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Literaturas extranjeras



 
 

23.  El mundo narrativo de Virginia Woolf. Estudio de Mrs Dalloway. 3/4


Jose L. Caramés Lage
Universidad de Oviedo
ISBN-84-9714-031-1

 

Escribe en círculos en los que mezcla desde el ensayo literario hasta el sentimiento más lírico en la prosa. Su afán es fundir todos los niveles narrativos en una amalgama de estilos y géneros que tiene como propósito final el mundo metafísico.

Importante en toda su obra es el nivel psicológico de sus personajes que tienen casi siempre la idea de ser un viajero solitario dentro de un mundo, como decimos, metafísico. Sus personajes siempre están problematizados en el sentido de que son incapaces de reconciliar sus actos, es decir, su actividad con sus ideales y deseos. Casi siempre, sus caracteres tienen ciertos delirios o alucinaciones que oscilan entre la grandeza y el fanatismo psicológico que los enferma o los descoloca de su contexto real. Esto quizás se deba a una represión de sentimientos y a la dureza y experiencias caóticas de un contexto que, para Woolf, rechaza al ser humano.

No existe mundo externo en los personajes de V. Woolf, ya que la autora ha optado por suprimir el argumento como estructura principal y construir la novela de otra manera. Esta nueva forma de edificar novelísticamente se asienta en un gran desarrollo psicológico de sus personajes. De aquí que lo que surge desde dentro y desde fuera del personaje literario es siempre el mundo interno. Por eso, Esta autora trata de demostrar que es más fácil entender el comportamiento de una persona si previamente conocemos la complejidad de sus pensamientos, emociones y deseos.

Simbología.

Se ha comparado a la novela Mrs. Dalloway  con una sonata en la que hay un primer tema, una mediación o puente; un segundo tema, su desarrollo y la recapitulación que hacen que la armonía sea completa. Así, la narración de la novela se asienta en veinticuatro horas en la ciudad de Londres y en un distrito de la ciudad. La narración desarrolla a dos personajes principales que asientan el drama de la obra en sus propias mentes, algo que dura dieciocho años y que transcurre en la India, Londres y los campos de batalla franceses de la Primera Guerra Mundial. En la última acción participan hasta doce personajes. Todo es dualismo lo que hace que el lector pueda seguir, entender y hasta comprender las mentes de los caracteres creados.

Los motivos se unifican en dispositivos explicativos. Así, podemos oír las campanas del Big Ben tocando las horas del día, lo que nos dice que estamos en Londres y comprobar la unidad primaria de los símbolos que nuestra autora emplea, así como el diseño y la visión simbólica que concentra en Clarissa Dalloway y, por ejemplo, sus preparativos para la fiesta y su realización que es simbólica.

En general, el mundo simbólico en la narrativa de V. Woolf parte de una proyección del mundo interior sobre los objetos que aparecen en una determinada realidad: una habitación, un salón, una casa, un pasillo etc. Sus símbolos son los pensamientos que fluyen hacia las cosas y hacia las personas: son las imágenes que se tienen de los objetos y de los seres. Los símbolos son sensaciones que posee la autora hacia el mundo real, lo que ella denomina el mundo del hecho,  y sus percepciones sobre  el tiempo y el espacio, y también sobre el mundo de la visión que es el entorno de la locura y de la muerte.

Sus obras son siempre alegóricas, de gran influencia shakesperiana, ya que en todas ellas sobre los asuntos que conciernen a la vida y a la muerte, vistos como algo que ayuda a afrontar la propia vida.

Los personajes más representativos de la narrativa de nuestra novelista se encuentran entrelazados mediante su mundo interior. Poseen relaciones de semejanza, aunque no son conscientes de esta afinidad. Todos se muestran pesimistas ante la vida, no quieren seguir viviendo. Se espera de ellos una sorpresa. por ejemplo el suicidio, aunque en algunos casos se opta por la vida para compensar que alguien se la ha quitado dentro de la misma novela. Todos sus personajes se encuentran problematizados psicológicamente.

Se podría hablar de caracteres invisibles ante una sociedad en la que sólo se puede entrar a través de los tradicionales ritos de pasaje, es decir, el matrimonio, el papel de madre, la soltera que cuida a los padres y hasta el mismo funeral. en donde se entra socialmente en el recuerdo.

No sería un gran atrevimiento señalar que todos los personajes se encuentran bastante enfermos psicológicamente. Temáticamente la autora inglesa nos presenta un mundo dual de hechos y visión que pueden funcionar dentro de la vida del individuo o recrear un patrón en el reino de la historia, es decir, la vida del ser humano en conjunto.

Simbólicamente este patrón del hecho y de la visión, aparecerá en sus novelas de dos formas. La primera, con el uso de la imagen que son los objetos sólidos que pueden convertirse en visiones a través de recurrir a sus contenidos emocionales de significación personal o universal. Es decir, la porcelana que me regaló mi madre, como algo personal y el cuadro de Miró como objeto de significación universal. La segunda son las normas y reglas, es decir, los patrones que surgen del uso que hace de los caracteres que se repiten en sus diferentes novelas. Son las unidades de la visión que funcionan como espejos de repetición de todas las normas individuales, sociales e históricas.