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Literaturas extranjeras



 
 

21. La novela social de D. H. Lawrence (1885-1930). Estudio de Sons and Lovers. 2


Jose L. Caramés Lage
Universidad de Oviedo
ISBN-84-9714-031-1

 

Manifestaciones del momento son la arquitectura imperial eduardiana que recobra viejos estilos barrocos o bizantinos en contra del gótico o del neoclásico victorianos; la música de Parry y Delius, con sus himnos a la muerte de Dios y de Europa; las marchas y sinfonías de Elgar o las operetas de Gilbert y Sullivan; los cuadros de Sargent y la influencia de Estados Unidos a través de autores como Ezra Pound o el mismo T. S. Eliot. Un autor como Kipling, va a darse cuenta de la crisis social y de la vivacidad artística del momento al pasar desde una clara visión de la empresa colonial a una revisión de toda la historia de la nación británica que, en el fondo, ha creído muy inocentemente en la posibilidad de guardar para siempre su imperio.

Es un momento creativo en el que todas las obras que se aparecen semejan comenzar en el mundo de lo heróico, del espíritu y del placer, para acabar en un otoño que deshoja el alma destrozándola. Esto se puede decir hasta de la Antropología con antropólogos que van a influenciar la obra literaria como es el caso de J. G. Frazer y su Golden Bough  (1890-1915) que inspira a T. S. Eliot y su poema The Wasted Land (1922). Otros antropólogos, como Seencer y Gillen estudiaron a los aborígenes australianos; Arthur Evans y las excavaciones de la civilización minoana o los ejemplos de pintura japonesa, de traducciones de poesía china o de narrativa rusa, que se trajeron a Londres en aquellos años. 

Es el momento de que, a autores ya mencionados como Hardy, Conrad, Kipling, se le vayan añadiendo otros como, Robert Louis Stevenson, Conan Doyle, Rider Haggard y sus Minas del Rey Salomón;  Anthony Hope y El prisionero de Zenda;  a John Buchan y a autores norteamericanos como Edgar Rice Burroughs y su Tarzán.

A todos estos escritores y a sus respectivas obras se les podría conectar con el imperialismo y con la idea de un mundo regido por el poder del hombre blanco. Quizás, el más crítico de estos autores sea Joseph Conrad que, por tener detrás, en su historia, las luchas del nacionalismo polaco se muestra más esceptico con las ideas sobre un imperio. El mismo Hardy escribirá sobre la guerra de los Boer  en su poema “Drummer Hodge” en el que se habla de la búsqueda de la identidad cultural propia. Todos estos autores podemos incluirlos dentro de los ecos, más o menos profundos, del imperialismo, algo que ya no tendrán en la misma medida autores que aparecerán después de la primera Guerra Mundial como serán, D. H. Lawrence, E. M. Forster o George Orwell.

A estos escritores habría que añadirles los escritores irlandeses que tanto influyen en la literatura escrita en inglés y que nunca se colocan, al menos desde el punto de vista canónico, en la misma posición que los ingleses ya mencionados. Así, podemos hablar de Oscar Wilde, George Moore, George Bernard Shaw, W. B. Yeats o J. M. Synge, ya que de James Joyce, no queda otro remedio, que hablar de él. A todos ellos habrá que verlos desde una perspectiva que contenga cierta subversión, al menos en el estilo de la escritura que se trata de experimentar y en el ataque a la atmósfera imperialista y triunfalista que se desea imponer en los salones eduardianos y que, como buenos irlandeses, rechazarán imponiendo todo tipo de parodias.

Por otro lado, se comienza a pensar en la clase trabajadora industrial, a través de estudios sociológicos, como los de Charles Booth que nos va a introducir en las condiciones de vida urbana de los pobres. También se piensa, en una narrativa que tiene como objeto general el estudio de una clase social trabajadora con la que lucha el determinismo materialista darwiniano y una explotación que roza los aspectos más brutales del trabajo. Es la narrativa de George Gissing, Arthur Morrison y, claro está, de D. H. Lawrence o la crítica social de autores como Arnold Bennett, H. G. Wells, G. B. Shaw, etc.

La novela social hizo su aparición incluyendo los problemas de la clase trabajadora más industrial y minera de Gran Bretaña pero, sin que sus autores se atrevieran a dar una solución compacta a los problemas de una sociedad en cambios rápidos y constantes. De todas formas, el período que comprenden los años 1901 al 1914, es de gran esplendor en todo tipo de arte, algo que se hace más débil en los años 1920, para convertirse en hosco y árido en la década de los años 1930.

La Primera Guerra Mundial parece tener poco efecto en la cultura británica puesto que los experimentos en todas las formas de arte han nacido ya a partir de 1901. De todas maneras, se produce una quiebra en la evolución de cada una de las artes. El artista acaba pensando y haciendo referencia a la Guerra y deja su propia evolución a un lado. De alguna forma, la reflexión individual del artista se hace colectiva en los momentos de conflicto. Además, los millones de muertos, en luchas que llegan al cuerpo a cuerpo y, a la utilización poco o nada calculada del gas letal, hacen que el artísta se enfrente con conceptos como idealismo, nacionalismo, historia, política, milicia, etc. de una manera poco  romántica, en la que se muestra, claramente, una sociedad enferma de gravedad.

