lo que falta por hacer. Es la sociedad que no es consciente del declive que se está produciendo en los países agrícolas y la feroz competencia que surge del continente europeo, y que va a ser causa principal del comienzo de la decadencia que se producirá a lo largo de la primera mitad del siglo XX en toda Gran Bretaña.

A partir de 1901, el poder político británico comienza a resquebrajarse. Surge el nacionalismo en Egipto y la India, así como en África del Sur. Además, comienzan a aumentar los conflictos entre el país y otros imperios europeos y americanos que compiten, ya sin dudas y sin piedad con Gran Bretaña, como Alemania, Japón o Estados Unidos.

Además y, de repente, la industria que ha estado trabajando sin parar desde hace muchas décadas, aparece como anticuada con respecto a sus competidores. La economía británica, basada en el hierro, acero y carbón; en la construcción de barcos en grandes astilleros y en el mundo textil, debe dejar paso a la alemana o estadounidense. También en las nuevas industrias, la nación queda en desventaja con respecto a sus competidores. Así, en la industria química, la del motor o de las energías y en las nuevas tecnologías, se pierde el puesto de cabeza que ahora toman los países mencionados.

Pese a la invención de la máquina de vapor y de la rueda neumática, la industria tampoco marcha debido a una organización industrial que ha quedado caduca, pequeña y en manos de propietarios con pocas ganas de renovación. El aislamiento ,debido a la superioridad ejercida en casi todos los campos durante el período victoriano, se vuelve ahora en contra. El imperialismo, pensado en muchos casos como el medio para lograr un gran mundo o commonwealth   que unificase todas las colonias británicas y protegiese a los eduardianos del peligro amarillo, se vuelve contra la nación que más lo había empleado, presentando su lado más amargo como es, por ejemplo, la Boer War que dura de 1899 hasta 1902 en la que queda claro que no se puede imponer la britanización de las colonias. De aquí que de la idea de una federación imperial se pase al proteccionismo sobre sus colonias. Para poder defenderse, el imperialismo pide unidad nacional y colaboración entre clases sociales.

La urbanización alcanza ya al 77% de la población  y se hace necesario la organización de ciudades; la consciencia hacia el sector público y sus necesidades de sanidad, educación y transporte. La clase media apuesta por un partido laborista fuerte y agresivo que la defienda en contra de una clase trabajadora que se encuentra, al menos en una tercera parte, abandonada en la pobreza. Proliferan los suburbios en las ciudades y se utiliza todo tipo de transporte, desde trenes hasta bicicletas, algo que se extiende a partir del año 1910 a coches y autobuses con motor. Las posibilidades de empleo se extienden a la mujer de clase media y, desde el año 1903, se pide el voto para la mujer, algunas veces con violencia.

La urbanización empuja con fuerza al mundo rural que se siente herido en el corazón de los terratenientes. La herida llega hasta la Primera Guerra Mundial en la que el orden viejo va a considerarse desaparecido, lo mismo que el liberalismo de clase media y su visión del mundo individualista y tradicional. La clase trabajadora vota socialismo y, a partir de 1906, comienzan las reformas sociales que ayudarán a resolver viejos problemas, como el de las pensiones que es votado en el año 1909 bajo Lloyd George y que implicará mayores impuestos para los que más tienen.

Entre los años 1901 y 1914 se van a producir grandes tumultos sociales que tienen como fondo la modernización de una nación condicionada por la historia y las buenas condiciones económicas del período victoriano. Y, como en casi todos los momentos de crisis, la creación artística en general se muestra a su máximo esplendor, produciendo  una literatura, pintura y música que recogen las principales imágenes del período eduardiano: la nostalgia rural, el nuevo concepto de mujer, la crítica social, el imperialismo, la experimentación en los estilos y las formas, una nueva imaginación política y la vida cotidiana hasta sus últimos detalles.