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Por
otra parte, al ser humano hay que pedirle inteligencia alejada de la emoción
histérica. Para eso, el poeta tendrá que buscar la estructura racional
de un lenguaje que se deberá hacer cada vez más comprehensivo
culturalmente. Ted Hughes es muy crítico con la pasividad y la aceptación de
las cosas como parece que son. Critica la insularidad del ciudadano británico
en todo su poesía, haciéndose siempre y cada vez más, universal. Ejemplos
los tenemos en cómo Hughes se deja llevar por categorías orientales europeas
al traducir y verse inspirado por las obras de Miroslav Holub de la antigua
Checoslovaquia; Janos Pilinszky de Hungría y Vasco Popa de la, también
antigua, Yugoslavia (Ted Hughes, 1976). Las mitologías y folklore del Este de
Europa se mezclan con las poderosas imágenes del budismo tibetano y del
misticismo oriental como sustitutos de una deficiente respuesta cultural del
Cristianismo occidental que se ha alejado de lo sagrado y ha abandonado al ser
humano.
Toda
la mitología que emplea Ted Hughes recorre diversas áreas culturales en las
que se podría destacar, desde las canciones esquimales hasta el folklore
chileno, pasando por la utilización de los muy germánicos Nibelungos o de
las versiones en cuento que realiza R. K. Narayan del Ramayana
y Mahabbarata. Se puede
hablar aquí de una búsqueda del primitivismo chamánico cuyos tótems
son el Hinduismo y el Budismo. Dentro del Hinduismo podemos entender seis
elementos que rodean a la poesía de Ted Hughes: la creencia en la realidad última;
la unión del Yoga-Bhoga; un idealismo elevado a la altura de los dioses; el
movimiento cíclico del tiempo; la filosofía dualista y, en su caso, llena de
binarismos en contacto dialéctico, casi siempre, entre el Bien y el Mal y, el
poder de adoración del ser humano hacia los dioses y hacia la naturaleza que
lo atraen y lo rechazan constantemente con cierta violencia.
En
el Budismo, el ser humano padece debido a los problemas del sufrimiento y de
la muerte, por eso, el último fin de la vida, como señaló Buda, es el
Nirvana o Salvación, que yace en la disolución del fuego del egoísmo, la
ignorancia y el odio. Con la destrucción de estas características tan
humanas, la persona puede llegar a formar parte del universo y alcanzar la
plenitud.
Estas
dos cosmologías son entendidas, en la poesía de Ted Hughes, como fundamentos
absolutos del ser humano que busca la aprehensión del sunyata o éxtasis en
el que se afirma que nada existe.
Ted Hughes llega a ese límite para hablar de la radiante objetividad del Yo
pero siempre como una reinmersión en la realidad y en la vida a pesar del
sufrimiento y la muerte. Nos lo señala en Gaudete (1977:186-187),
I said goodbye to earth
I stepped into the wind
Which entered the tunnel of fire
Beneath the mountain of water
I arrived at light
Where I was shadowless
I saw the snowflake crucified
Upon the nails of nothing
I heard the atoms praying
To enter his kingdom
To be broken like bread
On a dark sill, and to bleed.
The swallow -rebuilding -
Collects the lot
From the sow´s wallow.
But what I did only shifted the dust about.
And what crossed my mind
Crossed into outer space.
And for all rumours of me read obituary.
What there truly remains of me
Is that very thing -my absence.
So how will you gather me?
I saw my keeper
Sitting in the sun -
If you can catch that, you are the falcon of falcons.
El
poeta es consciente de que la espiritualidad del hombre y mujer modernos
carece de fuerza, ya que se encuentra restringida por la esterilidad de la
sociedad urbana moderna. Este vacío, debe ser llenado por una cosmología
nueva que se abra - en una ceremonia chamánica en la que el poeta ejerza como
chamán para cantar, bailar y recitar - a un ritual lleno de lenguaje y de
gestos culturales claramente definidos en la esperanza futura de un ser humano
que desea una simbología renovadora que, en el caso de Ted Hughes, se
plasma a través de animales que poseen una energía vital
extraordinaria que se convertirá en motor humano y en la parte esencial de la
concepción del mundo del poeta.
En
sus dos primeros volúmenes de poesía, The
Hawk in the Rain (1957) y Lupercal
(1960) se plasma lo que Mircea Eliade denominó kratofanía o manifestación de fuerza a través de un medio poético
(M. Eliade 1974: 32). Este medio poético son los animales que ejercen de
elemento mediador entre el autor y el lector y que poseen una clara dimensión
mítica. En su primer trabajo, The Hawk
in the Rain (1957), la
presentación del halcón se realiza de retazos y fragmentos de la imagen del
pájaro, como si se tratase de fotografiar sus partes para lograr un todo que
se saliese de la fotografía final para formar un abstracto cultural en el que
la energía es su verdadero significado. Se produce así la expansión
infinita que rompe con todo centro fijo que representa, en esta colección de
poemas, la cultura europea y, si se va un poco más lejos, a la lucha entre la
caza de brujas calvinista y la adoración a la madre pre-cristiana y céltica
de la que nos habla E. Faas (Ekbert Faas 1980: 13-14). Ted Hughes llega, de
esta manera, a la mitología como un misterio tremendo y fascinante que supera
áreas culturales para fundirse formando los poderes más vitales del ser
humano.
En
el año 1959, el compositor chino Chou Wen-Chung invitó a Ted Hughes a
escribir un libreto para la representación musical del The
Tibetan Book of the Dead para lo cual, Hughes tuvo que reescribir varias
veces el Bardo Thödol
traducido por Evans-Wenz. Esta actividad, aunque nunca llegó a
concretarse, le abrió la perspectiva representacional y práctica del mundo
oriental en cuanto, sobre todo, a las posibilidades escénicas. Estas
posibilidades se han concretado en herramientas utilizadas poéticamente por
Ted Hughes, que se han plasmado en cierta exageración operística que parece
surgir de Gaudete
(1977) y que tendría que ver con la Ópera de Pekín y, con el deseo
de renovar la poesía occidental exhausta después de sus roturas con el mundo
natural a través de dos grandes Guerras.
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