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Manifestaciones
del momento son la arquitectura imperial eduardiana que recobra viejos estilos
barrocos o bizantinos en contra del gótico o del neoclásico victorianos; la
música de Parry y Delius, con sus himnos a la muerte de Dios y de Europa; las
marchas y sinfonías de Elgar o las operetas de Gilbert y Sullivan; los
cuadros de Sargent y la influencia de Estados Unidos a través de autores como
Ezra Pound o el mismo T. S. Eliot. Un autor como Kipling, va a darse cuenta de
la crisis social y de la vivacidad artística del momento al pasar desde una
clara visión de la empresa colonial a una revisión de toda la historia de la
nación británica que, en el fondo, ha creído muy inocentemente en la
posibilidad de guardar para siempre su imperio.
Es
un momento creativo en el que todas las obras que se aparecen semejan comenzar
en el mundo de lo heróico, del espíritu y del placer, para acabar en un otoño
que deshoja el alma destrozándola. Esto se puede decir hasta de la Antropología
con antropólogos que van a influenciar la obra literaria como es el caso de
J. G. Frazer y su Golden Bough
(1890-1915) que inspira a T. S. Eliot y su poema The
Wasted Land (1922). Otros antropólogos, como Seencer y Gillen estudiaron
a los aborígenes australianos; Arthur Evans y las excavaciones de la
civilización minoana o los ejemplos de pintura japonesa, de traducciones de
poesía china o de narrativa rusa, que se trajeron a Londres en aquellos años.
Es
el momento de que, a autores ya mencionados como Hardy, Conrad, Kipling, se le
vayan añadiendo otros como, Robert Louis Stevenson, Conan Doyle, Rider
Haggard y sus Minas del Rey Salomón;
Anthony Hope y El prisionero de Zenda; a
John Buchan y a autores norteamericanos como Edgar Rice Burroughs y su Tarzán.
A
todos estos escritores y a sus respectivas obras se les podría conectar con
el imperialismo y con la idea de un mundo regido por el poder del hombre
blanco. Quizás, el más crítico de estos autores sea Joseph Conrad que, por
tener detrás, en su historia, las luchas del nacionalismo polaco se muestra más
esceptico con las ideas sobre un imperio. El mismo Hardy escribirá sobre la
guerra de los Boer
en su poema “Drummer Hodge” en el que se habla de la búsqueda
de la identidad cultural propia. Todos estos autores podemos incluirlos dentro
de los ecos, más o menos profundos, del imperialismo, algo que ya no tendrán
en la misma medida autores que aparecerán después de la primera Guerra
Mundial como serán, D. H. Lawrence, E. M. Forster o George Orwell.
A
estos escritores habría que añadirles los escritores irlandeses que tanto
influyen en la literatura escrita en inglés y que nunca se colocan, al menos
desde el punto de vista canónico, en la misma posición que los ingleses ya
mencionados. Así, podemos hablar de Oscar Wilde, George Moore, George Bernard
Shaw, W. B. Yeats o J. M. Synge, ya que de James Joyce, no queda otro remedio,
que hablar de él. A todos ellos habrá que verlos desde una perspectiva que
contenga cierta subversión, al menos en el estilo de la escritura que se
trata de experimentar y en el ataque a la atmósfera imperialista y
triunfalista que se desea imponer en los salones eduardianos y que, como
buenos irlandeses, rechazarán imponiendo todo tipo de parodias.
Por
otro lado, se comienza a pensar en la clase trabajadora industrial, a través
de estudios sociológicos, como los de Charles Booth que nos va a introducir
en las condiciones de vida urbana de los pobres. También se piensa, en una
narrativa que tiene como objeto general el estudio de una clase social
trabajadora con la que lucha el determinismo materialista darwiniano y una
explotación que roza los aspectos más brutales del trabajo. Es la narrativa
de George Gissing, Arthur Morrison y, claro está, de D. H. Lawrence o la crítica
social de autores como Arnold Bennett, H. G. Wells, G. B. Shaw, etc.
La
novela social hizo su aparición incluyendo los problemas de la clase
trabajadora más industrial y minera de Gran Bretaña pero, sin que sus
autores se atrevieran a dar una solución compacta a los problemas de una
sociedad en cambios rápidos y constantes. De todas formas, el período que
comprenden los años 1901 al 1914, es de gran esplendor en todo tipo de arte,
algo que se hace más débil en los años 1920, para convertirse en hosco y árido
en la década de los años 1930.
La
Primera Guerra Mundial parece tener poco efecto en la cultura británica
puesto que los experimentos en todas las formas de arte han nacido ya a partir
de 1901. De todas maneras, se produce una quiebra en la evolución de cada una
de las artes. El artista acaba pensando y haciendo referencia a la Guerra y
deja su propia evolución a un lado. De alguna forma, la reflexión individual
del artista se hace colectiva en los momentos de conflicto. Además, los
millones de muertos, en luchas que llegan al cuerpo a cuerpo y, a la utilización
poco o nada calculada del gas letal, hacen que el artísta se enfrente con
conceptos como idealismo, nacionalismo, historia, política, milicia, etc. de
una manera poco romántica, en la
que se muestra, claramente, una sociedad enferma de gravedad.
Si
alguna influencia ejerce la Guerra es la de ser traumática para toda la nación
británica que ha perdido la paz después de haber vivido un siglo en ella.
