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Literaturas extranjeras



 
 

23.  El mundo narrativo de Virginia Woolf. Estudio de Mrs Dalloway. 2/4


Jose L. Caramés Lage
Universidad de Oviedo
ISBN-84-9714-031-1

 

Después de la Guerra se realizaron algunas modificaciones a la teoría freudiana que, pensamos, también aprovecha Virginia Woolf  para explicarse dentro de su narrativa. Así, por ejemplo, podemos hablar de la libido y añadirle el concepto destructivo del instinto de muerte, placer sexual y muerte, al menos en una visión global del ser humano. Además, la psique se empezó a diferenciar del yo y del super yo y la naturaleza de la ansiedad se vuelve a analizar avanzando en su estudio sobre las presuposiciones que el ser humano tiene sobre si mismo.

La Psicología se comienza a aplicar, sobre todo, en y después de la Guerra, por autores como C. S. Myers (Cambridge) que estudia muchos de los traumas que se producen en esos momentos que se pensaban físicos y que son sólo psicológicos. Así, comienzan a funcionar las clínicas psicoterapeúticas y los nuevos campos de la Psicología que se especializó, por ejemplo, en la industria.

Dentro de este contexto podemos pensar en el Grupo de Bloomsbury, imbuido en la Psicología y los avances del momento y, que surge, como un grupo de personas de pensamiento privilegiado dentro de la primera mitad del siglo XX en Gran Bretaña y que afecta, creemos que muy consciente e inconscientemente, a la obra de nuestra autora. El círculo de amigos y de especialistas en varias materias diferentes que fue Bloomsbury dio que hablar en los movimientos reivindicativos del momento, como el movimiento feminista que apoya Woolf en su novela Three Guineas  (1938) o el caso de Maymard Keynes y sus teorías económicas.

El Grupo se acogió en la familia de Sir Leslie Stephen que, al fallecer en el año 1904, sus cuatro hijos deciden abrir una casa en el 46 de Gordon Square en Londres, que se convierte en el lugar de reunión de sus amigos intelectuales. A la casa asisten Vanessa y Virginia Stephen, los amigos de su hermano Thoby, que conocerá a varios de los intelectuales denominados los Apóstoles de Cambridge, una sociedad de discusión intelectual “secreta” que se reunía para discutir asuntos del momento. Los apóstoles habían evolucionado de ser un grupo de jóvenes con intereses metafísicos e idealistas a un grupo satírico que ironizaba sobre la sociedad y muchos de sus miembros de manera muy desapasionada.

Muchos de los intelectuales de Bloomsbury imitaron este tipo de análisis desapasionado y frío sobre la sociedad y la cultura. Así, por ejemplo, Leonard Woolf, el marido de Virginia, críticó, desde su experiencia en el servicio colonial británico, los valores culturales ingleses del momento y Keynes nos habla de la frialdad que hay que tener con la Alemania de después de la Guerra. Este tipo de contención que mezcla racionalización fría, escepticismo, ironía y aún sarcasmo llega a la obra de Virginia Woolf, al menos, en algunos momentos.

En el año 1910 aparece otro grupo que formado por intelectuales como Frances Cornford, Ka Cox, Rupert Brooke, G. Raverat, etc. se denominan los “Neo-paganos” y cuyas actividades son más bien deportivas y amantes del amor libre, que otra cosa. En la región de Nottingham y, alrededor de D. H. Lawrence, se forma el grupo de los “Paganos” que adoran a la Naturaleza en la Literatura y a la posibilidad de una mayor libertad entre los seres humanos. Es el momento en el que Roger Fry, antiguo miembro de los apóstoles, vuelve a Inglaterra después de su experiencia parisina en la que ha tenido contactos con artistas como Cézanne, Gauguin, Matisse y, nada menos, que Van Gogh, explicando a todos lo que el llamó post-impresionismo y que se comparó con la libertad que da el ser uno mismo, algo que, otra vez más, invade la obra de Virginia Woolf.

Al fin de la primera Guerra Mundial, la misma Virginia Woolf nos dice que el grupo de Bloomsbury habla de lo sano y de lo insano con cierta facilidad que a ella, en principio, no parece afectarle