Si alguna influencia ejerce la Guerra es la de ser traumática para toda la nación británica que ha perdido la paz después de haber vivido un siglo en ella. Las pérdidas de vida han sido muy cuantiosas y el artísta las rechaza haciendo un vano intento de volver a la vida rural o pastoril, además de comenzar a preocuparse por una generación de jóvenes que se han perdido en la guerra.

Se habla de miles de poemas escritos en inglés durante la Primera Guerra Mundial de la que surgen autores representativos y portavoces de los sentimientos del período. Entre ellos se cuenta con Booke, Sassoon, Owen, Gurney, Rosenberg, Sorley, Read, Jones y Edward Thomas. Unos más que otros, se podrían considerar como modernistas de contenidos cristianos y gran compasión por los demás. El tema del sacrificio lleno de realismo, el sufrimiento y la compasión, la transcendencia, el horror, la emoción y el cataclismo serían categorías utilizadas por estos poetas.

A partir de 1918 una nueva atmósfera parece invadir Gran Bretaña y, más que nada, su literatura, que ha invadido las estructuras con un nuevo pensamiento político y social. Surgen figuras conservadoras como Macmillan, Leavis, Keynes, Priestley que contrastan con pensadores como Bertrand Russell y escritores como D. H. Lawrence o W. H. Auden.

La guerra había dejado maltrechos a países como Rusia o Alemania y malherida, pesa a haber ganado, a Gran Bretaña y a otros países de Europa, como Francia, Bélgica o Italia. La regeneración industrial, los estímulos en la economía, la derrota, aunque fuese pasajera, de la clase obrera en la Huelga General de 1926 con la reducción de los salarios, hace que la clase media británica vuelva a dictar sus necesidades y a intentar globalizarlas.

Esto hace que la cultura y la educación vuelvan a quedar en manos de una burguesía que está rodeada de inflacción y de unas relaciones económicas que tendrán muy poca confianza en la libra esterlina, pese a toda su historia anterior. Esto no sólo ocurre en Gran Bretaña, puesto que se puede pensar en el llamado crash  económico de Wall Street del año 1929, que rompe el mercado mundial. Sus efectos aparecen en el proteccionismo que surge en el año 1931  y que afecta a nuevas industrias de todo tipo y a la llegada de un nuevo boom. que hará cambiar el trabajo manual por el más técnico de las ocho horas al día durante seis días a la semana.

El cine, la radio, el periodismo se convierten en esferas de influencia, algo que llega a plasmarse en obras como Homage to Catalonia  de George Orwell escrita en el año 1937 en la Guerra Civil española. La Guerra Civil en España se convertirá en una causa heróica para muchos brigadistas y autores como Auden, Spender, Caudwell, Nancarrow y Hemingway y en un preludio de lo que va a venir en la Segunda Guerra Mundial.

Biografía.

David Herbert Richards Lawrence nació el 11 de septiembre de 1885 en la calle Victoria en Eastwood, condado de Nottingham. Fue el cuarto hijo de Arthur Lawrence y Lydia Beardsall. Su familia se habían trasladado a Eastwood, a pesar de la recesión industrial de la década de los años 1880, lugar que seguía creciendo a pesar del incierto futuro del carbón y la minería. Los cinco hijos del matrimonio eran producto de una unión de clase social distinta. Su madre se había criado en Kent y era hija de una maestra y de una familia que había tenido parte aristocrática. Su padre era de la zona y de origen más humilde.

La familia tenía tres varones, George, Ernest y David y dos mujeres, Emily y Lettice. Ernest fue el favorito de su madre y cuando deja la escuela consigue un trabajo como oficinista que le permite ascender en su empleo y ganar dinero. Se va a trabajar a Londres y conoce a Louisa G. Dennis con la que se compromete. El matrimonio no llegó a celebrarse pues Ernest enferma de erisipela y muere una noche en brazos de su madre.

A partir de entonces, David se convierte en el favorito de su madre. Su otro hermano, George, se une al ejército y se casa con Ada Wilson. Su hermana Emily que, nunca aprovechó la escuela, se queda en casa y en el año 1904 se casa con un vecino. Su hermana Lettice Ada, se hace profesora como su hermano David.

D. H. Lawrence es un muchacho enfermizo que prefiere las compañías femeninas a las masculinas. Pero, sobre todo, se interesa por los libros. Asistió a la Beauvale School  ya desde los siete años y, se convierte en el primer niño que consigue una beca en su condado para asistir a la Nottingham High School  en el año 1898. La experiencia no pareció gustarle y dejó el instituto en el año 1901. Durante esos años se preparó para ejercer como profesor. Sin embargo, no ejerció como maestro. La necesidad de ganar dinero le hace buscar un empleo, como su hermano Ernest, que encuentra en una oficina de una fábrica de materiales quirúrgicos llamada Haywoods.

Ese mismo año, después de la muerte de su hermano, enferma de pulmonía. Su madre, recuperándose aún de la pérdida de su hijo, se entrega al cuidado de David, algo que hace que se unan mucho. Esta unión influirá en la obra narrativa de D. H. Lawrence.

Al recuperarse, busca esta vez un trabajo como profesor. Lo consigue en la British School  de Eastwood y en el Centro para profesores de Ilkeston. En diciembre de 1904 se presenta a unas pruebas para conseguir una beca que le permite  asistir como alumno a la clase de mayor nivel intelectual.