Las pérdidas de vida han sido muy cuantiosas y el artísta las rechaza
haciendo un vano intento de volver a la vida rural o pastoril, además de
comenzar a preocuparse por una generación de jóvenes que se han perdido en
la guerra.
Se
habla de miles de poemas escritos en inglés durante la Primera Guerra Mundial
de la que surgen autores representativos y portavoces de los sentimientos del
período. Entre ellos se cuenta con Booke, Sassoon, Owen, Gurney, Rosenberg,
Sorley, Read, Jones y Edward Thomas. Unos más que otros, se podrían
considerar como modernistas de contenidos cristianos y gran compasión por los
demás. El tema del sacrificio lleno de realismo, el sufrimiento y la compasión,
la transcendencia, el horror, la emoción y el cataclismo serían categorías
utilizadas por estos poetas.
A
partir de 1918 una nueva atmósfera parece invadir Gran Bretaña y, más que
nada, su literatura, que ha invadido las estructuras con un nuevo pensamiento
político y social. Surgen figuras conservadoras como Macmillan, Leavis,
Keynes, Priestley que contrastan con pensadores como Bertrand Russell y
escritores como D. H. Lawrence o W. H. Auden.
La
guerra había dejado maltrechos a países como Rusia o Alemania y malherida,
pesa a haber ganado, a Gran Bretaña y a otros países de Europa, como
Francia, Bélgica o Italia. La regeneración industrial, los estímulos en la
economía, la derrota, aunque fuese pasajera, de la clase obrera en la Huelga
General de 1926 con la reducción de los salarios, hace que la clase media
británica vuelva a dictar sus necesidades y a intentar globalizarlas.
Esto
hace que la cultura y la educación vuelvan a quedar en manos de una burguesía
que está rodeada de inflacción y de unas relaciones económicas que tendrán
muy poca confianza en la libra esterlina, pese a toda su historia anterior.
Esto no sólo ocurre en Gran Bretaña, puesto que se puede pensar en el
llamado crash
económico de Wall Street del año 1929, que rompe el mercado mundial.
Sus efectos aparecen en el proteccionismo que surge en el año 1931
y que afecta a nuevas industrias de todo tipo y a la llegada de un
nuevo boom. que hará cambiar el
trabajo manual por el más técnico de las ocho horas al día durante seis días
a la semana.
El
cine, la radio, el periodismo se convierten en esferas de influencia, algo que
llega a plasmarse en obras como Homage
to Catalonia de George Orwell
escrita en el año 1937 en la Guerra Civil española. La Guerra Civil en España
se convertirá en una causa heróica para muchos brigadistas y autores como
Auden, Spender, Caudwell, Nancarrow y Hemingway y en un preludio de lo que va
a venir en la Segunda Guerra Mundial.
Biografía.
David
Herbert Richards Lawrence nació el 11 de septiembre de 1885 en la calle
Victoria en Eastwood, condado de Nottingham. Fue el cuarto hijo de Arthur
Lawrence y Lydia Beardsall. Su familia se habían trasladado a Eastwood, a
pesar de la recesión industrial de la década de los años 1880, lugar que
seguía creciendo a pesar del incierto futuro del carbón y la minería. Los
cinco hijos del matrimonio eran producto de una unión de clase social
distinta. Su madre se había criado en Kent y era hija de una maestra y de una
familia que había tenido parte aristocrática. Su padre era de la zona y de
origen más humilde.
La
familia tenía tres varones, George, Ernest y David y dos mujeres, Emily y
Lettice. Ernest fue el favorito de su madre y cuando deja la escuela consigue
un trabajo como oficinista que le permite ascender en su empleo y ganar
dinero. Se va a trabajar a Londres y conoce a Louisa G. Dennis con la que se
compromete. El matrimonio no llegó a celebrarse pues Ernest enferma de
erisipela y muere una noche en brazos de su madre.
A
partir de entonces, David se convierte en el favorito de su madre. Su otro
hermano, George, se une al ejército y se casa con Ada Wilson. Su hermana
Emily que, nunca aprovechó la escuela, se queda en casa y en el año 1904 se
casa con un vecino. Su hermana Lettice Ada, se hace profesora como su hermano
David.
D.
H. Lawrence es un muchacho enfermizo que prefiere las compañías femeninas a
las masculinas. Pero, sobre todo, se interesa por los libros. Asistió a la Beauvale School ya
desde los siete años y, se convierte en el primer niño que consigue una beca
en su condado para asistir a la Nottingham
High School en el año 1898.
La experiencia no pareció gustarle y dejó el instituto en el año 1901.
Durante esos años se preparó para ejercer como profesor. Sin embargo, no
ejerció como maestro. La necesidad de ganar dinero le hace buscar un empleo,
como su hermano Ernest, que encuentra en una oficina de una fábrica de
materiales quirúrgicos llamada Haywoods.
Ese
mismo año, después de la muerte de su hermano, enferma de pulmonía. Su
madre, recuperándose aún de la pérdida de su hijo, se entrega al cuidado de
David, algo que hace que se unan mucho. Esta unión influirá en la obra
narrativa de D. H. Lawrence.
Al
recuperarse, busca esta vez un trabajo como profesor. Lo consigue en la British
School de Eastwood y en el Centro para profesores de Ilkeston. En
diciembre de 1904 se presenta a unas pruebas para conseguir una beca que le
permite asistir como alumno a la
clase de mayor nivel intelectual.
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