Virginia Woolf como crítica literaria nos habla de su propósito al utilizar el “stream of consciousness”. Ella desea formular las posibilidades y los procesos de la realización de la verdad que, para la autora, parece algo inexpresable físicamente ya que sólo puede expresarse al nivel de la mente. Esto parece claro en sus tres novelas del “stream of consciousness”, Mrs. Dalloway, To the Lighthouse y The Waves.  Sus protagonistas tienen momentos de visión no como si fuesen unos místicos orientales sino porque Woolf piensa que lo más importante en la vida es la búsqueda de los significados y de la identidad propia. En esta búsqueda aparecerá un camino personal que cada personaje, como en el caso de Clarissa Dalloway, va a recorrer entre símbolos personales de su antes y de sus momentos presentes que le hacen expresar su visión íntima de la realidad, de la subjetividad y de la vida. Este deseo se igualará a la actividad psíquica que si no es consciente habrá que buscarla cada vez más en el fondo de la consciencia, por lo que nuestra autora recurrirá siempre a personajes muy sensibles y capaces de buscar esta actividad psíquica en sí mismos a través del “stream of consciousness”. Por eso, la señora Dalloway va a buscar su identidad de una manera bastante mística hasta llegar a la verdadera visión y a rozar una sensibilidad impresionista y consciente de los colores, de los sonidos, de las formas y del espíritu humano en búsqueda.

 Estilo. 

Las técnicas narrativas en proceso de experimentación constante son una característica fundamental del estilo de la narrativa del “stream of consciousnes”. En principio se puede decir que las técnicas utilizadas por cada autor que emplea el “stream of consciousness” es diferente aunque se pueden agrupar en cinco distintas: el monólogo interior directo, el monólogo interior indirecto, la descripción omnisciente, el soliloquio y el verdadero “stream of consciousness”. las cuatro primeras técnicas se pueden confundir con la del “stream of consciousness” puesto que también se encuentra cerca del inconsciente. En ciertas ocasiones, la misma Virginia Woolf utiliza el monólogo interior indirecto, sobre todo en Mrs. Dalloway.  En la novela que tomamos como ejemplo se puede ver partes extensas de descripción y narración convencional mezcladas con el monólogo interior indirecto que produce efectos incoherentes y desconectados en apariencia dentro de una narrativa en la que se ha dejado fluir a la consciencia que, pese a todo, va a aparecer como algo coherente. Así, los significados y las referencias surgen como vagas y inexplicables pero regidas, aunque no lo parezca, por un patrón y un fluir interno que ordena la caída de los pensamientos. 

En toda su obra aparecen numerosos flasbacks  que nos permiten conocer mejor a sus personajes. Son todos caracteres condicionados por la infancia, quizás como su propia vida, al estilo freudiano, por lo que sus personajes vuelven de manera constante al pasado. Tiene importancia la perspectiva, en la que los objetos más insignificantes, se analizan desde puntos de vista complementario en una discontinuidad temporal que es una característica de su obra y, como no, de todo el post-modernismo.

El tiempo es una categoría también relativa. Dependerá de la simultaneidad de los sucesos, de sus divergencias que se hacen paralelas a su concepto de espacio, siempre poco definido, ambiguo, casi nunca el personaje sabe a donde va.

Sus técnicas narrativas son fílmicas y en ellas los argumentos se cortan para formar historias casi tridimensionales en las que el léxico empleado está lleno de intimidades, esto es, pleno de lirismo poético. Se refleja la vida interior de los personajes como si la cámara que filma a los seres humanos pudiese entrar en nuestro interior y vernos. Este entorno interior se muestra cansado de sociedades en guerra, de imposibilidades de conocer o, aun, hablar con nadie, de frivolidades y de desaprobaciones sobre lo que está pasando.

A través de un léxico lleno de nostalgia se contrasta el pesimismo con la ilusión en lo que se van a denominar “momentos de visión”. Estos se centran en la vida interna de sus personajes y en procurar entender reacciones y pensamientos.

Virginia Woolf escribe con estructuras largas, llenas de comas, con el objeto de alcanzar un ritmo enérgico y evitar tener que introducir el mismo sujeto en varias oraciones. Emplea también las enumeraciones para alcanzar un nivel descriptivo alto. Los textos se presentan en tercera persona, y los monólogos interiores en primera. De aquí que juegue constantemente entre estas dos personas, y utilice además oraciones pasivas formadas por participios y por gerundios. Las acciones, es decir los verbos, requieren un agente animado que cobra vida y que muchas veces la otorga a los objetos concediéndoles un rango vivencial que nunca ha sido utilizado por otro escritor. Aquí surge el mundo de la apariencia, que es un tipo de percepción utilizado por esta escritora inglesa, que imbuye a las cosas de asociaciones emocionales que recuerdan a los seres que han poseído esos objetos.

Aparte de la gran cantidad de adjetivos usados, el adverbio resulta también muy empleado. Con este parece lograr una ambientación mayor que consigue suavizar los temas del contenido básico de la novela al mismo tiempo que los describe. El adverbio va a contribuir a la ambivalencia de los ambientes narrativos de la prosa de nuestra autora.